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Del follaje erizado caíste completa, de madera pulida, de lúcida caoba, lista como un violín que acaba de nacer en la altura, y cae ofreciendo sus dones encerrados, su escondida dulzura, terminada en secreto entre pájaros y hojas, escuela de la forma, linaje de la leña y de la harina, instrumento ovalado que guarda en su estructura delicia intacta y rosa comestible. En lo alto abandonaste el erizado erizo que entreabrió sus espinas en la luz del castaño, por esa partidura viste el mundo, pájaros llenos de sílabas, rocío con estrellas, y abajo cabezas de muchachos y muchachas, hierbas que tiemblan sin reposo, humo que sube y sube. Te decidiste, castaña, y saltaste a la tierra, bruñida y preparada, endurecida y suave como un pequeño seno de las islas de América. Caíste golpeando el suelo pero nada pasó, la hierba siguió temblando, el viejo castaño susurró como las bocas de toda una arboleda, cayó una hoja del otoño rojo, firme siguieron trabajando las horas en la tierra. Porque eres sólo una semilla, castaño, otoño, tierra, agua, altura, silencio prepararon el germen, la harinosa espesura, los párpados maternos que abrirán, enterrados, de nuevo hacia la altura la magnitud sencilla de un follaje, la oscura trama húmeda de unas nuevas raíces, las antiguas y nuevas dimensiones de otro castaño en la tierra.
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Oda a una castaña en el suelo
Del follaje erizado caíste completa, de madera pulida, de lúcida caoba, lista como un violín que acaba de nacer en la altura, y cae ofreciendo sus dones encerrados, su escondida dulzura, terminada en secreto entre pájaros y hojas, escuela de la forma, linaje de la leña y de la harina, instrumento ovalado que guarda en su estructura delicia intacta y rosa comestible. En lo alto abandonaste el erizado erizo que entreabrió sus espinas en la luz del castaño, por esa partidura viste el mundo, pájaros llenos de sílabas, rocío con estrellas, y abajo cabezas de muchachos y muchachas, hierbas que tiemblan sin reposo, humo que sube y sube. Te decidiste, castaña, y saltaste a la tierra, bruñida y preparada, endurecida y suave como un pequeño seno de las islas de América. Caíste golpeando el suelo pero nada pasó, la hierba siguió temblando, el viejo castaño susurró como las bocas de toda una arboleda, cayó una hoja del otoño rojo, firme siguieron trabajando las horas en la tierra. Porque eres sólo una semilla, castaño, otoño, tierra, agua, altura, silencio prepararon el germen, la harinosa espesura, los párpados maternos que abrirán, enterrados, de nuevo hacia la altura la magnitud sencilla de un follaje, la oscura trama húmeda de unas nuevas raíces, las antiguas y nuevas dimensiones de otro castaño en la tierra.
Pablo Neruda
1904 - 1973/Male/Chilean