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"apartar" poems
He ahorrado amistades para los tiempos negros. Las querencias las he acumulado para los momentos del odio. También los buenos recuerdos los cargo en el bolsillo para épocas de olvido y agobio. Sin embargo...a veces ni las amistades, ni las querencias, ni los recuerdos son suficientes para apartar la pálida tristeza que llega y me habita, rígida como el mármol, aletargadora, mientras del brazo de las nubes pasean los pájaros en la tarde sin horas. Jorge Gómez A.
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Jun 29, 2012
Jun 29, 2012 at 8:52 AM UTC
ECONOMÍAS Y DESPILFARROS
Esperaba esperaba y todavía y siempre esperando, esperando con todas las arterias, con el sacro, el cansancio, la esperanza, la médula; distendido, exaltado, apurando la espera, por vocación, por vicio, sin desmayo, ni tregua. ¿Para qué extenuarme en alumbrar recuerdos que son pura ceniza? Por muy lejos que mire: la espera ya es conmigo, y yo estoy con la espera... escuchando sus ecos, asomado al paisaje de sus falsas ventanas, descendiendo sus huecas escaleras de herrumbre, ante sus chimeneas, sus muros desolados, sus rítmicas goteras, esperando, esperando, entregado a esa espera interminable, absurda, voraz, desesperada. Sólo yo... ¡Sí! Yo sólo sé hasta dónde he esperado, qué ráfagas de espera arrasaron mis nervios; con qué ardor, y qué fiebre esperé esperaba, cada vez con más ansias de esperar y de espera. ¡Ah! el hartazgo y el hambre de seguir esperando, de no apartar un gesto de esa espera insaciable, de vivirla en mis venas, y respirar en ella la realidad, el sueño, el olvido, el recuerdo; sin importarme nada, no saber qué esperaba: ¡siempre haberlo ignorado!; cada vez más   resuelto a prolongar la espera, y a esperar, y esperar, y seguir esperando con tal de no acercarme a la aridez inerte, a la desesperanza de no esperar ya nada; de no poder, siquiera, continuar esperando.
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Espera
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
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Elegía
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
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Fuego a quien tanto Mar ha respetado Y que en desprecio de las ondas frías Pasó abrigado en en las entrañas mías, Después de haber mis ojos navegado, Merece ser al Cielo trasladado, Nuevo esfuerzo del Sol y de los días; Y entre las siempre amantes Jerarquías En el Pueblo de luz arder clavado. Dividir y apartar puede el camino; Mas cualquier paso del perdido Amante Es quilate al Amor puro y divino. Yo dejo el Alma atrás: llevo adelante, Desierto y solo el cuerpo peregrino, Y a mí no traigo cosa semejante.
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Amante ausente del sujeto amado, después de larga navegación