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"suplicio" poems
Yo quiero ser la otra: La que escondes de noche, La de paseos en coche, La de cosas prohibidas, Quiero ser la querida: Por siempre tu derroche, Cómplice en tus huidas, La que lame tus heridas Y sabe mirarte a los ojos (Cuando ni tú mismo te reconoces,) Jamás ser la oficial, Ni la de la silla presidencial, Ni la santísima catedral, Yo: Yo quiero ser templo escondido, En medio de la sombra del suplicio, A donde llegas hambriento y cansado A ofrecer tu sacrificio, Tu amor Sin derechos, ni beneficios... Caemos lentamente al precipicio, Donde dicen que de allá uno jamás vuelve, Una sombra roja nos envuelve, Dicen que ahí es donde los pecados se absuelven, Ahí, donde te conocí, En ese bar de mala muerte, De la mano de aquel con el alma rota... Yo quiero ser la otra.
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Oct 3, 2016
Oct 3, 2016 at 4:11 AM UTC
La Otra
Cuento mucho todo y nada ,asi empezo la tonada con el mar que hay en tus labios, y el desierto de mi boca podemos hacer que un rio corra hasta por las mas secas praderas Dime si estas jugando porque para mi es serio no se como lo hiciste , pero de mi conciencia te deshiciste lograste poner todo al revez ahora soy yo la que no sabe ni leer No se que pasaria si manana no te encuentro se oiria mi suplicio, mi tortura y mi lamento, y es que te has convertido en el aire que respiro, no se como ni donde pero sin avisar llego a mi como, tornado revolviendo y destrullendo todo lo que encontro a su paso Y es que te has convertido en parte de mi alma eres dueno de mi corazon, de mis suenos y mis primaveras como podria olvidarte, como podria arrancarte si te arranco me arranco el corazon y si te borro me muero de dolor. Siempre seras parte de mi......
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Feb 27, 2012
Feb 27, 2012 at 8:30 PM UTC
Contigo en la distancia
Luz mañanera de los lunes, esa que ilumina Aquel vago recuerdo estancado en la almohada. Un silbido sale de las botellas añejadas bajo la cama Y la silueta de lo que pudo ser prende un cigarrillo. Lúgubres desfiles en las tardes Donde las quejas son el primer acto. Las quejas de lo que nunca fui Y de lo que nunca seré. Acostada en la bañera con otra copa de vino Y algunas pastillas para dormir Ahogándome en el vacío que emanan de mis promesas. “Todo estará bien” me decía “es solo una etapa”. Cicatrices de inquilinas, arrojándome A un acantilado sin fondo. Adentro llovía todos los días y ya no sabía Como evitar que el agua entrara. No dormía ni comía Era un cuerpo vagando entre vivos. Ilusa la persona que creía poder salvarme Absurdo el pensar que podía salir de eso. Estaba en aquella tina contemplando desde mi ventana El vestido que me tejía la luna y allí Entre recuerdos, pastillas y alcohol Quise dejarme ir; liberarme de todo el suplicio Que jamás me dejo vivir, así que recite Las últimas palabras antes de dejar esta vida “Al fin, el fin”.
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Aug 3, 2015
Aug 3, 2015 at 6:54 PM UTC
El fin.
Albergo, en el rigor de mi memoria Flashes que abundan entre nosotros Cada vez que os recuerdo entera y viva. Tu estela elevaba el calor, mientras expuestos ante el encuentro propicio Aquel caótico y asimétrico suplicio. Sazón de cuatro copas de vino, marcaron la noche, cuando la luna bajaba sincera Y hace de testigo compañera. Frente al humo, una unión cinética Entre la música y las danzas artísticas. Un acorde de guitarra, el sutil indicio de una bailarina boyante, en su estela aquella noche marinera. Entre un tango melancólico Un opus magnético, la grandiosa sinfonía. No le pidas al caminante Que olvide fácilmente El calor de los labios, la fuerza de tu aura Esa tántrica melodía. Aquel prefacio, una fusión de opuestos Que cuando atraen El magnetismo sabe hacer clima Prolongando el éxtasis en el tiempo. Ese recuerdo que albergo Me ha servido de sustento Para continuar trazando la ruta El camino por recorrer Que el viajero emprende En busca de la verdad y la vida Que encuentro en la poesía De esta proclama, un pronunciamiento Cada vez que el recuerdo de un amor Ha de servir para amar al presente y el mundo.
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Oct 7, 2013
Oct 7, 2013 at 1:10 PM UTC
Cada vez que recuerdo (Each time I remember)
Hace ya tiempo... (era yo poeta. Tiempo divino de cantar y de soñar lo esperado y lo perdido. Cristal de viejos reflejos, tornasolado prodigio, álamo esbelto que alzaba al cielo su verde grito primaveral...) Hace tiempo -divino tiempo- me dijo que le escribiera unos versos a sus senos..             Nunca ha sido, nunca jamás podrá ser el poema concluido. Hay cosas grandes, bellezas para las que no hay cobijo en las palabras. Hay cosas cuyo nombre no decimos para no mancharlas.                                 Miro hacia atrás. Era yo entonces poeta (serlo es sentirnos iluminados) No supe hallar el nombre preciso, la cifra que concretara tanta hermosura. (Me dijo que le escribiera unos versos a sus senos...) No he podido hallar la palabra exacta, lograr el nombre preciso. Yo, poeta sin palabras, dado a los malabarismos de las palabras, buscaba rimas, imágenes, ritmos. Cazador de aves retóricas: «palomas de tibios picos», «cimas de nieve con sol poniente», «gemelos lirios», «pararrayos de lo rosa», «redondas piedras de río», «fruto al que arrancan los pájaros sus dulzores encendidos». Yo era poeta. Sentía, soñaba. Tiempo divino de sentir y de soñar. Y ser poeta es vestirnos túnicas de luz, oír la voz que nos va trazando todos los caminos. Soñar sin saber cantar. Errar por el laberinto. Pero ahora que sé cantar ya es imposible el prodigio. Ahora ya no sé soñar. Cayó la antorcha al abismo. Todo pasa en torno, y todo halla el corazón marchito. Todo es una imagen muerta en el fondo de mi río. Una brisa que conmueve trigos que no son mis trigos. Alba que toca el ocaso. Ya no soy rey de mí mismo. Caído de mi alto trono, sin resurrección, hundido en las cavernas que el tiempo cavó para mi suplicio.
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Unos versos pedidos
Hace ya tiempo... (era yo poeta. Tiempo divino de cantar y de soñar lo esperado y lo perdido. Cristal de viejos reflejos, tornasolado prodigio, álamo esbelto que alzaba al cielo su verde grito primaveral...) Hace tiempo -divino tiempo- me dijo que le escribiera unos versos a sus senos..             Nunca ha sido, nunca jamás podrá ser el poema concluido. Hay cosas grandes, bellezas para las que no hay cobijo en las palabras. Hay cosas cuyo nombre no decimos para no mancharlas.                                 Miro hacia atrás. Era yo entonces poeta (serlo es sentirnos iluminados) No supe hallar el nombre preciso, la cifra que concretara tanta hermosura. (Me dijo que le escribiera unos versos a sus senos...) No he podido hallar la palabra exacta, lograr el nombre preciso. Yo, poeta sin palabras, dado a los malabarismos de las palabras, buscaba rimas, imágenes, ritmos. Cazador de aves retóricas: «palomas de tibios picos», «cimas de nieve con sol poniente», «gemelos lirios», «pararrayos de lo rosa», «redondas piedras de río», «fruto al que arrancan los pájaros sus dulzores encendidos». Yo era poeta. Sentía, soñaba. Tiempo divino de sentir y de soñar. Y ser poeta es vestirnos túnicas de luz, oír la voz que nos va trazando todos los caminos. Soñar sin saber cantar. Errar por el laberinto. Pero ahora que sé cantar ya es imposible el prodigio. Ahora ya no sé soñar. Cayó la antorcha al abismo. Todo pasa en torno, y todo halla el corazón marchito. Todo es una imagen muerta en el fondo de mi río. Una brisa que conmueve trigos que no son mis trigos. Alba que toca el ocaso. Ya no soy rey de mí mismo. Caído de mi alto trono, sin resurrección, hundido en las cavernas que el tiempo cavó para mi suplicio.
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En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Muerte sin fin
En el rigor del vaso que la aclara, el agua toma forma -ciertamente. Trae una sed de siglos en los belfos, una sed fría, en ***** que ara cauces en el sueño moroso de la tierra, que perfora sus miembros florecidos, como una sangre cáustica, incendiándolos, ay, abriendo en ellos desapacibles úlceras de insomnio. Más amor que sed; más que amor, idolatría, dispersión de criatura estupefacta ante el fulgor que blande -germen del trueno olímpico- la forma en sus netos contornos fascinados. ¡Idolatría, sí idolatría! Mas no le basta el ser un puro salmo, un ardoroso incienso de sonido; quiere, además, oírse. Ni le basta tener sólo reflejos -briznas de espuma para el ala de luz que en ella anida; quiere, además, un tálamo de sombra, un ojo, para mirar el ojo que la mira. En el lago, en la charca, en el estanque, en la entumida cuenca de la mano, se consuma este rito de eslabones, este enlace diabólico que encadena el amor a su pecado. En el nítido rostro sin facciones el agua, poseída, siente cuajar la máscara de espejos que el dibujo del vaso le procura. Ha encontrado, por fin, en su correr sonámbulo, una bella, puntual fisonomía. Ya puede estar de pie frente a las cosas. Ya es ella también, aunque por arte de estas limpias metáforas cruzadas, un encendido vaso de figuras. El camino, la barda, los castaños, para durar el tiempo de una muerte gratuita y prematura, pero bella, ingresan por su impulso en el suplicio de la imagen propia y en medio del jardín, bajo las nubes, descarnada lección de poesía, instalan un infierno alucinante.
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Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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¡oh, tú!
Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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UNIDOS Unidos desde la cabeza, Unidos desde el centro, Unidos a pesar de la distancia, A pesar de la rabia, A pesar de las ignominias, A pesar de jardines donde ya no crecen gardenias, A pesar de la bullosa y molestosa lluvia, Unidos a pesar facineroso tiempo. Unidos desde antes de conocernos, Unidos por decreto, Unidos aunque nos arrope el calor de otro cuerpo, Aunque nos arrebaten el silencio, Unidos por aquel nido de amor, Unidos porque así lo decidió Dios. Unidos a pesar de nuestro martirio. Ese suplicio de buscar nuestro amor en los rincones de nuestro espíritu... En pensamientos que reviven esa insaciable hambre por nuestra carne, despejándonos por completo en la menudencia de nuestra cama, dejando la pesadez en largos besos que dejaban calma. Unidos porque no hay un tu sin mí, ni un yo sin ti. Unidos por la misma vena Orta, porque mi vocablo está basado en tu abecedario, porque el diario vivir sin este amor - hace daño, porque se ha esfumado el resplandor de nuestros ojos, porque sin ti, mi celebro lo tengo de lujo, porque esta distancia nos hace siameses, muy a pesar de que las horas se conviertan meses a pesar del frio que siente mi alcoba, siento tu calor peregrinando en mi alma y nuevamente recuerdo que estamos unidos desde la mente, el corazón y la garganta. LeydisProse 10/12/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Oct 12, 2018
Oct 12, 2018 at 2:57 PM UTC
UNIDOS
Como ella era cristiana; como la nívea frente Negose ante los Ídolos a inclinar reverente; Como olvidar no quiso sus creencias primeras, El Pretor dio la orden de entregarla a las fieras. y como ante los ojos impuros del Pretor Sus mejillas de virgen tiñéronse en rubor, Para hacer la sentencia más inhumana y ruda, Ordenó que al suplicio la llevaran desnuda. Desnuda, y con la blonda cabellera cubriendo El seno, baja al circo. De su cubil, rugiendo, Un *** salta rápido, y avanza por la arena Hacia la casta virgen, blanca como azucena... y ve el pueblo con júbilo temblar como una hoja. Toda aquella blancura junto a la jeta roja. Aprieta sobre el seno la blonda cabellera, y tranquila, el zarpazo que ha de matarla espera. El circo estremecerse de gozo parecía, y en tanto que la fiera la enorme boca abría. *** dijo la virgen. Entonces, suavemente, Se le vio que en el polvo doblegaba la frente, Mientras ella, temblando, se postraba de hinojos... y al mirarla desnuda cerró el *** los ojos.
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El ***
Si gobernar provincias y legiones ambicioso pretendes, ¡oh Licino!, procura que el favor y el desatino aseguren de infames tus acciones. No merezca ninguno las prisiones mejor que tú; pues cuanto más vecino al suplicio te vieres, el destino más te apresurará las elecciones. Felices son y ricos los pecados: ellos dan los palacios suntuosos, llueven el oro, adquieren los estados. Alábanse los hombres virtuosos; mas, para lo que viven alabados, quien los alaba elige los viciosos.
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El pecar intercede por los premios, prefiriéndose a la virtud
Soy el mendigo cósmico y mi inopia es la suma de todos los voraces ayunos pordioseros; mi alma y mi carne trémulas imploran a la espuma del mar y al simulacro azul de los luceros. El cuervo legendario que nutre al cenobita vuela por mi Tebaida sin dejarme su pan, otro cuervo transporta una flor inaudita, otro lleva en el pico a la mujer de Adán, y sin verme siquiera, los tres cuervos se van. Prosigue descubriendo mi pupila famélica más panes y más lindas mujeres y más rosas en el bando de cuervos que en la jornada célica sus picos atavía con las cargas preciosas, y encima de mi sacro apetito no baja sino un pétalo, un rizo prófugo, una migaja. Saboreo mi brizna heteróclita, y siente mi sed la cristalina nostalgia de la fuente, y la pródiga vida se derrama en el falso festín y en el suplicio de mi hambre creciente como una cornucopia se vuelca en un cadalso.
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El mendigo