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"prospera" poems
Acaso él mismo fuera en parte responsable, Por el afán de parecer un ángel, eterno adolescente, De aquel diminuto familiar en exceso con el mozo, De sabor desdeñoso para el hombre, Con el cual en privado y en público llamaban Unos y otros, amigos como extraños, Con esas peculiares maneras españolas, Al cincuentón obeso en que se convirtiera. En el poeta la espiritual compleja maquinaria De sutil precisión y exquisito manejo Requiere entendimiento, y no tan sólo En quienes al poeta se aproximan Sino también en quien detenta a aquélla. Mas él, siempre movido por el capricho irrazonable del infante, No quiso, tal vez no supo manejarla, Ayudando a los otros, contra él, en el desdén artero. Porque en la cuenta debe entrar la idiosincrasia indígena Que jamás admitiera cómo excelencia puede corresponder a varios: Su fanatismo antes mejor prospera si se concentra en la de uno. Así tantos compadres del Poeta en Residencia, Sin excluir, por su interés en la guerrilla, a éste, Quisieron consignar al olvido su raro don poético, Cuidando de ver en él tan sólo y nada más que a "Manolito" Y callando al poeta admirable que en él hubo.
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Supervivencias tribales en el medio literario
En estos hiperbólicos minutos en que la vida sube por mi pecho como una marea de tributos onerosos, la plétora de vida se resuelve en renuncia capital y en miedo se liquida. Mi sufrimiento es como un gravamen de rencor, y mi dicha como cera que se derrite siempre en jubileos, y hasta mi mismo amor es como un tósigo que en la raíz del corazón prospera. Cobardemente clamo, desde el centro de mis intensidades corrosivas, a mi parroquia, el ave moderada, a la flor quieta y a las aguas vivas. Yo quisiera acogerme a la mesura, a la estricta conciencia y al recato de aquellas cosas que me hicieron bien... Anticuados relojes del Curato cuyas pesas de cobre se retardaban, con intención pura, por aplazarme indefinidamente la primera amargura. Obesidad de aquellas lunas que iban rodando, dormilonas y coquetas, por un absorto azul sobre los árboles de las banquetas. Fatiga incierta de un incierto piano en que un tema llorón se decantaba, con insomnio y desgano, en favor del obtuso centinela y contra la salud del hortelano. Santos de piedra que en el atrio exponen su casulla de piedra a la herejía del recio temporal. Garganta criolla de Carmen García que mandaba su canto hasta las calles envueltas en perfume vegetal. Cromos bobalicones, colgados por estímulo a la mesa, y que muestran sandías y viandas con exageraciones pictóricas; exánimes gallinas, y conejos en quienes no hizo sangre lo comedido de los perdigones. Canteras cuyo vértice poroso destila el agua, con paciente escrúpulo, en el monjil reposo del comedor, a cada golpe neto con que las gotas, simples y tardías, acrecen el caudal noches y días. Acudo a la justicia original de todas estas cosas; mas en mi pecho siguen germinando las plantas venenosas, y mi violento espíritu se halla nostálgico de sus jaculatorias y del pío metal de su medalla.
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El minuto cobarde
En estos hiperbólicos minutos en que la vida sube por mi pecho como una marea de tributos onerosos, la plétora de vida se resuelve en renuncia capital y en miedo se liquida. Mi sufrimiento es como un gravamen de rencor, y mi dicha como cera que se derrite siempre en jubileos, y hasta mi mismo amor es como un tósigo que en la raíz del corazón prospera. Cobardemente clamo, desde el centro de mis intensidades corrosivas, a mi parroquia, el ave moderada, a la flor quieta y a las aguas vivas. Yo quisiera acogerme a la mesura, a la estricta conciencia y al recato de aquellas cosas que me hicieron bien... Anticuados relojes del Curato cuyas pesas de cobre se retardaban, con intención pura, por aplazarme indefinidamente la primera amargura. Obesidad de aquellas lunas que iban rodando, dormilonas y coquetas, por un absorto azul sobre los árboles de las banquetas. Fatiga incierta de un incierto piano en que un tema llorón se decantaba, con insomnio y desgano, en favor del obtuso centinela y contra la salud del hortelano. Santos de piedra que en el atrio exponen su casulla de piedra a la herejía del recio temporal. Garganta criolla de Carmen García que mandaba su canto hasta las calles envueltas en perfume vegetal. Cromos bobalicones, colgados por estímulo a la mesa, y que muestran sandías y viandas con exageraciones pictóricas; exánimes gallinas, y conejos en quienes no hizo sangre lo comedido de los perdigones. Canteras cuyo vértice poroso destila el agua, con paciente escrúpulo, en el monjil reposo del comedor, a cada golpe neto con que las gotas, simples y tardías, acrecen el caudal noches y días. Acudo a la justicia original de todas estas cosas; mas en mi pecho siguen germinando las plantas venenosas, y mi violento espíritu se halla nostálgico de sus jaculatorias y del pío metal de su medalla.
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Soñamos con realidades mágicas En mundos alternos Y plataformas secretas De nuestro subconsciente. Los anhelos que espontáneamente En cada frágil espacio crecen La energía conservan. Y una chispa los concibe Creando de forma divina, absoluta El deseo que en nuestro interior prospera.
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Aug 7, 2019
Aug 7, 2019 at 6:03 PM UTC
Mundos de ensueño