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"reluciente" poems
Spanish El ancla de oro canta…la vela azul asciende Como el ala de un sueño abierta al nuevo día. Partamos, musa mía! Ante lo prora alegre un bello mar se extiende. En el oriente claro como un cristal, esplende El fanal sonrosado de Aurora. Fantasía Estrena un raro traje lleno de pedrería para vagar brillante por las olas. Ya tiende La vela azul a Eolo su oriflama de raso… El momento supremo!…Yo me estremezco; acaso Sueño lo que me aguarda en los mundos no vistos!… Acaso un fresco ramo de laureles fragantes, El toison reluciente, el cetro de diamantes, El naufragio o la eterna corona de los Cristos?… English The golden anchor beckons, the blue sail rises Like the wing of a dream unfolding to a new day. Let us depart, my muse! Beyond an anxious prow, the sea stretches itself out. In the crystal clear East, Aurora's Blushed beacon shines. Fantasy Is donning a rare garment of gems To wander brilliantly over the waves. The blue sail Unfolds its private oriflamme to ****** The supreme moment!…I tremble: do I know– Oh God!–what awaits me in unseen worlds? Perhaps a freshly picked bouquet of fragrant laurels, The golden fleece, a diamond scepter, A shipwreck, or the eternal crown of the Anointed Ones?…
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El Poeta Leva El Ancla (Weighing The Anchor)
«Mirad: Un extranjero...» Yo los reconocía, siendo niño, en las calles por su no sé que ausente. Y era una extraña mezcla de susto y de alegría pensar que eran distintos al resto de la gente. Después crecí, soñando, sobre los libros viejos; corrí, de mapa en mapa, frenéticos azares, y al despertar, a veces, para viajar más lejos, inventaba a mi antojo más tierras y más mares. Entonces yo envidiaba, melancólicamente, a aquellos que se iban de verdad, en navíos de gordas chimeneas y casco reluciente, no en viajes ilusorios como los viajes míos. Y hoy, que quizás es tarde, con los cabellos grises, emprendo, como tantos, el viaje verdadero; y escucho que los niños de remotos países murmuran al mirarme: «Mirad: Un extranjero...»
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El extranjero
si la dia pudiera dormir mientras el cielo la cantaba su historia, o si la noche quisiera despertar con el oro reluciente en sus ojos― el mundo se marchitaría por sus pecados. si tuvieran un amor brillante que no era cubierto por los rituales, ni la luna viuda que ya espera― todo se hubiera como infinito. pero inseparable el uno del otro en formas que podían destruir la causa que sostena su belleza inmortal― que no solo morirían en el mundo, pero en tiempo, en espacio, y en la memoria.
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Oct 23, 2019
Oct 23, 2019 at 5:51 PM UTC
Soneto II
El sentir llenarse tu cuerpo de tranquilidad, Cuando mirar el cielo y ver cómo las estrellas brillan en la oscuridad, Fresca sentir la noche, saber que no es solo un estado climático, sino el momento que te hace pasar, que el tener el retrato pintado en tu memoria de cada estrella reluciente qué hay, El saber que estás pisando la tierra, pero tu alma sentir volar por alguna hermosa pradera, donde las estrellas son los matorrales y pastizales, Que hermosa noche, no me cansaré de decirlo Pero lo único que le falta a esta maravillosa noche eres tú amor mío.
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Jun 18, 2017
Jun 18, 2017 at 2:14 AM UTC
Untitled
El beodo narraba dificultosamente, con hipos de agonía y vahos de aguardiente: Él, residuo de hombre, sin vigor ni decoro, era el único dueño de un singular tesoro. Y vi en su mano torpe, tal como una serpiente de escamas de oro puro, la trenza reluciente: su tesoro romántico, su reliquia -aunque ignoro de quién era la trenza de cabellos de oro-. Y una noche de lluvia se colgó de una rama, y un rechinar de dientes epilogó su drama de recorrer a tientas las brumas del alcohol. Y allí lo vimos todos, al inflamarse el día, y en su cárdeno cuello la trenza relucía cual si se hubiese ahorcado con un rayo de sol.
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Poema lamentable
Porque me diste la palabra y pudo ser ella en mí, oficio de invierno en la menuda gema de mi verso que adivino luego en reluciente escudo, me siento tu deudora y a ti acudo en noche y día de esplendor diverso, hora feliz, oscuro lustro adverso, fiel azucena o álamo desnudo. Así me inclino como Job, paciente, en la sumisa espera penitente ante tu sombra que aniquila el rayo. Fui tu diamante de inocente fuego, y ya alma oscura, a tu piedad me entrego en esta aurora pálida de mayo.
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Soneto a dios
Mientras el brillo de tu gloria augura ser en la eternidad sol sin poniente, fénix de viva luz, fénix ardiente, diamante parangón de la pintura, de España está sobre la veste oscura tu nombre, como joya reluciente, rompe la Envidia el fatigado diente, y el Olvido lamenta su amargura. Yo en equívoco altar, tú en sacro fuego, miro a través de mi penumbra el día en que el calor de tu amistad, don Diego, jugando de la luz con la armonía, con la alma luz, de tu pincel el juego el alma duplicó de la faz mía.Alma de oro, fina voz de oro, al venir hacia mí, ¿por qué suspiras? Ya empieza el noble coro de las liras a preludiar el himno a tu decoro; ya el misterioso son del noble coro calma el Centauro sus grotescas iras, y con nueva pasión que les inspiras tornan a amarse Angélica y Medoro. A Teócrito y Possin la Fama dote con la corona de laurel supremo; que en donde da Cervantes el Quijote y yo las telas con mis luces gemo, para son Luis de Góngora y Argote traerá una nueva palma Polifemo.En tanto «pace estrellas» el Pegaso divino, y vela tu hipógrifo, Velázquez, la Fortuna, en los celestes parques al Cisne gongorino deshoja sus sutiles margaritas la Luna. Tu castillo, Velázquez, se eleva en el camino del Arte como torre que de águilas es cuna, y tu castillo, Góngora, se alza al azul cual una jaula de ruiseñores labrada en oro fino. Gloriosa la península que abriga tal colonia. ¡Aquí bronce corintio, y allá marmol de Jonia! Las rosas a Velázquez, y a Góngora claveles. De ruiseñores y águilas se pueblan las encinas, y mientras pasa Angélica sonriendo a las Meninas, salen las nueve musas de un bosque de laureles.
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Vii
Mientras el brillo de tu gloria augura ser en la eternidad sol sin poniente, fénix de viva luz, fénix ardiente, diamante parangón de la pintura, de España está sobre la veste oscura tu nombre, como joya reluciente, rompe la Envidia el fatigado diente, y el Olvido lamenta su amargura. Yo en equívoco altar, tú en sacro fuego, miro a través de mi penumbra el día en que el calor de tu amistad, don Diego, jugando de la luz con la armonía, con la alma luz, de tu pincel el juego el alma duplicó de la faz mía.Alma de oro, fina voz de oro, al venir hacia mí, ¿por qué suspiras? Ya empieza el noble coro de las liras a preludiar el himno a tu decoro; ya el misterioso son del noble coro calma el Centauro sus grotescas iras, y con nueva pasión que les inspiras tornan a amarse Angélica y Medoro. A Teócrito y Possin la Fama dote con la corona de laurel supremo; que en donde da Cervantes el Quijote y yo las telas con mis luces gemo, para son Luis de Góngora y Argote traerá una nueva palma Polifemo.En tanto «pace estrellas» el Pegaso divino, y vela tu hipógrifo, Velázquez, la Fortuna, en los celestes parques al Cisne gongorino deshoja sus sutiles margaritas la Luna. Tu castillo, Velázquez, se eleva en el camino del Arte como torre que de águilas es cuna, y tu castillo, Góngora, se alza al azul cual una jaula de ruiseñores labrada en oro fino. Gloriosa la península que abriga tal colonia. ¡Aquí bronce corintio, y allá marmol de Jonia! Las rosas a Velázquez, y a Góngora claveles. De ruiseñores y águilas se pueblan las encinas, y mientras pasa Angélica sonriendo a las Meninas, salen las nueve musas de un bosque de laureles.
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Cuando esperando está la sepoltura por semilla mi cuerpo fatigado, doy mi sudor al reluciente arado y sigo la robusta agricultura. Disculpa tiene, Fabio, mi locura, si me quieres creer escarmentado: probé la pretensión con mi cuidado, y hallo que es la tierra menos dura. Recojo en fruto lo que aquí derramo, y derramaba allá lo que cogía: quien se fía de Dios sirve a buen amo. Más quiero depender del sol y el día, y de la agua, aunque tarde, si la llamo, que de l'áulica infiel astrología.
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Enseña que, aunque tarde, es mejor reconocer el engaño de las pretensiones y retirarse a la granjería del campo