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"salvaje" poems
Hace falta papel, hace falta tinta, las letras brotan solas, hacen falta horas. Alma salvaje y nocturna, merodeadora impaciente, que niega entregarse a un Morfeo ausente. Tristeza que evoca al dolor, que evoca al sufrimiento, donde el osado se regodea al leer las palabras impresas, no con tinta negra, sino con lágrimas de un simple ser. No será la primera vez que el osado se desvela, un dolor igual al pago de su sacrificio, por entrever los sentimientos del que también fue osado. La noche nuestra musa, misteriosa y atractiva, como canto de sirena, belleza de los mares. Por siempre devota mi alma a tu luna, antaña luz a tu filosofía oscura. Profeta milenaria de adorno espectral, poema interminable con descanso finito.     Canción y plegaria,     llanto escrito,     llévate mi corazón     y deja mi alma     triste hasta el alba.
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Jan 14, 2017
Jan 14, 2017 at 8:57 PM UTC
Desvelo
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Poema 14
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
el feroz coito interrumpido, por esa mirada, de mujer gato, de leona de fuego. tu cuerpo gritaba por el placer, escondido de tu propio deseo. clamas por un toque lascivo, buscas  que te azote tenderly. y luego te ame en silencio. la feroz torsión de tu cuerpo, rozando el mio. la mustia y quieta llama, se volvió fogata, en tus entrañas, de mujer felina. ruges por  mi mordida, luego te dejas estar, mirando silente. que aquella bestia deseada, te folle en la oscuridad, como niña buena, que desea peligro. y el roce equinoccial se vuelve placentero, como si el dolor y la perdida, fuernan la exquisita concecuencia, de ser lo que eres, una leona, una diosa que muerde el polvo, entre la perdida y lo exquisito en tu caída, y en tu humanización estando perdida hallaste el centro, tu leona, rugiendo, amada bestia. perdida entre los estertores, de tus entrañas, en fuego, y entre ese fuego la hallaste   tu leona,tu leoparda     hermosa salvaje,   serena. davide montesquieu
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Oct 29, 2015
Oct 29, 2015 at 12:13 AM UTC
La leona
Estoy escribiendo un poema que no es igual a como lo pensé cuando yacía en el suelo, aplastada por la decepción. Edificio en renta. Todo o en partes. Esto soy yo. El eso inamovible, certero, negado, obstinada a ser un edificio que pertenece al pasado y que se ha desmembrado por la frase que lo ofrece al mercado, cruel patrón. Pude ser piedra colgada, piedra salvaje, piedra que vive su eterna vida sintiendo el aire del cambio, pero soy edificio de oficinas y huelo a abandono y a derrota. ¿Dónde, en la ciudad, te encuentras? Mi única esperanza ha quedado en estado larvario, un negativo separado de la tira, un pedazo rebelde y estúpido que se negó a tomar color. En las manos tengo mi castigo. Vestigio de lo que fue. Amigos que envejecieron, ventanas ominosas, pedazos de espejo que refleja a alguien que conoces pero que dejo de existir. El aire, el sol, las voces de la gente que pasa por la acera, todo sabe a fracaso, a proyecto a medias, a polvo que se acumula, a lejanía, a algo que se ha estirado más allá de lo que puede, a alguien que grita porque ya no puede hacer nada más. La ciudad (nueva, antigua) sigue vacía. La plaza cívica, el pequeño restaurant, la banca fría de piedra que no lo parecía, la fuente. Mi única esperanza se tiñó de colores falsos. Mi único puente se venció antes de que pudiera cruzarlo. ¿Dónde, en el mundo, te encuentras? Esta es mi expiación. Lágrimas que no corren, una pluma que sólo existe para escribir esto, uñas de color papel, labios que hablan otro idioma. *Where, in my life, are you? What a sad, pathetic life, I say to myself (that only being who can hear me) what a sad situation, what a sad beginning, middle and, end. Where are you? Cause I miss you. I do miss you. I do miss you a lot.* Esta es mi rendición.
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Oct 29, 2012
Oct 29, 2012 at 4:07 PM UTC
Edificio en renta. Todo o en partes.
Estoy escribiendo un poema que no es igual a como lo pensé cuando yacía en el suelo, aplastada por la decepción. Edificio en renta. Todo o en partes. Esto soy yo. El eso inamovible, certero, negado, obstinada a ser un edificio que pertenece al pasado y que se ha desmembrado por la frase que lo ofrece al mercado, cruel patrón. Pude ser piedra colgada, piedra salvaje, piedra que vive su eterna vida sintiendo el aire del cambio, pero soy edificio de oficinas y huelo a abandono y a derrota. ¿Dónde, en la ciudad, te encuentras? Mi única esperanza ha quedado en estado larvario, un negativo separado de la tira, un pedazo rebelde y estúpido que se negó a tomar color. En las manos tengo mi castigo. Vestigio de lo que fue. Amigos que envejecieron, ventanas ominosas, pedazos de espejo que refleja a alguien que conoces pero que dejo de existir. El aire, el sol, las voces de la gente que pasa por la acera, todo sabe a fracaso, a proyecto a medias, a polvo que se acumula, a lejanía, a algo que se ha estirado más allá de lo que puede, a alguien que grita porque ya no puede hacer nada más. La ciudad (nueva, antigua) sigue vacía. La plaza cívica, el pequeño restaurant, la banca fría de piedra que no lo parecía, la fuente. Mi única esperanza se tiñó de colores falsos. Mi único puente se venció antes de que pudiera cruzarlo. ¿Dónde, en el mundo, te encuentras? Esta es mi expiación. Lágrimas que no corren, una pluma que sólo existe para escribir esto, uñas de color papel, labios que hablan otro idioma. *Where, in my life, are you? What a sad, pathetic life, I say to myself (that only being who can hear me) what a sad situation, what a sad beginning, middle and, end. Where are you? Cause I miss you. I do miss you. I do miss you a lot.* Esta es mi rendición.
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Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Oda a la araucaria araucana
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. Dónde estarán sus manos que en actitud contrita planchaban en las tardes blancuras por venir; ahora, en esta lluvia que me quita las ganas de vivir. Qué será de su falda de franela; de sus afanes; de su andar; de su sabor a cañas de mayo del lugar. Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje, y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!» y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
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Idilio muerto
Es algo formidable que vio la vieja raza: robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido, cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, desjarretar un toro, o estrangular un león.Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo, anduvo.  La aurora dijo: «Basta», e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
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Caupolicán
acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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Jul 8, 2016
Jul 8, 2016 at 1:09 AM UTC
completo
acallado el fuego, imperecedero, y la sed de tu piel, saciada con creces. vacilante nunca, pues tus ojos brillan,de placer, deseo, satisfaccion total y absoluta. la humedad en mi pelviz, el brillo sedoso, y agridulce en mi regazo de leon amado. y por un momento, justo en ese momento, estoy completo, sereno, amado, deseado, una bestia plena, serena, agradecida. la pena, el dolor, la ira y su desidia, y el latrocinio brutal, son solo escollos borrados con la humedad de tu **** vacilante es aquella, que no ha amado, su mentira es una cruz pesada, oscura, fatua, inerte, su alma jamas podra amar, bajo  el falo divino. en cambio, tus ojos, verdad, amor y ventura, amando un imposible, y aun asi amando, los estertores de tu ****** amada, besada, penetrada, tierna y ferozmente, son el eco del fuego chocando con el mar, provocando la vida, el vapor, que riega la tierra, que genera el ciclo troffico de la vida, fuego y agua, vapor de vida, pasion, entre dos bestias, bellas y amadas. tu miel y tu deseo, SALVAJE, intenso, perenne, son vitales en la soledad, de una bestia de montecristo, que solo, acarrea el daño y el dolor, de las traiciones, cada corte y puñalada, me hicieron el hombre fuerte, que ahora soy. indestructible, y viviendo, amando imposibles, destruyendo la mentira, acabando con las debilidades, de los que solo mienten, llenos de odio, envidia y rencor, por haber perdido el tornillo que sujeta nuestra vida. luego de eso, y por sus debilidades, montecristo es vencedor, una bestia con corazon, que aprendio a amar, lo imposible y lo posible, a desaparecerse en el otro, envuelto en su luz, y su belleza, y la debilidad y maldad de aquellas chicas mondego, solo apuraron la debacle, me bato solo frente a sus errores, riendo y contestando a las mentiras, sus mentiras y anatemas, se volvieron en su contra, la verdad limpio el agua, y el fuego hizo el vapor, completando el ciclo de vida. asi, mediante el deseo, y  la mutua pasion, ocurrioze lo imposible, en pos de la vida, y el amor. la quimera del deseo, nunca borro, aquella vez que nos tocamos, a pesar de las diferencias, plenos, salvajes. generando el vapor, cogiendo, gruñendo, bramando, en mi mente y en la tuya, el mismo deseo, la inconmesurable verdad, nuestra verdad, y la incomprensible mentira, fatua, el eco de lo falso, y sus mentiras infecciosas, corrompiendo, y enlutando lo que siempre fue luz y vida. la falsa nocion de amor, en el yerro, y sus secuazes, con su engaño de la no aceptacion, la necedad, u la locura, fatuos oscuros incompletos.
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El indígena * - los acabados/extintos. Los únicos que existen aún siguen escondidos en la selva huyendo del recuerdo de las lágrimas e imágenes de la salvaje Conquista El europeo * * - el que llegó solo pa robar, violar y matar al indígena...y por supuesto a los otros de las castas de piel obscura El mestizo * - mezcla de los dos anteriores que tuvo la gran fortuna de no poder formar parte de ni la cultura de su mamá ni papá simplemente por haber nacido El criollo * * - El Libertador pero no del pueblo sino de sus propios intereses de acabar lo que comenzaron los europeos El ***** * - el secuestrado, desterrado, esclavizado, odiado, torturado, violado, y matado por el color de su piel El mulato * -  sufrió igual o poquito más quel mestizo pero no tanto como el zambo El zambo * - pobrecito del zambo que es el rostro más bello del nuevo mundo pero como el mestizo y el mulato nunca fue recibido y nunca pudo identificarse con ningún grupo cultural..de esta mezcla viene las más guapas mujeres del mundo   *El engañao, esclavizado   perseguido y matado * *El zángano, explotador,   asesino y sinvergüenza
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 12:01 AM UTC
El rostro del Nuevo Mundo
Yo soy el cóndor, vuelo sobre ti que caminas y de pronto en un ruedo de viento, pluma, garras, te asalto y te levanto en un ciclón silbante de huracanado frío. Y a mi torre de nieve, a mi guarida negra te llevo y sola vives, y te llenas de plumas y vuelas sobre el mundo, inmóvil, en la altura. Hembra cóndor, saltemos sobre esta presa roja, desgarremos la vida que pasa palpitando y levantemos juntos nuestro vuelo salvaje.
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El cóndor
De su corazón salvaje arrancando notas de violin el oleaje me beso las manos saboreando el otoño y los años. Saboreando tu ir y venir en aras de partir a tu territorio de dragones y miedos irrisorios. Entrelazo tus dedos en mi pelo en destierro de sentimiento, escalando por tus lunares te veo como mi Venecia con esos canales que son tus ojos de chocolate impetuoso y labios color rojo.
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May 19, 2014
May 19, 2014 at 6:11 PM UTC
Untitled
La vida es un viaje. Nunca me esperaba una caída en el amor conmigo, y yo con usted. Fue tan inesperado y tan salvaje, pero estábamos amor. Fuimos luz, fuimos a través, pero estábamos juntos. Una parte pero nunca sperated. Éramos jóvenes, infantil, absurdo. Hemos sobrevivido unos a otros, se puede sobrevivir a cualquier cosa y cualquier persona. Nos conocimos a cabo coinciden, y lo puso juntos. La vida es un viaje. Para el fuego sigue ardiendo brillante, y se ilumina los caminos seprate que están destinados a viajar. Pero ese fuego, que quema, que el calor .... siempre voluntad y un día, quemadura por nuestro amor. Al igual que el sol. Este es mi viaje. ¿Cuál es el tuyo? ~ Estrella Luciano and Natalia Torres (my spanish family)
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Nov 29, 2012
Nov 29, 2012 at 8:00 PM UTC
La vida
Todo ha florecido en estos campos, manzanos, azules titubeantes, malezas amarillas, y entre la hierba verde viven las amapolas. El cielo inextinguible, el aire nuevo de cada día, el tácito fulgor, regalo de una extensa primavera. Sólo no hay primavera en mi recinto. Enfermedades, besos desquiciados, como yedras de iglesia se pegaron a las ventanas negras de mi vida y el sólo amor no basta, ni el salvaje y extenso aroma de la primavera. Y para ti qué son en este ahora la luz desenfrenada, el desarrollo floral de la evidencia, el canto verde de las verdes hojas, la presencia del cielo con su copa de frescura? Primavera exterior, no me atormentes, desatando en mis brazos vino y nieve, corola y ramo roto de pesares, dame por hoy el sueño de las hojas nocturnas, la noche en que se encuentran los muertos, los metales, las raíces, y tantas primaveras extinguidas que despiertan en cada primavera.
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Con quevedo, en primavera
Me encanta el sonido de la lluvia. Llena mi cuerpo con un sentido de calma, y me recuerda del bosque y la naturaleza. En mi pequeño mundo de solo casas y calles y jardines bien cuidados, me recuerdo del mundo salvaje, y maravilloso
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Sep 16, 2013
Sep 16, 2013 at 1:41 AM UTC
La Lluvia
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Oda a la flor azul
Caminando hacia el mar en la pradera -es hoy noviembre-, todo ha nacido ya, todo tiene estatura, ondulación, fragancia. Hierba a hierba entenderé la tierra, paso a paso hasta la línea loca del océano. De pronto una ola de aire agita y ondula la cebada salvaje: salta el vuelo de un pájaro desde mis pies, el suelo lleno de hilos de oro, de pétalos sin nombre, brilla de pronto como rosa verde, se enreda con ortigas que revelan su coral enemigo, esbeltos tallos, zarzas estrelladas, diferencia infinita de cada vegetal que me saluda a veces con un rápido centelleo de espinas o con la pulsación de su perfume fresco, fino y amargo. Andando a las espumas del Pacífico con torpe paso por la baja hierba de la primavera escondida, parece que antes de que la tierra se termine cien metros antes del más grande océano todo se hizo delirio, germinación y canto. Las minúsculas hierbas se coronaron de oro, las plantas de la arena dieron rayos morados y a cada pequeña hoja de olvido llegó una dirección de luna o fuego. Cerca del mar, andando, en el mes de noviembre, entre los matorrales que reciben luz, fuego y sal marinas hallé una flor azul nacida en la durísima pradera. De dónde, de qué fondo tu rayo azul extraes? Tu seda temblorosa debajo de la tierra se comunica con el mar profundo? La levanté en mis manos y la miré como si el mar viviera en una sola gota, como si en el combate de la tierra y las aguas una flor levantara un pequeño estandarte de fuego azul, de paz irresistible, de indómita pureza.
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Seras mía lo se, la noche nunca acabara, los deseos prohibidos nos arrebataran, y en un instante de amor salvaje nuestros cuerpos se fundirán, acércate pequeña, es lo que siempre quisimos, las estrellas sonreirán, y como nunca la luna brillara, las olas del mar nos llevaran a lo desconocido, y volverá el calor a nuestros cuerpos adormecidos, escribiré mi nombre en cada parte de ti, no habrá manjar que no hallamos probado, no habrá lugar al que no hallamos ido, y en medio de la locura y el descuido, seremos dos almas salvajes, las amarguras se abran ido, ya no seré el forajido que vaga en sueños perdidos.
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 2:31 PM UTC
El forajido
De las estrellas que admiré, mojadas por ríos y rocíos diferentes, yo no escogí sino la que yo amaba y desde entonces duermo con la noche. De la ola, una ola y otra ola, verde mar, verde frío, rama verde, yo no escogí sino una sola ola: la ola indivisible de tu cuerpo. Todas las gotas, todas las raíces, todos los hilos de la luz vinieron, me vinieron a ver tarde o temprano. Yo quise para mí tu cabellera. Y de todos los dones de mi patria sólo escogí tu corazón salvaje.
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Soneto xlvi
Inhale, Trying to to recall every single one of your skin's centimeters in the memory, Exhale, soaking up the taste of your birthmarks in the tip of my tongue. I live in the reminiscence, the mornings on your bed. I breathe, and still can smell the white calla lillies. I stand up from bed, and stumble up with the canvas of the night before, that still drips, like suicidal veins, the russet and dark brushstrokes which I tried to expel with, my -so savage-craving of your kiss. Dreamed I was walking trough my mistake's hallway, telling you lies for my ego's amusement. I breathe in silence, and I managed to cauterize my wounds, by thinking of you. ------------------------------------------------------------------------------------ Inhalo, tratando de retener cada uno de los centímetros de tu piel en la memoria, exhalo, y dejo impregnados en la ***** de mi lengua el sabor de los lunares de tu espalda. Vivo en el recuerdo, de las mañanas en tu cama, respiro y aún puedo oler tu perfume de alcatraces. Me levanto, trastabillo con el canvas de la noche anterior que aún gotea, como venas suicidas, los colores oscuros y bermejos de las pinceladas furiosas de ayer, con las que intenté expeler mi ansia tan salvaje de tus besos. Soñé caminar por el pasillo largo de mis errores, contándote mentiras para el recreo de mi ego. Respiro, y en silencio, logro cauterizar mis heridas, pensándote.
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Apr 11, 2015
Apr 11, 2015 at 10:59 PM UTC
Inhalo
Amante: no me lleves, si muero al camposanto A flor de tierra abre mi fosa, junto al riente Alboroto divino de alguna pajarera O junto a la encantada charla de alguna fuente   A flor de tierrra, amante. Casi sobre la tierra, Donde el sol me caliente los huesos, y mis ojos, Alargados en tallos, suban a ver de nuevo La lámpara salvaje de los ocasos rojos.   A flor de tierra, amante. Que el tránsito así sea         Más breve. Yo presiento La lucha de mi carne por volver hacia arriba, Por sentir en sus átomos la frescura del viento.   Yo sé que acaso nunca allá abajo mis manos         Podrán estarse quietas. Que seimpre como topos arañarán la tierra En medio de las sombras estrujadas y prietas.   Arrójame semillas. Yo quiero que se enraícen En la greda amarilla de mis huesos menguados. ¡Por la parda escalera de las raíces vivas Yo subiré a mirarte en los lirios morados!
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Vida-garfio
Bebo del agua limpia y clara del arroyo Y vago por los campos  teniendo por apoyo Un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido Que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.   Así paso los días, morena y descuidada, Sobre la suave alfombra de la grama aromada, Comiendo de la carne jugosa de las fresas O en busca de fragantes racimos de frambuesas.   Mi cuerpo está impregnado el aroma ardoroso De los pastos maduros. Mi cabello sombroso Esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno, A salvia, a yerbabuena  y a flores de centeno.   ¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena, Cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!             ¡Soy casta como Diana Y huelo a hierba clara nacida en la mañana!
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Salvaje
el pliegue erogeno, la piel deseada, y el deseo en mi mente camino entre los hombres, con tu piel en mi mente, la dorada verdad que emana de ti. en tus ojos la calma de saberte amada, deseada, y en tu cuerpo, y en tu mente, la hermosa veracidad, y el juego erotico, languido y sensual, de mirarte a los ojos. sentir la paz, que emana de tu cuerpo, el balsamo, pleno de tu delicada figura, van conmigo. y la plena ensoñacion, se, vuelve verdad, en tus ojos, de leona. besar tu cuerpo, y abrazarlo en silencio, hermosa y serena, insegura, fragil y salvaje, adorada. cada desicion, no nos separa, nos une aun mas, sigue tu alma , tu corazon. en tus ojos y en tu cuerpo, esta mi ferozidad perdida, y en tu pliegue erogeno, mi deseo y devocion. oh leona de montaña, eres la paz, el deseo, y la serenidad, que me hace fuerte, sereno, humano, en paz. en tus ojos y en tu pecho, la bella y dulce tonada, que arrulla mis sueños, en silencio. lejos de haber perdido tiempo y vida, solo preambulos, antes de tu calma, y tu bella inseguridad. y en mi mente tus ojos, tu piel, tu presencia, firme segura, hermosa y paciente. y tu aparente fragilidad, es contrastada con la belleza de tus ojos de leona de montaña.
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Feb 9, 2017
Feb 9, 2017 at 10:26 AM UTC
ensoñacion.}
Me ha quedado clavada en los ojos la visión de ese carro de trigo que cruzó rechinante y pesado sembrando de espigas el recto camino. ¡No pretendas ahora que ría! ¡Tú no sabes en qué hondos recuerdos             estoy abstraída! Desde el fondo del alma me sube un sabor de pitanga a los labios. Tiene aún mi epidermis morena no sé que fragancias de trigo emparvado. ¡Ay, quisiera llevarte conmigo a dormir una noche en el campo y en tus brazos pasar hasta el día bajo el techo alocado de un árbol! Soy la misma muchacha salvaje que hace años trajiste a tu lado.
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Raíz salvaje
Yo siento por la luz un amor de salvaje. Cada pequeña llama me encanta y sobrecoge; ¿No será, cada lumbre, un cáliz que recoge El calor de las almas que pasan en su viaje? Hay unas pequeñitas, azules, temblorosas, Lo mismo que las almas taciturnas y buenas. Hay otras casi blancas: fulgores de azucenas. Hay otras casi rojas: espíritus de rosas. Yo respeto y adoro la luz como si fuera Una cosa que vive, que siente, que medita, Un ser que nos contempla transformado en hoguera. Así, cuando yo muera, he de ser a tu lado Una pequeña llama de dulzura infinita Para tus largas noches de amante desolado.
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La pequeña llama