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"transitorias" poems
Son más fuertes que un ying yang en persona Son más peculiares que los cuarenta de un ladrón superstar Cuál es el derecho para contener su respiro? Darle vida a sus cuerpos entendiendo este suceso Mágica antisincronía poder aceptar su gracia físico privilegio poder observarlas [debe ser su brisa]
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Oct 4, 2009
Oct 4, 2009 at 1:24 PM UTC
Transitorias [only one night]
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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Oda al vino
Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra, vino, liso como una espada de oro, suave como un desordenado terciopelo, vino encaracolado y suspendido, amoroso, marino, nunca has cabido en una copa, en un canto, en un hombre, coral, gregario eres, y cuando menos, mutuo. A veces te nutres de recuerdos mortales, en tu ola vamos de tumba en tumba, picapedrero de sepulcro helado, y lloramos lágrimas transitorias, pero tu hermoso traje de primavera es diferente, el corazón sube a las ramas, el viento mueve el día, nada queda dentro de tu alma inmóvil. El vino mueve la primavera, crece como una planta la alegría, caen muros, peñascos, se cierran los abismos, nace el canto. Oh tú, jarra de vino, en el desierto con la sabrosa que amo, dijo el viejo poeta. Que el cántaro de vino al beso del amor sume su beso. Amor mío, de pronto tu cadera es la curva colmada de la copa, tu pecho es el racimo, la luz del alcohol tu cabellera, las uvas tus pezones, tu ombligo sello puro estampado en tu vientre de vasija, y tu amor la cascada de vino inextinguible, la claridad que cae en mis sentidos, el esplendor terrestre de la vida. Pero no sólo amor, beso quemante o corazón quemado eres, vino de vida, sino amistad de los seres, transparencia, coro de disciplina, abundancia de flores. Amo sobre una mesa, cuando se habla, la luz de una botella de inteligente vino. Que lo beban, que recuerden en cada gota de oro o copa de topacio o cuchara de púrpura que trabajó el otoño hasta llenar de vino las vasijas y aprenda el hombre oscuro, en el ceremonial de su negocio, a recordar la tierra y sus deberes, a propagar el cántico del fruto.
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Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina de la miseria y los miserables de las ausencias transitorias y las definitivas defender la alegría como un principio defenderla del pasmo y las pesadillas de los neutrales y de los neutrones de las dulces infamias y los graves diagnósticos defender la alegría como una bandera defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas de la retórica y los paros cardiacos de las endemias y las academias defender la alegría como un destino defenderla del fuego y de los bomberos de los suicidas y los homicidas de las vacaciones y del agobio de la obligación de estar alegres defender la alegría como una certeza defenderla del óxido y la roña de la famosa pátina del tiempo del relente y del oportunismo de los proxenetas de la risa defender la alegría como un derecho defenderla de dios y del invierno de las mayúsculas y de la muerte de los apellidos y las lástimas del azar                   y también de la alegría
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Defensa de la alegría
No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres, cosas vivas, transitorias. (Unidas sois un acorde de la eternidad; dispersas -nota a nota, nombre a nombre, fecha a fecha-, vais muriendo al son del tiempo que corre). No tengo miedo nombraros. Qué importa que no le importen al que viva, cuando yo haya muerto, vuestros nombres. Qué importa que rían cuando escuchen mis sinrazones. Vosotras sois lo que sois para mí: mágico bosque perecedero, campanas que regaláis vuestros sones sólo al que os golpea. Cómo darlos al que no os oye, fundir para sus oídos metal que el instante rompe, metal que funde el instante para un instante del hombre. No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres. Sé que podría fingiros eternidad. Vero adonde elevaros, arrojaros, hundiros en qué horizonte. Por qué arrancaros los pétalos que la lluvia descompone. Mías sois, cosas fugaces, bajo marchitables nombres Actos, instantes que el viento curva, azota, araña, rompe; suma ardiente de relámpagos, rueda de locos colores. Otoños de pensamientos sucesivos, liman, roen vuestra realidad, la esfuman como el sueño en el insomne. Pero sois yo, soy vosotras, astro viejo en vuestro orbe perecedero, almas, alma. Orquesta de ruiseñores, soñáis al alba el recuerdo de vuestro canto de anoche. Nombraros ¿no es poseeros para siempre, cosas, nombres?
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Nombrar perecedero
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Oct 17, 2017
Oct 17, 2017 at 4:00 PM UTC
Yo trate (pero no podía)
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Adelante, le dije, y entró el buen caballero de la muerte. Era de plata verde su armadura y sus ojos eran como el agua marina. Sus manos y su rostro eran de trigo. Habla, le dije, caballero Jorge, no puedo oponer sino el aire a tus estrofas. De hierro y sombra fueron, de diamantes oscuros y cortadas quedaron en el frío de las torres de España, en la piedra, en el agua, en el idioma. Entonces, él me dijo: «Es la hora de la vida. Ay si pudiera morder una manzana, tocar la polvorosa suavidad de la harina. Ay si de nuevo el canto… No a la muerte daría mi palabra… Creo que el tiempo oscuro nos cegó el corazón y sus raíces bajaron y bajaron a las tumbas, comieron con la muerte. Sentencia y oración fueron las rosas de aquellas enterradas primaveras y, solitario trovador, anduve callado en las moradas transitorias: todos los pasos iban a una solemne eternidad vacía. Ahora me parece que no está solo el hombre. En sus manos ha elaborado como si fuera un duro pan, la esperanza, la terrestre esperanza». Miré y el caballero de piedra era de aire. Ya no estaba en la silla. Por la abierta ventana se extendían las tierras, los países, la lucha, el trigo, el viento. Gracias, dije, don Jorge, caballero. Y volví a mi deber de pueblo y canto.
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Oda a don jorge manrique