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"unieron" poems
Es cuestion de encontrarte de verte a los ojos y decirte lo que pienso y que sepas que desde la primera vez paso todo, fue solo un instante que no creo que recuerdes pero yo lo tengo marcado aqui en mi corazon La vida se vive de momentos y creo que ese fue uno de los mejores no puedo decirte en que minuto paso, pero fue fugaz en el que nuestras miradas se cruzaron, cuando las estrellas se cayeron mas cerca del cielo, cuando nos corazones se unieron No ha llegado el momento indicado en que te vuelva a ver no ha llegado el momento indicado en decirte lo que pasa por que solo unas palabras bastaran, para que tu puedas entender lo que por mi mente y corazon, lograste tu con tu poder Sin saber, con tu belleza sin igual con tus grandes y hermosos ojos solo quiero decirte algo, tengo corazon y es completamente tuyo.
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Aug 8, 2013
Aug 8, 2013 at 1:22 AM UTC
Una y otra vez
Viendo pasar las nubes fue pasando la vida, y tú, como una nube, pasaste por mi hastío. Y se unieron entonces tu corazón y el mío, como se van uniendo los bordes de una herida. Los últimos ensueños y las primeras canas entristecen de sombra todas las cosas bellas; y hoy tu vida y mi vida son como estrellas, pues pueden verse juntas, estando tan lejanas... Yo bien sé que el olvido, como un agua maldita, nos da una sed más honda que la sed que nos quita, pero estoy tan seguro de poder olvidar... Y miraré las nubes sin pensar que te quiero, con el hábito sordo de un viejo marinero que aún siente, en tierra firme, la ondulación del mar.
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Poema del olvido
Yo escribí cinco versos: uno verde, otro era un pan redondo, el tercero una casa levantándose, el cuarto era un anillo, el quinto verso era corto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura. Y bien, los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia, brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños. En una línea de mi poesía secaron ropa al viento. Comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salió de mi costado. Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas, y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes algunos como claveles con zapatos rojos, otros estrictamente vestidos de cadáveres, algunos partidarios del rey y su elevada monarquía, otros se habían enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses, sencillamente ingleses, y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos, con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a disputar mi pobre poesía a las sencillas gentes que la amaban: y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con cien alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petróleo, le dedicaron húmedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequeñas piedrecitas, fueron borrándole vocales, fueron matándole sílabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeño paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesía volvieron a vivir mujeres y hombres, de nuevo hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz y en el amor unieron relámpago y anillo. Y ahora, perdonadme, señores, que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.
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Oda a la crítica
Yo escribí cinco versos: uno verde, otro era un pan redondo, el tercero una casa levantándose, el cuarto era un anillo, el quinto verso era corto como un relámpago y al escribirlo me dejó en la razón su quemadura. Y bien, los hombres, las mujeres, vinieron y tomaron la sencilla materia, brizna, viento, fulgor, barro, madera y con tan poca cosa construyeron paredes, pisos, sueños. En una línea de mi poesía secaron ropa al viento. Comieron mis palabras, las guardaron junto a la cabecera, vivieron con un verso, con la luz que salió de mi costado. Entonces, llegó un crítico mudo y otro lleno de lenguas, y otros, otros llegaron ciegos o llenos de ojos, elegantes algunos como claveles con zapatos rojos, otros estrictamente vestidos de cadáveres, algunos partidarios del rey y su elevada monarquía, otros se habían enredado en la frente de Marx y pataleaban en su barba, otros eran ingleses, sencillamente ingleses, y entre todos se lanzaron con dientes y cuchillos, con diccionarios y otras armas negras, con citas respetables, se lanzaron a disputar mi pobre poesía a las sencillas gentes que la amaban: y la hicieron embudos, la enrollaron, la sujetaron con cien alfileres, la cubrieron con polvo de esqueleto, la llenaron de tinta, la escupieron con suave benignidad de gatos, la destinaron a envolver relojes, la protegieron y la condenaron, le arrimaron petróleo, le dedicaron húmedos tratados, la cocieron con leche, le agregaron pequeñas piedrecitas, fueron borrándole vocales, fueron matándole sílabas y suspiros, la arrugaron e hicieron un pequeño paquete que destinaron cuidadosamente a sus desvanes, a sus cementerios, luego se retiraron uno a uno enfurecidos hasta la locura porque no fui bastante popular para ellos o impregnados de dulce menosprecio por mi ordinaria falta de tinieblas, se retiraron todos y entonces, otra vez, junto a mi poesía volvieron a vivir mujeres y hombres, de nuevo hicieron fuego, construyeron casas, comieron pan, se repartieron la luz y en el amor unieron relámpago y anillo. Y ahora, perdonadme, señores, que interrumpa este cuento que les estoy contando y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.
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Es aroma tornasol Tus ojos color azul Desgracia y pasión Se unieron en mi voz Me quiebro por dentro De saber que invierto Lo que más quiero De saber que rompo Lo que más deseo
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Oct 31, 2014
Oct 31, 2014 at 2:52 PM UTC
Deseo
Que llueva con rabia, sin clemencia. Que apague con furia y aplaque el pavimento allá afuera. La hoja que resiste en el arbusto, que brilla la madrugada. Y que llore las calles y las lave, y limpie, y corroa, y corte, y sane la carne abierta. Que alargue las distancias y las sentencias. Que lapide, inunde y borre cada rincón que fue de nosotros y que, con arrogancia de amantes, le robamos al azar y al destino. Que el cielo llueva el llanto que no he podido llorar. Que restaure la separación de los cuerpos, y ahogue las risas, las miradas y los gestos. Que enfríe el vapor del cuerpo amado y enjuague el sudor del **** tibio. Y entierre las huellas que unieron nuestros caminos. Que traiga el tremor del olvido. Que pudra el amor mal amado del hombre cobarde, del hombre perdido.
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Apr 25, 2025
Apr 25, 2025 at 8:24 PM UTC
Llanto son lluvia
Y vi las sombras de los que fueron, en sus sepulcros, y así clamaron: «¡Ay, de los vientres que concibieron! ¡Ay, de los senos que amamantaron!» «La noche asperja los cielos de oro; mas cada estrella del ***** manto es una gota de nuestro lloro... ¿Verdad que hay muchas? ¡Lloramos tanto...!» «¡Ay, de los seres que se quisieron y en mala hora nos engendraron! ¡Ay, de los vientres que concibieron! ¡Ay, de los senos que amamantaron!» Hui angustiado, lleno de horrores; pero la turba conmigo huía, y con sollozos desgarradores su ritornello feroz seguía. «¡Ay, de los seres que se quisieron Y en mala hora nos engendraron! ¡Ay, de los vientres que concibieron! ¡Ay, de los senos que amamantaron!» Y he aquí los astros - ¡chispas de fraguas del viejo Cosmos! - que descendían y, al apagarse sobre las aguas, en hiel y absintio las convertían. Y a los fantasmas su voz unieron los Siete Truenos; estremecieron el Infinito y así clamaron: «¡Ay, de los vientres que concibieron! ¡Ay, de los senos que amamantaron!»
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Apocalíptica
Toda la noche he dormido contigo junto al mar, en la isla. Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño, entre el fuego y el agua. Tal vez muy tarde nuestros sueños se unieron en lo alto o en el fondo, arriba como ramas que un mismo viento mueve, abajo como rojas raíces que se tocan. Tal vez tu sueño se separó del mío y por el mar oscuro me buscaba como antes cuando aún no existías, cuando sin divisarte navegué por tu lado, y tus ojos buscaban lo que ahora -pan, vino, amor y cólera- te doy a manos llenas porque tú eres la copa que esperaba los dones de mi vida. He dormido contigo toda la noche mientras la oscura tierra gira con vivos y con muertos, y al despertar de pronto en medio de la sombra mi brazo rodeaba tu cintura. Ni la noche, ni el sueño pudieron separarnos. He dormido contigo y al despertar tu boca salida de tu sueño me dio el sabor de tierra, de agua marina, de algas, del fondo de tu vida, y recibí tu beso mojado por la aurora como si me llegara del mar que nos rodea.
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La noche en la isla
como un grito finito como un pedazo escaso como un vuelo de piedra de luz encadenada desato mis caballos y anudo mi paciencia las voces de la noche levantan sus dos voces las ramas de la noche levantan sus dos voces y miro el cielo abierto girar en su estupor en su furor sereno devienen más desastres y se desencadenan las bestias del amor y cantan y no cocen maquiavélicos sastres que unieron sin hilván tu corazón y el mío y ligaron sus suertes con bárbaras dulzuras sin decir que hace miedo hace hambre hace frío y eso corrompe y mata las dulces ligaduras esos bárbaros sastres atan las destrucciones y rezan a escondidas a los pies de Satán y revientan de un golpe los dulces corazones y se beben la sangre y se ríen y se van esos demonios negros como tu amor y el mío con sus pústulas tiernas y su pura indecencia desato mis caballos levantan sus dos sones y miro el cielo abierto tu corazón y el mío sin decir que hace miedo atan sus destrucciones y revientan de un golpe hace hambre hace frío
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Sertimientos
Pasaba arrolladora en su hermosura     y el paso le dejé; ni aun a mirarla me volví y, no obstante, algo a mi oído murmuró: -Esa es.   ¿Quién reunió la tarde a la mañana?     Lo ignoro; sólo sé que en una breve noche de verano se unieron los crepúsculos, y... fue.
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Rima xxxii