Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
Nadie vino a esperarme. Yo me encogí de hombros y me eché a andar: Soy un hombre de paso, simplemente; soy simplemente un hombre que llega y que se va. No conozco este pueblo, este pequeño pueblo junto al mar: Hoy, por primera vez, miro estas casas con sus techos de tejas y sus muros de sal. Pero sé que esta calle polvorienta le da vuelta a un parque con bancos de metal, y que frente a ese parque hay una iglesia, y que junto a esa iglesia hay un rosal. Yo conozco el chirrido de una verja oxidada, y, entre tantos portales, reconozco un portal -aquel portal de la baranda verde, con un horcón rajado a la mitad-. Y es que estoy en el pueblo de tus cartas de novia, tu viejo pueblo tristemente igual, aunque yo vine demasiado tarde, y aunque tú ya no estás...
0
323
Canción del andén
Nadie vino a esperarme. Yo me encogí de hombros y me eché a andar: Soy un hombre de paso, simplemente; soy simplemente un hombre que llega y que se va. No conozco este pueblo, este pequeño pueblo junto al mar: Hoy, por primera vez, miro estas casas con sus techos de tejas y sus muros de sal. Pero sé que esta calle polvorienta le da vuelta a un parque con bancos de metal, y que frente a ese parque hay una iglesia, y que junto a esa iglesia hay un rosal. Yo conozco el chirrido de una verja oxidada, y, entre tantos portales, reconozco un portal -aquel portal de la baranda verde, con un horcón rajado a la mitad-. Y es que estoy en el pueblo de tus cartas de novia, tu viejo pueblo tristemente igual, aunque yo vine demasiado tarde, y aunque tú ya no estás...