"prolongada" poems
¡Ciudad que fuiste reina del mar! Vagan ligeros
Y en paz los tiburones en tu tranquila rada,
Donde las nubes tienden su sombra prolongada,
Y que vio los antiguos galeones iberos.
Desde Drake y los días de infieles bucaneros
Tu muralla de siglos se arruina abandonada,
Y cual collar sombrío, de grandeza pasada,
Aun de Pointis las balas muestran los agujeros.
Entre la mar y el cielo que abrasa tu bahía,
Bajo el sol de un monótono y ardiente medio día,
Con los Conquistadores sueñas amodorrada;
Y en el enervamiento de noches placenteras,
Te duermes, arrullando tu gloria ya borrada,
Bajo palmas, al lento rumor de las palmeras.
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Nubes besándose
Hoy vi dos nubes besándose
y me recordó a ti!
Recordé después de vivir en una prolongada amnesia, inducida por mi,
negándome a ese sentimiento,
hasta pretender que ya
no había nada de ti en mi.
Hoy vi dos nubes besándose
que me hablaron de aquellos besos,
esos entregados en el alba
y esos en el postado sol!
Esos besos compartidos después de una larga platica,
y aquellos que fueron puente para una reconciliación!
Vi dos nubes besándose,
como lo hacíamos tú y yo,
sin importar la audiencia
o el tiempo que marcaba el reloj!
Creo que vi dos nubes besándose,
y se coqueteaban como lo hacíamos tú y yo,
besándonos con la mirada,
o cuando entrecruzábamos nuestras
manos, o en ese silencio que tanto amábamos!
Vi dos nubes besándose
y al tornar la mirada, de pronto note,
que las nubes se habían esfumado....
como se disipó nuestro amor!
LeydisProse
11/12/2017
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Nov 12, 2017
Nov 12, 2017 at 9:30 PM UTC
Hoy te contemplo en el piano, señora mía, Fuensanta,
las manos sobre las teclas, en los pedales la planta,
y ambiciona santamente la dicha de los pedales
mi corazón, por estar bajo tus pies ideales.
Porque yo sé de tu planta ser de todas la más pura,
tu planta sabe las rutas sangrientas de la Pasión,
que por ir tras Jesucristo por calles de la Amargura
dejó el sendero de lirios de Belkis y Salomón.
Y así te imploro, Fuensanta, que en mi corazón camines
para que tus pies aromen la pecaminosa entraña,
cuyos senderos polvosos y desolados jardines
te han de devolver en rosas la más estéril cizaña.
En las tertulias de noches de prolongada vigilia,
en el piano me pareces moderna Santa Cecilia
que cual solícita novia, con sus armónicos pies,
con la magia de los ojos y el milagro del sonido,
venciendo horas y distancia me lleva siempre a través
de los valles lacrimosos, al Paraíso Perdido.
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