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"banderas" poems
Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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Sep 29, 2014
Sep 29, 2014 at 11:02 AM UTC
EL OTOÑO ADORA EL **** DE LA LUMBRE
Amables Brasas en ascuas descienden de un cielo de mosto alcanzando la carnosa fatiga de las ramas y de tus dudas Como dibujos de tinta caminan los animales en celo y un murmullo de elfos empuja hongos y furias hasta el borde del frío donde la tierra se empapa de calma y de lumbre. Es Otoño, y hay luz en tu casa Una luz antigua que me ampara y me guia, siluetas amables que invitan y esperan al que llega siempre tarde del bosque. Un suelo tibio de pisadas y hocicos crepita suave en las repisas doradas un terco ajetreo vegetal y manso se desliza bajo los pies descalzos de un corzo mudo y dorado que llena de asombro la mañana de rocio tejida. Es horizontal la intimidad entre las viñas desposeídas y los árboles insomnes. Los soles maduros acumulan sus frutas sobre el techo de la tarde y todo lo que tiembla al norte del aire se pudre mansamente hacia los tesoros de marzo. Un olor a nueces iza banderas de humo y carne de castañas exhibe el crepúsculo Una canción se esconde y se escucha y unas muchachas se persiguen y se esconden cantando un estribillo prestado por el viajero perdido. Hay voces prendidas en las ventanas que arden lentamente como adioses marchitos Es tiempo de regresos y dormidas semillas, y de animales rumiando los breves días y las largas noches henchidas de cuentos El vino más joven ya rezuma en las jarras un mosto agridulce parece exprimido del cielo No hay prisa pues la luz es lenta en llegar a las cocinas de Otoño perpetuamente encendidas con los rescoldos de los soles más viejos.
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Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
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Si tú me olvidas
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Oda a la araucaria araucana
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Pulida claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío. El mar respira apenas, brilla apenas. Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes. Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que revienta contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por el llano. El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada. Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo.
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Primavera a la vista
Las huestes de don Rodrigo   desmayaban y huían cuando en la octava batalla   sus enemigos vencían. Rodrigo deja sus tiendas   y del real se salía, solo va el desventurado,   sin ninguna compañía; el caballo de cansado   ya moverse no podía, camina por donde quiera   sin que él le estorbe la vía. El rey va tan desmayado   que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre,   de velle era gran mancilla; iba tan tinto de sangre   que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas,   que eran de gran pedrería; la espada lleva hecha sierra   de los golpes que tenía; el almete de abollado   en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada   del trabajo que sufría. Subióse encima de un cerro,   el más alto que veía; desde allí mira su gente   cómo iba de vencida; de allí mira sus banderas   y estandartes que tenía, cómo están todos pisados   que la tierra los cubría; mira por los capitanes,   que ninguno parescía; mira el campo tinto en sangre,   la cual arroyos corría. Él, triste de ver aquesto,   gran mancilla en sí tenía, llorando de los sus ojos   desta manera decía: «Ayer era rey de España,   hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos,   hoy ninguno poseía; ayer tenía criados   y gente que me servía, hoy no tengo ni una almena,   que pueda decir que es mía. ¡Desdichada fue la hora,   desdichado fue aquel día en que nací y heredé   la tan grande señoría, pues lo había de perder   todo junto y en un día! ¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes   y llevas esta alma mía de aqueste cuerpo mezquino,   pues se te agradecería?»
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Romance sexto. el reino perdido
Las huestes de don Rodrigo   desmayaban y huían cuando en la octava batalla   sus enemigos vencían. Rodrigo deja sus tiendas   y del real se salía, solo va el desventurado,   sin ninguna compañía; el caballo de cansado   ya moverse no podía, camina por donde quiera   sin que él le estorbe la vía. El rey va tan desmayado   que sentido no tenía; muerto va de sed y hambre,   de velle era gran mancilla; iba tan tinto de sangre   que una brasa parecía. Las armas lleva abolladas,   que eran de gran pedrería; la espada lleva hecha sierra   de los golpes que tenía; el almete de abollado   en la cabeza se hundía; la cara llevaba hinchada   del trabajo que sufría. Subióse encima de un cerro,   el más alto que veía; desde allí mira su gente   cómo iba de vencida; de allí mira sus banderas   y estandartes que tenía, cómo están todos pisados   que la tierra los cubría; mira por los capitanes,   que ninguno parescía; mira el campo tinto en sangre,   la cual arroyos corría. Él, triste de ver aquesto,   gran mancilla en sí tenía, llorando de los sus ojos   desta manera decía: «Ayer era rey de España,   hoy no lo soy de una villa; ayer villas y castillos,   hoy ninguno poseía; ayer tenía criados   y gente que me servía, hoy no tengo ni una almena,   que pueda decir que es mía. ¡Desdichada fue la hora,   desdichado fue aquel día en que nací y heredé   la tan grande señoría, pues lo había de perder   todo junto y en un día! ¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes   y llevas esta alma mía de aqueste cuerpo mezquino,   pues se te agradecería?»
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Tristeza, escarabajo de siete patas rotas, huevo de telaraña, rata descalabrada, esqueleto de perra: Aquí no entras. No pasas. Ándate. Vuelve al Sur con tu paraguas, vuelve al Norte con tus dientes de culebra. Aquí vive un poeta. La tristeza no puede entrar por estas puertas. Por las ventanas entra el aire del mundo, las rojas rosas nuevas, las banderas bordadas del pueblo y sus victorias. No puedes, Aquí no entras. Sacude tus alas de murciélago, yo pisaré las plumas que caen de tu manto, yo barreré los trozos de tu cadáver hacia las cuatro puntas del viento, yo te torceré el cuello, te coseré los ojos, cortaré tu mortaja y enterraré tus huesos roedores bajo la primavera de un manzano.
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Oda a la tristeza
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Los desgraciados
Ya va a venir el día; da cuerda a tu brazo, búscate debajo del colchón, vuelve a pararte en tu cabeza, para andar derecho. Ya va a venir el día, ponte el saco. Ya va a venir el día; ten fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona, antes de meditar, pues es horrible cuando le cae a uno la desgracia y se le cae a uno a fondo el diente. Necesitas comer, pero, me digo, no tengas pena, que no es de pobres la pena, el sollozar junto a su tumba; remiéndale, recuerda, confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato. Ya va a venir el día, ponte el alma. Ya va a venir el día; pasan, han abierto en el hotel un ojo, azotándolo, dándole con un espejo tuyo... ¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente y la nación reciente del estómago. Roncan aún... ¡Qué universo se lleva este ronquido! ¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo! ¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo! Ya va a venir el día, ponte el sueño. Ya va a venir el día, repito por el órgano oral de tu silencio y urge tomar la izquierda con el hambre y tomar la derecha con la sed; de todos modos, abstente de ser pobre con los ricos, atiza tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima. Ya va a venir el día, ponte el cuerpo. Ya va a venir el día; la mañana, la mar, el meteoro, van en pos de tu cansancio, con banderas, y, por tu orgullo clásico, las hienas cuentan sus pasos al compás del asno, la panadera piensa en ti, el carnicero piensa en ti, palpando el hacha en que están presos el acero y el hierro y el metal; jamás olvides que durante la misa no hay amigos. Ya va a venir el día, ponte el sol. Ya viene el día; dobla el aliento, triplica tu bondad rencorosa y da codos al miedo, nexo y énfasis, pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo el malo ¡ay! inmortal, has soñado esta noche que vivías de nada y morías de todo...
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Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano. Cubre su **** la yerba lacia, la yerba azul, casi negra, que crece en los bordes del volcán. En su vientre un águila despliega sus alas, dos banderas enemigas se enlazan, reposa el agua. Viene de lejos, del país húmedo. Pocos la han visto. Diré su secreto: de día, es una piedra al lado del camino; de noche, un río que fluye al costado del hombre.
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Dama huasteca
Celebrating something you briefly learned and you expect a few dozen people in the plaza, calm and content celebrating the May revolution that happened over 200 years ago. You step off the subway, walk up the stairs to the sidewalk and it's foggy from firecrackers and grills filled with chorizo. Banderas waving with Eva and Peron's faces. Drums pounded as the people sing VIVA LA PATRIA. You're alone, but somehow not afraid because even though this holiday isn't yours, you recognize the nationalism they sing of. A nationalism only a porteno could possibly know and love and understand and feel and celebrate. But for that day, you overcame your extranjero and smiled at the kids waving their flags, your friend using two hands to eat choripan, the hunt for locro, and the mosh pit that was trying to get the closest view of the concerts and firecrackers. When you return to the states they'll remember it as Memorial Day, but you have learned how to celebrate 25 de mayo.
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May 27, 2015
May 27, 2015 at 12:23 PM UTC
25 de mayo
Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras, una esparcida frente de mundiales cabellos, cubierta de horizontes, barcos y cordilleras, con arena y con nieve, tú eres uno de aquellos. Las patrias te llamaron con todas sus banderas, que tu aliento llenara de movimientos bellos. Quisiste apaciguar la sed de las panteras, y flameaste henchido contra sus atropellos. Con un sabor a todos los soles y los mares, España te recoge porque en ella realices tu majestad de árbol que abarca un continente. A través de tus huesos irán los olivares desplegando en la tierra sus más férreas raíces, abrazando a los hombres universal, fielmente.
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Al soldado internacional caído en españa
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Ceniciento mussolini
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Elogio de la seguidilla
Metro mágico y rico que al alma expresas llameantes alegrías, penas arcanas, desde en los suaves labios de las princesas hasta en las bocas rojas de las gitanas. Las almas armoniosas buscan tu encanto, sonora rosa métrica que ardes y brillas, y España ve en tu ritmo, siente en tu canto sus hembras, sus claveles, sus manzanillas. Vibras al aire alegre como una cinta, el músico te adula, te ama el poeta; Rueda en ti sus fogosos paisajes pinta con la audaz policromía de su paleta. En ti el hábil orfebre cincela el marco en que la idea-perla su oriente acusa, o en tu cordaje armónico formas el arco con que lanza sus flechas la airada musa. A tu voz en el baile crujen las faldas, los piececitos hacen brotar las rosas e hilan hebras de amores las Esmeraldas en ruecas invisibles y misteriosas. La andaluza hechicera, paloma arisca, por ti irradia, se agita, vibra y se quiebra, con el lánguido gesto de la odalisca o las fascinaciones de la culebra. Pequeña ánfora lírica de vino llena compuesto por la dulce musa Alegría con uvas andaluzas, sal macarena, flor y canela frescas de Andalucía. Subes, creces, y vistes de pompas fieras; retumbas en el ruido de las metrallas, ondulas con el ala de las banderas, suenas con los clarines de las batallas. Tienes toda la lira: tienes las manos que acompasan las danzas y las canciones; tus órganos, tus prosas, tus cantos llanos y tus llantos que parten los corazones. Ramillete de dulces trinos verbales, jabalina de Diana la Cazadora, ritmo que tiene el filo de cien puñales, que muerde y acaricia, mata y enflora. Las Tirsis campesinas de ti están llenas, y aman, radiosa abeja, tus bordoneos; así riegas tus chispas las nochebuenas como adornas la lira de los Orfeos. Que bajo el sol dorado de Manzanilla que esta azulada concha del cielo baña, polítona y triunfante, la seguidilla es la flor del sonoro Pindo de España.
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Domingo, flor de luz, casi increíble día. Bajas sobre la tierra como un ángel inútil y dorado. Besas a las muchachas de turbia cabellera, vistes de azul marino a los hombres que te aman, y dejas en las manos del niño un aro de madera o una simple esperanza. Repartes golondrinas, globos de primavera, te subes a las torres y giras las veletas oxidadas. Tu viento agita faldas de colores, estremece banderas, lleva lejos canciones y sonrisas, llena las estancias de polvo plateado. Los árboles esperan tu llegada para cubrirse de gorriones. Sabe más fresca el agua de las fuentes. Las campanas dispersan palomas imprevistas que vuelan de otro modo. No hay nadie que no sepa que es domingo, domingo. Tu presencia de espuma lava, eleva, hace flotar las cosas y los seres en un nítido cielo que no era -el lunes- de verdad: apenas desteñido papel, vidrio olvidado, polvo tedioso sobre las aceras.
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Domingo
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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¡guerra!
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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Por qué caminos del alba Andas descubriendo el cielo Ese, prometido a unos Los que sufrimos, creemos Y le pedimos a Dios Ir a bruñir sus luceros Porqué sendas, asombrada, Ya vas encontrando el cielo, Mientras aquí las banderas Y pueblos, están de duelo. Porque te fuiste, tan pronto Precipitando el invierno Cuando aun, lleno de flores, Se desgranaba febrero Yucas y conquistadores Te irán formando cortejo; Pizarro barbado y noble -Bronce, plata, encaje, acero- Con una ciudad de Torres Entre sus brazos sin huesos. Y una muchedumbre oscura Que va detrás de Atahualpa Te sigue cantando himnos En lengua quechua y aymara Ya estás, Gabriela, en la gloria, Mitad de princesa incaica, Mitad de reina española, Como Isabel, la magnánima. Ya sé que no has de escribir A nadie mas en la tierra, Que oficinas de correo A la eternidad se veda ¡Pero es tan dulce que sepas Gabriela, que toda América Por ti está tan conmovida Como tu patria chilena...! El cielo junto al copihue La orquídea venezolana Se une a la victoria-regia Del Brasil, y en la sabana De Colombia, los gomeros Detienen su savia trágica. ¡Toda la flora de América Quiere mirarte la cara! Asómate entre las nubes Una tarde arrebolada; Muéstranos tu frente ancha De madre tan bien amada, ¡Déjanos poquito a poco, Del todo no te nos vayas! Aquí ha quedado tu verso, Tu palabra estructurada Con lo mejor del idioma Y lo mejor de tu alma. Pero nos falta tu rostro Con la sonrisa cansada, Que a todos nos descansaba Cuando nos daba en los ojos. Oye, Gabriela, las voces Desde tu «bosque perfecto» Damos la señal que diga Que llega a ti nuestro acento, Y repasa, tu que tanto Sobre la tierra anduviste, ¡Reposa y se haga radiante Su risa aquella, tan triste! Descubre el cielo y descansa, Pero, Gabriela ¡no olvides!
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Carta a gabriela
Por qué caminos del alba Andas descubriendo el cielo Ese, prometido a unos Los que sufrimos, creemos Y le pedimos a Dios Ir a bruñir sus luceros Porqué sendas, asombrada, Ya vas encontrando el cielo, Mientras aquí las banderas Y pueblos, están de duelo. Porque te fuiste, tan pronto Precipitando el invierno Cuando aun, lleno de flores, Se desgranaba febrero Yucas y conquistadores Te irán formando cortejo; Pizarro barbado y noble -Bronce, plata, encaje, acero- Con una ciudad de Torres Entre sus brazos sin huesos. Y una muchedumbre oscura Que va detrás de Atahualpa Te sigue cantando himnos En lengua quechua y aymara Ya estás, Gabriela, en la gloria, Mitad de princesa incaica, Mitad de reina española, Como Isabel, la magnánima. Ya sé que no has de escribir A nadie mas en la tierra, Que oficinas de correo A la eternidad se veda ¡Pero es tan dulce que sepas Gabriela, que toda América Por ti está tan conmovida Como tu patria chilena...! El cielo junto al copihue La orquídea venezolana Se une a la victoria-regia Del Brasil, y en la sabana De Colombia, los gomeros Detienen su savia trágica. ¡Toda la flora de América Quiere mirarte la cara! Asómate entre las nubes Una tarde arrebolada; Muéstranos tu frente ancha De madre tan bien amada, ¡Déjanos poquito a poco, Del todo no te nos vayas! Aquí ha quedado tu verso, Tu palabra estructurada Con lo mejor del idioma Y lo mejor de tu alma. Pero nos falta tu rostro Con la sonrisa cansada, Que a todos nos descansaba Cuando nos daba en los ojos. Oye, Gabriela, las voces Desde tu «bosque perfecto» Damos la señal que diga Que llega a ti nuestro acento, Y repasa, tu que tanto Sobre la tierra anduviste, ¡Reposa y se haga radiante Su risa aquella, tan triste! Descubre el cielo y descansa, Pero, Gabriela ¡no olvides!
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¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!   Blusas en las ventanas, los peluqueros lloran sin tu melena -fuego rubio cortado-.   ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero, alba sin colorete, sola, tan libre, tú, en el viento!   No llevabas pendientes.   Las modistas, de blanco, en los balcones, perdidas por el cielo.           -¡A ver!                 ¡Al fin!                     ¿Qué?                           ¡No!               Sólo era un pájaro,               no tú,               Miss X niña. El barman, ¡oh, qué triste!     (Cerveza.     Limonada.     Whisky.     Cocktail de ginebra.) Ha pintado de ***** las botellas. Y las banderas, alegrías del bar, de ***** a media asta.     ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!   Treinta barcos, cuarenta hidroaviones y un velero cargado de naranjas, gritando por el mar y por las nubes. Nada.   ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?   S. M. el Rey de tu país no come. No duerme el Rey. Fuma. Se muere por la costa en automóvil.   Ministerios, Bancos del oro, Consulados, Casinos, Tiendas, Parques, cerrados.   Y, mientras, tú, en el viento -¿te aprietan los zapatos?-, Miss X, de los mares   -di, ¿te lastima el aire?-.   ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio! Bostezo.         Adiós...                 Good bye...   (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas de acero, con las alas tronchadas, incendiando los aires, fijas sobre las dalias movibles de los vientos. Sol electrocutado. Luna carbonizada. Temor al oso blanco del invierno.   Veda. Prohibida la caza marítima, celeste, por orden del Gobierno.   Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)
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A miss x, enterrada en el viento del oeste
¡Ah, Miss X, Miss X: 20 años!   Blusas en las ventanas, los peluqueros lloran sin tu melena -fuego rubio cortado-.   ¡Ah, Miss X, Miss X sin sombrero, alba sin colorete, sola, tan libre, tú, en el viento!   No llevabas pendientes.   Las modistas, de blanco, en los balcones, perdidas por el cielo.           -¡A ver!                 ¡Al fin!                     ¿Qué?                           ¡No!               Sólo era un pájaro,               no tú,               Miss X niña. El barman, ¡oh, qué triste!     (Cerveza.     Limonada.     Whisky.     Cocktail de ginebra.) Ha pintado de ***** las botellas. Y las banderas, alegrías del bar, de ***** a media asta.     ¡Y el cielo sin girar tu radiograma!   Treinta barcos, cuarenta hidroaviones y un velero cargado de naranjas, gritando por el mar y por las nubes. Nada.   ¡Ah, Miss X! ¿Adónde?   S. M. el Rey de tu país no come. No duerme el Rey. Fuma. Se muere por la costa en automóvil.   Ministerios, Bancos del oro, Consulados, Casinos, Tiendas, Parques, cerrados.   Y, mientras, tú, en el viento -¿te aprietan los zapatos?-, Miss X, de los mares   -di, ¿te lastima el aire?-.   ¡Ah, Miss X, Miss X, qué fastidio! Bostezo.         Adiós...                 Good bye...   (Ya nadie piensa en ti. Las mariposas de acero, con las alas tronchadas, incendiando los aires, fijas sobre las dalias movibles de los vientos. Sol electrocutado. Luna carbonizada. Temor al oso blanco del invierno.   Veda. Prohibida la caza marítima, celeste, por orden del Gobierno.   Ya nadie piensa en ti, Miss X niña.)
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Tu paz -¡oh paz de cada día!- y mi dolor que es inmortal, se han de casar, Amada mía, en una noche cuaresmal. Quizá en un Viernes de Dolores, cuando se anuncian ya las flores y en el altar que huele a lirios el casto pecho de María sufre por nos siete martirios; mientras la luna, Amada mía, deja caer sus tenues franjas de luz de ensueño sideral sobre las místicas naranjas que, por el arte virginal de las doncellas de la aldea, lucen banderas de papel e irisaciones de oropel sobre la piel que amarillea. Fuensanta: al amor aventurero de cálidas mujeres, azafatas súbditas de la carne, te prefiero por la frescura de tus manos gratas. Yo te convido, dulce Amada, a que te cases con mi pena entre los vasos de cebada la última noche de novena. Te ha de cubrir la luna llena con luz de túnica nupcial y nos dará la Dolorosa la bendición sacramental. Y así podré llamarte esposa, y haremos juntos la dichosa ruta evangélica del bien hasta la eterna gloria.                                         AMÉN.
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Cuaresmal
Α  †  Ω Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste. Un soplo milenario trae amagos de peste. Se asesinan los hombres en el extremo Este. !Ha nacido el apocalíptico Anticristo? Se han sabido presagios y prodigios se han visto y parece inminente el retorno de Cristo. La tierra está preñada de dolor tan profundo que el soñador imperial, meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo. Verdugos de ideales afligieron la tierra: en un pozo de sombra la humanidad se encierra con los rudos molosos del odio y de la guerra. ¡Oh, Señor Jesucristo! ¿Por qué tardas, qué esperas para tender tu mano de la luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas? Surge de pronto y vierte la esencia de la vida sobre tanta alma loca, triste o emperdernida que, amante de tinieblas, tu dulce aurora olvida. Vén, Señor, para hacer la gloria de ti mismo. Vén con temblor de estrellas y horror de cataclismo, vén a traer amor y paz sobre el abismo. Y tu caballo blanco, que miró el visionario, pase. Y suene el divino clarín extraordinario. Mi corazón será brasa de tu incensario.                                               Rubén Darío  (1867-1916)
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Mar 3, 2017
Mar 3, 2017 at 3:18 PM UTC
Canto de esperanza
I listen to your dream man. And paid close attention too. I laugh. But I didn't say a word. As you talked about your dream man. You mention Tom Cruise for his charm. You mention Brad Pitt for his looks. Even threw in Blair Underwood for his smile. I listen closely. I didn't laugh or disagree. I feel none of them is better than me. You mention Antonio Banderas for his voice. And the toughness of Clint Eastwood. And the southern charm of Burt Reynold too. These are the qualities that you seek in the man for you. I listen. I listen. As you went through many formation of your idea guy. And I still none of them is better then me. Cause they was men names you mentioning as a challenge to me. Now address all of my best qualities. I'm generous. I'm compassionate. I'm lovable. And a charmer too. And have a voice of gold that rival James Earl Jones. And I know this. None are better than me
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Feb 7, 2013
Feb 7, 2013 at 8:54 AM UTC
Your Dream Man(None Are Better)
Un hombre deseaba violentamente a una mujer, a unas cuantas personas no les parecía bien, un hombre deseaba locamente volar, a unas cuantas personas les parecía mal, un hombre deseaba ardientemente la Revolución y contra la opinión de la gendarmería trepó sobre muros secos de lo debido, abrió el pecho y sacándose los alrededores de su corazón, agitaba violentamente a una mujer, volaba locamente por el techo del mundo y los pueblos ardían, las banderas.
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Opiniones
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Al «blasco de garay» 1
El ancla al peñón aferra Sobre la mar espumante, Lá fortaleza flotante Que da terror en la guerra. No amenaza nuestra tierra, Ni viene en pos de conquista; Surge, arrogante a la vista, Y su hermoso pabellón, Envuelto en ***** crespón, Cubre los restos de Arista. No nave de tierra extraña La llaméis con voz impía, Que nunca la patria mía Vio nada ajeno en España. Esa nave amor entraña, Y en ella mis ojos fijos Sorprenden los regocijos Que causa a la madre ausente Honrar el independiente Y santo hogar de sus hijos. De amistad símbolo cierto, El fiero bajel hispano Trae al suelo mejicano Tristes despojos de un muerto. Al verle entrar en el puerto, De las brumas al través, Grita el vigilante «él es», Y alza un himno de alegría El mismo mar en que un día Quemó sus naves Cortés. Dando ejemplo a las naciones, Sobre el bajel confundidos De duelo flotan unidos Dos hermosos pabellones. Sus glorias, sus tradiciones Allí enlazadas se ven; Y, astros del honor sostén, Irradian sobre la niebla, Juntas las glorias de Puebla Con las glorias de Bailén. Alzando montes de espuma, Encuentra el bajel abierta A orillas del mar la puerta Del país de Moctezuma. Ningún recuerdo le abruma; Cumple una santa misión: Viene a honrar una nación Que, llena de amor profundo, Encierra en el nuevo mundo El mundo del corazón. ¡Paso al bajel castellano! Que de mi siglo a la faz, Le den ósculos de paz Las olas del golfo indiano. ¡Paso a España! al pueblo hermano, Heroico, grande y experto, Que, a toda virtud despierto, Manda a mi patria querida Laureles de eterna vida Con las cenizas de un muerto. Astro de unión, con tu luz Dios nuestros pueblos ampare, Y no haya mar que separe A Cádiz de Veracruz. Surge el Tabor tras la cruz, La paz tras el batallar, Y así podemos mirar A España y Méjico unidas, Hoy que flotan confundidas Sus banderas sobre el mar. Vuelve a tus playas, bajel, Playas heroicas y bellas, Y verán que entras en ellas Llevando un nuevo laurel. Va nuestra amistad con él, Y no hay hoz que le destroce. Interpreta nuestro goce: Méjico republicana Tendrá siempre por hermana La España de Alfonso Doce.
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Amor, de grano a grano, de planeta a planeta, la red del viento con sus países sombríos, la guerra con sus zapatos de sangre, o bien el día y la noche de la espiga. Por donde fuimos, islas o puentes o banderas, violines del fugaz otoño acribillado, repitió la alegría los labios de la copa, el dolor nos detuvo con su lección de llanto. En todas las repúblicas desarrollaba el viento su pabellón impune, su glacial cabellera y luego regresaba la flor a sus trabajos. Pero en nosotros nunca se calcinó el otoño. Y en nuestra patria inmóvil germinaba y crecía el amor con los derechos del rocío.
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Soneto xxviii
«A los moros por dinero; a los cristianos de balde». ¿Quién es ésta que lo cumple? Dígasmelo tú, el romance. Yo, con mi fe de bautismo, tras ella bebo los aires; por moro me tienen todas: dinero quieren que gaste. En lenguaje de mujeres, que es diferente lenguaje, de balde es dos veces dé, cosa que no entendió nadie. Todas me llaman Antón, todas me cobran Azarque, y son, al daca y al pido, mis billetes Alcoranes. El sombrero que les quito se les antoja turbante, y mi prosa, algarabía, por más español que hable. Sin duda, romance aleve, que, por sólo el consonante, a los pordioseros fieles les diste alegrón tan grande. Y aquella maldita hembra, para burlar el linaje de los Baldeses de paga, tocó a barato una tarde. Iuego que el romance oí, me llamaba por las calles cristianísimo, sin miedo del rey de Francia y sus Pares. ¿Adónde están los cristianos que gozan de aqueste lance?: que en el reino de Toledo los Pedros pagan por Tarfes. Si la que lo prometiste en esa cazuela yaces, más gente harás, si te nombras, que las banderas de Flandes. Doña Urraca diz que fue la del pregón detestable: que cosa tan mal cumplida no pudo ser de otras aves.
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Romance
Europa se ha prendido, se ha incendiado: de Rusia a Españ va, de extremo a extremo, el incendio que lleva enarbolado, con un furor, un ímpetu supremo. Cabalgan sus hogueras, trota su lumbre arrolladoramente, arroja sus flotantes y cálidas banderas, sus victoriosas llamas sobre el triste occidente. Purifica, penetra en las ciudades, alumbra, sopla, da en los rascacielos, empuja las estatuas, muerde, aventa: arden inmensidades de edificios podridos como leves pañuelos, cesa la noche, el día se acrecienta. Cruza un gran tormenta de aeroplanos y anhelos. Se propaga la sombra de Lenin, se propaga, avanza enrojecida por los hielos, inunda estepas, salta serranías, recoge, cierra, besa toda llaga, aplasta las miserias y las melancolías. Es como un sol que eclipsa las tinieblas lunares, es como un corazón que se extiende y absorbe, que se despliega igual que el coral de los mares en bandadas de sangre a todo el orbe. Es un olor que alegra los olfatos y una canción que halla sus ecos en las minas. España suena llena de retratos de Lenin entre hogueras matutinas. Bajo un diluvio de hombres extinguidos, España se defiende con un soldado ardiendo de toda podredumbre. Y por los Pirineos ofendidos alza sus llamas, sus hogueras tiende para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre.
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El incendio
Tomame en la madrugada Tómame mientras duermo, sin pedir permisos, sin saber si quiero. Tómame, en el largo silencio de la noche, entre sábanas rojas, explora las salvajes sabanas de mi pasión amodorrada. Tómame, sin preguntar nada, muerde mi cintura, despierta a besos mis ganas. Hauyenta ese sueño aletargado, has que se escuchen mis callados maullidos hasta los niveles más alto del firmamento. Tómame, a eso de las cuatro y media de la madrugada, cuando nadie ve al Sol, haciéndole el amor con su Luna adorada. Tómame cuando estoy callada, cuando más pide mi cuerpo, que lo colonizes entre banderas blancas. Tómame, así, sin más nada, que nunca cielo mío, te rechazara mi alma. Tómame en la madrugada, has que lo que este soñando se materialize despertándome entre caricias y excitantes besos! LeydisProse 11/19/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Nov 19, 2017
Nov 19, 2017 at 2:43 PM UTC
Tómame en la madrugada