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"avanza" poems
Una victoria. Es tarde, no sabías. Llegó como azucena a mi albedrío el blanco talle que traspasa la eternidad inmóvil de la tierra, empujando una débil forma clara hasta horadar la arcilla con rayo blanco o espolón de leche. Muda, compacta oscuridad del suelo en cuyo precipicio avanza la flor clara hasta que el pabellón de su blancura derrota el fondo indigno de la noche y de la claridad en movimiento se derraman atónitas semillas.
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Enigma con una flor
La voz de bronce no hay quien la estrangule: mi voz de bronce no hay quien la corrompa. No puede ser ni que el silencio anule su soplo ejecutivo de pasión y de trompa. Con esta voz templada al fuego vivo, amasada en un bronce de pesares, salgo a la puerta eterna del olivo, y dejo dicho entre los olivares... El río Manzanares, un traje inexpugnable de soldado tejido por la bala y la ribera, sobre su adolescencia de juncos ha colgado. Hoy es un río y antes no lo era: era una gota de metal mezquino, un arenal apenas transitado, sin gloria y sin destino. Hoy es un trinchera de agua que no reduce nadie, nada, tan relampagueante que parece en la carne del mismo sol cavada. El leve Manzanares se merece ser mar entre los mares. Al mar, al tiempo, al sol, a este río que crece, jamás podrás herirlos por más que les dispares. Tus aguas de pequeña muchedumbre, ay río de Madrid, yo he defendido, y la ciudad que al lado es una cumbre de diamante agresor y esclarecido. Cansado acaso, pero no vencido, sale de sus jornadas el soldado. En la boca le canta una cigarra y otra heroica cigarra en el costado. ¿Adónde fue el colmillo con la garra? La hiena no ha pasado a donde más quería. Madrid sigue en su puesto ante la hiena, con su altura de día. Una torre de arena ante Madrid y el río se derrumba. En todas las paredes está escrito: Madrid será tu tumba. Y alguien cavó ya el hoyo de este grito. Al río Manzanares lo hace crecer la vena que no se agota nunca y enriquece. A fuerza de batallas y embestidas, crece el río que crece bajo los afluentes que forman las heridas. Camino de ser mar va el Manzanares: rojo y cálido avanza a regar, además del Tajo y de los mares, donde late un obrero de esperanza. Madrid, por él regado, se abalanza detrás de sus balcones y congojas, grabado en un rubí de lontananza con las paredes cada vez más rojas. Chopos que a los soldados levanta monumentos vegetales, un resplandor de huesos liberados lanzan alegremente sobre los hospitales. El alma de Madrid inunda las naciones, el Manzanares llega triunfante al infinito, pasa como la historia sonando sus renglones, y en el sabor del tiempo queda escrito.
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Fuerza del manzanares
La voz de bronce no hay quien la estrangule: mi voz de bronce no hay quien la corrompa. No puede ser ni que el silencio anule su soplo ejecutivo de pasión y de trompa. Con esta voz templada al fuego vivo, amasada en un bronce de pesares, salgo a la puerta eterna del olivo, y dejo dicho entre los olivares... El río Manzanares, un traje inexpugnable de soldado tejido por la bala y la ribera, sobre su adolescencia de juncos ha colgado. Hoy es un río y antes no lo era: era una gota de metal mezquino, un arenal apenas transitado, sin gloria y sin destino. Hoy es un trinchera de agua que no reduce nadie, nada, tan relampagueante que parece en la carne del mismo sol cavada. El leve Manzanares se merece ser mar entre los mares. Al mar, al tiempo, al sol, a este río que crece, jamás podrás herirlos por más que les dispares. Tus aguas de pequeña muchedumbre, ay río de Madrid, yo he defendido, y la ciudad que al lado es una cumbre de diamante agresor y esclarecido. Cansado acaso, pero no vencido, sale de sus jornadas el soldado. En la boca le canta una cigarra y otra heroica cigarra en el costado. ¿Adónde fue el colmillo con la garra? La hiena no ha pasado a donde más quería. Madrid sigue en su puesto ante la hiena, con su altura de día. Una torre de arena ante Madrid y el río se derrumba. En todas las paredes está escrito: Madrid será tu tumba. Y alguien cavó ya el hoyo de este grito. Al río Manzanares lo hace crecer la vena que no se agota nunca y enriquece. A fuerza de batallas y embestidas, crece el río que crece bajo los afluentes que forman las heridas. Camino de ser mar va el Manzanares: rojo y cálido avanza a regar, además del Tajo y de los mares, donde late un obrero de esperanza. Madrid, por él regado, se abalanza detrás de sus balcones y congojas, grabado en un rubí de lontananza con las paredes cada vez más rojas. Chopos que a los soldados levanta monumentos vegetales, un resplandor de huesos liberados lanzan alegremente sobre los hospitales. El alma de Madrid inunda las naciones, el Manzanares llega triunfante al infinito, pasa como la historia sonando sus renglones, y en el sabor del tiempo queda escrito.
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Aquí los antiguos recibían al fuego Aquí el fuego creaba el mundo Al mediodía las piedras se abren como frutos El agua abre los párpados La luz resbala por la piel del día Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia A la española el día entra pisando fuerte Un rumor de hojas y pájaros avanza Un presentimiento de mar o mujeres El día zumba en mi frente como una idea fija En la frente del mundo zumba tenaz el día La luz corre por todas partes Canta por las terrazas Hace bailar las casas Bajo las manos frescas de la yedra ligera El muro se despierta y levanta sus torres Y las piedras dejan caer sus vestiduras Y el agua se desnuda y salta de su lecho Más desnuda que el agua Y la luz se desnuda y se mira en el agua Más desnuda que un astro Y el pan se abre y el vino se derrama Y el día se derrama sobre el agua tendida Ver oír tocar oler gustar pensar Labios o tierra o viento entre veleros Sabor del día que se desliza como música Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha Y la deja desnuda en el centro del día Nadie sabe su nombre ni a qué vino Como un poco de agua se tiende a mi costado El sol se para un instante por mirarla La luz se pierde entre sus piernas La rodean mis miradas como agua Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua Como la luz no tiene nombre propio Como la luz cambia de forma con el día
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Cerro de la estrella
Inútiles palabras para la rima. Nunca De contacto supisteis para dar armonía. Cual vírgenes en duelo, vuestra belleza trunca Va triste y solitaria, sin el fulgor del día. Alma tenéis, mas siempre sois como inútil lazo, Ritmos que no se acuerdan con otros, y por eso No habéis sabido nunca lo que es calor de abrazo, Ni habéis sentido espasmos con la fruición del beso. Inútiles palabras para rimar. De oro Podréis ser, mas las otras de alianza son emblema; Y cantáis, pero siempre seréis voz en un coro; Y podréis ser engaste, pero jamás diadema. Y os veo con tristeza cuando avanza el galope Del lírico desfile por el radiante estadio. Sois asta de la lanza, no de la lanza el tope, Y sois empuñadura, pero jamás el gladio. Las otras son las gemas donde la luz tremola Y armonizan cuadrigas o multiformes galas. Vosotras vibráis siempre, mas sois una ala sola, Y el poeta requiere para volar dos alas.
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A las palabras sin rima
Silencio que naufraga en el silencio de las bocas cerradas de la noche. No cesa de callar ni atravesado. Habla el lenguaje ahogado de los muertos. Silencio. Abre caminos de algodón profundo, amordaza las ruedas, los relojes, detén la voz del mar, de la paloma: emociona la noche de los sueños. Silencio. El tren lluvioso de la sangre suelta, el frágil tren de los que se desangran, el silencioso, el doloroso, el pálido, el tren callado de los sufrimientos. Silencio. Tren de la palidez mortal que asciende: la palidez reviste las cabezas, el ¡ay! la voz, el corazón la tierra, el corazón de los que malhirieron. Silencio. Van derramando piernas, brazos, ojos, van arrojando por el tren pedazos. Pasan dejando rastros de amargura, otra vía láctea de estelares miembros. Silencio. Ronco tren desmayado, enrojecido: agoniza el carbón, suspira el humo y, maternal la máquina suspira, avanza como un largo desaliento. Silencio. Detenerse quisiera bajo un túnel la larga madre, sollozar tendida. No hay estaciones donde detenerse, si no es el hospital, si no es el pecho. Para vivir, con un pedazo basta: en un rincón de carne cabe un hombre. Un dedo solo, un solo trozo de ala alza el vuelo total de todo un cuerpo. Silencio. Detened ese tren agonizante que nunca acaba de cruzar la noche. Y se queda descalzo hasta el caballo, y enarena los cascos y el aliento.
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El tren de los heridos
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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Alla sua donna
Cara beltà che amore Lunge m'inspiri o nascondendo il viso, Fuor se nel sonno il core Ombra diva mi scuoti, O nè campi ove splenda Più vago il giorno e di natura il riso; Forse tu l'innocente Secol beasti che dall'oro ha nome, Or leve intra la gente Anima voli? O te la sorte avara Ch'a noi t'asconde, agli avvenir prepara? Viva mirarti omai Nulla spene m'avanza; S'allor non fosse, allor che ignudo e solo Per novo calle a peregrina stanza Verrà lo spirto mio. Già sul novello Aprir di mia giornata incerta e bruna, Te viatrice in questo arido suolo Io mi pensai. Ma non è cosa in terra Che ti somigli; e s'anco pari alcuna Ti fosse al volto, agli atti, alla favella, Saria, così conforme, assai men bella. Fra cotanto dolore Quanto all'umana età propose il fato, Se vera e quale il mio pensier ti pinge, Alcun t'amasse in terra, a lui pur fora Questo viver beato: E ben chiaro vegg'io siccome ancora Seguir loda e virtù qual nè prim'anni L'amor tuo mi farebbe. Or non aggiunse Il ciel nullo conforto ai nostri affanni; E teco la mortal vita saria Simile a quella che nel cielo india. Per le valli, ove suona Del faticoso agricoltore il canto, Ed io seggo e mi lagno Del giovanile error che m'abbandona; E per li poggi, ov'io rimembro e piagno I perduti desiri, e la perduta Speme dè giorni miei; di te pensando, A palpitar mi sveglio. E potess'io, Nel secol tetro e in questo aer nefando, L'alta specie serbar; che dell'imago, Poi che del ver m'è tolto, assai m'appago. Se dell'eterne idee L'una sei tu, cui di sensibil forma Sdegni l'eterno senno esser vestita, E fra caduche spoglie Provar gli affanni di funerea vita; O s'altra terra nè superni giri Frà mondi innumerabili t'accoglie, E più vaga del Sol prossima stella T'irraggia, e più benigno etere spiri; Di qua dove son gli anni infausti e brevi, Questo d'ignoto amante inno ricevi.
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O sant'asinità, sant'ignoranza, santa stoltezza e pia devozione, qual sola puoi far l'anime si buone che umano ingegno e studio non l'avanza. Non giunge faticosa vigilanza d'arte qualunque sia o invenzione, né dei sapienti contemplazione, al ciel dove ti edifichi la stanza. Che vi val (curiosi) lo studiare, voler sapere quel che fa la natura, se gli astri son pur terra, fuoco e mare? La santa asinità di ciò non cura, ma con man giunte e in ginocchio vuol stare aspettando da Dio la sua ventura. Nessuna cosa dura eccetto il frutto dell'eterna requie, la qual ci dona Dio dopo le esequie.
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In Lode Dell'Asino
Sola nel mondo eterna, a cui si volve Ogni creata cosa, In te, morte, si posa Nostra ignuda natura; Lieta no, ma sicura Dall'antico dolor. Profonda notte Nella confusa mente Il pensier grave oscura; Alla speme, al desio, l'arido spirto Lena mancar si sente: Così d'affanno e di temenza è sciolto, E l'età vote e lente Senza tedio consuma. Vivemmo: e qual di paurosa larva, E di sudato sogno, A lattante fanciullo erra nell'alma Confusa ricordanza: Tal memoria n'avanza Del viver nostro: ma da tema è lunge Il rimembrar. Che fummo? Che fu quel punto acerbo Che di vita ebbe nome? Cosa arcana e stupenda Oggi è la vita al pensier nostro, e tale Qual dè vivi al pensiero L'ignota morte appar. Come da morte Vivendo rifuggia, così rifugge Dalla fiamma vitale Nostra ignuda natura; Lieta no ma sicura, Però ch'esser beato Nega ai mortali e nega à morti il fato.
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Coro dei morti nello studio di Federico Ruysch
Nel cuor dove ogni visïon s'immilla, e spazio al cielo ed alla terra avanza, talor si spenge un desiderio, e brilla una speranza: come nel cielo, oceano profondo, dove ascendendo il pensier nostro annega, tramonta un'Alfa, e pullula dal fondo cupo un'Omega.
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Addio Adda
*Ese momento en el que estas sentada. Las luces parpadean. Las señales se encienden. Te aferras a tu asiento al sentir la velocidad. Este avanza, a un paso fuerte. De dulce pasa a brusco. Tu corazón pide más, y tu adrenalina esta al tope. De repente se eleva, y desde la ventana observas como las llantas regresan a su lugar. Y en ese momento, justo en ese momento. Te sientes infinito.*
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Apr 15, 2014
Apr 15, 2014 at 6:55 AM UTC
Al volar
La noche de ojos de caballo que tiemblan en la noche, la noche de ojos de agua en el campo dormido, está en tus ojos de caballo que tiembla, está en tus ojos de agua secreta. Ojos de agua de sombra, ojos de agua de pozo, ojos de agua de sueño. El silencio y la soledad, como dos pequeños animales a quienes guía la luna, beben en esos ojos, beben en esas aguas. Si abres los ojos, se abre la noche de puertas de musgo, se abre el reino secreto del agua que mana del centro de la noche. Y si los cierras, un río, una corriente dulce y silenciosa, te inunda por dentro, avanza, te hace oscura: la noche moja riberas en tu alma.
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Agua nocturna
Sobre la roja España blanca y roja, blanca y fosforescente, una historia de polvo se deshoja, irrumpe un sol unánime, batiente. Es un pleno de abriles, una primaveral caballería, que inunda de galopes los perfiles de España: es el ejército del sol, de la alegría. Desaparece la tristeza, el día devorador, el marchitado tallo, cuando, avasalladora llamarada, galopa la alegría en un caballo igual que una bandera desbocada. A su paso se paran los relojes, las abejas, los niños se alborotan, los vientres son más fértiles, más profusas las trojes, saltan las piedras, los lagartos trotan. Se hacen las carreteras de diamantes, el horizonte lo perturban mieses y otras visiones relampagueantes, y se sienten felices los cipreses. Avanza la alegría derrumbando montañas y las bocas avanzan como escudos. Se levanta la risa, se caen las telarañas ante el chorro potente de los dientes desnudos. La alegría es un huerto del corazón con mares que a los hombres invaden de rugidos, que a las mujeres muerden de collares y a la piel de relámpagos transidos. Alegraos por fin los carcomidos, los desplomados bajo la tristeza: salid de los vivientes ataúdes, sacad de entre las piernas la cabeza, caed en la alegría como grandes taludes. Alegres animales, la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas, se desposan delante de los hombres contentos. Y paren las mujeres lanzando carcajadas, desplegando su carne firmamentos. Todo son jubilosos juramentos. Cigarras, viñas, gallos incendiados, los árboles del Sur: naranjos y nopales, higueras y palmeras y granados, y encima el mediodía curtiendo cereales. Se despedaza el agua en los zarzales: las lágrimas no arrasan, no duelen las espinas ni las flechas. Y se grita ¡Salud! a todos los que pasan con la boca anegada de cosechas. Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto en una muchedumbre de bocas y de brazos. Se ve la muerte como un mueble roto, como una blanca silla hecha pedazos. Salí del llanto, me encontré en España, en una plaza de hombres de fuego imperativo. Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña... Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.
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Juramento de la alegría
Sobre la roja España blanca y roja, blanca y fosforescente, una historia de polvo se deshoja, irrumpe un sol unánime, batiente. Es un pleno de abriles, una primaveral caballería, que inunda de galopes los perfiles de España: es el ejército del sol, de la alegría. Desaparece la tristeza, el día devorador, el marchitado tallo, cuando, avasalladora llamarada, galopa la alegría en un caballo igual que una bandera desbocada. A su paso se paran los relojes, las abejas, los niños se alborotan, los vientres son más fértiles, más profusas las trojes, saltan las piedras, los lagartos trotan. Se hacen las carreteras de diamantes, el horizonte lo perturban mieses y otras visiones relampagueantes, y se sienten felices los cipreses. Avanza la alegría derrumbando montañas y las bocas avanzan como escudos. Se levanta la risa, se caen las telarañas ante el chorro potente de los dientes desnudos. La alegría es un huerto del corazón con mares que a los hombres invaden de rugidos, que a las mujeres muerden de collares y a la piel de relámpagos transidos. Alegraos por fin los carcomidos, los desplomados bajo la tristeza: salid de los vivientes ataúdes, sacad de entre las piernas la cabeza, caed en la alegría como grandes taludes. Alegres animales, la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas, se desposan delante de los hombres contentos. Y paren las mujeres lanzando carcajadas, desplegando su carne firmamentos. Todo son jubilosos juramentos. Cigarras, viñas, gallos incendiados, los árboles del Sur: naranjos y nopales, higueras y palmeras y granados, y encima el mediodía curtiendo cereales. Se despedaza el agua en los zarzales: las lágrimas no arrasan, no duelen las espinas ni las flechas. Y se grita ¡Salud! a todos los que pasan con la boca anegada de cosechas. Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto en una muchedumbre de bocas y de brazos. Se ve la muerte como un mueble roto, como una blanca silla hecha pedazos. Salí del llanto, me encontré en España, en una plaza de hombres de fuego imperativo. Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña... Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.
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Más acá, más acá. Yo estoy muy bien. Llueve; y hace una cruel limitación. Avanza, avanza el pie. Hasta qué hora no suben las cortinas esas manos que fingen un zarzal? Ves? Los otros, qué cómodos, qué efigies. Más acá, más acá! Llueve. Y hoy pasará otra nave cargada de crespón; será como un pezón ***** y deforme arrancado a la esfíngica Ilusión. Más acá, más acá. Tú estás al borde y la nave arrastrarte puede al mar. Ah, cortinas inmóviles, simbólicas... Mi aplauso es un festín de rosas negras: cederte mi lugar! Y en el fragor de mi renuncia, un hilo de infinito sangrará. Yo no debo estar tan bien; avanza, avanza el piel.
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El palco estrecho
flores de miel flores de piel flores calientes salían de david burnham quieto en el aire frío lunar sin remedio sin adioses sin Dios ¡ah david burnham! su clavícula clavada en el cosmos era la que más florecía extrañas vidas daba para la época en que la gente era infeliz y preguntaba ¿cómo era el niño david en la clase de inglés? nunca se supo cómo era pero está quieto entre fulgores su cabeza se la come la luz david burnham amó ese final no quiso a la tierra ni al agua como cantaba al disolverse inclinado hacia el sol que le tapó las manos los ojos los pies cuidándolo como a palomo ciego en tanto cae la noche padre y madre como oso silencioso las cuatro caras del dolor se apagaron para david burnham navegando o ardiendo todavía dulce dulce detrás del espectáculo así terminó david burnham se le caía un polvo fino como jazmín donde avanza la noche aplasta y se perfuma ¡ah solo en el espacio!
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Lamento por las flores de david burnham
Lejos de la ciudad, lejos del foro clamoroso y del tiempo, que es mudanza, Edwards, eterno ya, sueña y avanza a la sombra de árboles de oro. Hoy es mañana y es ayer. No hay una cosa de Dios en el sereno ambiente que no le exalte misteriosamente, el oro de la tarde o de la luna. Piensa feliz que el mundo es un eterno instrumento de ira y que el ansiado cielo para unos pocos fue creado y casi para todos el infierno. En el centro puntual de la maraña hay otro prisionero, Dios, la Araña.
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Jonathan edwards
Se retrocede con seguridad pero se avanza a tientas uno adelanta manos como un ciego ciego imprudente por añadidura pero lo absurdo es que no es ciego y distingue el relámpago la lluvia los rostros insepultos la ceniza la sonrisa del necio las afrentas un barrunto de pena en el espejo la baranda oxidada con sus pájaros la opaca incertidumbre de los otros enfrentada a la propia incertidumbre se avanza a tientas / lentamente por lo común a contramano de los convictos y confesos en búsqueda tal vez de amores residuales que sirvan de consuelo y recompensa o iluminen un pozo de nostalgias se avanza a tientas / vacilante no importan la distancia ni el horario ni que el futuro sea una vislumbre o una pasión deshabitada a tientas hasta que una noche se queda uno sin cómplices ni tacto y a ciegas otra vez y para siempre se introduce en un túnel o destino que no se sabe dónde acaba
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A tientas
Para que yo me llame Ángel González, para que mi ser pese sobre el suelo, fue necesario un ancho espacio y un largo tiempo: hombres de todo el mar y toda tierra, fértiles vientres de mujer, y cuerpos y más cuerpos, fundiéndose incesantes en otro cuerpo nuevo. Solsticios y equinoccios alumbraron con su cambiante luz, su vario cielo, el viaje milenario de mi carne trepando por los siglos y los huesos. De su pasaje lento y doloroso de su huida hasta el fin, sobreviviendo naufragios, aferrándose al último suspiro de los muertos, yo no soy más que el resultado, el fruto, lo que queda, podrido, entre los restos; esto que veis aquí, tan sólo esto: un escombro tenaz, que se resiste a su ruina, que lucha contra el viento, que avanza por caminos que no llevan a ningún sitio. El éxito de todos los fracasos. La enloquecida fuerza del desaliento...
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Para que yo me llame ángel gonzález
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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Euzkadi
Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido. Contra España cayeron y España no ha caído. España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades. Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo. Si no se pierde todo no se ha perdido nada. En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira! Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean. No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones. En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima. No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora. Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento. Español, al rescate de todo lo perdido. ¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido. Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.
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Un hombre gris avanza por la calle de niebla; No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío; Vacío como pampa, como mar, como viento, Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable. Es el tiempo pasado, y sus alas ahora Entre la sombra encuentran una pálida fuerza; Es el remordimiento, que de noche, dudando, En secreto aproxima su sombra descuidada. No estrechéis esa mano. La yedra altivamente Ascenderá cubriendo los troncos del invierno. Invisible en la calma el hombre gris camina. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.
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Remordimiento en traje de noche
La vida avanza, el tiempo nos acelera, las semanas se acaban, los días permanecen, las horas pasan, los minutos transcurren mientras que los segundos se ríen de nosotros; Nosotros los que nos hemos detenido pensado que la vida nos esperará a que comencemos a vivir otra vez, sin volver a esperar lo que nunca a de llegar.
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Dec 8, 2014
Dec 8, 2014 at 8:18 PM UTC
Avanza
"Un hombre gris avanza por la calle de niebla, no lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío; vacío como pampa, como mar, como viento, desiertos tan amargos bajo un cielo implacable. Es el tiempo pasado, y sus alas ahora entre la sombra encuentran una pálida fuerza; es el remordimiento, que de noche, dudando; en secreto se aproxima su sombra descuidada. No estrechéis esa mano. La yedra altivamente ascenderá cubriendo los troncos de invierno. Invisible en la calma el hombre gris camina. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra esta sorda." La tierra está sorda y no oye, no oye a los muertos llamando por ella; por ella que les ha dado tanto, que les ha acogido cuando les exilió la vida. La vida desentendida camina por los campos de trigo cuando le cae la noche, le cae la niebla y su camino se cruza con el andante implacable, el andante que es sombra, el andante vacío. Con la mirada aún feliz estrecha su mano, y la yedra altiva asciende cubriendo los troncos del invierno. Sus manos estrechadas los cuerpos se vacían. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda // "A grey man passes through the streer of fog, nobody suspects of him. He is an empty body; empty like pampas, like sea, like wind, deserts so bitter under an unstoppable sky. He is the past time, and his winds now in the shadow find a palid strength; he is remorse, whom at night, doubting; in secret aproaches his neglected shadow. Don't shake that hand. The climbing plant proudly will ascend covering the trunks of winter. Invisible in calm the gray man walks. Don't you feel the dead? But the earth is deaf." The earth is deaf and she can't hear, she can't hear the dead calling for her; for her who has given them so much, who has welcomed them when life exiled them. Life without noticing walks on the wheat fields when night falls on her, fog falls on her, and her path crosses with the unstoppable walker, the walker who is shadow, the empty walker. With her view still happy she shakes his hand, and the climbing plant proudly ascends covering the trunks of winter. Their hands shaken the bodies empty. ¿Don't you feel the dead? But the earth is deaf.
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Aug 2, 2018
Aug 2, 2018 at 8:30 AM UTC
Remordimiento en traje de noche + // Remorse in evening suit +
"Un hombre gris avanza por la calle de niebla, no lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío; vacío como pampa, como mar, como viento, desiertos tan amargos bajo un cielo implacable. Es el tiempo pasado, y sus alas ahora entre la sombra encuentran una pálida fuerza; es el remordimiento, que de noche, dudando; en secreto se aproxima su sombra descuidada. No estrechéis esa mano. La yedra altivamente ascenderá cubriendo los troncos de invierno. Invisible en la calma el hombre gris camina. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra esta sorda." La tierra está sorda y no oye, no oye a los muertos llamando por ella; por ella que les ha dado tanto, que les ha acogido cuando les exilió la vida. La vida desentendida camina por los campos de trigo cuando le cae la noche, le cae la niebla y su camino se cruza con el andante implacable, el andante que es sombra, el andante vacío. Con la mirada aún feliz estrecha su mano, y la yedra altiva asciende cubriendo los troncos del invierno. Sus manos estrechadas los cuerpos se vacían. ¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda // "A grey man passes through the streer of fog, nobody suspects of him. He is an empty body; empty like pampas, like sea, like wind, deserts so bitter under an unstoppable sky. He is the past time, and his winds now in the shadow find a palid strength; he is remorse, whom at night, doubting; in secret aproaches his neglected shadow. Don't shake that hand. The climbing plant proudly will ascend covering the trunks of winter. Invisible in calm the gray man walks. Don't you feel the dead? But the earth is deaf." The earth is deaf and she can't hear, she can't hear the dead calling for her; for her who has given them so much, who has welcomed them when life exiled them. Life without noticing walks on the wheat fields when night falls on her, fog falls on her, and her path crosses with the unstoppable walker, the walker who is shadow, the empty walker. With her view still happy she shakes his hand, and the climbing plant proudly ascends covering the trunks of winter. Their hands shaken the bodies empty. ¿Don't you feel the dead? But the earth is deaf.
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Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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Al pintor swaminathan
Con un trapo y un cuchillo                                                 contra la idea fija Contra el toro del miedo Contra la tela contra el vacío                                                     el surtidor La llama azul del cobalto                                               el ámbar quemado Verdes recién salidos del mar                                                       añiles reflexivos Con un trapo y un cuchillo                                                 sin pinceles Con los insomnios con la rabia con el sol Contra el rostro en blanco del mundo El surtidor                       la ondulación serpentina La vibración acuática del espacio El triángulo el arcano La flecha clavada en el altar nego Los alfabetos coléricos La gota de tinta de sangre de miel Con un trapo y un cuchillo                                                 el surtidor Salta el rojo mexicano                                           y se vuelve ***** Salta el rojo de la India                                             y se vuelve ***** Los labios ennegrecen                                           ***** de Kali Carbón para tus cejas y tus párpados Mujer deseada cada noche                                                   ***** de Kali El amarillo y sus fieras abrasadas El ocre y sus tambores subterráneos El cuerpo verde de la selva negra El cuerpo azul de Kali                                         el **** de la Guadalupe Con un trapo y un cuchillo                                               contra el triángulo El ojo revienta                             surtidor de signos La ondulación serpentina avanza Marea de apariciones inminentes El cuadro es un cuerpo Vestido sólo por su enigma desnudo
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Como un dolor que avanza y se abre paso entre vísceras que ceden y huesos que resisten, como una lima que lima los nervios que nos atan a la vida, sí, pero también como una alegría súbita, como abrir una puerta que da al mar, como asomarse al abismo y como llegar a la cumbre, como el río de diamante que horada la roca y como la cascada azul que cae en un derrumbe de estatuas y templos blanquísimos, como el pájaro que sube y el relámpago que desciende, batir de alas, pico que desgarra y entreabre al fin el fruto, tú, mi Grito, surtidor de plumas de fuego, herida resonante y vasta como el desprendimiento de un planeta del cuerpo de una estrella, caída infinita en un cielo de ecos, en un cielo de espejos que te repiten y destrozan y te vuelven innumerable, infinito y anónimo.
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Trabajos del poeta
La luz sostiene -ingrávidos, reales- el cerro blanco y las encinas negras, el sendero que avanza, el árbol que se queda; la luz naciente busca su camino, río titubeante que dibuja sus dudas y las vuelve certidumbres, río del alba sobre unos párpados cerrados; la luz esculpe al viento en la cortina, hace de cada hora un cuerpo vivo, entra en el cuarto y se desliza, descalza, sobre el filo del cuchillo; la luz nace mujer en un espejo, desnuda bajo diáfanos follajes una mirada la encadena, la desvanece un parpadeo; la luz palpa los frutos y palpa lo invisible, cántaro donde beben claridades los ojos, llama cortada en flor y vela en vela donde la mariposa de alas negras se quema: la luz abre los pliegues de la sábana y los repliegues de la pubescencia, arde en la chimenea, sus llamas vueltas sombras trepan los muros, yedra deseosa; la luz no absuelve ni condena, no es justa ni es injusta, la luz con manos invisibles alza los edificios de la simetría; la luz se va por un pasaje de reflejos y regresa a sí misma: es una mano que se inventa, un ojo que se mira en sus inventos. La luz es tiempo que se piensa.
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La vista, el tacto
El traje blanco, dorado el pelo, La tez nevada de un serafín, Ojos azules color de cielo, Labios cual mirtos que besa abril. Dos breves años contando apenas, Dormida al dulce sol maternal Como se aduermen las azucenas Al fresco borde dei manantial. ¡Botón de rosa de Alejandría! ¡Capullo blanco de un alhelí! ¡Qué linda estabas en aquel día La vez primera que yo te vi! En tu tez blanca frescura y brillo, En tus sonrisas bondad y unción, Eras el ángel que ideó Murillo En su madona de «La Asunción». Así en aquellas tierras lejanas Miré entreabrirse tu vida en flor; ¡Yo estaba entonces sin estas canas Que son corona de mi dolor! Tus padres, locos con tus hechizos, Eran felices al verte así; Ojos azules, dorados rizos, ¡Cuánto ha pasado desde que os vi! ¡Cómo han volado los breves años! ¡Mira cual vengo con mi laúd! ¡Triste y enfermo de desengaños A tus altares de juventud! Ufana irradias gracia y belleza; Eres del alba vivo arrebol; Yo soy la noche de la tristeza ¿Cuándo ha cantado la noche al sol? Más que tus ojos, dulces y bellos, Es bello y dulce tu porvenir; ¡Tus ojos dicen con sus destellos Que no has nacido para sufrir! Te dan tus padres cual rica herencia Virtud, pureza, talento y fe; No tiene el campo de tu existencia Zarzas que aleves sangren tu pie. iVive tranquila, sueña dichosa, Un ángel vela cerca de ti Para que nunca sufra la rosa Las asechanzas del colibrí! Mil trovadores que absorto escucho, Bajo tus rejas cantar oirás, Yo sé que todos te dirán mucho Pero ninguno te querrá más. Y es que la llama de mi cariño Ha mucho tiempo que se encendió, En otras tierras, junto a aquel niño Que tanto amabas y al cielo huyó. Vive dichosa, sin desengaños, Tú no has nacido para llorar Y que tus sueños por muchos años Velen tus padres en el hogar. Avanza ¡oh niña! que en este suelo La dicha pura, de ti va en pos; Mira estos versos como el pañuelo Que en la ribera nos dice «adiós».
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En el álbum de la señorita matilde de olavarría y landazuri
El traje blanco, dorado el pelo, La tez nevada de un serafín, Ojos azules color de cielo, Labios cual mirtos que besa abril. Dos breves años contando apenas, Dormida al dulce sol maternal Como se aduermen las azucenas Al fresco borde dei manantial. ¡Botón de rosa de Alejandría! ¡Capullo blanco de un alhelí! ¡Qué linda estabas en aquel día La vez primera que yo te vi! En tu tez blanca frescura y brillo, En tus sonrisas bondad y unción, Eras el ángel que ideó Murillo En su madona de «La Asunción». Así en aquellas tierras lejanas Miré entreabrirse tu vida en flor; ¡Yo estaba entonces sin estas canas Que son corona de mi dolor! Tus padres, locos con tus hechizos, Eran felices al verte así; Ojos azules, dorados rizos, ¡Cuánto ha pasado desde que os vi! ¡Cómo han volado los breves años! ¡Mira cual vengo con mi laúd! ¡Triste y enfermo de desengaños A tus altares de juventud! Ufana irradias gracia y belleza; Eres del alba vivo arrebol; Yo soy la noche de la tristeza ¿Cuándo ha cantado la noche al sol? Más que tus ojos, dulces y bellos, Es bello y dulce tu porvenir; ¡Tus ojos dicen con sus destellos Que no has nacido para sufrir! Te dan tus padres cual rica herencia Virtud, pureza, talento y fe; No tiene el campo de tu existencia Zarzas que aleves sangren tu pie. iVive tranquila, sueña dichosa, Un ángel vela cerca de ti Para que nunca sufra la rosa Las asechanzas del colibrí! Mil trovadores que absorto escucho, Bajo tus rejas cantar oirás, Yo sé que todos te dirán mucho Pero ninguno te querrá más. Y es que la llama de mi cariño Ha mucho tiempo que se encendió, En otras tierras, junto a aquel niño Que tanto amabas y al cielo huyó. Vive dichosa, sin desengaños, Tú no has nacido para llorar Y que tus sueños por muchos años Velen tus padres en el hogar. Avanza ¡oh niña! que en este suelo La dicha pura, de ti va en pos; Mira estos versos como el pañuelo Que en la ribera nos dice «adiós».
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