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Fulgura el sol en el zenit; su lumbre Las plantas y los árboles desmaya, Contra las negras rocas de la playa Sus ondas quiebra perezoso el mar. Reina del aire, la gaviota errante Va por la azul inmensidad cruzando, Mientras yo, triste, vago suspirando Muy lejos de la patria y del hogar. Busca en vano la mente fatigada Los bosques de sabinos seculares, Las ceibas, los naranjos, los palmares Que ayer alegre y satisfecho vi. Y humedecen las lágrimas mis ojos; Se llena el alma juvenil de duelo, Porque este cielo azul no es aquel cielo, Porque nada de América hay aquí. Recuerdo alborozado aquellas tardes, De la Natura y del Amor tesoro, Cuando el sol que se oculta en mar de oro Baña del cielo el nacarado tul. Y los volcanes cuya eterna nieve Mares esconde de candente lava, Y el pico de cristal del Orizaba Que altivo rasga el infinito azul. Los mangles, atalayas de la costa, Con sus penachos altos y severos, Los erguidos, sonantes cocoteros Que fruto y sombra al caminante dan. Aquellas flores de perpetuo aroma, Aquellos tan alegres horizontes, La frente audaz de los soberbios montes, Donde estrella su furia el huracán. ¿Dónde está la caléndula de nieve, Rojos jacintos y purpúreas rosas, Que buscan las doradas mariposas, Y besa revolando el pica-flor? ¿Dó está la blanca garza voladora, Que los juncales en el lago agita? ¿Dó está el zenzontle, que dormido imita De las vírgenes selvas el rumor? La brisa de mi patria, cual la brisa Que los cedros del Líbano atraviesa, Caliente y perfumada, mueve y besa Las hojas del florido cafetal. Sobre eternas campiñas de esmeralda Brilla en el cielo azul la blanca luna, Que refleja el cristal de la laguna En la serena noche tropical. Allá bajo los toldos del follaje Que Otoño esmalta con doradas pomas, Bulliciosa bandada de palomas Se arrullan tristes al morir el sol. La alondra habita los risueños valles, Y cual flores con alma, en los jardines Agitan los parleros colorines Sus alas, que envidiara el arrebol. ¡Oh vergel de mis sueños! tierra hermosa Que guardas mis recuerdos y mis lares, Queda con Dios tras los revueltos mares: Yo lejos vengo a suspirar por ti. Buscando tus estrellas y tus flores, Suspira el alma con profundo duelo, Porque este cielo azul no es aquel cielo, Porque nada de América hay aquí. Dos aves, hijas de la misma selva, Que abandonan la rama en que han nacido, Si llegan a encontrarse, hablan del nido Que fue su casto y primitivo hogar. A ti, de los jardines de mi patria Flor que tesoros sin igual encierra, Consagro los recuerdos de la tierra Que allá quedó tras la extensión del mar. Llevas la luz del trópico en los ojos, Y la voz de sus brisas en tu acento, Su clima en tu ardoroso pensamiento, Su grandeza en tu propio corazón. ¡Feliz si el nombre de la patria hermosa Tus más bellas palabras acompaña! El nombre de la patria en tierra extraña Es un poema, un himno, una oración.
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Recuerdos.
Fulgura el sol en el zenit; su lumbre Las plantas y los árboles desmaya, Contra las negras rocas de la playa Sus ondas quiebra perezoso el mar. Reina del aire, la gaviota errante Va por la azul inmensidad cruzando, Mientras yo, triste, vago suspirando Muy lejos de la patria y del hogar. Busca en vano la mente fatigada Los bosques de sabinos seculares, Las ceibas, los naranjos, los palmares Que ayer alegre y satisfecho vi. Y humedecen las lágrimas mis ojos; Se llena el alma juvenil de duelo, Porque este cielo azul no es aquel cielo, Porque nada de América hay aquí. Recuerdo alborozado aquellas tardes, De la Natura y del Amor tesoro, Cuando el sol que se oculta en mar de oro Baña del cielo el nacarado tul. Y los volcanes cuya eterna nieve Mares esconde de candente lava, Y el pico de cristal del Orizaba Que altivo rasga el infinito azul. Los mangles, atalayas de la costa, Con sus penachos altos y severos, Los erguidos, sonantes cocoteros Que fruto y sombra al caminante dan. Aquellas flores de perpetuo aroma, Aquellos tan alegres horizontes, La frente audaz de los soberbios montes, Donde estrella su furia el huracán. ¿Dónde está la caléndula de nieve, Rojos jacintos y purpúreas rosas, Que buscan las doradas mariposas, Y besa revolando el pica-flor? ¿Dó está la blanca garza voladora, Que los juncales en el lago agita? ¿Dó está el zenzontle, que dormido imita De las vírgenes selvas el rumor? La brisa de mi patria, cual la brisa Que los cedros del Líbano atraviesa, Caliente y perfumada, mueve y besa Las hojas del florido cafetal. Sobre eternas campiñas de esmeralda Brilla en el cielo azul la blanca luna, Que refleja el cristal de la laguna En la serena noche tropical. Allá bajo los toldos del follaje Que Otoño esmalta con doradas pomas, Bulliciosa bandada de palomas Se arrullan tristes al morir el sol. La alondra habita los risueños valles, Y cual flores con alma, en los jardines Agitan los parleros colorines Sus alas, que envidiara el arrebol. ¡Oh vergel de mis sueños! tierra hermosa Que guardas mis recuerdos y mis lares, Queda con Dios tras los revueltos mares: Yo lejos vengo a suspirar por ti. Buscando tus estrellas y tus flores, Suspira el alma con profundo duelo, Porque este cielo azul no es aquel cielo, Porque nada de América hay aquí. Dos aves, hijas de la misma selva, Que abandonan la rama en que han nacido, Si llegan a encontrarse, hablan del nido Que fue su casto y primitivo hogar. A ti, de los jardines de mi patria Flor que tesoros sin igual encierra, Consagro los recuerdos de la tierra Que allá quedó tras la extensión del mar. Llevas la luz del trópico en los ojos, Y la voz de sus brisas en tu acento, Su clima en tu ardoroso pensamiento, Su grandeza en tu propio corazón. ¡Feliz si el nombre de la patria hermosa Tus más bellas palabras acompaña! El nombre de la patria en tierra extraña Es un poema, un himno, una oración.