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"arrugada" poems
Un sol de invierno ilumina la mar arrugada empujada por el olor a sal. Hoy he venido junto a la orilla a escribir de una chica pero huele a mar, y el olor salado trae recuerdos dulces. Huele a cubos y palas, a olas blandas de bandera verde, a la infantil valentía de salir al sol quedando la edad adulta a cobijo. Huelo la brisa que airea fotos que solo yo guardo De mi abuelo enterrándome en la playa –sonrio por verle de nuevo–, saltos de fe desde los brazos de mi padre, y castillos desafiando al océano entero. Huelo veranos infinitos para lo pequeño que soy. Yo vine aquí a escribir sobre una chica, pero tengo arena en los recuerdos y me drogaron la brisa y la mar.
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Feb 26, 2017
Feb 26, 2017 at 4:19 PM UTC
Arena en los recuerdos
Ya no me gustas, tu piel esta arrugada, llena de manchas de la edad Ya no me gustas, tus ojos se ven cansados, tus pasos desolados Tus sentimientos aislados Tus ganas de llorar Ya no me gustas, como antes me gustabas La juventud de tus labios de tanto fuego se quemo Ya no me gustas, tus caricias de noche no se sienten constantes Ya no somos los de antes Ya no me gustas Me encantas, viejo amante.
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May 6, 2015
May 6, 2015 at 9:22 PM UTC
ya no me gustas
No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada: yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas.
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Proverbios y cantares - xxiii
Llegué a la pobre cabaña en días de primavera; la niña triste cantaba, la abuela hilaba en la rueca. -¡Buena anciana, buena anciana, bien haya la niña bella, a quien desde hoy amar juro con mis ansias de poeta! La abuela miró a la niña. La niña sonrió a la abuela. Fuera volaban gorriones sobre las rosas abiertas. Llegué a la pobre cabaña cuando el gris otoño empieza. Oí un ruido de sollozos y sola estaba la abuela. -¡Buena anciana, buena anciana! Me mira y no me contesta. Yo sentí frío en el alma cuando vi sus manos trémulas, su arrugada y blanca cofia, sus fúnebres tocas negras. Fuera, las brisas errantes llevaban las hojas secas.
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Rima - vii
Pasea con el luto de viuda de sí misma, payasa, miliciana, entre los arces plateados de New Jersey (o tal vez sean pinos, encinas, jaras y retamas de Chozas de Sierra... Yo ya no sé). La navaja del río corta pan y tomate de la tarde que se evapora. Don Gil, Jilguero de las calzas verdes, asado con madera del cajón de la portería, miraba compasivo cómo acunan tus brazos esqueléticos, mientras dan de mamar a la guerra de nunca, teta arrugada, guerra guerreada, y todo lo demás. Y todo blanco y ***** Y desvaído. Un hombre levantaba su cabeza de ortiga en el menesteroso anochecer. Mendigos con fusiles (que yo los vi pasar porque tú los mirabas). Y niños muertos que esquivabas para no pisarlos en la calle de Atocha (nunca los vi ni quise verlos), y aquel puente estrechísimo que no es el más con más de Nueva York, sino de nieve y de cellisca, (yo lo he visto, y lo veo, y seguiré viéndolo, con las mujeres de ébano y marfil arrugado, porque era entonces todo blanco y ***** Y ahora vuelve sin Filis, cabalgando su cáncer, ¡hasta mañana, Filis! Más tarde, en tu memoria cristalizaban sombras, entre los rascacielos de acero y miel: sombras de mondas de patatas que has olvidadoo, pues no quieres morir, no queremos morir, y fachadas de catedrales bordadas de palomas, y que mañana no será otro día, y otra sombra resbalando sobre una lágrima, enhebrando una aguja, zurciendo una bufanda a la sombra de una lenteja.
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Hablo con gloria fuertes frente al washington bridge
Your hands and knees hit the floor with your head to the ground you let out a blood curling scream leaving goosebumps on my body and my eyes wide open “Deja de llorar” Slips from my mouth and into your ears “La luz de mi vida ya no brilla, mi piel arrugada y fea, mi cuerpo ya está cansado, como puedes decir “Deja de llorar” My head jerks back and my arms fall by my side “Deja de llorar” Slips from my mouth once more But this time i’m saying it to myself
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Oct 12, 2019
Oct 12, 2019 at 1:31 AM UTC
Deja de llorar
Te has traído, hijo mío, cierto aspecto de viejo: la carita arrugada, las manos con pellejos. Envuelto en tus pañales y abrigados pañuelos, apenas se te ven cuatro pelitos negros. Un envoltorio largo, un conito perfecto. Pareces realmente un bichito de cesto.De Ariel hicimos Alel, ahora, de Alel, Alelí, de Alelí, Lelito y Lito, de Lito, Litín... y así.Yo no he encontrado nombre más hermoso que Ariel, tú sabrás, hijo mío, lo que te haces con él.
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Ariel
Sentada en su ventana, mañana tras mañana, veía llegar el alba y la desesperante y abrumada madrugada, en su fiel silla, ella siempre sentada. Con la soledad en las manos, ya con las venas arrugadas, la pasión, desvigorizada e inmutada, los ojos cerrados de tantas batallas, de tanto llorar por su amado. Aquel distante y vagante amor, el cual, ella siempre esperaba. Escuchando la misma canción, se pasa sus días, la canción que los enamoro, cuando todo era risas, que les ofreció un fortuito futuro, más ella pensó, que era por vida. Solo se para de esa silla, para mover la ajuga en su antigua vitrola, ya que, esa-su-canción, siempre se atasca en la misma estrofa. Se escucha rayada, esa, su canción, llena de esperanza, así, como se rayó su amor, que estancado en un tiempo maravilloso quedo. Recuerda todos los pretendientes, que con gran afán la perseguían, los que pudieron quererla, amarla y venerarla, hasta no más, pero ella a ninguno les respondia, es que no encajaban en su canción, es que no la hacían vibrar como su eterno amor, es que no les devolvían la juventud, las ganas de reír, las ganas de sufrir, pero, junto aquel…su amor. Ya nadie pasa por allí, solo el bullicio del tiempo, las aves, que, igual que ella, se han envejecido de tantas primaveras, la brisa invernal que ha arropado sus años, la triste mirada arrugada, la abrumada e insolente madrugada, el terco brillo de la mañana, y los recuerdos que la atan a su fiel silla, a esa canción llena de esperanza, cuando todo era risas, y ella estaba con su eterno amor. LeydisProse 7/27/2017
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Jul 28, 2017
Jul 28, 2017 at 2:56 PM UTC
La silla (se convirtió en su más preciado amor)
Sentada en su ventana, mañana tras mañana, veía llegar el alba y la desesperante y abrumada madrugada, en su fiel silla, ella siempre sentada. Con la soledad en las manos, ya con las venas arrugadas, la pasión, desvigorizada e inmutada, los ojos cerrados de tantas batallas, de tanto llorar por su amado. Aquel distante y vagante amor, el cual, ella siempre esperaba. Escuchando la misma canción, se pasa sus días, la canción que los enamoro, cuando todo era risas, que les ofreció un fortuito futuro, más ella pensó, que era por vida. Solo se para de esa silla, para mover la ajuga en su antigua vitrola, ya que, esa-su-canción, siempre se atasca en la misma estrofa. Se escucha rayada, esa, su canción, llena de esperanza, así, como se rayó su amor, que estancado en un tiempo maravilloso quedo. Recuerda todos los pretendientes, que con gran afán la perseguían, los que pudieron quererla, amarla y venerarla, hasta no más, pero ella a ninguno les respondia, es que no encajaban en su canción, es que no la hacían vibrar como su eterno amor, es que no les devolvían la juventud, las ganas de reír, las ganas de sufrir, pero, junto aquel…su amor. Ya nadie pasa por allí, solo el bullicio del tiempo, las aves, que, igual que ella, se han envejecido de tantas primaveras, la brisa invernal que ha arropado sus años, la triste mirada arrugada, la abrumada e insolente madrugada, el terco brillo de la mañana, y los recuerdos que la atan a su fiel silla, a esa canción llena de esperanza, cuando todo era risas, y ella estaba con su eterno amor. LeydisProse 7/27/2017
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