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"borda" poems
Seus cabelos, ondas escuras na noite, Seus olhos, um mistério que não posso desvendar, Ela caminha entre os vivos e os mortos, E eu a sigo, perdido em seu encanto sombrio. Seu toque é o frio da meia-noite, Sua presença, um tormento doce, Cada passo que ela dá me arrasta, Mais fundo em um labirinto de solidão. Pois ela é a musa de meus pesadelos, A personificação do desejo que me destrói, E eu, um tolo, danço na borda do abismo, Fascinado por sua escuridão eterna.
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Aug 31, 2024
Aug 31, 2024 at 11:35 AM UTC
Sombra na Escuridão
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Enereida
Mi padre, apenas en la mañana pajarina, pone sus setentiocho años, sus setentiocho ramos de invierno a solear. El cementerio de Santiago, untado en alegre año nuevo, está a la vista. Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él, y tornaron de algún entierro humilde. Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale Una broma de niños se desbanda. Otras veces le hablaba a mi madre de impresiones urbanas, de política; y hoy, apoyado en su bastón ilustre que sonara mejor en los años de la Gobernación, mi padre está desconocido, frágil, mi padre es una víspera. Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas, recuerdos, sugerencias. La mañana apacible le acompaña con sus alas blancas de hermana de la caridad. Día eterno es éste, día ingenuo, infante coral, oracional; se corona el tiempo de palomas, y el futuro se puebla de caravanas de inmortales rosas. Padre, aún sigue todo despertando; es enero que canta, es tu amor que resonando va en la Eternidad. Aún reirás de tus pequeñuelos, y habrá bulla triunfal en los Vacíos. Aún será año nuevo. Habrá empanadas; y yo tendré hambre, cuando toque a misa en el-beato campanario el buen ciego mélico con quien departieron mis sílabas escolares y frescas, mi inocencia rotunda. Y cuando la mañana llena de gracia, desde sus senos de tiempo, que son dos renuncias, dos avances de amor que se tienden y ruegan infinito, eterna vida, cante, y eche a volar Verbos plurales, jirones de tu ser, a la borda de sus alas blancas de hermana de la caridad, ¡oh, padre mío!
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Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Los viejos
Sobre las aguas, sobre el desierto de las horas pobladas sólo por el sol sin nombre y la noche sin rostro, van los maderos tristes, van los hierros, la sal y los carbones, la flor del fuego, los aceites. Con los maderos sollozantes, con los despojos turbios y las verdes espumas, van los hombres. Los hombres con su tos, sus venenos lentísimos y su sangre en destierro de ese lugar de pinos, agua y rocas desde su nacimiento señalado como sepulcro suyo por la muerte. Van los hombres partidos por la guerra, empujados de sus tierras a otras, hombres que sólo llevan ya a la muerte su diminuta muerte, vagos semblantes sementeras, deslavadas colinas y descuajados árboles. La guerra los avienta, campesinos de voces de naranja, pechos de piedra, arroyos, torrenteras, viejos hermosos como el silencio de altas torres, torres aún en pie, indefensa ternura hundida en las bodegas. Al terrón cejijunto lo ablandaron sus manos, sus anchos pies danzantes alzaron los sonidos nupciales del viñedo, la tierra estremecida bajo sus pies cantaba como tambor o vientre delirante, tal la pradera bajo los toros ciegos y violentos, de huracanado luto rodeados. A la borda acodados, por los pasillos, la cubierta, sacos de huesos o racimos negros. No dicen nada, callan, oyen a sus mujeres (brujas de afiladas miradas alfileres, llenas de secretos ya secos como añosos armarios, historias que se sacan del pecho entre suspiros) contar con voz rugosa las minucias terribles de la guerra. Los hombres son la espuma de la tierra, la flor del llanto, el fruto de la sangre; hijos de la ternura son de llanto, son de piedra y estrella, son de sol, son planetas que cantan mientras viven. ¿No hay agua, llanto, oh ramo de soles apagados? Los hombres son la espuma de la tierra. Hijos de la ternura son de llanto y renacen del llanto, diluviales, y se esparcen por siglos como campos. Bebe del agua de la muerte, bebe del agua sin memoria, deja tu nombre, olvídate de ti, bebe del agua, el agua de los muertos ya sin nombre, el agua de los pobres. En esas aguas sin facciones también está tu rostro. Allí te reconoces y recobras, allí pierdes tu nombre, allí ganas tu nombre y el poder de nombrarlos con su nombre más cierto.
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Y que si que ahora lo entiendo que nada es para siempre Y que para siempre sería doloroso tenerlo todo Que de los errores se aprende más Y que tengo unos cuantos errores que quisiera borrar Otros que no puedo ni nombrar Errores que en su momento me supieron a gloria Pero que sabría yo de la gloria si no tenía antes el sabor de la libertad en mis labios.. Si lo único que sabía dar era un amor a medias de: "te amo mientras hagas", "te amo mientras seas", o  "te amo mientras"... Mientras que ahora entiendo que nada es para siempre y si lo fuera me carcomiera la idea de un para siempre... Para siempre buscando ese final feliz, Pero que es la felicidad y por qué llamarle final si sería solo el comienzo que no? Por qué esperar tanto, si solo puedes ser libre viviendo día a día que si fuera eterno de nada me serviría esto. Si fuera eterno la inspiración no llegaría, mis dedos no escribirían, mis labios no cantarían, mis piernas no bailarina. Mi corazón que tanto tiempo estuvo congelado, se empieza a desbordar a prepararse para lanzarse por la borda lo puedo ver está agarrando vuelo pero sabe que nada es para siempre y que de tantos errores ahora ha aprendido a volar que ya no voltea para abajo, que ya no le teme a la oscuridad, que las caídas las toma como impulsos para llegar...llegar, que ahora que el tiempo ha pasado que ahora que sabe que nada dura, lo valora todo, lo quiere todo, lo saborea todo... que ahora que mi corazón se ha comenzado a descongelar ya no le quedan lágrimas el sabor me recuerda a el mar y me hace reír en vez de llorar. Que ahora que sabe que nada es para siempre el miedo me lo quita sola, por que nada es para siempre ni este poema, ni este día, ni esta vida, y ahora solo por este día dejare a mi corazón volar.
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Feb 13, 2020
Feb 13, 2020 at 1:21 PM UTC
a la mierda lo eterno, quiero este dia
Y que si que ahora lo entiendo que nada es para siempre Y que para siempre sería doloroso tenerlo todo Que de los errores se aprende más Y que tengo unos cuantos errores que quisiera borrar Otros que no puedo ni nombrar Errores que en su momento me supieron a gloria Pero que sabría yo de la gloria si no tenía antes el sabor de la libertad en mis labios.. Si lo único que sabía dar era un amor a medias de: "te amo mientras hagas", "te amo mientras seas", o  "te amo mientras"... Mientras que ahora entiendo que nada es para siempre y si lo fuera me carcomiera la idea de un para siempre... Para siempre buscando ese final feliz, Pero que es la felicidad y por qué llamarle final si sería solo el comienzo que no? Por qué esperar tanto, si solo puedes ser libre viviendo día a día que si fuera eterno de nada me serviría esto. Si fuera eterno la inspiración no llegaría, mis dedos no escribirían, mis labios no cantarían, mis piernas no bailarina. Mi corazón que tanto tiempo estuvo congelado, se empieza a desbordar a prepararse para lanzarse por la borda lo puedo ver está agarrando vuelo pero sabe que nada es para siempre y que de tantos errores ahora ha aprendido a volar que ya no voltea para abajo, que ya no le teme a la oscuridad, que las caídas las toma como impulsos para llegar...llegar, que ahora que el tiempo ha pasado que ahora que sabe que nada dura, lo valora todo, lo quiere todo, lo saborea todo... que ahora que mi corazón se ha comenzado a descongelar ya no le quedan lágrimas el sabor me recuerda a el mar y me hace reír en vez de llorar. Que ahora que sabe que nada es para siempre el miedo me lo quita sola, por que nada es para siempre ni este poema, ni este día, ni esta vida, y ahora solo por este día dejare a mi corazón volar.
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Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris, siete pájaros del prisma. La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba. ¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar flores de su fantasía. ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas! ¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almería. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor último y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanías, se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa. ¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba. ¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía.
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La monja gitana
Cuando me sobrevenga el cansancio del fin, me iré, como la grulla del refrán, a mi pueblo, a arrodillarme entre las rosas de la plaza, los aros de los niños y los flecos de seda de los tápalos. A arrodillarme en medio de una banqueta herbosa, cuando sacramentando al reloj de la torre, de redondel de luto y manecillas de oro, al hombre y a la bestia, al azar que embriaga y a los rayos del sol, aparece en su estufa el Divínisimo. Abrazado a la luz de la tarde que borda, como el hilo de una apostólica araña, he de decir mi prez humillada y humilde, más que las herraduras de las mansas acémilas que conducen al Santo Sacramento. «Te conozco, Señor, aunque viajas de incógnito, y a tu paso de aromas me quedo sordomudo, paralítico y ciego, por gozar tu balsámica presencia. »Tu carroza sonora apaga repentina el breve movimiento, cual si fueran las calles una juguetería que se quedó sin cuerda. »Mi prima, con la aguja en alto, tras sus vidrios, está inmóvil con un gesto de estatua. »El cartero aldeano, que trae nuevas del mundo, se ha hincado en su valija. »El húmedo corpiño de Genoveva, puesto a secar, ya no baila arriba del tejado. »La gallina y sus pollos pintados de granizo interrumpen su fábula. »La frente de don Blas petrificóse junto a la hinchada baldosa que agrietan las raíces de los fresnos. »Las naranjas cesaron de crecer, y yo apenas si palpito a tus ojos para poder vivir este minuto. »Señor, mi temerario corazón que buscaba arrogantes quimeras, se anonada y te grita que yo soy tu juguete agradecido. »Porque me acompasaste en el pecho un imán de figura de trébol y apasionada tinta de amapola. »Pero ese mismo imán es humilde y oculto, como el peine imantado con que las señoritas levantan alfileres y electrizan su pelo en la penumbra. »Señor, este juguete de corazón de imán, te ama y te confiesa con el íntimo ardor de la raíz que empuja y agrieta las baldosas seculares. »Todo está de rodillas y en el polvo las frentes; mi vida es la amapola pasional, y su tallo doblégase efusivo para morir debajo de tus ruedas».
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Humildemente
Cuando me sobrevenga el cansancio del fin, me iré, como la grulla del refrán, a mi pueblo, a arrodillarme entre las rosas de la plaza, los aros de los niños y los flecos de seda de los tápalos. A arrodillarme en medio de una banqueta herbosa, cuando sacramentando al reloj de la torre, de redondel de luto y manecillas de oro, al hombre y a la bestia, al azar que embriaga y a los rayos del sol, aparece en su estufa el Divínisimo. Abrazado a la luz de la tarde que borda, como el hilo de una apostólica araña, he de decir mi prez humillada y humilde, más que las herraduras de las mansas acémilas que conducen al Santo Sacramento. «Te conozco, Señor, aunque viajas de incógnito, y a tu paso de aromas me quedo sordomudo, paralítico y ciego, por gozar tu balsámica presencia. »Tu carroza sonora apaga repentina el breve movimiento, cual si fueran las calles una juguetería que se quedó sin cuerda. »Mi prima, con la aguja en alto, tras sus vidrios, está inmóvil con un gesto de estatua. »El cartero aldeano, que trae nuevas del mundo, se ha hincado en su valija. »El húmedo corpiño de Genoveva, puesto a secar, ya no baila arriba del tejado. »La gallina y sus pollos pintados de granizo interrumpen su fábula. »La frente de don Blas petrificóse junto a la hinchada baldosa que agrietan las raíces de los fresnos. »Las naranjas cesaron de crecer, y yo apenas si palpito a tus ojos para poder vivir este minuto. »Señor, mi temerario corazón que buscaba arrogantes quimeras, se anonada y te grita que yo soy tu juguete agradecido. »Porque me acompasaste en el pecho un imán de figura de trébol y apasionada tinta de amapola. »Pero ese mismo imán es humilde y oculto, como el peine imantado con que las señoritas levantan alfileres y electrizan su pelo en la penumbra. »Señor, este juguete de corazón de imán, te ama y te confiesa con el íntimo ardor de la raíz que empuja y agrieta las baldosas seculares. »Todo está de rodillas y en el polvo las frentes; mi vida es la amapola pasional, y su tallo doblégase efusivo para morir debajo de tus ruedas».
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