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"tocaron" poems
enterraron tus huesos, pero no lo que había dentro de ellos. enterraron tus huesos, pero no te enterraron, no pudieron enterrar tu luz, ni tu amor, ni la historia que tu vida contó. no te enterraron, no pudieron enterrar tu risa, tu canción, los recuerdos que guardan aquellos que te aman. enterraron tus huesos, pero no te enterraron, no pudieron enterrarte porque tú no estás ahí, en esas casas de tierra. tú estás en los corazones de los que te amaron, en los rostros de tus hijos, en los ojos de tus nietos. tú estás en las palabras que dijiste, en los lugares que tocaron tus pies. tu estás en todas partes.
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Apr 5, 2018
Apr 5, 2018 at 10:08 PM UTC
en todas partes
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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Oda a las cosas
Amo las cosas loca, locamente. Me gustan las tenazas, las tijeras, adoro las tazas, las argollas, las soperas, sin hablar, por supuesto, del sombrero. Amo todas las cosas, no sólo las supremas, sino las infinita- mente chicas, el dedal, las espuelas, los platos, los floreros. Ay, alma mía, hermoso es el planeta, lleno de pipas por la mano conducidas en el humo, de llaves, de saleros, en fin, todo lo que se hizo por la mano del hombre, toda cosa; las curvas del zapato, el tejido, el nuevo nacimiento del oro sin la sangre, los anteojos, los clavos, las escobas, los relojes, las brújulas, las monedas, la suave suavidad de las sillas. Ay cuántas cosas puras ha construido el hombre: de lana, de madera, de cristal, de cordeles, mesas maravillosas, navíos, escaleras. Amo todas las cosas, un porque sean ardientes o fragantes, sino porque no sé, porque este océano es el tuyo, es el mío: los botones, las ruedas, los pequeños tesoros olvidados, los abanicos en cuyos plumajes desvaneció el amor sus azahares, las copas, los cuchillos, las tijeras, todo tiene en el mango, en el contorno, la huella de unos dedos, de una remota mano perdida en lo más olvidado del olvido. Yo voy por casas, calles, ascensores, tocando cosas, divisando objetos que en secreto ambiciono: uno porque repica, otro porque es tan suave como la suavidad de una cadera, otro por su color de agua profunda, otro por su espesor de terciopelo. Oh río irrevocable de las cosas, no se dirá que sólo amé los peces, o las plantas de selva y de pradera, que no sólo amé lo que salta, sube, sobrevive, suspira. No es verdad: muchas cosas me lo dijeron todo. No sólo me tocaron o las tocó mi mano, sino que acompañaron de tal modo mi existencia que conmigo existieron y fueron para mí tan existentes que vivieron conmigo media vida y morirán conmigo media muerte.
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Dicen que nació del polvo de una estrella su madre la luna y el padre era el sol. Era de cabellos dorados tenia la piel blanca creció jugando también soñando se lleno de fantasias su alma siguió bailando su cuerpo se quedo intacto seguia siendo el niño de la luna. Alguien lo esperaba en un cohete a tierra pero el nunca tomo el vuelo ahora debía ser mas fuerte. Una noche estrellada una voz femenina lo llamaba era la vida vestida de astronauta lo arropo y luego lo lanzo. Cuando el niño fue atraído por la gravedad y sus pies tocaron tierra, sus pulmones se llenaron de aire y su mente de nuevas ideas.
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Nov 22, 2017
Nov 22, 2017 at 1:52 AM UTC
El niño de la Luna
Nuestra pasión fue un trágico sainete     en cuya absurda fábula lo cómico y lo grave  confundidos     risas y llanto arrancan. Pero fue lo peor de aquella historia     que al fin de la jornada a ella tocaron lágrimas y risas     y a mí, sólo las lágrimas.
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Rima xxxi
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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Lánguidamente su licor
Tendríamos ya una edad misericordiosa, cuando mi padre ordenó nuestro ingreso a la escuela. Cura de amor, una tarde lluviosa de febrero, mamá servía en la cocina el yantar de oración. En el corredor de abajo, estaban sentados a la mesa mi padre y mis hermanos mayores. Y mi madre iba sentada al pie del mismo fuego del hogar. Tocaron a la puerta. -Tocan a la puerta! -mi madre. -Tocan a la puerta! -mi propia madre. -Tocan a la puerta! -dijo toda mi madre, tocándose las entrañas a trastes infinitos, sobre toda la altura de quien viene. -Anda, Nativa, la hija, a ver quien viene. Y, sin esperar la venia maternal, fuera Miguel, el hijo, quien salió a ver quién venia así, oponiéndose a lo ancho de nosotros. Un tiempo de rúa contuvo a mi familia. Mama salió, avanzando inversamente y como si hubiera dicho: las partes. Se hizo patio afuera. Nativa lloraba de una tal visita, de un tal patio y de la mano de mi madre. Entonces y cuando, dolor y paladar techaron nuestras frentes. -Porque no le deje que saliese a la puerta, -Nativa, la hija-, me ha echado Miguel al pavo. A su pavo. ¡Qué diestra de subprefecto, la diestra del padre, revelando, el hombre, las falanjas filiales del niño! Podía así otorgarle las venturas que el hombre deseara más tarde. Sin embargo: -Y mañana, a la escuela, -disertó magistralmente el padre, ante el público semanal de sus hijos. -Y tal, la ley, la causa de la ley. Y tal también la vida. Mamá debió llorar, gimiendo a penas la madre. Ya nadie quiso comer. En los labios del padre cupo, para salir rompiéndose, una fina cuchara que conozco. En las fraternas bocas, la absorta amargura del hijo, quedó atravesada. Mas, luego, de improviso, salió de un albañal de aguas llovedizas y de aquel mismo patio de la visita mala, una gallina, no ajena ni ponedora, sino brutal y negra. Cloqueaba en mi garganta. Fue una gallina vieja, maternalmente viuda de unos pollos que no llegaron a incubarse. Origen olvidado de ese instante, la gallina era viuda de sus hijos. Fueron hallados vacíos todos los huevos. La clueca después tuvo el verbo. Nadie la espantó. Y de espantarla, nadie dejó arrullarse por su gran calofrío maternal. -¿Dónde están los hijos de la gallina vieja? -¿Dónde están los pollos de la gallina vieja? ¡Pobrecitos! ¡Dónde estarían!
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¿se fue por el aire o era una invención de cuello verde Isidoro Ducasse de Lautréamont se fue por el aire o era: una invención de cuello verde un Isidoro del otro amor que comía rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias y erguía entonces su valor y reemplazaba la desdicha por unos cuantos resplandores el sudamericano magnífico de algas en la boca ¿dónde encontraba resplandores? los encontró en rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias que le tocaron corazón como se dice lo pudrieron desesperaron atristaron se lo vio como un pajarito en Canelones y Boul' Mich' pasear a la Melanco Lía como una noviecita pura disimulando violaciones cometidas en el quartier "oh dulce novia" le decía clavándola contra sus brazos abiertos y una especie de mar le salía a Lautréamont por la mirada por la boca por las muñecas por la nuca "a ver cómo te mueres" le decía "bella" le decía mientras la amaba especialmente y la desarmaba en París como una fiesta como un fuego ayer crepita todavía en un cuarto de Poissonières que huele a suda mericano ea Ducasse Latréamont montevideano ea ea en vide o monte de ta mort parecía una bola de oro una calor desenvainada la tristeza decapitó la furia desenfureció se fue por el aire o era un Isidoro Ducasse muerto solamente por esta vez o como lluvia de otro amor mojó a Nuestra Dama de la Comuna armada y amada con la belleza que subía de su cuello verde podrido en mil nueve sesentisiete por la barranca de los loros se lo oyó como que volaba o parecía crepitar contra la selva agujereada los desesperos del país las melancolías más gordas pero fue el otro que cayó solamente por esta vez mientras Ducasse descansaba en un campamento de sombras
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Sudamericanos
¿se fue por el aire o era una invención de cuello verde Isidoro Ducasse de Lautréamont se fue por el aire o era: una invención de cuello verde un Isidoro del otro amor que comía rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias y erguía entonces su valor y reemplazaba la desdicha por unos cuantos resplandores el sudamericano magnífico de algas en la boca ¿dónde encontraba resplandores? los encontró en rostros podridos melancolías desesperos penas blanquitas tristes furias que le tocaron corazón como se dice lo pudrieron desesperaron atristaron se lo vio como un pajarito en Canelones y Boul' Mich' pasear a la Melanco Lía como una noviecita pura disimulando violaciones cometidas en el quartier "oh dulce novia" le decía clavándola contra sus brazos abiertos y una especie de mar le salía a Lautréamont por la mirada por la boca por las muñecas por la nuca "a ver cómo te mueres" le decía "bella" le decía mientras la amaba especialmente y la desarmaba en París como una fiesta como un fuego ayer crepita todavía en un cuarto de Poissonières que huele a suda mericano ea Ducasse Latréamont montevideano ea ea en vide o monte de ta mort parecía una bola de oro una calor desenvainada la tristeza decapitó la furia desenfureció se fue por el aire o era un Isidoro Ducasse muerto solamente por esta vez o como lluvia de otro amor mojó a Nuestra Dama de la Comuna armada y amada con la belleza que subía de su cuello verde podrido en mil nueve sesentisiete por la barranca de los loros se lo oyó como que volaba o parecía crepitar contra la selva agujereada los desesperos del país las melancolías más gordas pero fue el otro que cayó solamente por esta vez mientras Ducasse descansaba en un campamento de sombras
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