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Aquí fue donde el rey Luis Segundo de Baviera, sintiendo el profundo malestar de invencibles anhelos, puso fin a su imperio en el mundo. Padre nuestro que estás en los cielos... Un fanal con un cristo, en un claro del gran parque, al recuerdo da amparo, y al caer sobre el lago los velos de la noche, el recuerdo es un faro. Padre nuestro que estás en los cielos... En el lago tiritan las ondas, en el parque se mueren las frondas y ya muertas abaten sus vuelos: Que tristezas tan hondas... tan hondas... Padre nuestro que estás en los cielos... ¡Pobre rey de los raros amores! Como nadie sintió sus dolores, como nadie sufrió sus desvelos. Le inventaron un mal los doctores. Padre nuestro que estás en los cielos... Su cerebro de luz era un foco; mas un nimbo surgió poco a poco de esa luz, y la turba, con celos murmuró: «Wittelsbach está loco». Padre nuestro que estás en los cielos... Sólo Wagner le amó como hermano, sólo Wagner, cuya alma-oceano su conciencia inundó de consuelos, y su vida fue un lied wagneriano. Padre nuestro que estás en los cielos... santificado sea el tu nombre, venga a nos el tu reino...
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Un padrenuestro
Aquí fue donde el rey Luis Segundo de Baviera, sintiendo el profundo malestar de invencibles anhelos, puso fin a su imperio en el mundo. Padre nuestro que estás en los cielos... Un fanal con un cristo, en un claro del gran parque, al recuerdo da amparo, y al caer sobre el lago los velos de la noche, el recuerdo es un faro. Padre nuestro que estás en los cielos... En el lago tiritan las ondas, en el parque se mueren las frondas y ya muertas abaten sus vuelos: Que tristezas tan hondas... tan hondas... Padre nuestro que estás en los cielos... ¡Pobre rey de los raros amores! Como nadie sintió sus dolores, como nadie sufrió sus desvelos. Le inventaron un mal los doctores. Padre nuestro que estás en los cielos... Su cerebro de luz era un foco; mas un nimbo surgió poco a poco de esa luz, y la turba, con celos murmuró: «Wittelsbach está loco». Padre nuestro que estás en los cielos... Sólo Wagner le amó como hermano, sólo Wagner, cuya alma-oceano su conciencia inundó de consuelos, y su vida fue un lied wagneriano. Padre nuestro que estás en los cielos... santificado sea el tu nombre, venga a nos el tu reino...