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"opacan" poems
Para devolverme necesito una sombrilla, también la lluvia, los artefactos de la calle que se opacan. Necesito tropezarme con el resto del siglo bruto y evadirlo. Cuántas noches tuve sin explicación. Necesito considerar toda huella, minuciosa, subterránea, llevarla de vuelta al sitio y no dejarla más. Recuperar el año, colgar al tedio en el cielo eléctrico. Someterme al trayecto de los bichos. Dormir con la luz encendida, apostarle mi vida a una cobija. Necesito extinguir la cavidad de los dientes, detenerme, salir ilesa.
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Jan 19, 2012
Jan 19, 2012 at 12:25 PM UTC
El oficio de alejarse
Puertas cerradas y oportunidades escondidas. Elecciones pasadas y consecuencias retorcidas. En el vació entre corazones, argumentos sin razones. Lagrimas caen siguientes, nunca son suficientes. Entre comunicación fallida malentendidos, la única salida. Ofensa e ira, algo que nunca se olvida. Dentro de esta fantasía, la crueldad se siente real. A través de la travesía, el obstáculo se vuelven mental. Atrás del reloj del tiempo naciente, yace o se hace frente, pero nunca es suficiente. Aquel amor pasado, el cual ya no esta presente. Flotando sobre tumbas en niebla y nieve, la esperanza se revienta pero nunca se atreve. Nubes que opacan el cielo de la promesa, ausentes como el corazón que nunca regresa. El futuro carmesí, brilla como un rubí desolado en medio del desierto del pensamiento cerrado. No hay libertad del presente, el momento siempre se siente. cuando la esperanza se encuentre ausente. al miedo hay que hacerle frente. Sueña ahora con algo diferente. Yo te deseo, mucha suerte.
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May 23, 2015
May 23, 2015 at 10:34 PM UTC
Opaca Travesía
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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Sarao en casa del marqués de san jorge
En la casa del Marqués De San Jorge gran sarao. Ya en salones y retretes Se encuentran los convidados, Mientras el Marqués aguarda, Gentil y apuesto vasallo. Abajo de la escalera, De «La Jerezana» al lado Al Virrey, que precedido Por lucientes candelabros Va subiendo. De los muros, Entre telas de Damasco, Cuelgan cuadros del insigne Gregorio Vásquez Ceballos; De Oidores y bellas damas Amarillentos retratos; En marcos de plata, espejos Que opacan lentos los años; Y panoplias, que recuerdan, Entre brumas del pasado, La gesta de la Conquista En cumbres, selvas y llanos. Con casacas de anchas faldas, Largos chalecos bordados, Blanco calzón, blanca media, Y áurea hebilla en el zapato, Departían con las damas En los lucientes estrados, Nariño, Torres, Vergara, Zea, Acebedo, Camacho, Salazar, Ulloa, Prieto, Gutiérrez, Ayala... cuantos Prez fueron de la Colonia Por sus virtudes y rango, Y que después muchos de ellos, Desde ensangrentados bancos Dejaron eternos nombres En nuestros anales patrios. Cuando esa noche Nariño Salía para el sarao, Corno envío misterioso Recibió un libro. Al acaso Leyó párrafos y líneas, Y más líneas y más párrafos; Y al avanzar la lectura, Sentía alborozo extraño Hasta que llegó al capítulo En la margen señalado: «De los Derechos del Hombre»... Lo leyó con ojos ávidos; Y después, meditabundo, Y en gruesa capa embozado Al sarao fue. La niebla Más ***** hacía el espacio. Sombra y niebla... Niebla y sombra En las tinieblas ni un astro.... Y entre esa noche cerrada, Nariño va cabizbajo. «El hombre es libre, decía, No ha nacido para esclavo». Y en medio de aquella sombra En que sonaban sus pasos.
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