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"postales" poems
Quiero salir de tu cielo A otros mundos más felices Volar como las codornices Con nervios, pero con vuelo Quiero salir de tu cielo A otros campos más bonitos Andar descalzo y solito Lejos de cualquier recelo Quiero olvidarme un momento De serpientes y puñales Y dormir entre nubes blancas Como las de las postales Quiero salir de tu cielo…
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Aug 17, 2015
Aug 17, 2015 at 2:19 AM UTC
Salir de tu cielo
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Carta
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Los adjetivos que me sobran van como siempre al cubo de desechos más tarde llegarán a la galaxia de los basurales allí se encontrarán con un pueblo de cosas cáscaras de naranja / de huevo / de discursos mechones de peluca y huesitos de pollo condones de prudentes sementales promesas de almanaque / telegramas de mal y bienvenidas / invitaciones rotas nimios perforadores de la capa de ozono boletas estrujadas con inquina caspas uñas verrugas papilomas fetos de mucamitas y señoras de pro cucarachas resecas y sin deudos paños higiénicos hollejos puchos postales de un prehistórico año nuevo mirko te quiero silvia citaciones vencidas arrugadas recibos de la luz / facturas de apagones propuestas de asco siempre renovadas un taco sin zapato y sin chapita un decímetro / resto de algún metro amarillo chau viejita esta noche no me esperes un pescado podrido con bigotes de gato un pie de inconsolable maniquí un afiche político sin vergüenza y sin rostro desde su infierno / desde la inmundicia mis adjetivos sufren como verbos no merecían semejante oprobio juro no echarlos más a la basura cuando me sobre alguno en buen estado lo entregaré a las damas de la beneficencia
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Adjetivos desechables
El juego de la vida Ayer en tu cuarto encontré una caja... La abrí y vi muchas fotos y postales, también cartas y otros efectos personales. Tal vez yo no debí abrirla, aunque tal vez... tal vez eso era lo que tú querías. Encontré tu juego de barajas que me enseñaste a jugar. Y escondido ahí vi un libro muy viejo. Este mismo que ahora leo.... Yo pensé que te conocía, pero realmente nada yo sabía. No es secreto que el ser yo quien estuvo a tu lado, me hizo sentir como el menos indicado... y es que no sabes que las cosas en mi vida ya han cambiado. Perdóname que solamente una vez te escribí. Y perdona que cuando vine, solo fue para verte partir. Hoy el juego de la vida tu lo haz ganado, El juego en que yo creí haber ya fracasado. Pero gracias por enseñarme esa última lección, por que Coty sin saberlo... cambiaste tú mi corazón.
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Feb 22, 2021
Feb 22, 2021 at 1:02 AM UTC
El juego de la vida