Se desliza por mi ardiente piel, lentos riachuelos que llegan a cada rincón de esta geografía, de esta patria que espera ser colonizada por ti.
Como acariciando lo que tus dedos anhelan palpar, la lluvia se ufana, se deleita, mientras tú agonizas de impotencia desde tu confín.
Esas gotas heladas, al poseerme, hacen que mi piel sea una danza apasionada, emanando por cada poro un hálito de satisfecha plenitud.
La envidia enerva tus entrañas: has sido burlado por el clima, te han robado; ante tus ojos profanaron tu templo, y no pudiste impedirlo. Estás condenado al destierro.
Pero ni siquiera un diluvio te hará perder tu derecho. No es más que lluvia… y tú, tú eres el soberano de este reino, y cada palmo llevará tu huella y tu simiente por los siglos de los siglos.
Jan 14
Jan 14, 2026 at 10:18 AM UTC
Se desliza por mi ardiente piel, lentos riachuelos que llegan a cada rincón de esta geografía, de esta patria que espera ser colonizada por ti.
Como acariciando lo que tus dedos anhelan palpar, la lluvia se ufana, se deleita, mientras tú agonizas de impotencia desde tu confín.
Esas gotas heladas, al poseerme, hacen que mi piel sea una danza apasionada, emanando por cada poro un hálito de satisfecha plenitud.
La envidia enerva tus entrañas: has sido burlado por el clima, te han robado; ante tus ojos profanaron tu templo, y no pudiste impedirlo. Estás condenado al destierro.
Pero ni siquiera un diluvio te hará perder tu derecho. No es más que lluvia… y tú, tú eres el soberano de este reino, y cada palmo llevará tu huella y tu simiente por los siglos de los siglos.