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"puertos" poems
Por la alta noche, por la vida entera, de lágrima a papel, de ropa en ropa, anduve en estos días abrumados. Fui el fugitivo de la policía: y en la hora de cristal, en la espesura de estrellas solitarias, crucé ciudades, bosques, chacarerías, puertos, de la puerta de un ser humano a otro, de la mano de un ser a otro ser, a otro ser, Grave es la noche, pero el hombre ha dispuesto sus signos fraternales, y a ciegas por caminos y por sombras llegué a la puerta iluminada, al pequeño punto de estrella que era mío, al fragmento de pan que en el bosque los lobos no habían devorado.       Una vez, a una casa, en la campiña,       llegué de noche, a nadie       antes de aquella noche había visto,       ni adivinado aquellas existencias.       Cuanto hacían, sus horas       eran nuevas en mi conocimiento.       Entré, eran cinco de familia:       todos como en la noche de un incendio       se habían levantado.                                       Estreché una       y otra mano, vi un rostro y otro rostro,       que nada me decían: eran puertas       que antes no vi en la calle,       ojos que no conocían mi rostro,       y en la alta noche, apenas       recibido, me tendí al cansancio,       a dormir la congoja de mi patria. Mientras venía el sueño, el eco innumerable de la tierra con sus roncos ladridos y sus hebras de soledad, continuaba la noche, y yo pensaba: «Dónde estoy? Quiénes son? Por qué me guardan hoy? Por qué ellos, que hasta hoy no me vieron, abren sus puertas y defienden mi canto?». Y nadie respondía sino un rumor de noche deshojada, un tejido de grillos construyéndose: la noche entera apenas parecía temblar en el follaje. Tierra nocturna, a mi ventana llegabas con tus labios, para que yo durmiera dulcemente como cayendo sobre miles de hojas, de estación a estación, de nido a nido, de rama en rama, hasta quedar de pronto dormido como un muerto en tus raíces.
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El fugitivo
Por la alta noche, por la vida entera, de lágrima a papel, de ropa en ropa, anduve en estos días abrumados. Fui el fugitivo de la policía: y en la hora de cristal, en la espesura de estrellas solitarias, crucé ciudades, bosques, chacarerías, puertos, de la puerta de un ser humano a otro, de la mano de un ser a otro ser, a otro ser, Grave es la noche, pero el hombre ha dispuesto sus signos fraternales, y a ciegas por caminos y por sombras llegué a la puerta iluminada, al pequeño punto de estrella que era mío, al fragmento de pan que en el bosque los lobos no habían devorado.       Una vez, a una casa, en la campiña,       llegué de noche, a nadie       antes de aquella noche había visto,       ni adivinado aquellas existencias.       Cuanto hacían, sus horas       eran nuevas en mi conocimiento.       Entré, eran cinco de familia:       todos como en la noche de un incendio       se habían levantado.                                       Estreché una       y otra mano, vi un rostro y otro rostro,       que nada me decían: eran puertas       que antes no vi en la calle,       ojos que no conocían mi rostro,       y en la alta noche, apenas       recibido, me tendí al cansancio,       a dormir la congoja de mi patria. Mientras venía el sueño, el eco innumerable de la tierra con sus roncos ladridos y sus hebras de soledad, continuaba la noche, y yo pensaba: «Dónde estoy? Quiénes son? Por qué me guardan hoy? Por qué ellos, que hasta hoy no me vieron, abren sus puertas y defienden mi canto?». Y nadie respondía sino un rumor de noche deshojada, un tejido de grillos construyéndose: la noche entera apenas parecía temblar en el follaje. Tierra nocturna, a mi ventana llegabas con tus labios, para que yo durmiera dulcemente como cayendo sobre miles de hojas, de estación a estación, de nido a nido, de rama en rama, hasta quedar de pronto dormido como un muerto en tus raíces.
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Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 12:24 PM UTC
Untitled
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Buscando raíces de alas la frente se le desplaza a derecha e izquierda. Y sobre el remolino de la cara se le fija, telón del más allá, comba y ancha. Una alimaña le grita en la nariz que intenta aplastársele enfurecida... Irrumpe un griego por sus ojos distantes. Un griego que sofocan de enredaderas las colinas andaluzas de sus pómulos y el valle trémulo de su boca. Salta su garganta hacia afuera pidiendo la navaja lunada de aguas filosas. Cortádsela. De norte a sud. De este a oeste. Dejad volar la cabeza, la cabeza sola, herida de ondas marinas negras... Y de caracolas de sátiro que le caen como campánulas en la cara de máscara antigua. Apagadle la voz de madera, cavernosa, arrebujada en las catacumbas nasales. Libradlo de ella, y de sus brazos dulces, y de su cuerpo terroso. Forzadle sólo, antes de lanzarlo al espacio, el arco de las cejas hasta hacerlos puentes del Atlántico, del Pacífico... Por donde los ojos, navíos extraviados, circulen sin puertos ni orillas...
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Retrato de garcía lorca
«Me quedaré en España compañero», me dijiste con gesto enamorado. Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero en la hierba de España te has quedado. Nadie llora a tu lado: desde el soldado al duro comandante, todos te ven, te cercan y te atienden con ojos de granito amenazante, con cejas incendiadas que todo el cielo encienden. Valentín el volcán, que si llora algún día será con unas lágrimas de hierro, se viste emocionado de alegría para robustecer el río de tu entierro. Como el yunque que pierde su martillo, Manuel Moral se calla colérico y sencillo. Y hay muchos capitanes y muchos comisarios quitándote pedazos de metralla, poniéndote trofeos funerarios. Ya no hablarás de vivos y de muertos, ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida que no te verá en las calles ni en los puertos pasar como una ráfaga garrida. Pablo de la Torriente, has quedado en España y en mi alma caído: nunca se pondrá el sol sobre tu frente, heredará tu altura la montaña y tu valor el toro del bramido. De una forma vestida de preclara has perdido las plumas y los besos, con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos. Pasad ante el cubano generoso, hombres de su Brigada, con el fusil furioso, las botas iracundas y la mano crispada. Miradlo sonriendo a los terrones y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos a nuestros más floridos batallones y a sus varones como rayos rudos. Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan. No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.
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Elegía segunda
«Me quedaré en España compañero», me dijiste con gesto enamorado. Y al fin sin tu edificio trotante de guerrero en la hierba de España te has quedado. Nadie llora a tu lado: desde el soldado al duro comandante, todos te ven, te cercan y te atienden con ojos de granito amenazante, con cejas incendiadas que todo el cielo encienden. Valentín el volcán, que si llora algún día será con unas lágrimas de hierro, se viste emocionado de alegría para robustecer el río de tu entierro. Como el yunque que pierde su martillo, Manuel Moral se calla colérico y sencillo. Y hay muchos capitanes y muchos comisarios quitándote pedazos de metralla, poniéndote trofeos funerarios. Ya no hablarás de vivos y de muertos, ya disfrutas la muerte del héroe, ya la vida que no te verá en las calles ni en los puertos pasar como una ráfaga garrida. Pablo de la Torriente, has quedado en España y en mi alma caído: nunca se pondrá el sol sobre tu frente, heredará tu altura la montaña y tu valor el toro del bramido. De una forma vestida de preclara has perdido las plumas y los besos, con el sol español puesto en la cara y el de Cuba en los huesos. Pasad ante el cubano generoso, hombres de su Brigada, con el fusil furioso, las botas iracundas y la mano crispada. Miradlo sonriendo a los terrones y exigiendo venganza bajo sus dientes mudos a nuestros más floridos batallones y a sus varones como rayos rudos. Ante Pablo los días se abstienen ya y no andan. No temáis que se extinga su sangre sin objeto, porque éste es de los muertos que crecen y se agrandan aunque el tiempo devaste su gigante esqueleto.
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De la Asia fue terror, de Europa espanto, y de la África rayo fulminante; los golfos y los puertos de Levante con sangre calentó, creció con llanto.Su nombre solo fue vitoria en cuanto reina la luna en el mayor turbante; pacificó motines en Brabante: que su grandeza sola pudo tanto.Divorcio fue del mar y de Venecia, su desposorio dirimiendo el peso de naves, que temblaron Chipre y Grecia.¡Y a tanto vencedor venció un proceso! De su desdicha su valor se precia: ¡murió en prisión, y muerto estuvo preso!
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Inscripción en el túmulo de don pedro girón, duque de osuna, virrey y capitán general de las dos sicilias
la casa de la esquina ya no es un río ni llora/ todavía se queda al lado del café/ todavía parece una cara colorada/ pero no estamos vos y yo en el umbral tocándonos los miedos/la fuga del infinito mordido/ bajo la anchura de la noche -la más perdonadora- cruzábamos un mar de puertos desclavados/ si al deshacer la valija del tiempo encontraras tu vestidito de percal con salivas lunares/ ¿te lo pusieras de nuevo para barrer la vereda/ echar al agua sucia las ramas secas del deseo rompidas por nuestra torpeza en el umbral anterior?/ ¿y quién haría una hoguera con las convulsiones/las tenazas/ los cueros de tu voz?/¿lo que temblaba allí contra los muros/la pierna azul del pensamiento que vuela y vuela entre dos pieles?/ ¡caídas de tu voz donde la ciudad entera ardía!/ ¡crepitaciones de tu niña sobrevolando un instante blanquísimo! ¡allí donde los chicos del barrio se suicidan!/ ¡entre la voz de adentro y la de afuera!/ ¡entre el bosque deseante y la palabra!/ ¡por allí vos pasabas con un ramo de besos!/ ¡hembra/hembra/hembra/ que mezclás todas las heridas! ¡los dioses de oro con la tierra!/ ¡lujosa de odio y soledad!/
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La casa de la esquina ya no es un río ni llora