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"viuda" poems
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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Nocturno (Nocturne)
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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En la grana de un prado sanguíneo o en un bosque de cabezas cercenadas, la viuda reclama la carne de un párvulo ******** Allí donde entonan sus voces un coro de lamentos disonantes. Reniega de su apetito la matriarca del barrio francés Pues los gritos de Joliet no inquietan su consciencia, cosechan en cambio, un jardín de culposos deleites Placeres como solo admite, la maquiavelia de una gioconda que envuelta en lujosos atavíos extiende sus garras al inocente . Ni hablar del perjurio voraz, que oculta a la fantasía la marea virgen del infortunio y el propio siniestro. La desesperación de una madre que devora a sus hijos con el don de Saturno. Para la que no hay erotismo sino aquel que evoca el rigor cadavérico. Vapores que ascienden desde el lecho en descomposición, y alimentan su magia. Celebran el cruento dolor del infante, con la mirada de espanto apenas visible en el carmesí de sus finas pestañas Porque es claro como la luna y tan cierto como la muerte que en la viuda no hay gozo, sin el grito que desgarra la noche. Sin la brea que desciende sobre el horizonte, y la angustia que acompaña la pasión de la masacre.
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Aug 23, 2015
Aug 23, 2015 at 11:38 AM UTC
La Viuda de París
Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
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Carta a usted
Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o ****** Usted era la flor que, según quien la corta, es algo que no muere o algo que no importa. O acaso ¿cierta noche de amor y de locura, yo vivía un ensueño... y usted una aventura? Si, usted juró, cien veces, ser para siempre mía: yo besaba sus labios, pero no lo creía... Usted sabe, y perdóneme, que en ese juramento influye demasiado la dirección del viento. Por eso no me extraña que ya tenga otro amante, a quien quizás le jure lo mismo en este instante. Y como usted, señora, ya aprendió a ser infiel, a mí, así de repente... me da pena por él. Sí, es cierto. Alguna noche su puerta estuvo abierta, y yo, en otra ventana me olvidé de su puerta; o una tarde de lluvia se iluminó mi vida mirándome en los ojos de una desconocida; y también es posible que mi amor indolente desdeñara su vaso bebiendo en la corriente. Sin embargo, señora, yo, con sed o sin sed, nunca pensaba en otra si la besaba a usted. Perdóneme de nuevo, si le digo estas cosas, pero ni los rosales dan solamente rosas; y no digo esto por usted, ni por mí, sino por los amores que terminan así. Pero vea, señora, que diferencia había entre usted que lloraba y yo; que sonreía, pues nuestro amor concluye con finales diversos: Usted besando a otro; yo, escribiendo estos versos...
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Fontefrida, Fontefrida,   Fontefrida y con amor, do todas las avecicas   van tomar consolación, si no es la tortolica   que está viuda y con dolor. Por ahí fuera pasar   el traidor del ruiseñor, las palabras que él decía   llenas son de traición; -Si tú quisieses, señora,   yo sería tu servidor. -Vete de ahí, enemigo,   malo, falso, engañador, que ni poso en ramo verde,   ni en prado que tenga flor, que si hallo el agua clara,   turbia la bebía yo; que no quiero haber marido,   porque hijos no haya, no, no quiero placer con ellos,   ni menos consolación. Déjame, triste enemigo,   malo, falso, mal traidor, que no quiero ser tu amiga   ni casar contigo, no.
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Romance de fontefrida
-¡Abenámar, Abenámar,   moro de la morería, el día que tú naciste   grandes señales había! Estaba la mar en calma,   la luna estaba crecida, moro que en tal signo nace   no debe decir mentira.Allí respondiera el moro,   bien oiréis lo que diría: -Yo te lo diré, señor,   aunque me cueste la vida, porque soy hijo de un moro   y una cristiana cautiva; siendo yo niño y muchacho   mi madre me lo decía que mentira no dijese,   que era grande villanía: por tanto, pregunta, rey,   que la verdad te diría. -Yo te agradezco, Abenámar,   aquesa tu cortesía. ¿Qué castillos son aquéllos?   ¡Altos son y relucían!-El Alhambra era, señor,   y la otra la mezquita, los otros los Alixares,   labrados a maravilla. El moro que los labraba   cien doblas ganaba al día, y el día que no los labra,   otras tantas se perdía. El otro es Generalife,   huerta que par no tenía; el otro Torres Bermejas,   castillo de gran valía. Allí habló el rey don Juan,   bien oiréis lo que decía: -Si tú quisieses, Granada,   contigo me casaría; daréte en arras y dote   a Córdoba y a Sevilla. -Casada soy, rey don Juan,   casada soy, que no viuda; el moro que a mí me tiene   muy grande bien me quería.
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Romance de abenámar
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente, después de haber avanzado un paso hacia ella, retrocedo a velocidad indecible, alegre casi como quien dobla la esquina de la calle donde hay una reyerta, llorando avergonzado como el adolescente hijo de viuda sexagenaria y pobre expulsado de la escuela vespertina en la que era becario. Estoy aquí, donde yo siempre estuve, donde apenas hay sitio para mantenerse erguido. La soledad es un farol certeramente apedreado: sobre ella me apoyo. La esperanza es el quicio de una puerta de la casa que fue desarraigada de sus cimientos por los huracanes: quicio-resquicio por donde entro y salgo cuando paso del nunca (me quisiste) al todavía (te odio), del tampoco (me escuchas) al también (yo me callo), del todo (me hace daño) al nada (me lastima). No importa, sin embargo. Los aviones de propulsión a chorro salvan rápidamente la distancia que separa Tokio de Copenhague, pero con más rapidez todavía me desplazo yo a un punto situado a diez centímetros de mí mismo, de prisa, muy de prisa, en un abrir y cerrar de ojos, en sólo una diezmilésima de segundo, lo cual supone una velocidad media de setenta kilómetros a la hora, que me permite, si mis cálculos son correctos, estar en este instante aquí, después mucho más lejos, mañana en un lugar sito a casi mil millas, dentro de una semana en cualquier parte de la esfera terrestre, por alejada que os parezca ahora. Consciente de esa circunstancia, en muchas ocasiones emprendo largos viajes; pero apenas me desplazo unos milímetros hacia los destinos más remotos, la nostalgia me muerde las entrañas, y regreso a mi posición primera alegre y triste a un tiempo -como dije al principio: alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, -de acuerdo con mi personal experiencia de la patria- tiene también bastante de presidio. Así, en ti me quedo, paseo largamente tus piernas y tus brazos, asciendo hasta tu boca, me asomo al borde de tus ojos, doy la vuelta a tu cuello, desciendo por tu espalda, cambio de ruta para recorrer tus caderas, vuelvo a empezar de nuevo, descansando en tu costado, miro pasar las nubes sobre tus labios rojos, digo adiós a los pájaros que cruzan por tu frente, y si cierras los ojos cierro también los míos, y me duermo a tu sombra como si siempre fuera verano, amor, pensando vagamente en el mundo inquietante que se extiende -imposible- detrás de tu sonrisa.
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Preguntame por qué la luz no la hará brilla, o de qué manera los arboles encinar transformaron a ceniza y polvo, consumen en el fuego, y por qué nadie oyendo los gritos del bosque llegaron para pagar sus respetos. Estas soldados de madera necesitaron lluvia, como lágrimas a la faz de una viuda afligida, para calmar las llamas, entonces, tomaron gotas de agua para pacificar sus dolores, y en la noche, cuando todos era silencio ellos dormían en el viento sin ansia, como es el estado natural para madre tierra. English version: Ask me Ask me why the light won't shine, or how the oak trees transformed into ashes and dust, consumed in the fire, and why no one, hearing the cries of the forest, came to pay their respects. These wooden soldiers needed rain, like tears in the face of a grieving widow, to calm the flames, so, they took drops of water to pacify their pains, and at night, when all was silent they slept without anxiety in the wind, as is the natural state for Mother Earth.
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May 10, 2016
May 10, 2016 at 8:31 PM UTC
Preguntame
Pasea con el luto de viuda de sí misma, payasa, miliciana, entre los arces plateados de New Jersey (o tal vez sean pinos, encinas, jaras y retamas de Chozas de Sierra... Yo ya no sé). La navaja del río corta pan y tomate de la tarde que se evapora. Don Gil, Jilguero de las calzas verdes, asado con madera del cajón de la portería, miraba compasivo cómo acunan tus brazos esqueléticos, mientras dan de mamar a la guerra de nunca, teta arrugada, guerra guerreada, y todo lo demás. Y todo blanco y ***** Y desvaído. Un hombre levantaba su cabeza de ortiga en el menesteroso anochecer. Mendigos con fusiles (que yo los vi pasar porque tú los mirabas). Y niños muertos que esquivabas para no pisarlos en la calle de Atocha (nunca los vi ni quise verlos), y aquel puente estrechísimo que no es el más con más de Nueva York, sino de nieve y de cellisca, (yo lo he visto, y lo veo, y seguiré viéndolo, con las mujeres de ébano y marfil arrugado, porque era entonces todo blanco y ***** Y ahora vuelve sin Filis, cabalgando su cáncer, ¡hasta mañana, Filis! Más tarde, en tu memoria cristalizaban sombras, entre los rascacielos de acero y miel: sombras de mondas de patatas que has olvidadoo, pues no quieres morir, no queremos morir, y fachadas de catedrales bordadas de palomas, y que mañana no será otro día, y otra sombra resbalando sobre una lágrima, enhebrando una aguja, zurciendo una bufanda a la sombra de una lenteja.
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Hablo con gloria fuertes frente al washington bridge
si la dia pudiera dormir mientras el cielo la cantaba su historia, o si la noche quisiera despertar con el oro reluciente en sus ojos― el mundo se marchitaría por sus pecados. si tuvieran un amor brillante que no era cubierto por los rituales, ni la luna viuda que ya espera― todo se hubiera como infinito. pero inseparable el uno del otro en formas que podían destruir la causa que sostena su belleza inmortal― que no solo morirían en el mundo, pero en tiempo, en espacio, y en la memoria.
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Oct 23, 2019
Oct 23, 2019 at 5:51 PM UTC
Soneto II
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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Lánguidamente su licor
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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philip se sacó la camisa servil llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe y asesinatos de su niño románticamente hablando su niño operado cortado transplantado injertado de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto verdadera en la tarde de agosto gris se quedó en pecho philip y cuando se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando: le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro) le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria potestad) formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal (a espaldas de toda invasión maternal) se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la iglesia) en general de cuando ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible) fortificó sus entretelas acostumbradas al vuelo (siempre que el tiempo lo permita) engañó a su mujer (con permiso) philip era glorioso en esas noches de whisky y hasta vino exóticamente consumido con referencias a la costa del sol una palabra encantadora lo retenía semanas y semanas a su alrededor sol por ejemplo o sol digamos o la palabra sol como si philip buscara lejos de la sociedad industrial fuentes de luz fuentes de sombra fuentes qué coraje hablar del sol como suele ocurrir philip murió una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas) o el ejército la iglesia ( a sus espaldas o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas: su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati que creció bendecido por los jugos del cielo y también se curvó y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip fíjese en el arbolito le ruego fíjese en el arbolito por favor hay varias formas de ser mejor dicho muchas formas de ser: llamarse Hughes hablar arameo mojarlo con té estallar contra la tristeza del mundo pero a ustedes les pido que se fijen en el curvado arbolito tiernamente inclinado sobre philip su pecho en pena en piel como se dice ni un pajarito nunca cantó o lloró sobre ese árbol verde todo inclinado inclinado
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Lamento por el arbolito de philip
philip se sacó la camisa servil llena de tardes de oficina y sonrisas al jefe y asesinatos de su niño románticamente hablando su niño operado cortado transplantado injertado de bucólicas primaveras y Ginger Street volando alto verdadera en la tarde de agosto gris se quedó en pecho philip y cuando se quedó en pecho hizo el recuento feliz de cuando: le sacó la lengua al maestro (a espaldas del maestro) le hizo la higa a la patria potestad (a espaldas de la patria potestad) formó cuernitos con la mano contra toda invasión maternal (a espaldas de toda invasión maternal) se burló del ejército la iglesia (a espaldas del ejército la iglesia) en general de cuando ejerció su rebelde corazón (dentro de lo posible) fortificó sus entretelas acostumbradas al vuelo (siempre que el tiempo lo permita) engañó a su mujer (con permiso) philip era glorioso en esas noches de whisky y hasta vino exóticamente consumido con referencias a la costa del sol una palabra encantadora lo retenía semanas y semanas a su alrededor sol por ejemplo o sol digamos o la palabra sol como si philip buscara lejos de la sociedad industrial fuentes de luz fuentes de sombra fuentes qué coraje hablar del sol como suele ocurrir philip murió una tarde lenta amarilla buena callada en los tejados no hablaremos de cómo lo lloró su mujer (a sus espaldas) o el ejército la iglesia ( a sus espaldas o el mundo en particular y en general súbitamente de espaldas: su viuda le plantó un arbolito sobre la tumba en Cincinnati que creció bendecido por los jugos del cielo y también se curvó y si alguien piensa que lo triste es la vida de philip fíjese en el arbolito le ruego fíjese en el arbolito por favor hay varias formas de ser mejor dicho muchas formas de ser: llamarse Hughes hablar arameo mojarlo con té estallar contra la tristeza del mundo pero a ustedes les pido que se fijen en el curvado arbolito tiernamente inclinado sobre philip su pecho en pena en piel como se dice ni un pajarito nunca cantó o lloró sobre ese árbol verde todo inclinado inclinado
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sam dale no quería dormir solo con sus sudores y a la madre le dijo "madre búscame novia entre los odios del día" así creció perseguido por olor que nunca supo conseguir la madre madrecía cada noche pero no había caso "ah" decía sam dale al final de su chaleco hermoso como un secretario general "novia mía ¿porqué no venís? novia mía ¿qué suelo ató tus sienes?" la novia de sam dormía y hacía amanecer de sus dos pies salía el sol la luz y era bella como los pies de Dios atados siempre siempre a tanto dolor atados pero no Dios sino el grande amor duerme atado a profunda claridad no lo despierten hijos que duerma duerma duerma a menos que le den de comer él duerme porque no le darían de comer y duerme hermoso hermoso como la novia de los yules verdes como la novia del amor primero ella está muerte y yo la quiero pero sam dale ni nada él pedía a la madre por la esposa del río la esposica estaba en el río vestida de amarillo haciendo una cama grande con las aguas corinas con los pájaros para que entre la mañana cantando y aún la muerte cuando debiera entrar peor sam dale vigilaba la puerta y Dios no entra por ahí así que viuda tora marinera se le murió la camisa y la enterró ya tarde ya tardísimo y manzanitas de oro había en las ramas ¡gracia que tiene lo perro! ¡ah muérdanos la cara para despertar! a sam dale lo pusieron en una copa de vidrio "¡ah tripa dolorosa!" decía hablando del corazón la flor de su camisa tapo o mundo celéstese sam dale cuándo despertaremos mi dios novia dormía hermosa hermosa con un lunar de amor y un ruiseñor que le cantaba enemigos sam dale cruzó Alabama como un fuego dejó en herencia una mañana que las gallinas picotearon y del costado le caían señoras acabaditas de nacer ¡ah sam dale te tomaron el alma en mitad del arenal! no debiera dormir mal ahora a las tres de la tarde tu entierro pasó al pie de tu retrato ella se arrodilló pobre con una cuna blanca sola
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Lamento por la camisa de sam dale
sam dale no quería dormir solo con sus sudores y a la madre le dijo "madre búscame novia entre los odios del día" así creció perseguido por olor que nunca supo conseguir la madre madrecía cada noche pero no había caso "ah" decía sam dale al final de su chaleco hermoso como un secretario general "novia mía ¿porqué no venís? novia mía ¿qué suelo ató tus sienes?" la novia de sam dormía y hacía amanecer de sus dos pies salía el sol la luz y era bella como los pies de Dios atados siempre siempre a tanto dolor atados pero no Dios sino el grande amor duerme atado a profunda claridad no lo despierten hijos que duerma duerma duerma a menos que le den de comer él duerme porque no le darían de comer y duerme hermoso hermoso como la novia de los yules verdes como la novia del amor primero ella está muerte y yo la quiero pero sam dale ni nada él pedía a la madre por la esposa del río la esposica estaba en el río vestida de amarillo haciendo una cama grande con las aguas corinas con los pájaros para que entre la mañana cantando y aún la muerte cuando debiera entrar peor sam dale vigilaba la puerta y Dios no entra por ahí así que viuda tora marinera se le murió la camisa y la enterró ya tarde ya tardísimo y manzanitas de oro había en las ramas ¡gracia que tiene lo perro! ¡ah muérdanos la cara para despertar! a sam dale lo pusieron en una copa de vidrio "¡ah tripa dolorosa!" decía hablando del corazón la flor de su camisa tapo o mundo celéstese sam dale cuándo despertaremos mi dios novia dormía hermosa hermosa con un lunar de amor y un ruiseñor que le cantaba enemigos sam dale cruzó Alabama como un fuego dejó en herencia una mañana que las gallinas picotearon y del costado le caían señoras acabaditas de nacer ¡ah sam dale te tomaron el alma en mitad del arenal! no debiera dormir mal ahora a las tres de la tarde tu entierro pasó al pie de tu retrato ella se arrodilló pobre con una cuna blanca sola
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En mi cielo al crepúsculo eres como una nube y tu color y forma son como yo los quiero. Eres mía, eres mía, mujer de labios dulces, y viven en tu vida mis infinitos sueños. La lámpara de mi alma te sonrosa los pies, el agrio vino mío es más dulce en tus labios: oh segadora de mi canción de atardecer, cómo te sienten mía mis sueños solitarios! Eres mía, eres mía, voy gritando en la brisa de la tarde, y el viento arrastra mi voz viuda. Cazadora del fondo de mis ojos, tu robo estanca como el agua tu mirada nocturna. En la red de mi música estás presa, amor mío, y mis redes de música son anchas como el cielo. Mi alma nace a la orilla de tus ojos de luto. En tus ojos de luto comienza el país del sueño.
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Poema 16
A veces me pregunto dónde estarás ahora, después de tantas noches sin tu mano en la mía, noches de abrir un libro para esperar la aurora, noches de largo viento por la calle vacía. A veces me pregunto si hay alguien que te espera, alguien que no conoces, que pasa y te saluda y, como siempre vistes de ***** en primavera, no sé si tus vecinas pensarán que eres viuda. A veces me imagino como serán las cosas que te son familiares: tu jardín, tu ventana, el búcaro en la mesa para poner las rosas y un desayuno sin mí cada mañana. O me quedo pensando qué sentirás tan lejos, en las tardes heladas, al quitarte el abrigo; y cuando vas de compras sin mirar los espejos para que no te digan que ya no voy contigo. Y también me pregunto si alguna madrugada prefieres no dormirte para soñar despierta, o cómo se entristece de lluvia tu mirada cuando pasa el cartero sin tocar en tu puerta. Pero no me pregunto si olvidarás mi nombre, ni lo que tú me diste, ni lo que yo te di, pues si te ven un día del brazo de otro hombre tendrá que ser un hombre que se parece a mí…
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Poema lejano