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"placeres" poems
En la grana de un prado sanguíneo o en un bosque de cabezas cercenadas, la viuda reclama la carne de un párvulo ******** Allí donde entonan sus voces un coro de lamentos disonantes. Reniega de su apetito la matriarca del barrio francés Pues los gritos de Joliet no inquietan su consciencia, cosechan en cambio, un jardín de culposos deleites Placeres como solo admite, la maquiavelia de una gioconda que envuelta en lujosos atavíos extiende sus garras al inocente . Ni hablar del perjurio voraz, que oculta a la fantasía la marea virgen del infortunio y el propio siniestro. La desesperación de una madre que devora a sus hijos con el don de Saturno. Para la que no hay erotismo sino aquel que evoca el rigor cadavérico. Vapores que ascienden desde el lecho en descomposición, y alimentan su magia. Celebran el cruento dolor del infante, con la mirada de espanto apenas visible en el carmesí de sus finas pestañas Porque es claro como la luna y tan cierto como la muerte que en la viuda no hay gozo, sin el grito que desgarra la noche. Sin la brea que desciende sobre el horizonte, y la angustia que acompaña la pasión de la masacre.
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Aug 23, 2015
Aug 23, 2015 at 11:38 AM UTC
La Viuda de París
Mujer, pisoteada por la sociedad, denegada ante la realidad. Sometida por los ideales creados y eventualmente evolucionados. Mujer, tú que haz parido, tú que haz criado y mantenido, eres nada ante los demás. Culturalmente degradada, religiosamente alabada. Mujer, dando frutos y alegrías en la vida de alguien que luego te va a dejar. Tu color, tu tamaño, tu estilo, tu manera de expresar, nada importará, todo ya definido está, los estereotipos podrán más que tu bondad. Mujer, tan trabajadora como siempre, pero preocupada de lo que dirá la gente. Las salidas, el **** los viajes, los lujos, la comida, los placeres, todo aquello de lo que quisieras disfrutar, jamás podrás hacerlo con tranquilidad. Siempre habrá alguien que manejará tu vida, siempre habrá ese miedo que contigo acabará. Mujer, es hora de que te des tu lugar, eres bella, eres importante, ignora si aquel no piensa igual. Demuéstrale al mundo que no eres un objeto ****** que no importa si eres de color o gruesa, siempre va haber alguien que te va a amar. Mujer, valórate y quiérete tal y como eres, eres símbolo de pureza y calidad. Pisoteada por la sociedad, denegada ante la realidad, es momento de gritar: "¡YA NO MÁS!"
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Mar 1, 2015
Mar 1, 2015 at 4:48 PM UTC
Imagen
nadie se lo imagina pero debajo de mi delicada capa guardo una ira ardiente como el océano de fuego. Cuando los ojos están vacíos, y el alma del torturado escapa de su prisión de carne vuelve la furia en persona atormenta atormentadores la piedad ha abandonado su semblante la bondad quedo enterrada en mis restos la cortesía fue asfixiada la amabilidad fue empalada El respeto fue envenenado Y la desventaja se vuelve tu sable indomable tu aliento mortífero. Pero vuelves del hades por tan solo una efímera razón Observar con paciencia como la esperanza abandona los ojos de tu aniquilador, al ver que has vuelto para ajustar las cuentas. como tu ardiente puño arranca los intestinos del vientre suyo El encorvado filo entre la muerte y... saciar mi famélica venganza. colgare tu cabeza de mi cuello como un recordatorio para todos aquellos catadores de placeres martirizantes. piensen bien el sufrimiento que implantaron en los demás. en el día mas ***** en la noche mas roja repercute un sufrimiento peor que el que yo pueda llegar a describir. He degollado a dios He violado la inocencia de la virgen He atravesado por el pecho con mi fatídica espada al hijo de dios. He forjado mi cuchilla con los huesos de Satanás. La venganza es tan segura como la muerte misma y tus órganos perforados.
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May 27, 2014
May 27, 2014 at 3:28 PM UTC
La ira de Proculo.
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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Diré cómo nacisteis
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, Como nace un deseo sobre torres de espanto, Amenazadores barrotes, hiel descolorida, Noche petrificada a fuerza de puños, Ante todos, incluso el más rebelde, Apto solamente en la vida sin muros. Corazas infranqueables, lanzas o puñales, Todo es bueno si deforma un cuerpo; Tu deseo es beber esas hojas lascivas O dormir en esa agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro. No importa la pureza, los dones que un destino Levantó hacia las aves con manos imperecederas; No importa la juventud, sueño más que hombre, La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad De un régimen caído. Placeres prohibidos, planetas terrenales, Miembros de mármol con sabor de estío, Jugo de esponjas abandonadas por el mar, Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre. Soledades altivas, coronas derribadas, Libertades memorables, manto de juventudes; Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, Es vil como un rey, como sombra de rey Arrastrándose a los pies de la tierra Para conseguir un trozo de vida. No sabía los límites impuestos, Límites de metal o papel, Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, Adonde no llegan realidades vacías, Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos. Extender entonces una mano Es hallar una montaña que prohíbe, Un bosque impenetrable que niega, Un mar que traga adolescentes rebeldes. Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, Ávidos dientes sin carne todavía, Amenazan abriendo sus torrentes, De otro lado vosotros, placeres prohibidos, Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, Tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan. Abajo, estatuas anónimas, Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; Una chispa de aquellos placeres Brilla en la hora vengativa. Su fulgor puede destruir vuestro mundo.
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Granos de una planta alta que al paladar exalta. ¿A qué otros placeres su espiga invita? Pasas, nuez y pepita, miel, alegría y encanto, barra de amaranto.
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Oct 15, 2014
Oct 15, 2014 at 9:33 PM UTC
Amaranthus
Ya no puedo dudar... Diste muerte a mi cándida niñez, toda olorosa a sacristía, y también diste muerte al liviano chacal de mi cartuja. Que sea para bien... Ya no puedo dudar... Consumaste el prodigio de, sin hacerme daño, sustituir mi agua clara con un licor de uvas... Y yo bebo el licor que tu mano me depara. Me revelas la síntesis de mi propio Zodíaco: el *** y la Virgen. Y mis ojos te ven apretar en los dedos -como un haz de centellas- éxtasis y placeres. Que sea para bien... Tu palidez denuncia que en tu rostro se ha posado el incendio y ha corrido la lava... Día último de marzo; emoción, aves, sol... Tu palidez volcánica me agrava. ¿Ganaste ese prodigio de pálida vehemencia al huir, con un viento de ceniza, de una ciudad en llamas? ¿O hiciste penitencia revolcándote encima del desierto? ¿O, quizá, te quedaste dormida en la vertiente de un volcán, y la lava corrió sobre tu boca y calcinó tu frente? ¡Oh tú, reveladora, que traes un sabor cabal para mi vida, y la entusiasmas: tu triunfo es sobre un motín de satiresas y un coro plañidero de fantasmas! Yo estoy en la vertiente de tu rostro, esperando las lavas repentinas que me den un fulgurante goce. Tu victorial y pálido prestigio ya me invade... ¡Que sea para bien!
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Que sea para bien
De carácter arrogante y dominante anda por los pasillos dando mandatos y dictando las acciones de los demás. Creyente de ser dueño de cuerpos ajenos y con humos de superioridad. Pretendiendo total perfección, así, así es ante el mundo. Provoca que muchos le teman para que luego le suplan sus placeres. Sobre esa coraza se le nota la envidia que ocupa su ego y los millones de complejos que tiene referente a la figura de su ser. No vive tranquilo, pues anda pendiente a las otras vidas y hará todo lo posible para que jamás resalte tu luz sobre la suya. De habilidades controladoras impresionantes, todos lo alaban e hipnotizados parecen estar, pero ninguno se da cuenta que simplemente son sus marionetas, las cuales pronto va a desechar.
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Apr 27, 2015
Apr 27, 2015 at 6:49 PM UTC
Creando marionetas
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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Pureza
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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En memoria del poeta manuel m. flores
Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.
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Me olvidé que me amaste después de que te fuiste. Una maleta cogiste y sin pensar me desarmaste. Primero mi boca agarraste y la metiste en la maleta, y como ella no te respeta te dijo “perra sin corazón que me metes a un cajón donde guardas los condones que te llenan de placeres de un hombre que no te quiere; y a mí que me aguanto esto y que a donde vas te sigo me quieres enterrar vivo sin siquiera haberme muerto.”
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May 7, 2016
May 7, 2016 at 6:08 PM UTC
Me olvidé que me amaste
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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A mis hijas
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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*Aunque exista distancia, aunque el amor sea inseguro, aunque sea un amor de momento… Por que he de negarme el placer de quererte?*
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Apr 15, 2014
Apr 15, 2014 at 10:56 AM UTC
Placeres
"Hubo un día en que el día no engañaba, en que sus manos tristes no sostenían un cuervo indiferente como los labios de la lluvia, como el rojizo hastío." Hubo un día en que la noche aún soñaba, aún se perfilaba agridulce como el graznido de una cebolla, como la luz del espacio indiferente. Esos días son largamente pasado, de ensueño esas noches difusas, ensueño de luz de alba, de nacer de día. En estos días sueño con tus noches, con tu paradisíaco mirar naranja y tu dionisíaco sabor azul. En estas noches lloro por tu pérdida, por los sentidos perdidos, por los placeres privados; y añoro con añoranza tu existencia vana. // "There was a day in which the day didn't deceive, in which its sad hands did not hold a raven indifferent like the lips of rain, like reddish boredom." There was a day in which night still dreamt, still took shape bittersweet like the croacking of an onion, like the light of an indifferent space. Those days are long past, of dreams those dim nights, dream of dawn's light, of day's birth. In these days I dream of your nights, of your heavenly orange look and your dionysian blue taste. In these nights I cry for your loss, for the lost senses, for the deprived pleasures and I long with longness your vain existence.
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Aug 3, 2018
Aug 3, 2018 at 3:00 PM UTC
Nighttona
He vuelto a media noche a mi casa, y un canto como vena de agua que solloza, me acoge... Es el músico célibe, es el solista dócil y experto, es el zenzontle que mece los cansancios seniles y la incauta ilusión con que sueñan las damitas... No cabe duda que el prisionero sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras que el candor de los clásicos llamó lenguas arpadas. No serían los clásicos minuciosos psicólogos, pero atinaban con el mundo elemental y daban a las cosas sus nombres...                                                                   Sigo oyendo la musical tarea del zenzontle, y lo admiro por impávido y fuerte, porque no se amilana en el caos de las lóbregas vigilias, y no teme despertar a los monstruos de la noche. Su pico repasa el cuerpo de la noche, como el de una amante; el valeroso pico de este zenzontle va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas, y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpe el arpegio animoso que reta en su guarida a todas las hostiles reservas de la amante... ¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste, desafíe a las incógnitas potestades, y hiera con su venablo lírico el silencio despótico? Respondamos nosotros, los necios y cobardes que en la noche tememos aventurar la mano afuera de las sábanas...                                                 El zenzontle me lleva hasta los corredores del patio solariego en que había canarios, con el buche teñido con un verde inicial de lechuga, y las alas como onzas acabadas de troquelar. También había por aquellos corredores, las roncas palomas que se visten de canela y se ajustan los collares de luto... Corredores propicios en que José Manuel y Berta platicaban y en que la misma Berta, con un gentil descoco, me dijo alguna vez: «Si estos corredores como tumbas, hablaran ¡qué cosas no dirían!» Mas en estos momentos el zenzontle repite un silbo montaraz, como un pastor llamando a una pastora; y caigo en la lúgubre cuenta de que el zenzontle vive castamente, y su limpia virtud no ha de obtener un premio en Josafat. Es seguro que al pobre cantor, que da su música a la erótica letra de las lunas de miel, lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena que ignore que la dicha de amar es un galope del corazón sin brida, por el desfiladero de la muerte. Deploro su castidad reclusa y hasta le cedería uno de mis placeres. Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolonga su confesión melódica frente a las potestades enemigas, y corto aquí mi panegírico para el zenzontle impávido, virgen y confesor.
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Para el zenzontle impávido
He vuelto a media noche a mi casa, y un canto como vena de agua que solloza, me acoge... Es el músico célibe, es el solista dócil y experto, es el zenzontle que mece los cansancios seniles y la incauta ilusión con que sueñan las damitas... No cabe duda que el prisionero sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras que el candor de los clásicos llamó lenguas arpadas. No serían los clásicos minuciosos psicólogos, pero atinaban con el mundo elemental y daban a las cosas sus nombres...                                                                   Sigo oyendo la musical tarea del zenzontle, y lo admiro por impávido y fuerte, porque no se amilana en el caos de las lóbregas vigilias, y no teme despertar a los monstruos de la noche. Su pico repasa el cuerpo de la noche, como el de una amante; el valeroso pico de este zenzontle va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas, y la nuca, y el bozo. Súbitamente, irrumpe el arpegio animoso que reta en su guarida a todas las hostiles reservas de la amante... ¿Hay acaso otro solo poeta que, como éste, desafíe a las incógnitas potestades, y hiera con su venablo lírico el silencio despótico? Respondamos nosotros, los necios y cobardes que en la noche tememos aventurar la mano afuera de las sábanas...                                                 El zenzontle me lleva hasta los corredores del patio solariego en que había canarios, con el buche teñido con un verde inicial de lechuga, y las alas como onzas acabadas de troquelar. También había por aquellos corredores, las roncas palomas que se visten de canela y se ajustan los collares de luto... Corredores propicios en que José Manuel y Berta platicaban y en que la misma Berta, con un gentil descoco, me dijo alguna vez: «Si estos corredores como tumbas, hablaran ¡qué cosas no dirían!» Mas en estos momentos el zenzontle repite un silbo montaraz, como un pastor llamando a una pastora; y caigo en la lúgubre cuenta de que el zenzontle vive castamente, y su limpia virtud no ha de obtener un premio en Josafat. Es seguro que al pobre cantor, que da su música a la erótica letra de las lunas de miel, lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena que ignore que la dicha de amar es un galope del corazón sin brida, por el desfiladero de la muerte. Deploro su castidad reclusa y hasta le cedería uno de mis placeres. Mas ya el sueño me vence... El zenzontle prolonga su confesión melódica frente a las potestades enemigas, y corto aquí mi panegírico para el zenzontle impávido, virgen y confesor.
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Una parva es un lecho que Amor aroma y mulle, Y el sol, como un amigo cómplice, entibia y dora. Tan pronto hace de nido donde un jilguero bulle, Como es cama mullida de cansada pastora. La adoran los zagales. Las parvas campesinas Se prestan a inocentes placeres rustícanos, O son como opulentas y agrestes celestinas Erguidas en la alfombra musgosa de los llanos. Dafnis y Cloe buscan su sombra protectora. Juega como un cordero la pequeña pastora Rodando entre la paja que le dora las greñas. Y, cómplices de amantes en las nocturnas citas, Se aroman de ese vago perfume a margaritas Que llevan en las alas las auras abrileñas.
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Las parvas
Que era lo experimental en ese estado de felicidad gobernada, para placeres y más gota. Poquito era lo necesario para alimentarse y seguir la goma. Tuvieras que explicar lo nuevo y lo viejo. Tenías que ponerte la chaqueta azul y un par de zapatos, para ver la vista pequeña y sabia. Pocos tenemos el placer de aislarnos de individuos y cosas que te dan para su estiércol. Posible andar en remoto lugares en plenitud y acerca, al lado de lo demás. La cama con el dominio y la pistola. Logró esquivarme de todo pensamiento envenenado de absinthe. En el elemento de lo propio se mantiene el principio de la relación selectiva. Regreso a mi sangre cuando miro los arquetipos. Poblado de insensata dormida gloria, el se regreso a la nada donde dormía su dueña. En el alquiler de nada más que pan. Aquel era el libro del día, no más sangre y no más comida, solo letras. Sabía, dime que tiene la sangre que corre por nuestras venas. Saber lo tanto y lo tantito, te llega más fuerte a la verdad de las gotas en el aire. Lo sabido en los elementos es lo más natural de todos los cocos. Went further than the woman, went further than the man, but forgot the whole plan.
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Apr 17, 2020
Apr 17, 2020 at 4:07 AM UTC
Ideas Públicas