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"arrastran" poems
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, mi paisaje de otoño desolado, elegiría, robaría esta calle que es anterior a mí y a todos. Ella devuelve mi mirada inservible, la de hace apenas quince o veinte años cuando la casa verde envenenaba el ciclo. Por eso es cruel dejarla recién atardecida con tantos balcones como nidos a solas y tantos pasos como nunca esperados. Aquí estarán siempre, aquí, los enemigos, los espías aleves de la soledad, las piernas de mujer que arrastran a mis ojos lejos de la ecuación de dos incógnitas. Aquí hay pájaros, lluvia, alguna muerte, hojas secas, bocinas y nombres desolados, nubes que van creciendo en mi ventana mientras la humedad trae larnentos y moscas. Sin embargo existe también el pasado con sus súbitas rosas y modestos escándalos con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera y su insignificante comezón de recuerdos. Ah si pudiera elegir mi paisaje elegiría, robaría esta calle, esta calle recién atardecida en la que encarnizadamente revivo y de la que sé con estricta nostalgia el número y el nombre de sus setenta árboles.
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Elegir mi paisaje
Y vuelvo a encontrarme contigo, tan fría , tan blanca, tan vacía. Las palabras se cruzan, se enredan, vacilan, se arrastran. De un lado a otro en agonía febril, gruñendo y gimiendo, gritando en silencio. Ocultas bajo la mirada de nadie, bajo la mirada del universo.
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Jul 4, 2014
Jul 4, 2014 at 1:00 PM UTC
Hoja en blanco
Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.No soy un de pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara, la del animal varón toda la creación agranda.Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.
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Vientos del pueblo
Vientos del pueblo me llevan, vientos del pueblo me arrastran, me esparcen el corazón y me aventan la garganta.Los bueyes doblan la frente, impotentemente mansa, delante de los castigos: los leones la levantan y al mismo tiempo castigan con su clamorosa zarpa.No soy un de pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embargan yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Nunca medraron los bueyes en los páramos de España.¿Quién habló de echar un yugo sobre el cuello de esta raza? ¿Quién ha puesto al huracán jamás ni yugos ni trabas, ni quién al rayo detuvo prisionero en una jaula?Asturianos de braveza, vascos de piedra blindada, valencianos de alegría y castellanos de alma, labrados como la tierra y airosos como las alas; andaluces de relámpagos, nacidos entre guitarras y forjados en los yunques torrenciales de las lágrimas; extremeños de centeno, gallegos de lluvia y calma, catalanes de firmeza, aragoneses de casta, murcianos de dinamita frutalmente propagada, leoneses, navarros, dueños del hambre, el sudor y el hacha, reyes de la minería, señores de la labranza, hombres que entre las raíces, como raíces gallardas, vais de la vida a la muerte, vais de la nada a la nada: yugos os quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que habéis de dejar rotos sobre sus espaldas.Crepúsculo de los bueyes está despuntando el alba.Los bueyes mueren vestidos de humildad y olor de cuadra; las águilas, los leones y los toros de arrogancia, y detrás de ellos, el cielo ni se enturbia ni se acaba. La agonía de los bueyes tiene pequeña la cara, la del animal varón toda la creación agranda.Si me muero, que me muera con la cabeza muy alta. Muerto y veinte veces muerto, la boca contra la grama, tendré apretados los dientes y decidida la barba.Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.
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Oh amor, eres como un mar Con olas que vienen y van. Tan profundo que es difícil de llegar al fondo; oh amor mío ¿qué nos pasó? ¿fue el tiempo que nos consumió? ¿o fueron tus olas que me alejaron? Vivo a la orilla del mar, esperando tus olas, las que me arrastran hlacia ti, llévame con la corriente hacia tu corazón y mantenme ahí.
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Nov 30, 2016
Nov 30, 2016 at 2:30 PM UTC
Amor acuático
Viene Viene los dias no se van volando se arrastran Y yo lo anticipo los degrado, los lamento porque vienen? Tan lentos y sigilosos? Como serpiente Te muerden te envenenan tus pobres venas marchitadas por dias sin sanidad sin piedad vagos y explosivos Dias cautalosos dias hambrientos, me piden tiempo? sere yo para darlo? No se no sabes talvez no hay porque? dias cautalosos dias hambrientos Me piden tanto.
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 11:42 PM UTC
Dias
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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Discurso a los jóvenes
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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Cuando es invierno en el mar del Norte es verano en Valparaíso. Los barcos hacen sonar sus sirenas al entrar en el puerto de Bremen         con jirones de niebla y de hielo en sus cabos, mientras los balandros soleados arrastran por la superficie del Pacífico         Sur bellas bañistas. Eso sucede en el mismo tiempo, pero jamás en el mismo día. Porque cuando es de día en el mar del Norte -brumas y sombras absorbiendo restos de sucia luz- es de noche en Valparaíso -rutilantes estrellas lanzando agudos dardos a las olas dormidas. Cómo dudar que nos quisimos, que me seguía tu pensamiento y mi voz te buscaba -detrás, muy cerca, iba mi boca. Nos quisimos, es cierto, y yo sé cuánto: primaveras, veranos, soles, lunas. Pero jamás en el mismo día.
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Canción de invierno y de verano
Yo también... ¡Sí! Yo tengo -¿por qué no confesarlo?- un pequeño fantasma, un duende de familia. No vaya a suponerse que mi pequeño duende sea un fantasma hierático, espectral, de castillo; uno de esos fantasmas que arrastran el espanto entre viejas panoplias y gritos coagulados, o delatan incestos dentro de una armadura. cuando el silencio calza las funerarias mallas con que a Hamlet le place pasearse entre las tumbas. Mi fantasma es doméstico, recatado, apacible. Jamás le he sorprendido actitudes de almena, ni lo he visto hospedarse en la caja de un péndulo, para que sus entrañas se pueblen de latidos. Cotidiano, tranquilo, modesto, de bolsillo, mi pequeño fantasma no ahuyenta los retratos, ni adopta almas de piedra o heráldicas posturas. Tal cual es, sin embargo, engalana mis noches y es el único lujo de mis horas vacías. Ya sé que con frecuencia revuelve mis papeles, esconde alguna carta, empaña mis anteojos, me humilla al obligarme a buscar los gemelos debajo de la cómoda, me esconde la boquilla; pero es él quien mitiga la fiebre del insomnio, quien impide que pierdan el compás las canillas, quien oprime las llagas de las puertas pintadas y conforta el silencio, la soledad, el frío, al pasear por los cuartos su incorpórea presencia de fantasma benigno, de duende que vigila las sombras y los ruidos.
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Confidencia prosaica
La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como un ojo. No hay nadie en el aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierra se pone su rostro ***** y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el miedo junto a ellos, los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos advierten que las cosas se mueven eternamente en su mismo lugar. Nadie puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha recogido. -Eva, le dijo a Adán, despacio, no nos separemos.
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Adán y eva ii
¡Qué revuelo! ¡Aire, que al toro torillo le pica el pájaro pillo que no pone el pie en el suelo! ¡Qué revuelo! Ángeles con cascabeles arman la marimorena, plumas nevando en la arena rubí de los redondeles. La Virgen de los caireles baja una palma del cielo. ¡Qué revuelo! -Vengas o no en busca mía, torillo mala persona, dos cirios y una corona tendrás en la enfermería. ¡Qué alegría! ¡Cógeme, torillo fiero! ¡Qué salero! De la gloria a tus pitones, bajé, gorrión de oro, a jugar contigo al toro, no a pedirte explicaciones. ¡A ver si te las compones y vuelves vivo al chiquero! ¡Qué salero! ¡Cógeme, torillo fiero! Alas en las zapatillas, céfiros en las hombreras, canario de las barreras, vuelas con las banderillas. Campanillas te nacen en las chorreras. ¡Qué salero! ¡Cógeme, torillo fiero! Te digo y te lo repito, para no comprometerte, que tenga cuernos la muerte a mí se me importa un pito. Da, toro torillo, un grito y ¡a la gloria en angarillas! ¡Qué salero! ¡Que te arrastran las mulillas! ¡Cógeme, torillo fiero!
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El niño de la palma (chuflillas)
Te vi un punto y, flotando ante mis ojos, la imagen de tus ojos se quedó, como la mancha oscura orlada en fuego que flota y ciega si se mira al sol. Adondequiera que la vista clavo, torno a ver las pupilas llamear; mas no te encuentro a ti, que es tu mirada, unos ojos, los tuyos, nada más. De mi alcoba en el ángulo los miro desasidos fantásticos lucir; cuando duermo los siento que se ciernen, de par en par abiertos sobre mí. Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche llevan al caminante a perecer; yo me siento arrastrado por tus ojos, pero adónde me arrastran, no lo sé.
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Rima xiv
Fueron creadas por mí estas palabras con sangre mía, con dolores míos fueron creadas! Yo lo comprendo, amigos, yo lo comprendo todo. Se mezclaron voces ajenas a las mías, yo lo comprendo, amigos! Como si yo quisiera volar y a mí llegaran en ayuda las alas de las aves, todas las alas, así vinieron estas palabras extranjeras a desatar la oscura ebriedad de mi alma. Es el alba, y parece que no se me apretaran las angustias en tan terribles nudos en torno a la garganta. Y sin embargo, fueron creadas con sangre mía, con dolores míos, fueron creadas por mí estas palabras! Palabras para la alegría cuando era mi corazón una corola de llamas, palabras del dolor que clava, de los instintos que remuerden, de los impulsos que amenazan, de los infinitos deseos, de las inquietudes amargas, palabras del amor, que en mi vida florecen como una tierra roja llena de umbelas blancas. No cabían en mí. Nunca cupieron. De niño mi dolor fue grito y mi alegría fue silencio. Después los ojos olvidaron las lágrimas barridas por el viento del corazón de todos. Ahora, decidme, amigos, dónde esconder aquella aguda furia de los sollozos. Decidme, amigos, dónde esconder el silencio, para que nunca nadie lo sintiera con los oídos o con los ojos. Vinieron las palabras, y mi corazón, incontenible como un amanecer, se rompió en las palabras y se apegó a su vuelo, y en sus fugas heroicas lo llevan y lo arrastran, abandonado y loco, y olvidado bajo ellas como un pájaro muerto, debajo de sus alas.
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Final
Fueron creadas por mí estas palabras con sangre mía, con dolores míos fueron creadas! Yo lo comprendo, amigos, yo lo comprendo todo. Se mezclaron voces ajenas a las mías, yo lo comprendo, amigos! Como si yo quisiera volar y a mí llegaran en ayuda las alas de las aves, todas las alas, así vinieron estas palabras extranjeras a desatar la oscura ebriedad de mi alma. Es el alba, y parece que no se me apretaran las angustias en tan terribles nudos en torno a la garganta. Y sin embargo, fueron creadas con sangre mía, con dolores míos, fueron creadas por mí estas palabras! Palabras para la alegría cuando era mi corazón una corola de llamas, palabras del dolor que clava, de los instintos que remuerden, de los impulsos que amenazan, de los infinitos deseos, de las inquietudes amargas, palabras del amor, que en mi vida florecen como una tierra roja llena de umbelas blancas. No cabían en mí. Nunca cupieron. De niño mi dolor fue grito y mi alegría fue silencio. Después los ojos olvidaron las lágrimas barridas por el viento del corazón de todos. Ahora, decidme, amigos, dónde esconder aquella aguda furia de los sollozos. Decidme, amigos, dónde esconder el silencio, para que nunca nadie lo sintiera con los oídos o con los ojos. Vinieron las palabras, y mi corazón, incontenible como un amanecer, se rompió en las palabras y se apegó a su vuelo, y en sus fugas heroicas lo llevan y lo arrastran, abandonado y loco, y olvidado bajo ellas como un pájaro muerto, debajo de sus alas.
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Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
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Elegía del silencio
Silencio, ¿dónde llevas tu cristal empañado de risas, de palabras y sollozos del árbol? ¿Cómo limpias, silencio, el rocío del canto y las manchas sonoras que los mares lejanos dejan sobre la albura serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas cuando sobre los campos alguna vieja noria clava su lento dardo en tu cristal inmenso? ¿Dónde vas si al ocaso te hieren las campanas y quiebran tu remanso las bandadas de coplas y el gran rumor dorado que cae sobre los montes azules sollozando? El aire del invierno hace tu azul pedazos, y troncha tus florestas el lamentar callado de alguna fuente fría. Donde posas tus manos, la espina de la risa o el caluroso hachazo de la pasión encuentras. Si te vas a los astros, el zumbido solemne de los azules pájaros quiebra el gran equilibrio de tu escondido cráneo. Huyendo del sonido eres sonido mismo, espectro de armonía, humo de grito y canto. Vienes para decirnos en las noches oscuras la palabra infinita sin aliento y sin labios. Taladrado de estrellas y maduro de música, ¿donde llevas, silencio, tu dolor extrahumano, dolor de estar cautivo en la araña melódica, ciego ya para siempre tu, manantial sagrado? Hoy arrastran tus ondas turbias de pensamiento la ceniza sonora y el dolor del antaño. Los ecos de los gritos que por siempre se fueron. El estruendo remoto del mar, momificado. Si Jehová se ha dormido, sube al trono brillante, quiébrale en su cabeza un lucero apagado, y acaba seriamente con la música eterna, la armonía sonora de luz, y mientras tanto, vuelve a tu manantial, donde en la noche eterna, antes que Dios y el tiempo, manabas sosegado.
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Amo esta tierra ajena por lo que me da, por lo que no me da. Porque mi tierra es única. No es la mejor, es única. Y los ajenos la respetan sin querer, siendo ellos, siendo de otra manera, bellos de otra manera. En sus bellezas me conmuevo. Nada tengo que ver con su manera de llegar a la belleza. Esto es hermoso: dándome su belleza, me dan también la ajenidad de la belleza. La injusticia, el dolor, el sufrimiento, se interponen casi siempre. Salú, belleza. Somos pedazos del viaje universal, diferentes, contrarios, las mismas olas nos arrastran. Iremos a parar a cualquier playa. Vamos a hacer un fueguito contra el frío y el hambre. Vamos a arder bajo la misma noche. Vamos a vernos, ver.
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Xvii
Por los cuadros de santos en el muro colgados mis pupilas, arrastran un layl de anochecer; y en un temblor de fiebre, con los brazos cruzados, mi ser recibe vaga visita del Noser: Una mosca llorona en los muebles cansados yo no sé qué leyenda fatal quiere verter: una ilusión de Orientes que fugan asaltados; un nido azul de alondras que mueren al nacer. En un sillón antiguo sentado está mi padre. Como una Dolorosa, entra y sale mi madre: Y al verlos siento un algo que no, quiere partir... Porque antes. de la oblea que es hostia, hecha de Ciencia, está la hostia, oblea hecha de Providencia... Y la visita nace, me ayuda a bienvivir...
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Encajes de fiebre
Las riendas de mi vida las sujetan tus manos, y aunque impacientes piafan mis potros -mis instintos-, con tus débiles músculos los sometes. Son vanos mis intentos de fuga, oyendo los lejanos relinchos de otros potros, que entre los laberintos galopan y que arrastran la crin por los pantanos... Pero no olvides nunca que mis potros salvajes esperan un instante, que acechan un descuido... Yo te he dado sus riendas, leves como celajes... Quizás con ellos puedas como yo no he podido... ¡Sujeta bien las riendas!... Mide por su impaciencia la libertad que ansían... Yo sufriré el castigo que merezca un instante tuyo de indiferencia... ¡Ah, y no olvides tampoco que ellos, en la violencia de la arrancada, pueden arrastrarte consigo!...
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Los potros
Por desplumar arcángeles glaciales, la nevada lilial de esbeltos dientes es condenada al llanto de las fuentes y al desconsuelo de los manantiales. Por difundir su alma en los metales, por dar el fuego al hierro sus orientes, al dolor de los yunques inclementes lo arrastran los herreros torrenciales. Al doloroso trato de la espina, al fatal desaliento de la rosa y a la acción corrosiva de la muerte arrojado me veo, y tanta ruina no es por otra desgracia ni por otra cosa que por quererte y sólo por quererte.
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Soneto final
To think of you- love, is to invoke a hurricane of passion- that sweeps my sanity, that bristles my lust, spinning me my soporific life, in a torrential effusions that electrify my entire body. To think of you, is wilt away the discretion, to lose all control, and run towards your cyclones, that excite me, that roar at me, and, renders me languid, Yes, that’s how it is when I think of you. Is to feel strong gusts of desire, which destabilize the gable of my prudence, that enchant my mindfulness, that plummets modesty, that drags me to your ardor, and I plunges me, in the bursts of your passion. To think of you-my love is having to move my imagination, due to the discernable trail, that my trembling body leaves as evidence, in my immaculate snowy sheets. ******************************************************************************************************************************************************** Tu (mi huracán de pasión) Pensarte amor, es invocar un huracán de pasiones-- que me arrasa la cordura, que me eriza la lujuria, que me gira mis soporífera vida, en una lluvia torrencial de efusiones que electrifican mi cuerpo entero. Pensarte, es sudar la vergüenza, perder los estribos, de querer tras tus ciclones, que me alelan, que me excitan, que me gritan, que me bajan y me suben. Si, así, es pensarte. es sentir fuertes marejadas en mi centro, que desestabilizan el techo de mi prudencia, que me hechizan la conciencia, que empinan el pudor, que me arrastran a tu ardor, y me funden en la ráfagas de tu pasión. Pensarte, es tener que mudar mi imaginación, por los visibles daños, que deja mi tembloroso cuerpo como prueba en mis inmaculadas sábanas. LeydisProse 7/24/2017
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Jul 24, 2017
Jul 24, 2017 at 4:55 PM UTC
You (my cyclone of passion) //Tu (mi huracán de pasión)
To think of you- love, is to invoke a hurricane of passion- that sweeps my sanity, that bristles my lust, spinning me my soporific life, in a torrential effusions that electrify my entire body. To think of you, is wilt away the discretion, to lose all control, and run towards your cyclones, that excite me, that roar at me, and, renders me languid, Yes, that’s how it is when I think of you. Is to feel strong gusts of desire, which destabilize the gable of my prudence, that enchant my mindfulness, that plummets modesty, that drags me to your ardor, and I plunges me, in the bursts of your passion. To think of you-my love is having to move my imagination, due to the discernable trail, that my trembling body leaves as evidence, in my immaculate snowy sheets. ******************************************************************************************************************************************************** Tu (mi huracán de pasión) Pensarte amor, es invocar un huracán de pasiones-- que me arrasa la cordura, que me eriza la lujuria, que me gira mis soporífera vida, en una lluvia torrencial de efusiones que electrifican mi cuerpo entero. Pensarte, es sudar la vergüenza, perder los estribos, de querer tras tus ciclones, que me alelan, que me excitan, que me gritan, que me bajan y me suben. Si, así, es pensarte. es sentir fuertes marejadas en mi centro, que desestabilizan el techo de mi prudencia, que me hechizan la conciencia, que empinan el pudor, que me arrastran a tu ardor, y me funden en la ráfagas de tu pasión. Pensarte, es tener que mudar mi imaginación, por los visibles daños, que deja mi tembloroso cuerpo como prueba en mis inmaculadas sábanas. LeydisProse 7/24/2017
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Sí, cada uno y todos sobre la tierra iguales: el ómnibus que arrastran dos pencos matalones, por el camino, a tumbos, hacia las estaciones, el ómnibus completo de viajeros banales, y en medio un hombre mudo, hipocondriaco, austero, a quien se cuentan cosas y a quien se ofrece vino... Y allá, cuando se llegue, ¿descenderá un viajero no más? ¿O habránse todos quedado en el camino?
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Proverbios y cantares - xl
¿oíste/corazón?/nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/callados como están/ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/ rozan dolores sin querer/ no dicen una sola palabra de sus balazos/ tienen una estrella de oro y una luna en la boca/ aparecen en la boca de los que amaron/ pasan noticias de sus sueños/ arrastran sus lágrimas con un pañuelito detrás como barriendo el padecer/ como no queriendo mojarlo/ para que el padecer estalle y arda y haga asiento donde sentarse a pensar otra vez/ nos vamos/corazón/a otra parte/ hace mal que no podás sacar los pies de la tristeza/ aunque es tristeza que besa la mano que empuñó el fusil y triunfó/ y tiene corazón y guarda en su corazón una mujer y un hombre pasando como tigres por el cielo del sur/ una mujer y un hombre como tires enjaulados en la memoria del sur/ besando hijitos que nunca más van a crecer/ compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen la tierra al aire/cosen tu corazón/corazón/sus animales/ una mujer y un hombre caminando por el cielo del tigre como tigre que canta/ vámonos con esta perra a otra parte/ no tenemos derecho a molestar/ nuestro solo derecho es empezar otra vez bajo la luz del sol sereno/ los límites del cielo cambiaron/ ahora están llenos de cuerpos que se abrazan y dan abrigo y consolación y tristeza con una estrella de oro y una luna en la boca/ con un animal en la boca mirando el centellear de los compañeritos que sembraron corazón y levantan su corazón ardiente como un pueblo de besos/
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Otras partes
¿oíste/corazón?/nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/callados como están/ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/ rozan dolores sin querer/ no dicen una sola palabra de sus balazos/ tienen una estrella de oro y una luna en la boca/ aparecen en la boca de los que amaron/ pasan noticias de sus sueños/ arrastran sus lágrimas con un pañuelito detrás como barriendo el padecer/ como no queriendo mojarlo/ para que el padecer estalle y arda y haga asiento donde sentarse a pensar otra vez/ nos vamos/corazón/a otra parte/ hace mal que no podás sacar los pies de la tristeza/ aunque es tristeza que besa la mano que empuñó el fusil y triunfó/ y tiene corazón y guarda en su corazón una mujer y un hombre pasando como tigres por el cielo del sur/ una mujer y un hombre como tires enjaulados en la memoria del sur/ besando hijitos que nunca más van a crecer/ compañeros que nunca más van a crecer y ahora cosen la tierra al aire/cosen tu corazón/corazón/sus animales/ una mujer y un hombre caminando por el cielo del tigre como tigre que canta/ vámonos con esta perra a otra parte/ no tenemos derecho a molestar/ nuestro solo derecho es empezar otra vez bajo la luz del sol sereno/ los límites del cielo cambiaron/ ahora están llenos de cuerpos que se abrazan y dan abrigo y consolación y tristeza con una estrella de oro y una luna en la boca/ con un animal en la boca mirando el centellear de los compañeritos que sembraron corazón y levantan su corazón ardiente como un pueblo de besos/
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