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"pesando" poems
Sin haberlo advertido jamás, exceso por turismo y sin agencias de pecho en pecho hacia la madre unánime. Hasta París ahora vengo a ser hijo. Escucha, Hombre, en verdad te digo que eres el Hijo Eterno, pues para ser hermano tus brazos son escasamente iguales y tu malicia para ser padre, es mucha. La talla de mi madre moviéndome por índole de movimiento, y poniéndome serio, me llega exactamente al corazón: pesando cuanto cayera de vuelo con mis tristes abuelos, mi madre me oye en diámetro callándose en altura. Mi metro está midiendo ya dos metros, mis huesos concuerdan en género y en número y el verbo encarnado habita entre nosotros y el verbo encarnado habita, al hundirme en el baño, un alto grado de perfección.
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Lomo de las sagradas escrituras
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Galope muerto
Como cenizas, como mares poblándose, en la sumergida lentitud, en lo informe, o como se oyen desde el alto de los caminos cruzar las campanadas en cruz, teniendo ese sonido ya aparte del metal, confuso, pesando, haciéndose polvo en el mismo molino de las formas demasiado lejos, o recordadas o no vistas, y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra se pudren en el tiempo, infinitamente verdes. Aquello todo tan rápido, tan viviente, inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma, esas ruedas de los motores, en fin. Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol, callado, por alrededor, de tal modo, mezclando todos los limbos sus colas. Es que de dónde, por dónde, en qué orilla? El rodeo constante, incierto, tan mudo, como las lilas alrededor del convento, o la llegada de la muerte a la lengua del buey que cae a tumbos, guardabajo y cuyos cuernos quieren sonar. Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir, entonces, como aleteo inmenso, encima, como abejas muertas o números, ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar, en multitudes, en lágrimas saliendo apenas, y esfuerzos humanos, tormentas, acciones negras descubiertas de repente como hielos, desorden vasto, oceánico, para mí que entro cantando como con una espada entre indefensos. Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo que cae listando de piedras los caminos, más bien, cuando sólo una hora crece de improviso, extendiéndose sin tregua. Adentro del anillo del verano una vez los grandes zapallos escuchan, estirando sus plantas conmovedoras, de eso, de lo que solicitándose mucho, de lo lleno, obscuros de pesadas gotas.
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Encurtei o monólogo Nascia no horizonte, não tão longe Um novo psicólogo. Um ano e meio de auto sabotagem Repetia e repetia: vai melhorar Mas só piorava, parecia tudo bobagem E eu seguia a me enganar, Achava que tinha que, logo, me formar. Aquilo foi, cada vez mais, pesando E eu, no fundo, sabia que tava me enganando Até pra sair da cama, me esforçando E quase em depressão, entrando. Num choro de desespero busquei auxílio espiritual Pedi pros preto, pelo amor de Deus, um sinal E ele veio. Veio muito claro. Explícito. Gutural. Enxerguei a possibilidade de cumprir minha missão, afinal. Fiz minha escolha e decidi mudar O campus do vale abandonar No tempo, voltar Até o vestibular prestar Pra poder me encontrar E a psicologia estudar. Com muita fé em mim e na minha capacidade Estudei muito. Tive vontade. Fiz o que pude num tempo que eu não tinha. Tive que ser crente. Era mãe doente, trabalho de 8h, namorado e cursinho. Podia ficar doente. Mas o sucesso é meu destino. Já tava escrito. Meu nome no listão parecia em negrito. O alívio se fez. Grande sinal. Me senti mais perto de cumprir minha missão, afinal. E agora sigo. Ávido pela descoberta Desse novo mundo. Estou alerta. Nascia no horizonte, não tão longe Um novo psicólogo.
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Jun 18, 2018
Jun 18, 2018 at 1:41 PM UTC
16/06/18