"alzando" poems
Levántate conmigo.
Nadie quisiera
como yo quedarse
sobre la almohada en que tus párpados
quieren cerrar el mundo para mí.
Allí también quisiera
dejar dormir mi sangre
rodeando tu dulzura.
Pero levántate,
tú, levántate,
pero conmigo levántate
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado,
contra el sistema que reparte el hambre,
contra la organización de la miseria.
Vamos,
y tú, mi estrella, junto a mí,
recién nacida de mi propia arcilla,
ya habrás hallado el manantial que ocultas
y en medio del fuego estarás
junto a mí,
con tus ojos bravíos,
alzando mi bandera.
1.1k
L'uomo, monotono universo,
Crede allargarsi i beni
E dalle sue mani febbrili
Non escono senza fine che limiti.
Attaccato sul vuoto
Al suo filo di ragno,
Non teme e non ******
Se non il proprio grido.
Ripara il logorio alzando tombe,
E per pensarti, Eterno,
Non ha che le bestemmie.
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El ancla al peñón aferra
Sobre la mar espumante,
Lá fortaleza flotante
Que da terror en la guerra.
No amenaza nuestra tierra,
Ni viene en pos de conquista;
Surge, arrogante a la vista,
Y su hermoso pabellón,
Envuelto en ***** crespón,
Cubre los restos de Arista.
No nave de tierra extraña
La llaméis con voz impía,
Que nunca la patria mía
Vio nada ajeno en España.
Esa nave amor entraña,
Y en ella mis ojos fijos
Sorprenden los regocijos
Que causa a la madre ausente
Honrar el independiente
Y santo hogar de sus hijos.
De amistad símbolo cierto,
El fiero bajel hispano
Trae al suelo mejicano
Tristes despojos de un muerto.
Al verle entrar en el puerto,
De las brumas al través,
Grita el vigilante «él es»,
Y alza un himno de alegría
El mismo mar en que un día
Quemó sus naves Cortés.
Dando ejemplo a las naciones,
Sobre el bajel confundidos
De duelo flotan unidos
Dos hermosos pabellones.
Sus glorias, sus tradiciones
Allí enlazadas se ven;
Y, astros del honor sostén,
Irradian sobre la niebla,
Juntas las glorias de Puebla
Con las glorias de Bailén.
Alzando montes de espuma,
Encuentra el bajel abierta
A orillas del mar la puerta
Del país de Moctezuma.
Ningún recuerdo le abruma;
Cumple una santa misión:
Viene a honrar una nación
Que, llena de amor profundo,
Encierra en el nuevo mundo
El mundo del corazón.
¡Paso al bajel castellano!
Que de mi siglo a la faz,
Le den ósculos de paz
Las olas del golfo indiano.
¡Paso a España! al pueblo hermano,
Heroico, grande y experto,
Que, a toda virtud despierto,
Manda a mi patria querida
Laureles de eterna vida
Con las cenizas de un muerto.
Astro de unión, con tu luz
Dios nuestros pueblos ampare,
Y no haya mar que separe
A Cádiz de Veracruz.
Surge el Tabor tras la cruz,
La paz tras el batallar,
Y así podemos mirar
A España y Méjico unidas,
Hoy que flotan confundidas
Sus banderas sobre el mar.
Vuelve a tus playas, bajel,
Playas heroicas y bellas,
Y verán que entras en ellas
Llevando un nuevo laurel.
Va nuestra amistad con él,
Y no hay hoz que le destroce.
Interpreta nuestro goce:
Méjico republicana
Tendrá siempre por hermana
La España de Alfonso Doce.
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El bruno ibero, el galo de actitud retadora,
el garonés moreno, de ocre y carmín pintado,
sobre el mármol votivo por su esfuerzo tallado,
de la aguas dijeron la virtud bienhechora.
E Imperators, alzando bandera vencedora,
terma y piscina hicieron, y al pie de este collado,
rabia Festa, verbena y malva, don preciado
en ofrenda a los Dioses cogió suplicadora.
Como antes, en los días de Ilixon, cristalinas
las fuentes me han cantado sus canciones divinas,
el azufre aún humea en la atmósfera clara.
Por eso en estos versos, cumpliendo un sacro voto,
alzar quiero, cual Unnu en un tiempo remoto,
las Ninfas que viven bajo la tierra, un ara.
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Llamaba a misa el esquilón lejano;
En el valle, la aldea sonreía;
Galopábamos ambos por el llano;
El sol radiante, y sonrosado el día.
«¡Corre!» gritaba; «quiero ver al Cura,
A confesarme voy antes de misa».
Y sonaba su voz como agua pura,
Y galopaba aprisa, y más aprisa.
Y recibió su labio el pan bendito
Alzando al cielo los azules ojos
En mudo ruego, el ademán contrito,
Y en la mejilla púdicos sonrojos.
Y le dije: «¿De qué te confesaste,
De engaño o burla, de traición o ira?»
Y vivaz respondió: «¿Ya lo olvidaste?...
Te hice anoche llorar, y era mentira».
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De un gran «Te Deum» era el fausto día:
Bolívar, Santander, Sucre adelante,
Y con rico uniforme el ***** Infante»,
El primer uniforme que lucía.
En su sillón, nervioso se veía,
Y el sudor inundábale el semblante;
Y era tal su inquietud en ese instante
Que casi desmayarse parecía.
«¿Qué tendrá?» preguntaban, él, valiente,
Él, que en todo combate al ver al frente
A un español, le grita: «¡Cepos quedos!»
Y cuando estaba el Arzobispo alzando,
Ambas botas quitose murmurando:
«La libertad es buena hasta en los dedos».
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