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Mel_Zalewsky
Mel_Zalewsky
Oh, polilla. Pequeña creación de la oscuridad. Carcome mis sueños, mis deseos de pertenecer a la luz. Te doy mi voz. Llévate las cuerdas vocales donde esculpí su nombre con notas. Arranca de mi garganta las canciones que ya no debo cantar. Invoca a tu hermana, la Oxidación. Que devore las clavijas de mi guitarra y esconda sus cuerdas para que no teja más himnos con su nombre. Llévate mis cofres. Tú y tu familia, muelan esas cartas— esas sirenas de papel que naufragan mi alma. Come de las almohadas que aún guardan su perfume. Deshace las frazadas que un día rodearon su cuerpo. Abriré las ventanas de par en par. Que el polvo sea tu cómplice y cubra,por fin, las huellas que dejó en mí. Oh, polilla. Sé mi guía. Llévame de la mano a través de este desastre que yace frente a mí. Ayúdame a devorar el pasado. Mel Zalewsky.
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Aug 23, 2025
Aug 23, 2025 at 1:39 PM UTC
"El eco de la polilla"
Creadas por el magma de mil colapsos, por presiones que ni la tierra recuerda. Solo servimos de apoyo: sostén de habitaciones sin almas, pisos para lágrimas que nadie barre. Nos desgastan ríos que no elegimos, corrientes de llanto ajeno tallando surcos en esta piel inmóvil. Ellos creen que no sentimos. Que no tenemos corazón. Pero en nuestras grietas guardamos huellas de pies que huyeron, rastros de besos que nunca fraguaron. Las rocas no hablan: observan. Y en el rocío de cada madrugada, derriten su silencio. Mel Zalewsky.
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Aug 23, 2025
Aug 23, 2025 at 11:49 AM UTC
"Inerte"
Aún queda espera. Aún sueño junto a ti. ¿Eres un fantasma, uno de los que me escoltan en la penumbra? Pero te llevo dentro: no eres una carga, eres una costilla más de mi esqueleto. ¿Vendrás conmigo a donde vaya? Si no puedes, no hay problema. Llévame donde la tierra no es de asfalto, donde el calzado era un estorbo y el polvo olía a lluvia antigua. Donde el auto era un mito lejano, el agua, un elixir, y la cosecha, la promesa del mañana. ¿Te apiadarás de mí? ¿Me llevarás a oler la tormenta bajo un techo de teja y barro?. Vamos al cine donde la pantalla aún es un parpadeo en blanco y ***** Yo abro la puerta. Yo te ayudo a subir los escalones. Yo estaré de pie en el vagón y tú sentada, tú llevarás el paraguas y yo las risas. Acompáñame. Aunque sea solo esta noche. Nuestro mundo es este sueño donde hasta las pesadillas tienen sabor a belleza. No importa si mañana debo despertar. Tú eres lo que siempre quise y algunas noches—sin tu nombre, sin tu rostro—soy el hombre más afortunado del mundo. Mel Zalewsky.
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Aug 20, 2025
Aug 20, 2025 at 6:23 PM UTC
"Alma vieja"
Las nubes se arrodillan sobre la ciudad de granito, donde los árboles son estatuas y las rocas —negras— lucen corbatas de asfalto. Ellos huyeron: esas almas con miedo a mojarse se esconden en cuevas de cemento, en casas que, aunque llenas de gente, tienen el mismo vacío que los buzones sin cartas. Pero los cristales... esas pupilas transparentes que se niegan a usar cortinas, ansían besar a la lluvia, beber los relámpagos, dejarse desvestir por los truenos. Los faroles parpadean como luciérnagas ancianas. Las banquetas se hacen cunas para el viento cansado que pide permiso para dormir. Las calles son ríos de tinta, las avenidas —arroyos que arrastran poemas nunca recitados—. Las tuberías gimen: son venas de hierro fundido que llevan el dolor en placebo de agua sucia. Solo unos pocos —los que no temen a las sombrillas rotas— saben que la lluvia es el único abrazo que disfraza lágrimas sin pedir explicaciones. Ellos entienden: es mejor el frío honesto que el calor mentiroso de una casa con rejas en las ventanas y telarañas en el timbre. La lluvia es nuestra cómplice. Nosotros, los despiertos, esperamos su llegada como otros esperan el sol. Porque nuestro día comienza cuando la luna —esa sonámbula perfecta— se recuesta en el cielo y todas las estrellas se hacen gotas. Mel Zalewsky
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Jul 1, 2025
Jul 1, 2025 at 5:17 PM UTC
"Ciudad Gris"
Guardé este día para mí, para tallar tu nombre en el aire, tu perfume —ese aroma a almendra y sol—, tus ojos dorados como trigo maduro bajo el cielo de junio. Para ti no hay reproches, solo este puñado de memorias que me arrullan y me ahogan en el mismo suspiro. Yo fui el que besó tus labios, el que supo del cielo en un instante fugaz, el que coleccionó tus cartas como mapas de un tesoro que ya no existe. Yo, que me hice pájaro solo para caer cuando te vi partir "mi luna alejándose de mi noche vacía." Yo, que no entendí que te ibas no por voluntad, sino porque el mundo gira incluso para los que se aman en el cielo. Yo, que te culpe sin ver tu corazón roto, ciego por las nubes espesas de mi propio dolor. Aún sueño que compartimos el pan, que tu mano busca la mía en la penumbra, que me miras a pesar de saber que rompí mi promesa como se rompe un hilo al tirar demasiado fuerte. Tal vez hoy otro hombre te nombra, admira desde su ventana cómo la luz juega en tu pelo de atardecer, te llama "luna" y cree ser el primero en descubrirte. Aprendí la lección: los árboles que talé no reverdecerán, las flores que te di se secaron en el jarrón de mi egoísmo. No tocaré tu silencio. Ahora solo soy un retrato borroso, un nombre que repites bajo la lluvia cuando crees que nadie te escucha. Y aunque ya no vea el oro de tus ojos, ni escuche el violín de tu voz, sé que respiramos el mismo aire frágil, que ambos miramos las mismas estrellas y acariciamos la misma luna desde orillas distintas. Mel Zalewsky.
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Jun 25, 2025
Jun 25, 2025 at 5:45 PM UTC
"Brenda"
Guardé este día para mí, para tallar tu nombre en el aire, tu perfume —ese aroma a almendra y sol—, tus ojos dorados como trigo maduro bajo el cielo de junio. Para ti no hay reproches, solo este puñado de memorias que me arrullan y me ahogan en el mismo suspiro. Yo fui el que besó tus labios, el que supo del cielo en un instante fugaz, el que coleccionó tus cartas como mapas de un tesoro que ya no existe. Yo, que me hice pájaro solo para caer cuando te vi partir "mi luna alejándose de mi noche vacía." Yo, que no entendí que te ibas no por voluntad, sino porque el mundo gira incluso para los que se aman en el cielo. Yo, que te culpe sin ver tu corazón roto, ciego por las nubes espesas de mi propio dolor. Aún sueño que compartimos el pan, que tu mano busca la mía en la penumbra, que me miras a pesar de saber que rompí mi promesa como se rompe un hilo al tirar demasiado fuerte. Tal vez hoy otro hombre te nombra, admira desde su ventana cómo la luz juega en tu pelo de atardecer, te llama "luna" y cree ser el primero en descubrirte. Aprendí la lección: los árboles que talé no reverdecerán, las flores que te di se secaron en el jarrón de mi egoísmo. No tocaré tu silencio. Ahora solo soy un retrato borroso, un nombre que repites bajo la lluvia cuando crees que nadie te escucha. Y aunque ya no vea el oro de tus ojos, ni escuche el violín de tu voz, sé que respiramos el mismo aire frágil, que ambos miramos las mismas estrellas y acariciamos la misma luna desde orillas distintas. Mel Zalewsky.
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Ya sé que no me esperas. Lo sé, como se sabe que el invierno no pide permiso para helar las flores. Y aún así, en algún rincón absurdo del pecho, algo insiste en crecer hacia ti, como esas enredaderas testarudas que escalan los muros de las casas vacías. Sueño. Noche tras noche, mi alma deletrea tu nombre en morse, mientras la razón me repite —como un disco rayado— lo que ya sé: que te marchaste, que los trenes no retroceden, que nuestro futuro es solo un mapa devorado por la lluvia. Mi mente lúcida —esa traidora— ordena soltarte. Pero el corazón es un perro viejo que se enrosca en tu chaqueta olvidada, a esperar. Si eres feliz, debería bastarme. Pero las noches son largas y en mi cama deshabitada hasta el silencio molda tu ausencia. Los sueños son ahora carnívoros: devoran mi calma, escupen tu rostro. Me duermo para huir, pero despierto es cuando caigo en tu trampa de barrotes: esos recuerdos que no se oxidan. Mi corazón, ese necio, quiere hacer las maletas y perseguirte hasta el horizonte. Pero tu vida —ese expreso sin frenos— ya arrancó de mi andén, y solo me dejó el escozor de tu vapor. Déjame soñarte, al menos entre líneas. Aquí, en este poema, todavía puedo gritarte: "¿Por qué te vas?" aunque la respuesta sea un hongo gris en los labios del tiempo. Mel Zalewsky.
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Jun 22, 2025
Jun 22, 2025 at 2:18 PM UTC
"Sueños Profundos"
I know you're not waiting for me. I know, as you know that winter doesn't ask permission to freeze the flowers. And yet, in some absurd corner of the chest, something insists on growing towards you, like those stubborn vines that climb the walls of empty houses. Dream. Night after night, my soul spells your name in Morse, while reason repeats to me -like a broken record- what I already know: that you left, that trains don't go backwards, that our future is just a map devoured by the rain. My lucid mind -that traitor- orders me to let you go. But the heart is an old dog that curls up in your forgotten jacket, to wait. If you're happy, should be enough for me. But nights are long and in my uninhabited bed even silence molda your absence. Dreams are now carnivorous: devour my calm, spit your face. I fall asleep to escape, but awake is when I fall into your trap of bars: those memories that do not rust. My heart, that fool, wants to pack my bags and chase you to the horizon. But your life -that express without brakes- already ripped from my platform, and only left me the stinging of your steam. Let me dream you, at least between the lines. Here, in this poem, I can still cry out to you: "Why are you leaving?" even if the answer is a gray fungus on the lips of time. Mel Zalewsky.
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Jun 22, 2025
Jun 22, 2025 at 2:17 PM UTC
"Deep Dreams"
No temo a la soledad del desierto, ese vasto espejo donde el eco se devuelve intacto, sin máscaras. No temo al amor ausente, a ese fantasma que otros persiguen con redes de palabras huecas. Mis ojos no retroceden ante sonrisas apagadas, esas que fueron faros y ahora son luciérnagas muertas en frascos de nostalgia. Las supernovas no me asustan. Yo mismo fui polvo de estrellas, resto de un Big Bang que aún resuena en mis costillas. Nunca regalé piropos como monedas falsas. Respeté los jardines ajenos, aún cuando mis manos se secaban por falta de rocío. Así aprendí a caminar: mirando primero la tierra, luego las siluetas, por si acaso alguna sombra quisiera ser mi dueña. Los ojos azules no me cazaron, ni el cabello café que huele a promesas, ni esas manos —suaves jaulas— que solo buscaban aprisionar lo que el viento se llevaría. Sigo esperando el barco que no tema anclar cuando las nubes se vuelvan puñales. La que prefiera mis olas, aun las más bravas, a los mares tranquilos donde solo flotan corazones de plástico. Mientras, navego en aguas prestadas, náufrago de mí mismo, mordiendo sal y escupiendo versos. Las estrellas, esas cobardes hermosas, huyen del amanecer. Yo no. Me quedo a ver cómo la luz me desnuda sin piedad. Mel Zalewsky.
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Jun 19, 2025
Jun 19, 2025 at 1:55 PM UTC
El Viajero
Abrí el refrigerador y escogí dos naranjas, redondas y doradas como pequeños soles maduros. Te miré a los ojos —espejos de un alma que aún no conocía— y te ofrecí una, gesto simple de amor: compartir la dulzura en aquella mañana tranquila donde hasta el silencio sabía a paz. Te entregué el cortador de frutas, esa herramienta delicada que desnuda sin herir, que libera los gajos como quien abre un tesoro sin romper el cofre. Pero tú, con manos impacientes, lo rechazaste. Pediste un cuchillo —filo frío y rápido— y partiste la fruta en dos, sin ceremonias, como si el jugo que brotó no fuera también sangre. Yo, el chico que aprende a ver milagros en lo invisible, retiré mi cáscara lentamente, desvistiendo el albedo blanco como quien quita el velo de una novia. Mis dedos rescataron cada gajo intacto, pequeñas lunas de miel que brillaban entre mis manos callosas. Y ahí lo vi: tu alma no conoce la delicadeza. Para ti, lo bello es solo lo que puede romperse. Las aves vuelan y tú ni siquiera les ves las alas. Las estrellas caen y tú no extiendes las palmas para atrapar sus últimos suspiros de luz. Mel Zalewsky.
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Jun 16, 2025
Jun 16, 2025 at 11:37 AM UTC
"La Media Naranja"
I. Para los que ahora son tierra, para los que un día abrieron los ojos bajo el mismo sol que nosotros, pero los cerraron bajo cielos de alambre de púas. Para los que en su último suspiro no vieron banderas, sino el reflejo de sus hijos riendo en el lago de la infancia, ese que nunca más se atreverá a congelarse en invierno. II. Este poema es para los del Este y el Oeste, para los que empuñaron armas sin entender los mapas que otros trazaron con reglas de oro. III. Para los que los árboles abrazaron como a hijos perdidos, para los que la nieve convirtió en estatuas de recuerdo —soldados de escarcha que nunca desertaron—. Para los que ya no dependen del trigo o la miel, sí del plomo que silba, del acero que muerde, de la pólvora que florece en jardines de horror. IV. Para los que cada noche le piden a la luna: "Cúbrenos con tu falda de plata, que el enemigo no vea nuestros fantasmas recogiendo los dientes que se les cayeron al gritar el nombre de sus hijos. V. Para los retoños que soñaron ser robles, pero fueron arrancados verdes aún, y arrojados al fuego como leña maldita. Para los padres que enterraron pedazos de su alma en uniformes demasiado grandes para cuerpos demasiado pequeños. VI. Para los que respiran pólvora y nostalgia en trincheras que son tumbas con vista al cielo. Para los que fuman su último cigarrillo —ritual de humo y resignación— sabiendo que jamás verán a su hija bailar en su boda, a su hijo aprender a atarse los zapatos. VII. Para los que buscan entre los escombros carnes amadas: una mano que aún sostenga la foto de una esposa, un corazón que siga latiendo aunque el uniforme esté pintado de rojo. VIII. Para los que creyeron que su sangre regaría huertos de girasoles, no líneas imaginarias en la tierra de nadie. IX. Pero no es para ustedes, señores de corbata y discursos, que beben champán mientras firman órdenes con plumas de oro. No es para los que duermen entre sábanas de seda y sueñan con medallas que nunca mancharán sus pechos impecables. Ustedes, que juegan ajedrez con nuestras vidas, que muelen soldados como si fueran granos de café para un simple desayuno. X. Esto es para los mutilados, los que perdieron no solo piernas o brazos, sí la capacidad de creer en el rojo de las amapolas sin ver la sangre. XI. Para ellos, las semillas enterradas que algún día —cuando la guerra sea solo un verso maldito en los libros de historia— brotarán como flores a través de los cascos oxidados, como un último acto de amor de la tierra que nunca quiso beber de su sangre. Ucranianos y Rusos, Rusos y Ucranianos. Mel Zalewsky.
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Jun 6, 2025
Jun 6, 2025 at 1:00 PM UTC
"Corazones de Arcilla"
I. Para los que ahora son tierra, para los que un día abrieron los ojos bajo el mismo sol que nosotros, pero los cerraron bajo cielos de alambre de púas. Para los que en su último suspiro no vieron banderas, sino el reflejo de sus hijos riendo en el lago de la infancia, ese que nunca más se atreverá a congelarse en invierno. II. Este poema es para los del Este y el Oeste, para los que empuñaron armas sin entender los mapas que otros trazaron con reglas de oro. III. Para los que los árboles abrazaron como a hijos perdidos, para los que la nieve convirtió en estatuas de recuerdo —soldados de escarcha que nunca desertaron—. Para los que ya no dependen del trigo o la miel, sí del plomo que silba, del acero que muerde, de la pólvora que florece en jardines de horror. IV. Para los que cada noche le piden a la luna: "Cúbrenos con tu falda de plata, que el enemigo no vea nuestros fantasmas recogiendo los dientes que se les cayeron al gritar el nombre de sus hijos. V. Para los retoños que soñaron ser robles, pero fueron arrancados verdes aún, y arrojados al fuego como leña maldita. Para los padres que enterraron pedazos de su alma en uniformes demasiado grandes para cuerpos demasiado pequeños. VI. Para los que respiran pólvora y nostalgia en trincheras que son tumbas con vista al cielo. Para los que fuman su último cigarrillo —ritual de humo y resignación— sabiendo que jamás verán a su hija bailar en su boda, a su hijo aprender a atarse los zapatos. VII. Para los que buscan entre los escombros carnes amadas: una mano que aún sostenga la foto de una esposa, un corazón que siga latiendo aunque el uniforme esté pintado de rojo. VIII. Para los que creyeron que su sangre regaría huertos de girasoles, no líneas imaginarias en la tierra de nadie. IX. Pero no es para ustedes, señores de corbata y discursos, que beben champán mientras firman órdenes con plumas de oro. No es para los que duermen entre sábanas de seda y sueñan con medallas que nunca mancharán sus pechos impecables. Ustedes, que juegan ajedrez con nuestras vidas, que muelen soldados como si fueran granos de café para un simple desayuno. X. Esto es para los mutilados, los que perdieron no solo piernas o brazos, sí la capacidad de creer en el rojo de las amapolas sin ver la sangre. XI. Para ellos, las semillas enterradas que algún día —cuando la guerra sea solo un verso maldito en los libros de historia— brotarán como flores a través de los cascos oxidados, como un último acto de amor de la tierra que nunca quiso beber de su sangre. Ucranianos y Rusos, Rusos y Ucranianos. Mel Zalewsky.
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