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"pavesas" poems
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Hermosura del discurrir de orillas. interrogaciones como faíscas(*) TODO EL SILENCIO PARA MI. (hablando con ella que heredo su sombrero) (*) pavesas, en galego
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Jan 22, 2015
Jan 22, 2015 at 10:41 AM UTC
VASOS COMUNICANTES
Solitario recinto de la abadía; tristes patios, arcadas de recias claves, desmanteladas celdas, capilla fría de historiados altares, de sillería de roble, domo excelso y obscuras naves; solitario recinto: ¡cuántas pavesas de amores que ascendieron hasta el pináculo donde mora el Cordero, guardan tus huesas...! Heme aquí con vosotras, las abadesas de cruces pectorales y de áureo báculo... Enfermo de la vida, busco la plática con Dios, en el misterio de su santuario: tengo sed de idealismo... Legión extática, de monjas demacradas de faz hierática, decid: ¿aún vive Cristo tras el sagrario? Levantaos del polvo, llenad el coro; los breviarios aguardan en los sitiales, que vibre vuestro salmo limpio y sonoro, en tanto que el Poniente nimba de oro las testas de los santos en los vitrales... ¡Oh claustro silencioso, cuántas pavesas de amores que ascendieron hasta el pináculo donde mora el Cordero, guardan tus huesas...! Oraré mientras duermen las abadesas de cruces pectorales y de áureo báculo...
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Gótica