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"atreve" poems
A la orilla, de mí ya desprendido, toco la destrucción que en mí se atreve, palpo ceniza y nada, lo que llueve el cielo en su caer oscurecido. Anegado en mi sombra-espejo mido la deserción del soplo que me mueve: huyen, fantasma ejército de nieve, tacto y color, perfume y sed, ruido. El cielo se desangra en el cobalto de un duro mar de espumas minerales; yazgo a mis pies, me miro en el acero de la piedra gastada y del asfalto: pisan opacos muertos maquinales, no mi sombra, mi cuerpo verdadero.
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Crepúsculos de la ciudad
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Romance de gerineldo y la infanta
-Gerineldo, Gerineldo,   paje del rey más querido, quién te tuviera esta noche   en mi jardín florecido. Válgame Dios, Gerineldo,   cuerpo que tienes tan lindo. -Como soy vuestro criado,   señora, burláis conmigo. -No me burlo, Gerineldo,   que de veras te lo digo. -¿Y cuándo, señora mía,   cumpliréis lo prometido? -Entre las doce y la una   que el rey estará dormido. Media noche ya es pasada.   Gerineldo no ha venido. «¡Oh, malhaya, Gerineldo,   quien amor puso contigo!» -Abráisme, la mi señora,   abráisme, cuerpo garrido. -¿Quién a mi estancia se atreve,   quién llama así a mi postigo? -No os turbéis, señora mía,   que soy vuestro dulce amigo. Tomáralo por la mano   y en el lecho lo ha metido; entre juegos y deleites   la noche se les ha ido, y allá hacia el amanecer   los dos se duermen vencidos. Despertado había el rey   de un sueño despavorido. «O me roban a la infanta   o traicionan el castillo.» Aprisa llama a su paje   pidiéndole los vestidos: «¡Gerineldo, Gerineldo,   el mi paje más querido!» Tres veces le había llamado,   ninguna le ha respondido. Puso la espada en la cinta,   adonde la infanta ha ido; vio a su hija, vio a su paje   como mujer y marido. «¿Mataré yo a Gerineldo,   a quien crié desde niño? Pues si matare a la infanta,   mi reino queda perdido. Pondré mi espada por medio,   que me sirva de testigo.» Y salióse hacia el jardín   sin ser de nadie sentido. Rebullíase la infanta   tres horas ya el sol salido; con el frior de la espada   la dama se ha estremecido. -Levántate, Gerineldo,   levántate, dueño mío, la espada del rey mi padre   entre los dos ha dormido. -¿Y adónde iré, mi señora,   que del rey no sea visto? -Vete por ese jardín   cogiendo rosas y lirios; pesares que te vinieren   yo los partiré contigo. -¿Dónde vienes, Gerineldo,   tan mustio y descolorido? -Vengo del jardín, buen rey,   por ver cómo ha florecido; la fragancia de una rosa   la color me ha devaído. -De esa rosa que has cortado   mi espada será testigo. -Matadme, señor, matadme,   bien lo tengo merecido. Ellos en estas razones,   la infanta a su padre vino: -Rey y señor, no le mates,   mas dámelo por marido. O si lo quieres matar   la muerte será conmigo.
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Bien puedo yo pintar una hermosura, y de otras cinco retratar a Elena, pues a Filis también, siendo morena, ángel Lope llamó de nieve pura. Bien puedo yo fingir una escultura, que disculpe mi amor, y en dulce vena convertir a Filene en Filomena brillando claros en la sombra escura. Mas puede ser que algún letor extrañe estas musas de Amor hiperboleas, y viéndola después se desengañe. Pues si ha de hallar algunas partes feas, Juana, no quiera Dios que a nadie engañe, basta que para mí tan linda seas.
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No se atreve a pintar su dama muy hermosa por no mentir que es mucho para poeta
Puertas cerradas y oportunidades escondidas. Elecciones pasadas y consecuencias retorcidas. En el vació entre corazones, argumentos sin razones. Lagrimas caen siguientes, nunca son suficientes. Entre comunicación fallida malentendidos, la única salida. Ofensa e ira, algo que nunca se olvida. Dentro de esta fantasía, la crueldad se siente real. A través de la travesía, el obstáculo se vuelven mental. Atrás del reloj del tiempo naciente, yace o se hace frente, pero nunca es suficiente. Aquel amor pasado, el cual ya no esta presente. Flotando sobre tumbas en niebla y nieve, la esperanza se revienta pero nunca se atreve. Nubes que opacan el cielo de la promesa, ausentes como el corazón que nunca regresa. El futuro carmesí, brilla como un rubí desolado en medio del desierto del pensamiento cerrado. No hay libertad del presente, el momento siempre se siente. cuando la esperanza se encuentre ausente. al miedo hay que hacerle frente. Sueña ahora con algo diferente. Yo te deseo, mucha suerte.
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May 23, 2015
May 23, 2015 at 10:34 PM UTC
Opaca Travesía
Las floridas espaldas ya en la nieve, y los cabellos de marfil al viento. Agua muerta en la sien, el pensamiento color halo de luna cuando llueve. ¡Oh qué clamor bajo del seno breve; qué palma al aire el solitario aliento, qué témpano cogido al firmamento, el pie descalzo, que a morir se atreve! ¡Brazos de mar, en cruz, sobre la helada bandeja de la noche; senos fríos, de donde surte, yerta, la alborada; oh piernas como dos celestes ríos, Malva-luna-de-yelo, amortajada bajo las mares de los ojos míos!
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Malva-luna-de-yelo
A ti la lira, a ti de Delfo y Delo, Juana, la voz, los versos y la fama, que mientras más tu hielo me desama, más arde Amor en su inmortal desvelo. Crióme ardiente salamandra el cielo, como sirena a ti, menos la escama, para ser mariposa no eres llama, fuerza será mariposear en hielo. Mi amor es fuego, elementar segundo, de Scitia tu desdén los hielos bebe; tal imposible a mi esperanza fundo. Pues a decir que fuéramos se atreve (cuando no los hubiere en todo el mundo) yo Amor, Juana desdén, su pecho nieve.
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Dedicatoria de la lira con que piensa celebrar su belleza
Compassadamente as estruturas internas do edifício começam a ruir Ninguém se atreve a saltar da Torre temem a morte eterna do espírito e a dívida a ser paga eternamente As labaredas do desespero já estavam acesas consumindo dia a dia os alicerces que ainda estavam em construção e os próprios pedreiros atiravam pedras à obra Eis que o grande Arquiteto faz o prédio desabar As lágrimas dos pedreiros escorrem Já é tarde para arrependimentos Um raio cósmico atravessa minha morada Enquanto um buraco ***** engole meu alento Sofro em silêncio... Como um guerreiro deve sofrer Uma nova casa foi erguida Um a um vejo meus irmãos retornarem para casa Embora meu pai não aceite o meu retorno Há uma multidão que escarnece minha amargura Seus lábios se compadecem do meu exílio Enquanto seus pensamentos louvam minha derrota E eu... que tanto lutei... Mas fora vaidade Tudo fora vaidade De nada valeu minhas batalhas Eu permaneço no vale dos caídos E meu pai se recusa a se dirigir a mim Assassinei a minha honra Descartei minha lealdade Mas ei de edificar novamente minha própria morada
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Sep 29, 2016
Sep 29, 2016 at 10:11 AM UTC
XVI
Banderillero desganado. Las guedejas del sueño cubren tu ojo derecho. Te quedaste dormido con los brazos alzados, y un derrote de Dios te ha atravesado el pecho. Un piadoso pincel lavó con leves algodones de luz tu carne herida, y otra vez la apariencia de la vida a florecer sobre tu piel se atreve. No burlaste a la muerte. No pudiste. El cuerno y el pincel, confabulados, dejaron tu derrota confirmada. Fue una aventura absurda, bella y triste, que aún estremece a los aficionados: ¡qué cornada, Dios mío, qué cornada!
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El cristo de velázquez
Todo tras sí lo lleva el año breve de la vida mortal, burlando el brío al acero valiente, al mármol frío, que contra el tiempo su dureza atreve. Antes que sepa andar el pie se mueve camino de la muerte, donde envío mi vida oscura: pobre y turbio río que ***** mar con altas ondas bebe. Todo corto momento es paso largo que doy a mi pesar, en tal jornada, pues parado y durmiendo siempre aguijo. Breve suspiro, y último y amargo, es la muerte forzosa y heredada: mas si es ley y no pena, ¿qué me aflijo?
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Que la vida es siempre breve y fugitiva. concluye el discurso con una sentencia estoica