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"recordaban" poems
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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Gautama cristo
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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