"sedienta" poems
Cantan los niños
En la noche quieta:
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Qué tiene tu divino
Corazón en fiesta?Un doblar de campanas,
Perdidas en la niebla.
Ya nos dejas cantando
En la plazuela.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Qué tienes en tus manos
De primavera?
Una rosa de sangre
Y una azucena.
Mójalas en el agua
De la canción añeja.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Qué sientes en tu boca
Roja y sedienta?
El sabor de los huesos
De mi gran calavera.
Bebe el agua tranquila
De la canción añeja.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Por qué te vas tan lejos
De la plazuela?
¡Voy en busca de magos
Y de princesas!
¿Quién te enseñó el camino
De los poetas?
La fuente y el arroyo
De la canción añeja.
¿Te vas lejos, muy lejos
Del mar y de la tierra?
Se ha llenado de luces
Mi corazón de seda,
De campanas perdidas,
De lirios y de abejas,
Y yo me iré muy lejos,
Más allá de esas sierras,
Más allá de los mares
Cerca de las estrellas,
Para pedirle a Cristo
Señor que me devuelva
Mi alma antigua de niño,
Madura de leyendas,
Con el gorro de plumas
Y el sable de madera.
Ya nos dejas cantando
En la plazuela.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
Las pupilas enormes
De las frondas resecas,
Heridas por el viento,
Lloran las hojas muertas.
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bajo la aparente obscuridad,
el rojo nacarado de tus labios,
me otorgo tu luz
entre los mustios y ciegos
besos de fuego, tu absorbiste
mi obscuridad
no hubo magia, fue,
solo eso, dos entes oscuros,
absorbiendo luz,
una bestia con cabeza de
loewe, azolado y atormentado,
por su dolor.
entre la perdida y el
desdén, y con el deseo, pegados
en su piel.
la luz en la oscuridad absoluta,
años buscando esa piel de seda,
aquellos labios dulces como miel
esos labios sedosos y olorosos,
de una sombra hermosa, una
leona en la oscuridad
y quien sabrá, solo la oscuridad,
sobre esa piel de seda, que otorgo
luz en una noche oscura.
un loewe cualquiera, el descendiente,
perdido, buscando la manera, y aquella piel
de seda, de miel oro y fuego.
un *** perdido en la sombra, buscando
aquella piel de seda, que como gracia divina,
o como favor de dioses amigos.
me encontró, atrapo y amo
en la sombra, justo antes del
amanecer, dando vida, al
corazón ennegrecido
y el influjo de vida, de fuerza,
para resistir a mis embates,
controlándose tierna mente
sin asustarse de mis rugidos,
solo el fuego hermoso que me dio
con sus labios nacarados
con sus labios de mujer, una fiera
hermosa con piel de seda, perfumada,
y hermosa, una musa en la sombra
resistiendo tierna mente a los embates,
de la bestia sedienta de su **** de su sangre
besando su piel milímetro a milímetro.
aquella sombra hermosa, con piel de seda
labios nacarados, resistió, aunque solo
deseaba yacer junto a esta bestia,
sedienta de su cuerpo, sus labios,sus piernas
infinitas, su **** de muer hermosa,
la bella y dulce leoncilla, que fue mía
en la oscuridad.
Nov 10, 2015
Nov 10, 2015 at 10:45 PM UTC
Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí
Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como
si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.
Tus rodillas, tus senos,
tu cintura
faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos como un solo río,
como una sola arena.
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¡Que no quiero verla!
Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena.
¡Que no quiero verla!
La luna de par en par.
Caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras.
¡Que no quiero verla!
Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña!
¡Que no quiero verla!
La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
No.
¡Que no quiero verla!
Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes
mayorales de pálida niebla.
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué buen serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla!
Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Y su sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.
¡Oh blanco muro de España!
¡Oh ***** toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!
No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata.
No.
¡¡Yo no quiero verla!!
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Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
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He ido marcando con cruces de fuego
el atlas blanco de tu cuerpo.
Mi boca era una araña que cruzaba escondiéndose.
En ti, detrás de ti, temerosa, sedienta.
Historias que contarte a la orilla del crepúsculo,
muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste.
Un cisne, un árbol, algo lejano y alegre.
El tiempo de las uvas, el tiempo maduro y frutal.
Yo que viví en un puerto desde donde te amaba.
La soledad cruzada de sueño y de silencio.
Acorralado entre el mar y la tristeza.
Callado, delirante, entre dos gondoleros inmóviles.
Entre los labios y la voz, algo se va muriendo.
Algo con alas de pájaro, algo de angustia y de olvido.
Así como las redes no retienen el agua.
Muñeca mía, apenas quedan gotas temblando.
Sin embargo, algo canta entre estas palabras fugaces.
Algo canta, algo sube hasta mi ávida boca.
Oh poder celebrarte con todas las palabras de alegría.
Cantar, arder, huir, como un campanario en las manos de un loco.
Triste ternura mía, qué te haces de repente?
Cuando he llegado al vértice más atrevido y frío
mi corazón se cierra como una flor nocturna.
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Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.
Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario,
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.
Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!
Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.
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Esta víbora ardiente, que, enlazada,
peligros anudó de nuestra vida,
lúbrica muerte en círculos torcida,
arco que se vibró flecha animada,
hoy, de médica mano desatada,
la que en sedienta arena fue temida,
su diente contradice, y la herida
que ardiente derramó, cura templada.
Pues tus ojos también con muerte hermosa
miran, Lisi, al rendido pecho mío,
templa tal vez su fuerza venenosa;
desmiente tu veneno ardiente y frío;
aprende de una sierpe ponzoñosa:
que no es menos dañoso tu desvío.
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Pobre y desgraciado Proculo.
Puedo comprender de una enferma manera
tu dolor y tu ira sedienta como el esclavo.
tuviste que observar con paciencia
como la inocencia
abandonaba el vientre suyo.
como el frío puño del tirano
penetro en tus entrañas
El delgado filo
entre la vida y la muerte.
El destino inevitable.
Pero aun no es el fin, abatido amigo
Es la venganza encarnada
que arrasa con aquellos
que viven del dolor ajeno.
que respiran la sangre.
May 27, 2014
May 27, 2014 at 3:33 PM UTC
¿Por qué me lo preguntas?
¿Acaso, no sentiste, como te entregue una nueva vida al besarte?
No sé qué significo el beso para ti.
Pero para mí ese beso insospechado;
ese arrebato de tu hombría que me incita,
esa valentía de robarme ese beso…..¡me regreso a la vida!
Te bese, como beso Adán a Eva, cuando la encontró a su lado.
Te bese con asombro,
Te bese con gratitud,
Te bese con toda la magia de mi universo,
Te bese sin medidas,
Te bese como si fuera a escondidas,
Te bese con la misma ternura que beso Martes a Venus ,
Te bese como besa Dios las nubes antes de volverla lluvia.
¿Qué significo ese beso?
Fue darte el permiso de escribir poesía en mis labios,
Maravillarme de tu dulce y sutil verso,
que fue destacando las prosas que creabas con mi boca sedienta,
al guiarlas con la pluma de tu lengua, con cual eficaz corolario,
sentir la calidez de la miel y leche que llevas en los labios.
Fue permitirme perderme de amor en tus brazos,
perdida en tu regazo que me ataban a calor de tu cuerpo,
con tus manos derrumbando cada parte de mi ego, de mis miedos.
El olor de tu saliva,
de tu cuerpo palpitando,
de tu piel húmeda con olor a lluvia de mayo,
fue rimando sin interferencia, hasta que me otorgaste, la transcendencia que siempre he anhelado.
Que significo ese beso?
Fue darte ciegamente la semilla de mi siembra para la cosecha cual tanto he cuidado.
Fue darte permiso a pulir las astillas de un pasado cual con recelo había guardado.
Fue encresparme en tu esencia dejando detrás toda mis dolencias.
Fue beber de tu influencia, que fue llenando mis espacios con divina esperanza;
de volver amar con potencia,
de volverme a entregar con reverencia,
de amar sin prudencia,
de atarme a la idea de besar así mientras exista vida en mí.
Fue darme cuenta que todavía existía una mujer vibrante en mí,
Fue darme cuenta, que tu hombría, era lo que necesitaba mi vida, ávida de un amor sincero,
de un beso con apegos, con respeto, con ternura, con locura, con desatada e incoherente pasión,
Eso es lo que significa el beso para mí.
Gracias por ese beso y en el.... devolverme la vida.
LeydisProse
7/7/2017
https://www.facebook.com/LeydisProse/
Jul 7, 2017
Jul 7, 2017 at 5:01 PM UTC
Llevo la justicia entre las piernas,
un par de caricia en las venas,
un beso juguetón,
y
una sedienta necesidad de amarte;
que me enferma,
que me enerva,
que me exacerba,
que me escurre la vergüenza.
Es que,
quiero besarte sobria,
y
que tus flujos me embriaguen la memoria,
mientras
chorreo esta catarata de pasión
despacio en tus adentros,
y,
agitadamente en las madrigueras de tu boca
descargar todo este ensueño
que seria,
quedar completamente libertada en tus regazos.
LeydisProse
5/31/2017
//https://m.facebook.com/LeydisProse/
Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 10:42 AM UTC
Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.
Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.
Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;
pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón...
460
La noche tiene una
Torva y caliginosa dulcedumbre.
Sobre el cielo de estaño dá la luna
La impresión de un lunar lleno de herrumbre.
La brisa, como un gato, entre el ramaje
De los árboles negros, juega y salta.
Sobre el lomo del campo es un tatuaje
La alberca que de líquenes se esmalta.
Y es cada cosa un avisor oído
Que se alarga atisbando la tormenta.
Flota un olor de surco removido
Y de tierra sedienta.
¡Ah, qué larga pereza nos enerva
Y con sus grillos nuestros piés sujeta!
¡ Qué ganas de dormir sobre esta hierba
Esponjada y discreta!
Y así hasta que la lluvia nos despierte
Con sus cien dedos de frescor salobre,
Y el viento a nuestro lado agite fuerte,
Sus campanillas de cristal y cobre.
¡Qué alocado retorno hacia la aldea,
Ceñidos por los hilos de la lluvia,
Mientras el vendaval peina y orea
Mi testa negra y tu cabeza rubia!
335
¡Si atracción de aventuras tus sueños arrebata,
Conquistador, sal pronto! ¿Quiere tu alma sedienta
La conquista, el peligro, la gloria o la tormenta?
¡Parte, para que sacies la ambición que te mata!
Verás surgir, radiante, del mar que la retrata,
A Cathay, donde el tumbo de las olas revienta,
y verás a Cipango, fabulosa, opulenta,
Levantar a los cielos sus torres de oro y plata.
Irás hermosas perlas hollando indiferente;
De marfil, de diamantes y de mirra, cargadas
Verás las carabelas sobre la mar rugiente;
y señor aclamado de Tierras y de Mares,
Los reyes que dominen las islas conquistadas
Besarán, humillados, el suelo que pisares...
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