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"precio" poems
Esta boca es mía nací con ella, me crié con ella aprendí a hablar y a conjugar adjetivos palabras, sujetos y predicados escupiendo cosas que nunca debí decir masticando en ella la vida como menta saboreando cada momento, cada prosa con mi boca la que no procesa lo que de la mente llega mas aun sale al desnudo como un bebe al recién nacer. De mi boca la que muerde siente y se arrepiente la que delira a cada rato la que conoce un vocabulario sin sentido rima frases sin diccionario porque si no existen se las inventa hasta que lleguen a existir casi así como el Latín un idioma al extinguir una lengua sin domesticar diciendo cosas sin sugerir sin ninguna delicadeza que interrumpe sin excusar sea mentira o sea ****** es una boca sin conciencia que deja de ser boca en el momento que empieza hablar. [Mi boca tiene sed, un receso.] [Ahem] [Como decía...] Talvez tengo una fijación oral sea por angustia o ansiedad mi boca no conoce nicotina ni mariscos ni invertebrados que se sacuden en el piso pero si una buena botella de vino y un trago de whisky, mejor ni hablar... Sabes que mi boca se fue de gira y de paso conoció a otras enternecidas, endurecidas por los años secuestradas por amores baratos sin ningún tipo de amnistía mas para mi boca fue un contrabando ladrona de besos prestados que suben de precio en el mercado en los burdeles de los gitanos y de mis fantasías cuando ya no estas. Y es así que me quede sin boca cuando paso hacer tuya porque no hay boca con mas levadura no hay boca con mas fortuna tan pesimista y tan conformista y al final de cuenta tan habladora que se resbala en mi camisa bajando de botón a botón subiendo denuevo se esconde y la encuentro visitando a la mía, la mía misma que después de tantos años dejo de ser boca porque ya no se conforma ni se entiende ni se toca si no te besa a ti.
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Feb 19, 2010
Feb 19, 2010 at 4:09 PM UTC
Esta Boca Es Mía...Y Tuya También.
Esta boca es mía nací con ella, me crié con ella aprendí a hablar y a conjugar adjetivos palabras, sujetos y predicados escupiendo cosas que nunca debí decir masticando en ella la vida como menta saboreando cada momento, cada prosa con mi boca la que no procesa lo que de la mente llega mas aun sale al desnudo como un bebe al recién nacer. De mi boca la que muerde siente y se arrepiente la que delira a cada rato la que conoce un vocabulario sin sentido rima frases sin diccionario porque si no existen se las inventa hasta que lleguen a existir casi así como el Latín un idioma al extinguir una lengua sin domesticar diciendo cosas sin sugerir sin ninguna delicadeza que interrumpe sin excusar sea mentira o sea ****** es una boca sin conciencia que deja de ser boca en el momento que empieza hablar. [Mi boca tiene sed, un receso.] [Ahem] [Como decía...] Talvez tengo una fijación oral sea por angustia o ansiedad mi boca no conoce nicotina ni mariscos ni invertebrados que se sacuden en el piso pero si una buena botella de vino y un trago de whisky, mejor ni hablar... Sabes que mi boca se fue de gira y de paso conoció a otras enternecidas, endurecidas por los años secuestradas por amores baratos sin ningún tipo de amnistía mas para mi boca fue un contrabando ladrona de besos prestados que suben de precio en el mercado en los burdeles de los gitanos y de mis fantasías cuando ya no estas. Y es así que me quede sin boca cuando paso hacer tuya porque no hay boca con mas levadura no hay boca con mas fortuna tan pesimista y tan conformista y al final de cuenta tan habladora que se resbala en mi camisa bajando de botón a botón subiendo denuevo se esconde y la encuentro visitando a la mía, la mía misma que después de tantos años dejo de ser boca porque ya no se conforma ni se entiende ni se toca si no te besa a ti.
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Gracias a los que entiende, miró a ambos lados, nunca juzgado mal por el propio bien. los que sabían, que se quedaron en el interior, sin un precio, sin ningún argumento amistad. Para los verdaderos amigos no entienden, se mantendrá en contacto, y nunca, hablar mal de boca. se levanta la moral, contra las fuerzas que resisten, pero, una falsa voluntad de que usted se hunde en el fondo de arenas movedizas. Ahora, todavía estoy esperando, la positividad es lo que estoy deseando, que son para siempre, desde hace años que estamos haciendo. por todos los recuerdos, hemos construido un muro, cuatro de nosotros, lo hizo todo. A pesar de todo, lo que el mundo nos importa? porque yo sentía la comodidad, en la sabiduría a todos desnudos, que ha compartido,e deseo la felicidad, incluso todo lo que ha cambiado, aún estoy expulsado, cuando nos encontremos, en algún momento,en algún lugar, lo que puedo decir, que ha sido un parte, y mi pasado nunca fue un llorar, que siempre recordará, he definido, que es la amistad.
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May 27, 2011
May 27, 2011 at 1:26 AM UTC
Este es de cuatro ti
Como decirte que me has lastimado, si eso significa que te lastimaría Como aclarar tus dudas si aclararlas es que sufras la verdad Como asercarme a ti con amor si se que te podria lastimar Dime, acaso fui yo quien cambio? Fui you la que se alejo de la verdad primero? Fueron mis palabras las que lastimaron mas? Fue La fuerza de mi amor la que hizo tanto daño? Yo solo quería escucharte decir un te quiero aunque fuese mentira Solo quería tener el palpitar de tu corazón conjunto al mio Solo tenía la esperanza de que por una vez tu tomaras mi mano Yo solo quería sentir que tenía el respaldo de alguien.... Tenía muchos deseos de que me sostubieras en tus brazos De que por un momento todo pareciera solo una pesadilla Quería porbun instante llevarme yo la victoria , aunque hiciera trampa Quería tenerte como un amigo,un aliado, un hermano Me canse de que quisieras ser un padre, sabes ya tengo bastantantes de esos Uno se dio por vencido y nunca intento ser parte de mi vida Otro estuvo allí y cobro un precio demasiado caro que tuve que pagar Si quieres ser un padre para mi tienes que lastimarme, hacerme sentir que valgo la pena y luego darte la vuelta
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Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 11:47 PM UTC
Spanish Melody
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Adúltera
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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Los desposados de la muerte
Michael Farrel ardía con un ardor puro como la luz. Sus manos enseñaban a amar los lirios y sus sienes a desear el oro de las estrellas. En sus ojos bullían trémulas luces oceánicas. Sus formas eran el himno de castidad de la arcilla, suave y fragante y musical. Bajo sus bucles rubios, undosos y profusos, parecían temblar las alas de un ángel. Emiliano Atehortúa era muy sencillo y traía una infantilidad inagotable. Su adolescencia láctea, meliflua y floreal, fluía por las escarpas de mi madurez como fluye por el cielo la leche del alba. Cuando le vi en el vano ejercicio de la vida me pareció que me envolvía el rumor de una selva y me inundó el corazón la virtud musical de las aguas. Hay almas tan melódicas como si fueran ríos o bosques en las orillas de los ríos! Guillermo Valderrama era indolente y apasionado. Como un licor de bajo precio, la vida le produjo una embriaguez innoble. Sus formas pregonaban el triunfo de una estirpe. Había en su voz un glú-glú redentor y su amante le llamó una vez "el Príncipe de las hablas de agua". Leonel Robledo era muy tímido bajo una apariencia llena de majestad. En el recóndito espejo de su ternura se le reflejaba la imagen de una mujer. Toda su fuerza era para el ensueño y la evocación. Le vi llorar una vez por males de ausencia y me dije: hay una tempestad en una gota de rocío, y, sin embargo, no se conmueven los luceros... Stello Ialadaki era armonioso, rosáceo, azulino, como los mares de Grecia, como las islas que ellos ciñen. Efundía del mundo algo irreal, risueño, fantástico. Se le veía como marchando de las playas de ensueño que rozaron las quillas de Simbad el Marino, hacia las vagas latitudes por donde erró Sir John de Mandeville. Cuando le conocí tuve antojo de releer la Odisea, y por la noche soñé en el misterio de las espigas. ¡Evanaam! ¡Evanaam! Juan Rafael Agudelo era fuerte. Su fuerza trascendía como los roncos ecos del monte a los pinos. Alma laboriosa, la soledad era su ambiente necesario. Sus ilusiones fructificaban como una floresta oculta por los tules del "todavía-no". Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad, y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.
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La vida tiene felicidad y tristeza Todos experimentamos y no podemos hacer nada La fe es todo, y haríamos que bien para recordarlo Les dicen que tiempo curan todos, pero es con una cuesta muy precio. Para ser curan por tiempo les necesitan que olvidar. Olvida que dolerse. No quiero olvidarte. Quiero recordar los tiempos fueron imponentes. Pero le no quieres. Seguiré adelante sin ti, o posible con ti si quieres. Si lee este, por favor sabes que te quiero estar feliz y en un lugar grande. Y vaya con Díos
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Mar 24, 2014
Mar 24, 2014 at 10:09 PM UTC
Por mi corazón
Lirismo de invierno, rumor de crespones, cuando ya se acerca la pronta partida; agoreras voces de tristes canciones que en la tarde rezan una despedida. Visión del entierro de mis ilusiones en la propia tumba de mortal herida. Caridad verónica de ignotas regiones, donde a precio de éter se pierde la vida. Cerca de la aurora partiré llorando; y mientras mis años se vayan curvando, curvará guadañas mi ruta veloz. Y ante fríos óleos de luna muriente, con timbres de aceros en tierra indolente, cavarán los perros, aullando, un adiós!
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Sauce
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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Camposanto en collioure
Aquí paz, y después gloria. Aquí, a orillas de Francia, en donde Cataluña no muere todavía y prolonga en carteles de «Toros à Ceret» y de «Flamenco's Show» esa curiosa España de las ganaderías de reses bravas y de juergas sórdidas, reposa un español bajo una losa:                                                                 paz y después gloria. Dramático destino, triste suerte morir aquí                       -paz y después...-                               perdido, abandonado y liberado a un tiempo (ya sin tiempo) de una patria sombría e inclemente. Sí; después gloria. Al final del verano, por las proximidades pasan trenes nocturnos, subrepticios, rebosantes de humana mercancía: manos de obra barata, ejército vencido por el hambre                                               -paz...-, otra vez desbandada de españoles cruzando la frontera, derrotados -...sin gloria. Se paga con la muerte o con la vida, pero se paga siempre una derrota. ¿Qué precio es el peor?                                                   Me lo pregunto y no sé qué pensar ante esta tumba, ante esta paz                             -«Casino de Canet: spanish gipsy dancers», rumor de trenes, hojas...-, ante la gloria ésta -...de reseco laurel- que yace aquí, abatida bajo el ciprés erguido, igual que una bandera al pie de un mástil. Quisiera, a veces, que borrase el tiempo los nombres y los hechos de esta historia como borrará un día mis palabras que la repiten siempre tercas, roncas.
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Quitar codicia, no añadir dinero, Hace ricos los hombres, Casimiro: Puedes arder en púrpura de Tiro, Y no alcanzar descanso verdadero. Señor te llamas; yo te considero Cuando el hombre interior que vives miro, Esclavo de las ansias y el suspiro, Y de tus propias culpas prisionero. Al asiento de l'alma suba el oro, No al sepulcro del oro l'alma baje, Ni le compita a Dios su precio el lodo. Descifra las mentiras del tesoro, Pues falta (y es del Cielo este lenguaje) Al pobre, mucho, y al avaro todo.
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Enseña cómo no es rico el que tiene mucho caudal
Y, en fin, pasando luego al dominio de la muerte, que actúa en escuadrón, previo corchete, párrafo y llave, mano grande y diéresis, ¿a qué el pupitre asirio? ¿a qué el cristiano púlpito, el intenso jalón del mueble vándalo o, todavía menos, este esdrújulo retiro? ¿Es para terminar, mañana, en prototipo del alarde fálico, en diabetis y en blanca vacinica, en rostro geométrico, en difunto, que se hacen menester sermón y almendras, que sobran literalmente patatas y este espectro fluvial en que arde el oro y en que se quema el precio de la nieve? ¿Es para eso, que morimos tánto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante? ¿Y el párrafo que escribo? ¿Y el corchete deísta que enarbolo? ¿Y el escuadrón en que falló mi casco? ¿Y la llave que va a todas las puertas? ¿Y la forense diéresis, la mano, mi patata y mi carne y mi contradicción bajo la sábana? ¡Loco de mí, lovo de mí, cordero de mí, sensato, caballísimo de mí! ¡Pupitre, sí, toda la vida; púlpito, también, toda la muerte! Sermón de la barbarie: estos papeles; esdrújulo retiro: este pellejo. De esta suerte, cogitabundo, aurífero, brazudo, defenderé mi presa en dos momentos, con la voz y también con la laringe, y del olfato físico con que oro y del instinto de inmovilidad con que ando, me honraré mientras viva -hay que decirlo; se enorgullecerán mis moscardones, porque, al centro, estoy yo, y a la derecha, también, y, a la izquierda, de igual modo.
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Sermón sobre la muerte
Y, en fin, pasando luego al dominio de la muerte, que actúa en escuadrón, previo corchete, párrafo y llave, mano grande y diéresis, ¿a qué el pupitre asirio? ¿a qué el cristiano púlpito, el intenso jalón del mueble vándalo o, todavía menos, este esdrújulo retiro? ¿Es para terminar, mañana, en prototipo del alarde fálico, en diabetis y en blanca vacinica, en rostro geométrico, en difunto, que se hacen menester sermón y almendras, que sobran literalmente patatas y este espectro fluvial en que arde el oro y en que se quema el precio de la nieve? ¿Es para eso, que morimos tánto? ¿Para sólo morir, tenemos que morir a cada instante? ¿Y el párrafo que escribo? ¿Y el corchete deísta que enarbolo? ¿Y el escuadrón en que falló mi casco? ¿Y la llave que va a todas las puertas? ¿Y la forense diéresis, la mano, mi patata y mi carne y mi contradicción bajo la sábana? ¡Loco de mí, lovo de mí, cordero de mí, sensato, caballísimo de mí! ¡Pupitre, sí, toda la vida; púlpito, también, toda la muerte! Sermón de la barbarie: estos papeles; esdrújulo retiro: este pellejo. De esta suerte, cogitabundo, aurífero, brazudo, defenderé mi presa en dos momentos, con la voz y también con la laringe, y del olfato físico con que oro y del instinto de inmovilidad con que ando, me honraré mientras viva -hay que decirlo; se enorgullecerán mis moscardones, porque, al centro, estoy yo, y a la derecha, también, y, a la izquierda, de igual modo.
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No fue jamás mejor aquello. Esto de ahora es doloroso; pero el dolor nos hace hombres y ya ninguno estamos solos. Alto fue el precio que pagamos: miseria y llanto de los ojos, nuestros mejores años verdes y nuestros sueños más hermosos. Porque nacimos bajo el signo del cerebro. Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso, y somos ruinas o cimientos, algo inconcreto, algo borroso: tronco cortado a ras de tierra, que nadie sabe que fue tronco. Predestinados para sabios, para teóricos, nos enseñaron muchas cosas conceptualmente. Y como a un pozo de agua estancada y silenciosa, fuimos echando piedras, lodo, trozos inútiles de muerte, mármoles rotos. Ahora no vemos sobre el agua El paisaje que se alza en torno. Predestinados para sabios, para teóricos, conoceríamos la vida sólo a través del microscopio, y nuestro amigo, nuestro hermano, serían entes, microcosmos, nombres velados, sin sentido, abstracciones… Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso. Se desbordó un día la vida, nos tornó locos, y les pusimos a las cosas nuevos nombres. Y el vino rojo de la sangre, y el agua pálida del llanto, el sol majestuoso del mediodía de verano fueron más que simples fenómenos, abstracciones, malabarismos de los teóricos. Éramos hombres, y el de enfrente, aquel que hablaba con nosotros, de su tiempo, de nuestro tiempo, no era un ente ni un microcosmos. El que sufría, el que gritaba o lloraba por estar solo; el que durmió sobre la hierba las noches húmedas de otoño a nuestro lado, alma con alma, hombro con hombro, aquél, cegado por la tierra que nos echaban a los ojos; aquél que anduvo por los campos solitario, pisando odios, era un hombre de carne y hueso como nosotros. … Es extraño. Noches y días se suceden. Seguimos solos como unos árboles raquíticos en la cima de un monte. Pozos semicegados. (Pero el agua, invisible para los ojos, como una remota esperanza suena en el fondo.) Es triste alzarse de uno mismo, poner los ojos en el rostro de los hombres que han de venir tras de nosotros, que no sabrán que entre los árboles, sobre la hierba, en el mar hondo, en las ciudades, en las cumbres, hemos cantado, temblorosos por la alegría de estar vivos. Así pasamos, como un soplo de brisa azul sobre la piedra. Sin dejar rastro, como el oro de las hojas, cuando coronan la frente grave del otoño… Porque no queda ni una sola rosa plantada por nosotros.
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770
Generación
No fue jamás mejor aquello. Esto de ahora es doloroso; pero el dolor nos hace hombres y ya ninguno estamos solos. Alto fue el precio que pagamos: miseria y llanto de los ojos, nuestros mejores años verdes y nuestros sueños más hermosos. Porque nacimos bajo el signo del cerebro. Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso, y somos ruinas o cimientos, algo inconcreto, algo borroso: tronco cortado a ras de tierra, que nadie sabe que fue tronco. Predestinados para sabios, para teóricos, nos enseñaron muchas cosas conceptualmente. Y como a un pozo de agua estancada y silenciosa, fuimos echando piedras, lodo, trozos inútiles de muerte, mármoles rotos. Ahora no vemos sobre el agua El paisaje que se alza en torno. Predestinados para sabios, para teóricos, conoceríamos la vida sólo a través del microscopio, y nuestro amigo, nuestro hermano, serían entes, microcosmos, nombres velados, sin sentido, abstracciones… Pero ya todo se vino a tierra una mañana. Lo devastó un viento glorioso. Se desbordó un día la vida, nos tornó locos, y les pusimos a las cosas nuevos nombres. Y el vino rojo de la sangre, y el agua pálida del llanto, el sol majestuoso del mediodía de verano fueron más que simples fenómenos, abstracciones, malabarismos de los teóricos. Éramos hombres, y el de enfrente, aquel que hablaba con nosotros, de su tiempo, de nuestro tiempo, no era un ente ni un microcosmos. El que sufría, el que gritaba o lloraba por estar solo; el que durmió sobre la hierba las noches húmedas de otoño a nuestro lado, alma con alma, hombro con hombro, aquél, cegado por la tierra que nos echaban a los ojos; aquél que anduvo por los campos solitario, pisando odios, era un hombre de carne y hueso como nosotros. … Es extraño. Noches y días se suceden. Seguimos solos como unos árboles raquíticos en la cima de un monte. Pozos semicegados. (Pero el agua, invisible para los ojos, como una remota esperanza suena en el fondo.) Es triste alzarse de uno mismo, poner los ojos en el rostro de los hombres que han de venir tras de nosotros, que no sabrán que entre los árboles, sobre la hierba, en el mar hondo, en las ciudades, en las cumbres, hemos cantado, temblorosos por la alegría de estar vivos. Así pasamos, como un soplo de brisa azul sobre la piedra. Sin dejar rastro, como el oro de las hojas, cuando coronan la frente grave del otoño… Porque no queda ni una sola rosa plantada por nosotros.
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De Antequera sale un moro,   de Antequera, aquesa villa, cartas llevaba en su mano,   cartas de mensajería, escritas iban con sangre,   y no por falta de tinta, el moro que las llevaba   ciento y veinte años había. Ciento y veinte años el moro,   de doscientos parecía, la barba llevaba blanca   muy larga hasta la cinta, con la cabeza pelada   la calva le relucía; toca llevaba tocada,   muy grande precio valía, la mora que la labrara   por su amiga la tenía. Caballero en una yegua   que grande precio valía, no por falta de caballos,   que hartos él se tenía; alhareme en su cabeza   con borlas de seda fina. Siete celadas le echaron,   de todas se escabullía; por los cabos de Archidona   a grandes voces decía: -Si supieres, el rey moro,   mi triste mensajería mesarías tus cabellos   y la tu barba vellida. Tales lástimas haciendo   llega a la puerta de Elvira; vase para los palacios   donde el rey moro vivía. Encontrado ha con el rey   que del Alhambra salía  con doscientos de a caballo,   los mejores que tenía. Ante el rey, cuando le halla,   tales palabras decía: -Mantenga Dios a tu alteza,   salve Dios tu señoría. -Bien vengas, el moro viejo,   días ha que te atendía. -¿Qué nuevas me traes, el moro,   de Antequera esa mi villa? -No te las diré, el buen rey,   si no me otorgas la vida. -Dímelas, el moro viejo,   que otorgada te sería. -Las nuevas que, rey, sabrás   no son nuevas de alegría: que ese infante don Fernando   cercada tiene tu villa. Muchos caballeros suyos   la combaten cada día: aquese Juan de Velasco   y el que Henríquez se decía, el de Rojas y Narváez,   caballeros de valía. De día le dan combate,   de noche hacen la mina; los moros que estaban dentro   cueros de vaca comían, si no socorres, el rey,   tu villa se perdería.
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Romance del moro de antequera
De Antequera sale un moro,   de Antequera, aquesa villa, cartas llevaba en su mano,   cartas de mensajería, escritas iban con sangre,   y no por falta de tinta, el moro que las llevaba   ciento y veinte años había. Ciento y veinte años el moro,   de doscientos parecía, la barba llevaba blanca   muy larga hasta la cinta, con la cabeza pelada   la calva le relucía; toca llevaba tocada,   muy grande precio valía, la mora que la labrara   por su amiga la tenía. Caballero en una yegua   que grande precio valía, no por falta de caballos,   que hartos él se tenía; alhareme en su cabeza   con borlas de seda fina. Siete celadas le echaron,   de todas se escabullía; por los cabos de Archidona   a grandes voces decía: -Si supieres, el rey moro,   mi triste mensajería mesarías tus cabellos   y la tu barba vellida. Tales lástimas haciendo   llega a la puerta de Elvira; vase para los palacios   donde el rey moro vivía. Encontrado ha con el rey   que del Alhambra salía  con doscientos de a caballo,   los mejores que tenía. Ante el rey, cuando le halla,   tales palabras decía: -Mantenga Dios a tu alteza,   salve Dios tu señoría. -Bien vengas, el moro viejo,   días ha que te atendía. -¿Qué nuevas me traes, el moro,   de Antequera esa mi villa? -No te las diré, el buen rey,   si no me otorgas la vida. -Dímelas, el moro viejo,   que otorgada te sería. -Las nuevas que, rey, sabrás   no son nuevas de alegría: que ese infante don Fernando   cercada tiene tu villa. Muchos caballeros suyos   la combaten cada día: aquese Juan de Velasco   y el que Henríquez se decía, el de Rojas y Narváez,   caballeros de valía. De día le dan combate,   de noche hacen la mina; los moros que estaban dentro   cueros de vaca comían, si no socorres, el rey,   tu villa se perdería.
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Tened presente el hambre: recordad su pasado turbio de capataces que pagaban en plomo. Aquel jornal al precio de la sangre cobrado, con yugos en el alma, con golpes en el lomo. El hambre paseaba sus vacas exprimidas, sus mujeres resecas, sus devoradas ubres, sus ávidas quijadas, sus miserables vidas frente a los comedores y los cuerpos salubres. Los años de abundancia, la saciedad, la hartura eran sólo de aquellos que se llamaban amos. Para que venga el pan justo a la dentadura del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos. Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente, los que entienden la vida por un botín sangriento: como los tiburones, voracidad y diente, panteras deseosas de un mundo siempre hambriento. Años del hambre han sido para el pobre sus años. Sumaban para el otro su cantidad los panes. Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes. Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos. Por haber engordado tan baja y brutalmente, más abajo de donde los cerdos se solazan, seréis atravesados por esta gran corriente de espigas que llamean, de puños que amenazan. No habéis querido oír con orejas abiertas el llanto de millones de niños jornaleros. Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas a pedir con la boca de los mismos luceros. En cada casa, un odio como una higuera fosca, como un tremante toro con los cuernos tremantes, rompe por los tejados, os cerca y os embosca, y os destruye a cornadas, perros agonizantes.
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El hambre
Tened presente el hambre: recordad su pasado turbio de capataces que pagaban en plomo. Aquel jornal al precio de la sangre cobrado, con yugos en el alma, con golpes en el lomo. El hambre paseaba sus vacas exprimidas, sus mujeres resecas, sus devoradas ubres, sus ávidas quijadas, sus miserables vidas frente a los comedores y los cuerpos salubres. Los años de abundancia, la saciedad, la hartura eran sólo de aquellos que se llamaban amos. Para que venga el pan justo a la dentadura del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos. Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente, los que entienden la vida por un botín sangriento: como los tiburones, voracidad y diente, panteras deseosas de un mundo siempre hambriento. Años del hambre han sido para el pobre sus años. Sumaban para el otro su cantidad los panes. Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes. Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos. Por haber engordado tan baja y brutalmente, más abajo de donde los cerdos se solazan, seréis atravesados por esta gran corriente de espigas que llamean, de puños que amenazan. No habéis querido oír con orejas abiertas el llanto de millones de niños jornaleros. Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas a pedir con la boca de los mismos luceros. En cada casa, un odio como una higuera fosca, como un tremante toro con los cuernos tremantes, rompe por los tejados, os cerca y os embosca, y os destruye a cornadas, perros agonizantes.
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Una música íntima no cesa, porque transida en un abrazo de oro la Caridad con el Amor se besa. ¿Oyes el diapasón del corazón? Oye en su nota múltiple el estrépito de los que fueron y de los que no son. Mis hermanos de todas las centurias reconocen en mí su pausa igual, sus mismas quejas y sus propias furias. Soy la fronda parlante en que se mece el pecho germinal del bardo druida con la selva por diosa y por querida. Soy la alberca lumínica en que nada, como perla debajo de una lente, debajo de las linfas, Scherezada. Y soy el suspirante cristianismo al hojear las bienaventuranzas de la virgen que fue mi catecismo. Y la nueva delicia, que acomoda sus hipnotismos de color de tango al figurín y al precio de la moda. La redondez de la Creación atrueno cortejando a las hembras y a las cosas con un clamor pagano y nazareno. ¡Oh Psiquis, oh mi alma: suena a son moderno, a son de selva, a son de orgía y a son marino, el son del corazón!
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El son del corazón
Para las flores Para las ropas El collar Y el anillo Todos los regalos que me traerías No significaba una maldita cosa Por los besos Por los abrazos Los paseos en coche Y las cenas que compartiríamos Todo vino con un precio Que tendría que pagar Ahora que hemos terminado Me quedo con todo Todos los recuerdos Toda la basura Y no quiero nada de eso Nuestro tiempo puede haber sido corto Pero no fuimos hechos para durar Así que, gracias por nada puta Por favor, toma todo de vuelta For the roses For the clothes The necklace And the ring All the presents you would bring me Didn’t mean a god **** thing For the kisses For the hugs The car rides And the dinners we would share All came with a price That I would have to pay Now that we are through I am left with it all All the memories All the junk And I don’t want any of it Our time may have been short But we weren't made to last So, thanks for nothing ***** Please take it all back
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Dec 11, 2018
Dec 11, 2018 at 8:40 PM UTC
Gracias por Nada (Thanks for Nothing)
Muchachuelo de brazos cetrinos Que vas con tu cesta, Rebosando naranjas pulidas De un caliente color ambarino; Muchachuelo que fuiste a las chacras Y a los árboles amplios trepaste Como yo me trepaba cuando era Una libre chicuela salvaje; Ven acá muchachuelo; yo ansío Que me vuelques tu cesta en la falda. Pide el precio mas alto que quieras. ¡Ah, qué bueno el olor a naranjas! A mi pueblo distante y tranquilo, Naranjales tan prietos rodean, Que en Agosto semeja de oro Y en Diciembre de azahares blanquea. Me críe respirando ese aroma Y aún parece que corre en mi sangre. Naranjitas pequeñas y verdes Siendo niña, enhebraba en collares. Después, lejos llevóme la vida. Me he tornado tristona y pausada. ¡Qué nostalgia tan honda me oprime Cuándo siento el olor a naranjas! Si a otro pago muy lejos del tuyo, Indiecito, algún día te llevan, Y no eres feliz, y suspiras Por volver a tu vieja querencia, Y una tarde en un soplo de viento El sabor a tus montes te asalta, ¡Ya sabrás, indiecito asombrado, Lo que es la palabra "nostalgia".
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El vendedor de naranjas
Por las esquinas vagas de los sueños, Alta la madrugada, fue conmigo Tu imagen bien amada, como un día En tiempos idos, cuando Dios lo quiso. Agua ha pasado por el río abajo, Hojas verdes perdidas llevó el viento Desde que nuestras sombras vieron quedas Su afán borrarse con el sol traspuesto. Hermosa era aquella llama, breve Como todo lo hermoso: luz y ocaso. Vino la noche honda, y sus cenizas Guardaron el desvelo de los astros. Tal jugador febril ante una carta, Un alma solitaria fue la apuesta Arriesgada y perdida en nuestro encuentro; El cuerpo entre los hombres quedó en pena. ¿Quién dice que se olvida? No hay olvido. Mira a través de esta pared de hielo Ir esa sombra hacia la lejanía Sin el nimbo radiante del deseo. Todo tiene su precio. Yo he pagado El mío por aquella antigua gracia; Y así despierto, hallando tras mi sueño Un lecho solo, afuera yerta el alba.
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Tristeza del recuerdo
Todavía recuerdo el día en el que te marchaste dejándome tirada en ese viejo aparcamiento para camiones. Se que no soy ningún deshecho para ti. Yo soy la que jode, el penar el dolor el tormento La única que te habla con sinceridad en esa gasolinera del condado de Queens. He entregado toda mi alma tanto mi amor como mi rabia y si no es así, no importa ya Súbete monta y conduce Convéncete necesitas esto esa cruz que se balancea la pistola en tu guantera El camino es oscuro, pon las luces largas Y si la carretera es complicada siempre me tendrás de copiloto a tu lado. Te entregué mi alma al completo dime tu si hice bien confundiste una parte con un todo otra vez Tu puedes ser mi amante, que yo también seré, yo también seré tu tormento. Si puedes seguirme el ritmo persígueme dulcemente en la luz o en la oscuridad todas las cosas que has confesado odiar Latente la herida como un corazón purpura. Entregué mi alma a tus business nadando en el lago, entre los cisnes aunque intente huir ya sabes como hundirme, confundiste el valor con el precio estrellé mis sueños contra tu parachoques volví de entre los muertos para buscarte lloré y supliqué que me escuchases Allá en el callejón esta húmedo el ambiente seamos jóvenes y ridículos por una noche Solo necesito un mechero que prenda esta droga pequeño milagro sin tatuar dámelo en tus besos. ¿Que le voy a hacer? si la noche se torna mejor que el día Diviértete tu siempre haces que esté más fría Tómalo con suavidad pequeño cachorro de lobo Yo pinté una sonrisa sobre mis delicados labios tristes Y ¿que le voy a hacer? si pierdo cada vez que intento ganar si la tormenta lentamente se acerca Oh salgamos de fiesta solo que esta vez no me hagas llorar impetuoso hombre Todavía recuerdo el día que te marchaste dejándome tirada en ese motel con sucios colchones tengo tantas cosas que decir. Voy a dormir y espero verte allí.
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Dec 27, 2020
Dec 27, 2020 at 7:31 AM UTC
El Tormento
Todavía recuerdo el día en el que te marchaste dejándome tirada en ese viejo aparcamiento para camiones. Se que no soy ningún deshecho para ti. Yo soy la que jode, el penar el dolor el tormento La única que te habla con sinceridad en esa gasolinera del condado de Queens. He entregado toda mi alma tanto mi amor como mi rabia y si no es así, no importa ya Súbete monta y conduce Convéncete necesitas esto esa cruz que se balancea la pistola en tu guantera El camino es oscuro, pon las luces largas Y si la carretera es complicada siempre me tendrás de copiloto a tu lado. Te entregué mi alma al completo dime tu si hice bien confundiste una parte con un todo otra vez Tu puedes ser mi amante, que yo también seré, yo también seré tu tormento. Si puedes seguirme el ritmo persígueme dulcemente en la luz o en la oscuridad todas las cosas que has confesado odiar Latente la herida como un corazón purpura. Entregué mi alma a tus business nadando en el lago, entre los cisnes aunque intente huir ya sabes como hundirme, confundiste el valor con el precio estrellé mis sueños contra tu parachoques volví de entre los muertos para buscarte lloré y supliqué que me escuchases Allá en el callejón esta húmedo el ambiente seamos jóvenes y ridículos por una noche Solo necesito un mechero que prenda esta droga pequeño milagro sin tatuar dámelo en tus besos. ¿Que le voy a hacer? si la noche se torna mejor que el día Diviértete tu siempre haces que esté más fría Tómalo con suavidad pequeño cachorro de lobo Yo pinté una sonrisa sobre mis delicados labios tristes Y ¿que le voy a hacer? si pierdo cada vez que intento ganar si la tormenta lentamente se acerca Oh salgamos de fiesta solo que esta vez no me hagas llorar impetuoso hombre Todavía recuerdo el día que te marchaste dejándome tirada en ese motel con sucios colchones tengo tantas cosas que decir. Voy a dormir y espero verte allí.
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Si de un delito proprio es precio en Lido la horca, y en Menandro la diadema, ¿quién pretendes, ¡oh Júpiter!, que tema el rayo a las maldades prometido? Cuando fueras un robre endurecido, y no del cielo majestad suprema, gritaras, tronco, a la injusticia extrema, y, dios de mármol, dieras un gemido. Sacrilegios pequeños se castigan; los grandes en los triunfos se coronan, y tienen por blasón que se los digan. Lido robó una choza, y le aprisionan; Menandro un reino, y su maldad obligan con nuevas dignidades que le abonan.
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Un delito igual se reputa desigual si son diferentes los sujetos que le cometen, y aun los delitos, desiguales
¿Miras la faz que al orbe fue segunda y en el metal vivió rica de honores cómo, arrastrada, sigue los clamores, en las maromas de la plebe inmunda? No hay fragua que a sus miembros no los funda en calderas, sartenes y asadores; y aquel miedo y terror de los señores sólo de humo en la cocina abunda. El rostro que adoraron en Seyano, despedazado en garfios, es testigo de la instabilidad del precio humano. Nadie le conoció, ni fue su amigo; y sólo quien le infama de tirano no acompañó el horror de su castigo.
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Desastre del valido que cayó aun en sus estatuas
Al final de lo que tengo en vista allá en el horizonte se levanta una silueta que aterra el corazón la lleno con oro y plumas adorno sus pieles con perfumes y colores y maldigo al que se oponga a tu visita nunca me apartas la vista me haces tuyo y llenas mi frente con aceites y lavas mis pelos con agua fría mi nombre ya no es mi nombre los míos ya no son míos y me miran con rencor y desconfianza y mis dioses me susurran la traición envuelto en sedas preciosas de mundos que no conozco lleno tu cráneo de oro y bebo de tus vasos mi alma no descansa en las pupilas dónde reboto y más bien soy una diana entran en mi piel los fierros la tierra misma impacta sobre mi pecho me veo, así, dejando mi recipiente uniéndome con los míos que ya no son cambiamos los néctares deliciosos que nos brindaba la tierra por viles líquidos que queman la garganta y el precio fue la muerte
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May 5, 2019
May 5, 2019 at 5:02 PM UTC
Moctezuma
En un colchón de piedras duerme el saqueo del sueño, la lengua cortada en pedacitos de la memoria a la linda alondra. Qué es una alondra preguntaba la multitud que come altura, el existir que no quiere ser ensuciado, la violenta luz de la suerte. Todo se llama amor si lo llaman amor, precio de la flor que surca el cerebro contra tanta infelicidad abajo, atrás, arriba, al frente, alrededor.
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Tanta
Looking for inspiration but my brain is scrambled like eggs Shake the feelings out Forget pain exists Pain Pai Pa P Pr Pre Prec Preci Precio Preciou Precious I’m precious That’s all the inspiration I need
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Jan 13, 2019
Jan 13, 2019 at 3:27 AM UTC
Whisk
En el precio, el favor; y la ventura, venal; el oro, pálido tirano; el erario, sacrílego y profano; con togas, la codicia y la locura; en delitos, patíbulo la altura; más suficiente el más soberbio y vano; en opresión, el sufrimiento humano; en desprecio, la sciencia y la cordura, promesas son, ¡oh Roma!, dolorosas del precipicio y ruina que previenes a tu imperio y sus fuerzas poderosas. El laurel que te abraza las dos sienes llama al rayo que evita, y peligrosas y coronadas por igual las tienes.
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Las causas de la ruina del imperio romano
Dos libros de texto terminados, Dos manuales de instructor, Dos bancos de pruebas también. Dos artículos sobre el derecho, Enviados a dos diarios académicos, Pronto se publicarán. Elevado también, A Profesor Distinguido, Una noticia muy grata. Investigación realizada, Para un nuevo curso universitario, Derecho de Inmigración. Pero todo a un precio: Insuficiente tiempo con mi esposa, Viajes postergados nuevamente. Todos los amigos lejos, Lo mismo la familia, Padres en el cielo. Esclavo sin necesidad al trabajo, Las arenas del tiempo se desvanecen, ¿Esto es todo lo que hay?
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Dec 14, 2019
Dec 14, 2019 at 3:22 AM UTC
Mis Vacaciones de Verano