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"retornar" poems
Tenia mis dudas, no lo puedo negar. Pero el sol aun brilla, Mi corazon no te ha dejado de amar. Pense que te alejabas, Que a mi lado no querias estar, Pero me equivocaba, El amor que sientes,      te ha hecho retornar. Seria mentira decir que te olvide, Seria falso profesar la muerte de este amor; Porque la verdad es que te pensé, Y que en mis sueños aun te amé. Respiré de tus memorias, Vivi de tu sonrisa, Y cada momento que pasaba Aunque no estabas aqui, Me traias alegria. Pero no todo se ha perdido, Al fin has regresado. Mi amor, espero que te quedes, Quisiera de nuevo despertar a tu lado. Soy un hombre sencillo, Sin brillantes que ofrecer. Mi corazon entero te entrego Quisiera que este amor pueda florecer. Te ofresco mi vida y mi alma. Te ofresco mi cuerpo y todo mi ser. Porque este amor que por ti siento Jamas lo sentire otra vez.
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Nov 22, 2011
Nov 22, 2011 at 5:19 PM UTC
No Todo se ha Perdido
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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El buen sentido
Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París. Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande. Mi madre me ajusta el cuello del abrigo, no porque empieza a nevar, sino para que empiece a nevar. La mujer de mi padre está enamorada de mí, viniendo y avanzando de espaldas a mi nacimiento y de pecho a mi muerte. Que soy dos veces suyo: por el adiós y por el regreso. La cierro, al retornar. Por eso me dieran tánto sus ojos, justa de mí, in fraganti de mí, aconteciéndose por obras terminadas, por pactos consumados. Mi madre está confesa de mí, nombrada de mí. ¿Cómo no da otro tanto a mis otros hermanos? A Víctor, por ejemplo, el mayor, que es tan viejo ya, que las gentes dicen: ¡Parece hermano menor de su madre! ¡Fuere porque yo he viajado mucho! ¡Fuere porque yo he vivido más! Mi madre acuerda carta de principio colorante a mis relatos de regreso. Ante mi vida de regreso, recordando que viajé durante dos corazones por su vientre, se ruboriza y se queda mortalmente lívida, cuando digo, en el tratado del alma: Aquella noche fui dichoso. Pero, más se pone triste; más se pusiera triste. -Hijo, ¡cómo estás viejo! Y desfila por el color amarillo a llorar, porque me halla envejecido, en la hoja de espada, en la desembocadura de mi rostro. Llora de mí, se entristece de mí. ¿Qué falta hará mi mocedad, si siempre seré su hijo? ¿Por qué las madres se duelen de hallar envejecidos a sus hijos, si jamás la edad de ellos alcanzará a la de ellas? ¿Y por qué, si los hijos, cuanto más se acaban, más se aproximan a los padres? ¡Mi madre llora porque estoy viejo de mi tiempo y porque nunca llegaré a envejecer del suyo! Mi adiós partió de un punto de su ser, más externo que el punto de su ser al que retorno. Soy, a causa del excesivo plazo de mi vuelta, más el hombre ante mi madre que el hijo ante mi madre. Allí reside el candor que hoy nos alumbra con tres llamas. Le digo entonces hasta que me callo: -Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París. Un sitio muy grande y muy lejano y otra vez grande. La mujer de mi padre, al oírme, almuerza y sus ojos mortales descienden suavemente por mis brazos.
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Me vi parada, sem conseguir andar Encalhada em um momento do tempo em que não conseguia, mesmo que tentasse, prosseguir ou retornar. Parei. Não por escolha, não por desejo Eu precisei parar Aquele momento em que voce está meio perdido, Meio lá meio cá E praticamente pela primeira vez sem interferencia, voce pode observar sua vida como um todo O que foi aquilo? O que e por que havia feito? Quem eram aqueles? Por que não estão aqui? O que será daqui para frente? Continuaremos juntos? Perderemos tudo? E nessa chatice de pensamentos percebemos que talvez nem tudo seja discutível Mas tudo podendo, com a possibilidade de ser vivido Se tornar inesquecível
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Mar 17, 2015
Mar 17, 2015 at 10:11 PM UTC
Untitled
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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Promesa
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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