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"ventana" poems
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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Walking around
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste, como yo, nos mira. Por esa vida que arderá en sus venas tendrían que amarrarse nuestras vidas. Por esas manos, hijas de tus manos, tendrían que matar las manos mías. Por sus ojos abiertos en la tierra veré en los tuyos lágrimas un día. Yo no lo quiero, Amada. Para que nada nos amarre que no nos una nada. Ni la palabra que aromó tu boca, ni lo que no dijeron las palabras. Ni la fiesta de amor que no tuvimos, ni tus sollozos junto a la ventana. (Amo el amor de los marineros que besan y se van. Dejan una promesa. No vuelven nunca más. En cada puerto una mujer espera: los marineros besan y se van. Una noche se acuestan con la muerte en el lecho del mar). Amor el amor que se reparte en besos, lecho y pan. Amor que puede ser eterno y puede ser fugaz. Amor que quiere libertarse para volver a amar. Amor divinizado que se acerca Amor divinizado que se va. Ya no se encantarán mis ojos en tus ojos, ya no se endulzará junto a ti mi dolor. Pero hacia donde vaya llevaré tu mirada y hacia donde camines llevarás mi dolor. Fui tuyo, fuiste mía. Qué más? Juntos hicimos un recodo en la ruta donde el amor pasó. Fui tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, del que corte en tu huerto lo que he sembrado yo. Yo me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. Vengo desde tus brazos. No sé hacia dónde voy. ...Desde tu corazón me dice adiós un niño. Y yo le digo adiós.
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Farewell
Hoy en mitad de la vida, me he parado a meditar... Pierdo días haciendo nada asomada en mi ventana. Miro hacia el paraíso el que no esta pero mi mente ambiciona buscándolo sin fe se ve como ayer y de seguro mañana como hoy. Más entonces, mi torpe inteligencia dormida en un rincón. Y al coño, ¿Para que soy? ¿Si para siempre algún día dejare de serlo? ¡Grito¡ Y a mi lado el demonio se agita. Pasan las horas.. Después de ya mucho haber llovido y yo sin café, una dulce lámpara arde y no hay el porque entender de esta noche desagradable. COPYRIGHTs © 2016 ASHLEY FIERRO ALL RIGHTS RESERVED
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Feb 16, 2016
Feb 16, 2016 at 9:34 AM UTC
UNA NOCHE SIN CAFÉ
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Poema 14
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Apr 6, 2015
Apr 6, 2015 at 12:21 AM UTC
Estoico Sufrimiento
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Yo/ fulano de mí/ llevo conmigo tu rostro en cada suerte de la historia. Tu cuerpo de mengana es una gloria y por eso al soñar sueño contigo. Luego/ si el sueño acaba te persigo soñándote despierto/ es una noria que rodea tu eco en mi memoria y te cuenta esos sueños que te digo. Así/ sin intenciones misteriosas sé que voy a elegir de buena gana de mi viejo jardín sólo tus rosas. De las altas ventanas tu ventana de los signos de mar tu mar de cosas y de todo el amor/ tu amor/ mengana.
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Soneto kitsch a una mengana
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Alta va la luna. Bajo corre el viento.   (Mis largas miradas, exploran el cielo.)   Luna sobre el agua. Luna bajo el viento.   (Mis cortas miradas, exploran el suelo.)   Las voces de dos niñas venían. Sin esfuerzo, de la luna del agua, me fui a la del cielo. Un brazo de la noche entra por mi ventana.   Un gran brazo moreno con pulseras de agua.   Sobre un cristal azul jugaba al río mi alma. Los instantes heridos por el reloj... pasaban. Asomo la cabeza por mi ventana, y veo cómo quiere cortarla la cuchilla del viento.   En esta guillotina invisible, yo he puesto la cabeza sin ojos de todos mis deseos.   Y un olor de limón llenó el instante inmenso, mientras se convertía en flor de gasa el viento. Al estanque se le ha muerto hoy una niña de agua. Está fuera del estanque, sobre el suelo amortajada.   De la cabeza a sus muslos un pez la cruza, llamándola. El viento le dice "niña", mas no puede despertarla.   El estanque tiene suelta su cabellera de algas y al aire sus grises tetas estremecidas de ranas.   Dios te salve. Rezaremos a Nuestra Señora de Agua por la niña del estanque muerta bajo las manzanas.   Yo luego pondré a su lado dos pequeñas calabazas para que se tenga a flote, ¡ay!, sobre la mar salada.
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Nocturnos de la ventana
Mirando por la ventana la luna veo una pregunta nace la que dice ¿Estará mirando la misma cara de la luna? Caminando por la calle me tomo un momento para sentir la brisa pasar por mi cuerpo. Y de repente una pregunta surge la que contiene la siguiente duda ¿ Será que esta brisa, la que me abraza ya ha pasado por allí? O...¿ Será que se está dirigiendo allí? ¿Y si uso la brisa y la luna como aliadas? El envío de besos y abrazos no sólo me saldrían baratos, pero llegarían más rápido que siendo enviados por correo normal. Me pregunto luego, si podría detener el tiempo sujetándome fuerte de las agujetas del reloj más grande que encuentre Si ese método resultara eficiente, ¿me darías un beso? Si pudiera burlar las cuatro dimensiones...¿Sólo entonces podríamos llamar a nuestro amor eterno?
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Oct 15, 2010
Oct 15, 2010 at 9:42 PM UTC
Poema de una muchacha con un plan
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Jan 28, 2015
Jan 28, 2015 at 10:52 PM UTC
Ignorancia
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Mi alma era una choza cerrada a cal y canto. Acaso no sabía ni de sol ni de luz, E ignoraba así mismo del inmenso quebranto Que sufrió en el calvario nuestro hermano Jesús. Una queja tan honda como un lloro doliente La abrió luego a la vida como un cáliz en flor. Y fué un deslumbramiento magnífico y ardiente A través de esa brecha que le hiciera el dolor. Y ahora está mi alma abierta a cuatro vientos. Fue cada sufrimiento una nueva ventana Hacia los dilatados y puros firmamentos. Era inhospitalaria, insensible y oscura. Dolor abrió sus puertas y ahora de ella mana Un gran haz de luz clara de infinita dulzura.
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Redención
Hoy en mi ventana brilla el sol Y el corazón se pone triste contemplando la ciudad Porque te vas. Como cada noche desperté pensando en ti Y en mi reloj todas las horas vi pasar Porque te vas. Todas las promesas de mi amor se irán contigo Me olvidaras, me olvidaras Junto a la estación lloraré igual que un niño Porque te vas, porque te vas. Bajo la penumbra de un farol se dormirán Todas las cosas que quedaron por decir se dormirán Junto a las manillas de un reloj esperarán Todas las horas que quedaron por vivir esperarán. In English : Because you are leaving The sun shines through my window today And my heart feels sad while looking at the city Because you are leaving. Just like every night, I woke up thinking of you And I saw as all the hours Passed by in my clock Because you are leaving. All my love promises will be gone with you You will forget me, you will forget me Next to the station I will cry like a child Because you are leaving, Because you are leaving. Under the shadow of a street lamp They will sleep All the things left unsaid will sleep there They will wait next to a clock's hands They will wait for all those hours That we had yet to live.
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Oct 18, 2015
Oct 18, 2015 at 6:19 AM UTC
Porque te vas by Jose Luis Perales Morillas
Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Era difícil no ceder a sus tentaciones En el pueblo decían que era ella La dama de noche, vicio de los hombres. Pero yo quería probarla, ocupar un lugar Entre sus risos desordenados. Le pedí una noche, solo una. Ella divertida acepto y la seguí hipnotizada Al llegar a la recamara se despojó de su vestido Permitiéndome ver lo blanco de su piel Se acercó a mí y sin preámbulos me plantó un beso. Sutiles sus labios, deliciosos. Una caricia por la espalda, otra en las caderas Me quita el suéter y la falda. Sentía sus dedos explorar la humedad Entre mis piernas, haciendo a un lado el vello. Su lengua recorría mis senos y su mirada Estaba fija en mí, se mordía los labios Me gemía suavemente al oído. La sentía dentro de mí Haciendo movimientos lentos -No te resistas, déjame mostrarte… Y como quien obedece sin preguntar Deje que una ola de placer inundara mi cuerpo Haciendo la habitación pequeña, silenciando todo. No sé si había pasado una o tres horas Pero yo yacía desnuda, empapada en sudor La habitación olía extraño me incorporo Para encontrarla sentada en la ventana Aun desnuda fumándose un cigarro. Al verme sonríe y me ofrece un trago Era una diosa tallada por la vida. Un último beso fue plasmado antes de marcharse Y de eso ha pasado seis años. Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Me he topado con ella varias veces Como viento que mueve hojas En las noches que el cielo este despejado Le suelo gritar al viento Oh María, sin pecado concebida Tráemela una noche, solo una.
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Oct 25, 2015
Oct 25, 2015 at 10:56 PM UTC
Oh Maria
Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Era difícil no ceder a sus tentaciones En el pueblo decían que era ella La dama de noche, vicio de los hombres. Pero yo quería probarla, ocupar un lugar Entre sus risos desordenados. Le pedí una noche, solo una. Ella divertida acepto y la seguí hipnotizada Al llegar a la recamara se despojó de su vestido Permitiéndome ver lo blanco de su piel Se acercó a mí y sin preámbulos me plantó un beso. Sutiles sus labios, deliciosos. Una caricia por la espalda, otra en las caderas Me quita el suéter y la falda. Sentía sus dedos explorar la humedad Entre mis piernas, haciendo a un lado el vello. Su lengua recorría mis senos y su mirada Estaba fija en mí, se mordía los labios Me gemía suavemente al oído. La sentía dentro de mí Haciendo movimientos lentos -No te resistas, déjame mostrarte… Y como quien obedece sin preguntar Deje que una ola de placer inundara mi cuerpo Haciendo la habitación pequeña, silenciando todo. No sé si había pasado una o tres horas Pero yo yacía desnuda, empapada en sudor La habitación olía extraño me incorporo Para encontrarla sentada en la ventana Aun desnuda fumándose un cigarro. Al verme sonríe y me ofrece un trago Era una diosa tallada por la vida. Un último beso fue plasmado antes de marcharse Y de eso ha pasado seis años. Yo no solía rezar Hasta que la conocí. Me he topado con ella varias veces Como viento que mueve hojas En las noches que el cielo este despejado Le suelo gritar al viento Oh María, sin pecado concebida Tráemela una noche, solo una.
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Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
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Si tú me olvidas
Uno entiende, pero los demas? Y no digamos los demas, ella? Por que si ella y yo entendemos… Basta para que se sobreentienda Y que ganamos con que se sobreentienda Pues nada, ni se gana, ni se pierde Pero se mantiene la ventana abierta Al dulce recital de su narrativa Del otro lado del mundo, puede ser Pero al leerla la siento debajo de mi Motivado a seguir escribiendo Y ansioso por leerla otravez Ella se burla de mis ataduras a mi ciudad Mientras añoro con ella viajar Siguiendo por la vida sin saber En que momento va a llenar mi ser
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Feb 2, 2017
Feb 2, 2017 at 8:47 AM UTC
Se sobreentiende
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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Nov 13, 2018
Nov 13, 2018 at 3:52 PM UTC
16 de Agosto
Bus de las 8:00, 8:04. Sol en la ventana, camino de adoquín, irregular, vías trizadas de cotidianidad; luz roja, luz verde, la amarilla no funciona, acelera, quema el neumático, 10, 20, 40, 50 y frena de golpe. Vista a la ciudad, azul, sin nubes y seca; te incorporas al bajar, la montaña se humedece, también la ciudad. Av. Amazonas, CCI, Av. La Prensa. Abordas das vueltas te sientas, "tome sin compromiso, $1" sino me devuelve, 10, 20, 40, 50 y frena nunca en la parada. "Soy de Ibarra mi hijo en el hospital Baca Ortiz", frena bajas, viejas pisadas. Haces fila, pagas, otra fila; firme aquí, no puede sonreír. "Espere 20 minutos", te sientas, turno WT64, WT65, WT66. "la niña no puede comer aquí" WT77, WT 78, WT79.  Juan Arboleda, Gustavo Betancourt, José Efrén, Adrián Poveda; revise si está todo bien, firme aquí, sello, sello, queda registrado. Escalera eléctrica, salida, aire no fresco, "le emplástico", "le limpio", caminas, te detienes, ojeas, sueñas. Esperas, Chillogallo - Estadio, Camal - Hipódromo, ¿y el Batán - Colmena? ni modo al Cía. Nacional. El bus va lento a penas atraviesa la brisa, el sol rebota en el parabrisas, Av. 10 de Agosto, acelera, acelera, frena, en la Av. Versalles el bus es un huracán, y frena, te bajas, tu decencia se queda y en la calle colonial vuelves a soñar, fotografía militar, vuelves a filtrar, 11:23, relojería, confitería parada de bus, fanático religioso, sonidos afro, plaza, museo, buenos días, árbol con hojas de otro árbol. "Pide un deseo y escribelo en un pedazo de papel". Amor valiente, amor invisible, beso beso, no puedo aterrizar, sala 5, hombre en llamas, síndrome de resignación, refugiados, reflexión, cerveza, amor, amor, $13.60. Carne salteada, ají, limonada, besos, botella extraviada, agua. Pequeño adiós, Marín, intento de robo,   25 ctvs, gente casas coloridas, montaña, subes, subes, das vueltas, valle azul y verde, baja, frena. Cash, salta se sacude, un torbellino de pelos, en la luz, en mi ropa, un torbellino de amor, pelota, pelota, rock n roll, cable, cable, pedal, camisa blanca, botas negras, peinado a lo morrisey, guitarra, vingala, Blues, Blues, saxo, taxi, maestro, bajo, guitarra, mente extraviada, extraviada, extraviada.
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A puro sol escribo, a plena calle, a pleno mar, en donde puedo canto, sólo la noche errante me detiene pero en su interrupción recojo espacio, recojo sombra para mucho tiempo. El trigo ***** de la noche crece mientras mis ojos miden la pradera y así de sol a sol hago la llaves: busco en la oscuridad las cerraduras y voy abriendo al mar las puertas rotas hasta llenar armarios con espuma. Y no me canso de ir y de volver, no me para la muerte con su piedra, no me canso de ser y de no ser. A veces me pregunto si de dónde, si de padre o de madre o cordillera heredé los deberes minerales, los hilos de un océano encendido y sé que sigo y sigo porque sigo y canto porque canto y porque canto. No tiene explicación lo que acontece cuando cierro los ojos y circulo como entre dos canales submarinos, uno a morir me lleva en su ramaje y el otro canta para que yo cante. Así pues de no ser estoy compuesto y como el mar asalta el arrecife con cápsulas saladas de blancura y retrata la piedra con la ola, así lo que en la muerte me rodea abre en mí la ventana de la vida y en pleno paroxismo estoy durmiendo. A plena luz camino por la sombra.
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Plenos poderes
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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Romance del rey moro que perdió valencia
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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∆. Solo Sin ti. En aislamiento, interrupción, solo sin ti Veranos pasan por mi ventana sin luz Dos inviernos al año, es un gris confeti Mas tu presencia en mi mente permanece Me has arrebatado, ladrona in fraganti Mi corazón de su trono abenuz Al sentir el auge, supe incontinenti Que de tu abundante cabello de ónice Y tu personalidad me convertí En un fiel devoto bajo mi capuz Y bajo mi capuz yo me prometí Jamás manifestar que de ti fui yo un cómplice. No. No me quedaré abajo ahora Hablaré, lo diré, prepárate Ya he pasado por esta acera Esta vez yo llegaré al final Esta vez no habrá perdedora Por esta vez seré yo el valiente Te diré que el día no dura Con nuestra conexión mental No hace falta ni una palabra. No espero un sí, solo contesta Tú en tu vida y no te preocupes Yo no quiero meter la pata En tus asuntos y problemas Y si me dejas, señorita Entrar en todos tus rincones Prometo no ser un hipócrita Estaré hasta el fin de los días No temas, que soy optimista. Si el corazón Es a tu fruta Soy yo el tazón Esto es la fiesta Nosotros el son.
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May 26, 2013
May 26, 2013 at 10:13 PM UTC
Elusive, Noisy Ode
Amor, una pregunta te ha destrozado. Yo he regresado a ti desde la incertidumbre con espinas. Te quiero recta como la espada o el camino. Pero te empeñas en guardar un recodo de sombra que no quiero. Amor mío, compréndeme, te quiero toda, de ojos a pies, a uñas, por dentro, toda la claridad, la que guardabas. Soy yo, amor mío, quien golpea tu puerta. No es el fantasma, no es el que antes se detuvo en tu ventana. Yo echo la puerta abajo: yo entro en toda tu vida: vengo a vivir en tu alma: tú no puedes conmigo. Tienes que abrir puerta a puerta, tienes que obedecerme, tienes que abrir los ojos para que busque en ellos, tienes que ver cómo ando con pasos pesados por todos los caminos que, ciegos, me esperaban. No me temas, soy tuyo, pero no soy el pasajero ni el mendigo, soy tu dueño, el que tú esperabas, y ahora entro en tu vida, para no salir más, amor, amor, amor, para quedarme.
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La pregunta
Llamarada de ayer, ceniza ahora, ya todo será en vano, como fijar el tiempo en una hora o retener el agua en una mano. Ah, pobre amor tardío, es tu sombra no más lo que regresa, porque si el vaso se quedó vacío nada importa que esté sobre la mesa. Pero quizás mañana, como este gran olvido es tan pequeño, pensaré en ti, cerrando una ventana, abriendo un libro o recordando un sueño... Tu amor ya está en mi olvido, pues, como un árbol en la primavera, si florece después de haber caído, no retoña después de ser hoguera; pero el alma vacía se complace evocando horas felices, porque el árbol da sombra todavía, después que se han secado sus raíces; y una ternura nueva me irá naciendo, como el pan del trigo: Pensar en ti una tarde, cuando llueva, o hacer un gesto que aprendí contigo. Y un día indiferente, ya en olvido total sobre mi vida, recordaré tus ojos de repente, viendo pasar a una desconocida...
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Tercer poema de la despedida
Luz mañanera de los lunes, esa que ilumina Aquel vago recuerdo estancado en la almohada. Un silbido sale de las botellas añejadas bajo la cama Y la silueta de lo que pudo ser prende un cigarrillo. Lúgubres desfiles en las tardes Donde las quejas son el primer acto. Las quejas de lo que nunca fui Y de lo que nunca seré. Acostada en la bañera con otra copa de vino Y algunas pastillas para dormir Ahogándome en el vacío que emanan de mis promesas. “Todo estará bien” me decía “es solo una etapa”. Cicatrices de inquilinas, arrojándome A un acantilado sin fondo. Adentro llovía todos los días y ya no sabía Como evitar que el agua entrara. No dormía ni comía Era un cuerpo vagando entre vivos. Ilusa la persona que creía poder salvarme Absurdo el pensar que podía salir de eso. Estaba en aquella tina contemplando desde mi ventana El vestido que me tejía la luna y allí Entre recuerdos, pastillas y alcohol Quise dejarme ir; liberarme de todo el suplicio Que jamás me dejo vivir, así que recite Las últimas palabras antes de dejar esta vida “Al fin, el fin”.
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Aug 3, 2015
Aug 3, 2015 at 6:54 PM UTC
El fin.
Como en la vaguedad de un espejismo: -¿qué sabes? -mi conciencia me interroga, fluïda en llanto entre mi propio abismo. Y miro el mar ardiente, el monte flavo que suaviza el azul, la estrella límpida rielando en el rocío del capullo; y en sus cunas los cándidos infantes, cazados con las redes del arrullo por el sueño de manos hechizantes. Y vuelto a mí, gimiendo el corazón: -¿qué sabes? -vanamente me interrogo, mudo, bajo la múltiple emoción. Sólo un saber escondo claro y justo; llévole como antorcha y como daga en medio del cerrado laberinto; en su vasta amplitud mi fe naufraga y hallo en su anchura incómodo recinto. Se oyen sordos, roncos lamentos, y alzan sus puños en el vacío los pensamientos. ¡Oh menguado saber, pobre riqueza de formas en imágenes trocadas, ley ondeante, ciencia que alucina, que cada noche en el silencio empieza y cada día con el sol culmina! ¡Oh menguado saber de la iracunda vida que ante mis ojos se renueva, germinal y cruël, ciega y profunda; madre de los mil partos y el misterio que al barro humilla y a Psiquis subleva! Como ventana que el azul del cielo circunscribe, se entreabren los sentidos. ¡Pobre, ruïn saber! Y, sin embargo, la leve mariposa del anhelo entra por la ventana sin ruïdos. Cuaja en el corazón de la manzana la dulzura estival; la mariposa vuela del fondo de la carne humana. ¡Que al claro cielo suba el anhelo! Por ese vuelo, la heredad natía canté, con ritmo del ideal retorno, en la ingenua parábola temprana. En el turquí del éter desleía un nácar tenue mi primer mañana. Por ese anhelo entre los acres pinos y las rosas en llamas del ocaso, al hablar dejo la palabra trunca: el tiempo es breve y el vigor escaso, y la Amada ideal no vino nunca. Por ese anhelo, en rimas balbucientes canto el rojo camino que a la tarde se pinta en la montaña evocadora, o a la vívida luz del sol temprano, como una obsesión conturbadora de sangre y sangre en el azul lejano. Y por él amo, en fin, y por él sueño con una honda transfusión divina de la luz en mi carne de tortura, ¡puesto que está la estrella vespertina sobre el horror de esta prisión oscura! Columpia el mar su cauda nacarina, y en ustorios relámpagos de espejos esplende en bruma de ópaco la carne de la ondina. Y fluye Acuarimántima a lo lejos...
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Acuarimántima iii
Como en la vaguedad de un espejismo: -¿qué sabes? -mi conciencia me interroga, fluïda en llanto entre mi propio abismo. Y miro el mar ardiente, el monte flavo que suaviza el azul, la estrella límpida rielando en el rocío del capullo; y en sus cunas los cándidos infantes, cazados con las redes del arrullo por el sueño de manos hechizantes. Y vuelto a mí, gimiendo el corazón: -¿qué sabes? -vanamente me interrogo, mudo, bajo la múltiple emoción. Sólo un saber escondo claro y justo; llévole como antorcha y como daga en medio del cerrado laberinto; en su vasta amplitud mi fe naufraga y hallo en su anchura incómodo recinto. Se oyen sordos, roncos lamentos, y alzan sus puños en el vacío los pensamientos. ¡Oh menguado saber, pobre riqueza de formas en imágenes trocadas, ley ondeante, ciencia que alucina, que cada noche en el silencio empieza y cada día con el sol culmina! ¡Oh menguado saber de la iracunda vida que ante mis ojos se renueva, germinal y cruël, ciega y profunda; madre de los mil partos y el misterio que al barro humilla y a Psiquis subleva! Como ventana que el azul del cielo circunscribe, se entreabren los sentidos. ¡Pobre, ruïn saber! Y, sin embargo, la leve mariposa del anhelo entra por la ventana sin ruïdos. Cuaja en el corazón de la manzana la dulzura estival; la mariposa vuela del fondo de la carne humana. ¡Que al claro cielo suba el anhelo! Por ese vuelo, la heredad natía canté, con ritmo del ideal retorno, en la ingenua parábola temprana. En el turquí del éter desleía un nácar tenue mi primer mañana. Por ese anhelo entre los acres pinos y las rosas en llamas del ocaso, al hablar dejo la palabra trunca: el tiempo es breve y el vigor escaso, y la Amada ideal no vino nunca. Por ese anhelo, en rimas balbucientes canto el rojo camino que a la tarde se pinta en la montaña evocadora, o a la vívida luz del sol temprano, como una obsesión conturbadora de sangre y sangre en el azul lejano. Y por él amo, en fin, y por él sueño con una honda transfusión divina de la luz en mi carne de tortura, ¡puesto que está la estrella vespertina sobre el horror de esta prisión oscura! Columpia el mar su cauda nacarina, y en ustorios relámpagos de espejos esplende en bruma de ópaco la carne de la ondina. Y fluye Acuarimántima a lo lejos...
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Por la alta noche, por la vida entera, de lágrima a papel, de ropa en ropa, anduve en estos días abrumados. Fui el fugitivo de la policía: y en la hora de cristal, en la espesura de estrellas solitarias, crucé ciudades, bosques, chacarerías, puertos, de la puerta de un ser humano a otro, de la mano de un ser a otro ser, a otro ser, Grave es la noche, pero el hombre ha dispuesto sus signos fraternales, y a ciegas por caminos y por sombras llegué a la puerta iluminada, al pequeño punto de estrella que era mío, al fragmento de pan que en el bosque los lobos no habían devorado.       Una vez, a una casa, en la campiña,       llegué de noche, a nadie       antes de aquella noche había visto,       ni adivinado aquellas existencias.       Cuanto hacían, sus horas       eran nuevas en mi conocimiento.       Entré, eran cinco de familia:       todos como en la noche de un incendio       se habían levantado.                                       Estreché una       y otra mano, vi un rostro y otro rostro,       que nada me decían: eran puertas       que antes no vi en la calle,       ojos que no conocían mi rostro,       y en la alta noche, apenas       recibido, me tendí al cansancio,       a dormir la congoja de mi patria. Mientras venía el sueño, el eco innumerable de la tierra con sus roncos ladridos y sus hebras de soledad, continuaba la noche, y yo pensaba: «Dónde estoy? Quiénes son? Por qué me guardan hoy? Por qué ellos, que hasta hoy no me vieron, abren sus puertas y defienden mi canto?». Y nadie respondía sino un rumor de noche deshojada, un tejido de grillos construyéndose: la noche entera apenas parecía temblar en el follaje. Tierra nocturna, a mi ventana llegabas con tus labios, para que yo durmiera dulcemente como cayendo sobre miles de hojas, de estación a estación, de nido a nido, de rama en rama, hasta quedar de pronto dormido como un muerto en tus raíces.
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El fugitivo
Por la alta noche, por la vida entera, de lágrima a papel, de ropa en ropa, anduve en estos días abrumados. Fui el fugitivo de la policía: y en la hora de cristal, en la espesura de estrellas solitarias, crucé ciudades, bosques, chacarerías, puertos, de la puerta de un ser humano a otro, de la mano de un ser a otro ser, a otro ser, Grave es la noche, pero el hombre ha dispuesto sus signos fraternales, y a ciegas por caminos y por sombras llegué a la puerta iluminada, al pequeño punto de estrella que era mío, al fragmento de pan que en el bosque los lobos no habían devorado.       Una vez, a una casa, en la campiña,       llegué de noche, a nadie       antes de aquella noche había visto,       ni adivinado aquellas existencias.       Cuanto hacían, sus horas       eran nuevas en mi conocimiento.       Entré, eran cinco de familia:       todos como en la noche de un incendio       se habían levantado.                                       Estreché una       y otra mano, vi un rostro y otro rostro,       que nada me decían: eran puertas       que antes no vi en la calle,       ojos que no conocían mi rostro,       y en la alta noche, apenas       recibido, me tendí al cansancio,       a dormir la congoja de mi patria. Mientras venía el sueño, el eco innumerable de la tierra con sus roncos ladridos y sus hebras de soledad, continuaba la noche, y yo pensaba: «Dónde estoy? Quiénes son? Por qué me guardan hoy? Por qué ellos, que hasta hoy no me vieron, abren sus puertas y defienden mi canto?». Y nadie respondía sino un rumor de noche deshojada, un tejido de grillos construyéndose: la noche entera apenas parecía temblar en el follaje. Tierra nocturna, a mi ventana llegabas con tus labios, para que yo durmiera dulcemente como cayendo sobre miles de hojas, de estación a estación, de nido a nido, de rama en rama, hasta quedar de pronto dormido como un muerto en tus raíces.
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