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"sugiere" poems
Tu transmigración será ir de cama en cama, durmiendo raros sueños parejos al segundo ocaso, de las fábricas del tiempo verás el eterno paso y serás como una vana sombra urdida por el karma. El misterio de la identidad es sostenido por las divinas piezas que forman la memoria. el cerebro, único amanuense de la historia rapsodia el ser que miente lo que has sido. En el vino que es nepente y en el delirio del mezcal buscaste el rostro que tenías antes de crearse el mundo, y aunque la fiera enferma te convoque a lo profundo no evitarás esa sustancia doble como lago de sal: La voluntad.  Su potencia sugiere el arte o la copulación y su tremendo motor vuelca decadencia en apogeo, no escapan de su orbe las horas diseñadas por Morfeo y su caravana te escolta de la abulia a la revelación. Todos los días sos otro. Sin embargo, hay algo que te pertenece: la idea de la luna, el amor y la amistad, la música, los dones y la fantasía.                                                                      a Pascal Quignard
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May 11, 2015
May 11, 2015 at 1:15 AM UTC
Las sombras errantes
Es decir la miraba         porque ella se ocultó tras el biombo de nubes y todo porque muchos amantes de este mundo le dieron sutilmente el olivo con su brillo reticente la luna durante siglos consiguió transformar el vientre amor en garufa cursilínea la injusticia terrestre en dolor lapizlázuli cuando los amantes ricos la miraban desde sus tedios y sus pabellones satelizaba de lo lindo y oía que la luna era un fenómeno cultural pero si los amantes pobres la contemplaban desde su ansiedad o desde sus hambrunas entonces la menguante entornaba los ojos porque tanta miseria no era para ella hasta que una noche casualmente de luna con murciélagos suaves         con fantasmas y todo esos amantes pobres se miraron a dúo dijeron         no va más         al carajo selene se fueron a su cama de sábanas gastadas con acre olor a **** deslunado su camanido de crujiente vaivén y libres para siempre de la luna lunática fornicaron al fin como dios manda o mejor dicho como dios sugiere.
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Hombre que mira la luna
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Una de las lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el **** de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas. Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales. Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". Él dice: "Alud", y ella tiernamente: "Abismo". Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna". Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor. Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa. Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". Él dice: "Tañido", y ella: "Rebato". Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
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El **** de los ángeles
Una de las lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el **** de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales. Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas. Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales. Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Ángela, para atizarlo, responde: "Surco". Él dice: "Alud", y ella tiernamente: "Abismo". Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos. Ángel dice: "Madero". Y Ángela: "Caverna". Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor. Él dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca". Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa. Ángel dice: "Estoque", y Ángela, radiante: "Herida". Él dice: "Tañido", y ella: "Rebato". Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.
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En el recogimiento de la tarde que muere, entre las imprecisas brumas crepusculares, cada jirón de sombras cobra vida, y sugiere vaporosas siluetas familiares. En la brisa que pasa, parece que suspira la virgen de ojos claros que aún sueña en mi regreso; el rumor de las frondas abre el ala de un beso, y desde aquella estrella, alguien me mira… Allá, entre la alameda, se perfila la sombra grácil de la mujer que amé más en la vida, y en la voz de la fuente vibra una voz querida, que en su canción de oro y cristal me nombra… Todo canta, a esa hora, la canción olvidada, todo sueña el ensueño que quedó trunco un día, y verdece de nuevo la ilusión agostada, ebria de fe, de ardor y de armonía… Y entre la sutil bruma de prestigios de incienso que exalta mis recuerdos y mi melancolía, en la paz de este parque abandonado, pienso en la mujer que nunca será mía.
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Poema crepuscular