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"olvidando" poems
Me dice Un pedazo mio quiere ser parte de tus deseos, El otro reúsa participar en tus acarreos. Como esa increible persona que hay en ti Me reusó a quedarme con la mitad de tu vivir Le digo La tempestad en el aire respira, Nublando mis pasos hacia ti. Hacia la otra mitad de mi. Mi voz ya no te toca, es mas, te corta Pedazo por pedazo Mi sol ya no te brilla, es mas, te enfria Poco a poco La tempestad en el aire me grita Nublando mi alma hacia el quererte a ti Hacia la otra mitad de mi Me ruega Mientras buscas sin encontrar Mientras caminas sin llegar Mientras tratas de hablar Mientras te pones a anhelar Te olvidas de lo mas importante Te aferras de lo abundante Te encerras en tu propio mundo Te olvidas de lo profundo Eres lo que siempre quiero Pero muchas veces no prefiero No porque tu voz corta Sino porque tu silencio importa No porque tu sol no brille Sino porque tu egoísmo acuchille Acá seguiré añorando Y quien sabe, olvidando Mientras buscando una razon Te mantengo en mi corazón. Yo suspiro Se que el tiempo se me acabará Como un sueño asesinado por la realidad La realidad en la cual tu ya no estas Pero me falta todavia vivir Me falta todavia soñar, cantar y volar Me falta todavia saltar, caer y luchar Aunque en mi dia final, sin calma, Me faltarás Tu.
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Feb 24, 2012
Feb 24, 2012 at 1:31 PM UTC
La conversación contra la otra mitad
La amistad silenciosa de la luna (cito mal a Virgilio) te acompaña desde aquella perdida hoy en el tiempo noche o atardecer en que tus vagos ojos la descifraron para siempre en un jardín o un patio que son polvo. ¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: No volverás a ver la clara luna, Has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino. Inútil abrir todas las ventanas del mundo. Es tarde. No darás con ella. Vivimos descubriendo y olvidando esa dulce costumbre de la noche. Hay que mirarla bien. Puede ser la última.
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La cifra
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Sep 7, 2018
Sep 7, 2018 at 11:18 PM UTC
Muévete más rápido reloj, por favor...
Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Es lo que estoy pensando y más ansío En días como estos cuando me siento vacío Tengo tantos pensamientos que me matan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así todo estará en silencio No quiero responder preguntas Sólo quiero ahogarme en la calma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque así sólo oiré mi propia voz Porque en medio de una canción Encontraré las palabras que tanto me faltan Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque ya no me queda privacidad Estoy harto de compartir mi lugar Siento que quiero golpear hasta no sentir nada Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Porque por el día mis ojos se secan Mi voz calla y la felicidad me deja Veo los días vacíos, ya no siento mi alma Sólo quiero que ya sean las tres de la mañana Concentrarme en mi pena y desahogarla Es difícil sostener el nudo en mi garganta Estoy lleno de odio y lágrimas Ya me estoy olvidando de quién soy Pero a las tres de la mañana se abre mi corazón Entonces me encuentro de nuevo Al menos por un breve momento Siento que valgo algo Siento que ya no tengo que callarlo Siento que la angustia puede fluir e irse Comienzo a ver que ya serán las cuatro Y aunque mi voz no haya sonado Pude sacar este dolor Pude lavar mi corazón Y sentirme vivo y con fuerzas Por eso es que quiero que sean Las tres de la mañana en mi pieza Ya sólo faltan tres horas Sólo debo esperar eso Para ya no hacer esfuerzo Y dejar que este sollozo Se fugue en silencio Mientras contemplo mi techo Vestido de ***** para acompañarme En este luto de sentimientos De los cuales quiero alejarme Sólo quiero que ya sean las jodidas tres de la mañana, maldición...
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Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste al caer de la luz por tu Conquero, tras la colina ocre, entre pinos antiguos de perenne alegría. ¿Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más que las aguas henchidas con su aliento, encauzadas en río sobre tu tierra abierta, bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; eres forma primera, eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, eran la vida misma, como una ardiente flor nutrida con la savia ee aquella piel oscura que infiltraba nocturno escalofrío. Si el amor fuera un ala. la incierta hora con nubes desgarradas, el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa, la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos, te enviaban a mí, a mi afán ya caído, como verdad tangible. Expresión armoniosa de aquel mismo paraje, entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro mundo, eras tú una verdad, sola verdad que busco, más que verdad de amor, verdad de vida; y olvidando que sombra y pena acechan de continuo esa cúspide virgen de la luz y la dicha, quise por un momento fijar tu curso ineluctable. creí en ti, muchachillo. Cuando el mar evidente, con el irrefutable sol de mediodía, suspendía mi cuerpo en esa abdicación del hombre ante su dios, un resto de memoria levantaba tu imagen como recuerdo único. Y entonces, con sus luces el violento Atlántico, tantas dunas profusas, tu Conquero nativo, estaban en mí mismo dichos en tu figura, divina ya para mi afán con ellos, porque nunca he querido dioses crucificados, tristes dioses que insultan esa tierra ardorosa que te hizo y deshace.
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A un muchacho andaluz
Te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste al caer de la luz por tu Conquero, tras la colina ocre, entre pinos antiguos de perenne alegría. ¿Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más que las aguas henchidas con su aliento, encauzadas en río sobre tu tierra abierta, bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; eres forma primera, eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, eran la vida misma, como una ardiente flor nutrida con la savia ee aquella piel oscura que infiltraba nocturno escalofrío. Si el amor fuera un ala. la incierta hora con nubes desgarradas, el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa, la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos, te enviaban a mí, a mi afán ya caído, como verdad tangible. Expresión armoniosa de aquel mismo paraje, entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro mundo, eras tú una verdad, sola verdad que busco, más que verdad de amor, verdad de vida; y olvidando que sombra y pena acechan de continuo esa cúspide virgen de la luz y la dicha, quise por un momento fijar tu curso ineluctable. creí en ti, muchachillo. Cuando el mar evidente, con el irrefutable sol de mediodía, suspendía mi cuerpo en esa abdicación del hombre ante su dios, un resto de memoria levantaba tu imagen como recuerdo único. Y entonces, con sus luces el violento Atlántico, tantas dunas profusas, tu Conquero nativo, estaban en mí mismo dichos en tu figura, divina ya para mi afán con ellos, porque nunca he querido dioses crucificados, tristes dioses que insultan esa tierra ardorosa que te hizo y deshace.
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La Reina, al son de fúlgidos clarines vibradores, desnuda, y en el lomo de un gran tigre tendida, ve, con la Orgía inmensa de que ella va seguida, el avance de Baco, del mar a los rumores. y el monstruo, bajo el peso real, entre fulgores de sol radiante, huella la playa florecida; y al roce de la mano que conduce la brida, muerde, de amor rugiendo, de la brida las flores. Sueltos sobre la espalda los dorados cabellos, uvas negras  y de ámbar enlazadas en ellos, la Esposa no oye entonces el rugido estridente. y ebria al fin de ambrosía su boca, y anhelante, y olvidando sus gritos hacia el infiel amante, ríe al próximo beso del Domador de Oriente.
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Ariana
(Aflige el curso del olvido, la irreversibilidad del tiempo. Sé que la he estado olvidando, siento cómo he ido olvidando partes de su rostro, de su cuerpo, de su voz, de su subjetividad, de lo que pude entender de sus sentimientos, del humor, del placer que nos dimos, de lo que vivimos. Todo eso está ocurriendo, a cada instante.) Siento que algo cae y sigue cayendo, algo se sigue borrando. Y entonces queda un rastro, un resto, una cosa informe e intangible y eso duele. Los recuerdos se vuelven sin rostro, sordos y sórdidos. Y es lamentable.
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Sep 13, 2025
Sep 13, 2025 at 6:37 PM UTC
Resto
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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Celos
Celoso estoy, celoso. Para el campo te has ido, y solo estoy ahora, muy solo, y aburrido. Sé que parientes tuyos te están acompañando, ¡Y cuán desagradables siempre me han parecido! Mas me siento celoso, muy celoso, pensando Que te encuentras muy lejos, precisamente cuando La primavera, hermosa como nunca, ha venido. Todo este azul -conozco cómo son las mujeres- Te obligará -lo niegas-? a olvidar que me quieres, Y yo aquí, mientras tanto, pienso en ti cada instante, Y nervioso, sin calma, A todas horas siento como deshecha el alma, Que solloza de tedio, pero en su amor, constante; Y como por ti sólo mi corazón alienta, Ve tu adorada imagen siempre de mí delante... ¡Mientras que tú en el campo vivirás muy contenta! Y yo, siempre celoso... Aquí en París el tiempo muy suave está y hermoso y adorable. Y rabiando, viéndome solo, vivo: y estas líneas te escribo, A ti, que ves tus días sin afán ni congojas Allá donde hay rumores de fuentes y de hojas. Llevarás gran sombrero de paja, con glicinas, Que pondrá en tus mejillas, el sol trasparentando, Vivos ruedos cambiantes en horas matutinas; y mientras pasa el tiempo más me irás olvidando, y mientras más me olvidas... ¡yo más en ti pensando! Bella estarás, dichosa. ¡Cómo la primavera verás en torno hermosa! Yo de cólera lloro... Todo un mes ha llovido; Y de mí te alejaron cuando más necesaria me eras tú, cual consuelo de mi ánimo abatido En la vida que llevo... ¡vida tan solitaria! Jamás te había amado como en este momento; ¡y cómo me exaspera este aire suave y tibio, soplo de primavera, Que con vagos aromas va entrando a mi aposento! ¿Te dije que te amaba?.. ya amor por ti no siento, y como sufro mucho, sábelo bien, quisiera que esta amargura mía tu corazón sufriera. Comprendo que mal hago, que esto es mal pensamiento, pero, dime, ¿qué quieres en mi vida de llanto, si tanta falta me haces... y si te quiero tanto?... Quisiera que me echaras de menos, hasta el punto que este abril detestaras, y hasta quisiera, en medio de mis penas sombrías y mi horrible tristeza, Que en estos solitarios e interminables días Te estuvieras quejando de dolor de cabeza.
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¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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Otras canciones a guiomar
¡Sólo tu figura, como una centella blanca, en mi noche oscura!   ¡Y en la tersa arena, cerca de la mar, tu carne rosa y morena, súbitamente, Guiomar!   En el gris del muro, cárcel y aposento, y en un paisaje futuro con sólo tu voz y el viento;   en el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, Guiomar, y en el calofrío de una amanecida loca;   asomada al malecón que bate la mar de un sueño, y bajo el arco del ceño de mi vigilia, a traición, ¡siempre tú!           Guiomar, Guiomar, mírarne en ti castigado: reo de haberte creado, ya no te puedo olvidar.   Todo amor es fantasía; él inventa el año, el día, la hora y su melodía; inventa el amante y, más, la amada. No prueba nada, contra el amor, que la amada no haya existido jamás.   Escribiré en tu abanico: te quiero para olvidarte, para quererte te olvido.   Te abanicarás con un madrigal que diga: en amor el olvido pone la sal.   Te pintaré solitaria en la urna imaginaria de un daguerrotipo viejo, o en el fondo de un espejo, viva y quieta, olvidando a tu poeta.   Y te enviaré mi canción: «Se canta lo que se pierde», con un papagayo verde que la diga en tu balcón.   Que apenas si de amor el ascua humea sabe el poeta que la voz engola y, barato cantor, se pavonea con su pesar o enluta su viola; y que si amor da su destello, sola la pura estrofa suena, fuente de monte, anónima y serena. Bajo el azul olvido, nada canta, ni tu nombre ni el mío, el agua santa. Sombra no tiene de su turbia escoria limpio metal; el verso del poeta lleva el ansia de amor que lo engendrara como lleva el diamante sin memoria -frío diamante- el fuego del planeta trocado en luz, en una joya clara...   Abre el rosal de la carroña horrible su olvido en flor, y extraña mariposa, jalde y carmín, de vuelo imprevisible, salir se ve del fondo de una fosa. Con el terror de víbora encelada, junto al lagarto frío, con el absorto sapo en la azulada libélula que vuela sobre el río, con los montes de plomo y de ceniza, sobre los rubios agros que el sol de mayo hechiza, se ha abierto un abanico de milagros -el ángel del poema lo ha querido- en la mano creadora del olvido...
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Resuelve tornar al padre No temas, Cristo rey, si descarriado tras locos ideales he partido: ni en mis días de lágrimas te olvido, ni en mis horas de dicha te he olvidado. En la llaga crüel de tu costado quiere formar el ánima su nido, olvidando los sueños que ha vivido y las tristes mentiras que ha soñado. A la luz del dolor, que ya me muestra mi mundo de fantasmas vuelto escombros, de tu místico monte iré a la falda, con un báculo: el tedio, en la siniestra; con andrajos de púrpura en los hombros, con el haz de quimeras a la espalda.De cómo se congratularán del retorno Tornaré como el Pródigo doliente a tu heredad tranquila; ya no puedo la piara cultivar, y al inclemente resplandor de los soles tengo miedo. Tú saldrás a encontrarme diligente; de mi mal te hablaré, quedo, muy quedo... y dejarás un ósculo en mi frente y un anillo de nupcias en mi dedo; y congregando del hogar en torno a los viejos amigos del contorno, mientras yantan risueños a tu mesa, clamarás con profundo regocijo: «¡Gozad con mi ventura, porque el hijo que perdido llorábamos, regresa!»Pondera lo intenso de la futura vida ¡Oh sí!, yo tornaré; tu amor estruja con invencible afán al pensamiento, que tiene hambre de paz y de aislamiento en la mansa quietud de la cartuja. ¡Oh sí!, yo tornaré; ya se dibuja en el fondo del alma, ya presiento la plácida silueta del convento con su albo domo y su gentil aguja... Ahí, solo por fin conmigo mismo, escuchando en las voces de Isaías tu clamor insinuante que me nombra, ¡cómo voy a anegarme en el mutismo, cómo voy a perderme en las crujías, cómo voy a fundirme con la sombra!
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En el camino
Resuelve tornar al padre No temas, Cristo rey, si descarriado tras locos ideales he partido: ni en mis días de lágrimas te olvido, ni en mis horas de dicha te he olvidado. En la llaga crüel de tu costado quiere formar el ánima su nido, olvidando los sueños que ha vivido y las tristes mentiras que ha soñado. A la luz del dolor, que ya me muestra mi mundo de fantasmas vuelto escombros, de tu místico monte iré a la falda, con un báculo: el tedio, en la siniestra; con andrajos de púrpura en los hombros, con el haz de quimeras a la espalda.De cómo se congratularán del retorno Tornaré como el Pródigo doliente a tu heredad tranquila; ya no puedo la piara cultivar, y al inclemente resplandor de los soles tengo miedo. Tú saldrás a encontrarme diligente; de mi mal te hablaré, quedo, muy quedo... y dejarás un ósculo en mi frente y un anillo de nupcias en mi dedo; y congregando del hogar en torno a los viejos amigos del contorno, mientras yantan risueños a tu mesa, clamarás con profundo regocijo: «¡Gozad con mi ventura, porque el hijo que perdido llorábamos, regresa!»Pondera lo intenso de la futura vida ¡Oh sí!, yo tornaré; tu amor estruja con invencible afán al pensamiento, que tiene hambre de paz y de aislamiento en la mansa quietud de la cartuja. ¡Oh sí!, yo tornaré; ya se dibuja en el fondo del alma, ya presiento la plácida silueta del convento con su albo domo y su gentil aguja... Ahí, solo por fin conmigo mismo, escuchando en las voces de Isaías tu clamor insinuante que me nombra, ¡cómo voy a anegarme en el mutismo, cómo voy a perderme en las crujías, cómo voy a fundirme con la sombra!
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Había una vez un poeta portugués tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado trabajaba en la administración pública y dónde se vio que un empleado público de portugal gane para alimentar cuatro bocas Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí otro escribía cartas al sur qué están haciendo del sur decía De mi uruguay decía el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros esto es bello porque no todos los barcos hacen así hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey Hay barcos que se hunden Dios camina afligido por el fenómeno ése es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués salían del mar y se secaban los huesitos al sol Cantando la canción de tus pechos amada cantaban que tus pechos llegaron una tarde con una escolta de horizontes eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo antes de separarse tender la mano al cielo escribir cartas al uruguay Que mañana van a llegar mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente galopando con como josé gervasio de artigas por el hambre mundial El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur al norte al muro al cielo les daba a todos de comer con el sueldo del alma él se ganaba el sueldo en la administración del país público y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay Yo siempre estoy olvidando cosas una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués me olvidé el nombre del poeta portugués De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur de su manita llena de astros golpeando contra la furia del mundo con el hombre de enfrente en la mano
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Yo también escribo cuentos
Había una vez un poeta portugués tenía cuatro poetas adentro y vivía muy preocupado trabajaba en la administración pública y dónde se vio que un empleado público de portugal gane para alimentar cuatro bocas Cada noche pasaba lista a sus poetas incluyéndose a sí mismo uno estiraba la mano por la ventana y le caían astros allí otro escribía cartas al sur qué están haciendo del sur decía De mi uruguay decía el otro se convirtió en un barco que amó a los marineros esto es bello porque no todos los barcos hacen así hay barcos que prefieren mirar por el ojo de buey Hay barcos que se hunden Dios camina afligido por el fenómeno ése es que no todos los barcos se parecen a los poetas del portugués salían del mar y se secaban los huesitos al sol Cantando la canción de tus pechos amada cantaban que tus pechos llegaron una tarde con una escolta de horizontes eso cantaban los poetas del portugués para decir que te amo antes de separarse tender la mano al cielo escribir cartas al uruguay Que mañana van a llegar mañana van a llegar las cartas del portugués y barrerán la tristeza mañana va a llegar el barco del portugués al puerto de montevideo siempre supo que entraba en ese puerto y se volvía más hermoso Como los cuatro poetas del portugués cuando se preocupaban todos juntos por el hombre de la tabaquería de enfrente el animal de sueños del hombre de la tabaquería de enfrente galopando con como josé gervasio de artigas por el hambre mundial El portugués tenía cuatro poetas mirando al sur al norte al muro al cielo les daba a todos de comer con el sueldo del alma él se ganaba el sueldo en la administración del país público y también mirando el mar que va de lisboa al uruguay Yo siempre estoy olvidando cosas una vez me olvidé un ojo en la mitad de una mujer otra vez me olvidé una mujer en la mitad de portugués me olvidé el nombre del poeta portugués De lo que no me olvido es de su barco navegando hacia el sur de su manita llena de astros golpeando contra la furia del mundo con el hombre de enfrente en la mano
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Tengo que sostener la risa, tantos años amando la prisa, sintiendo la cruel brisa y tus brazos secos y vacíos. Estoy viviendo otro momento, ha cambiado la cara del viento, ha soplado a otra senda la ansiedad y los tormentos, se ha llevado consigo todos los años de desierto, la incertidumbre de no ser correspondida, la agonía de un beso que se evaporaba ante tu cobardía. Me veo y no me contengo, tan larga la vereda cuando uno está consumido en la pena, …tan corto el camino cuando ha llegado a su destino. Nuestro amor moro en lo incierto, de mis sonrisas hiciste miles de silencios, poblé en la invisibilidad de tu epicentro, olvidando cada día mis propios preceptos. Se esfumo mi tiempo tratando de convencer, ¿a quién? Todavía no lo entiendo. Lo que si llegue a entender, ….es que el ego no tiene sentimientos. Que no vale el amor cuando no hay respeto. Hoy ha cambiado el tiempo, mi rostro tiene otro color, mi piel tiene otro olor, mis ojos tienen un brillo que opaca el mismo sol, mi alma se jubila al saber lo valiente que soy. Hoy mi cuerpo es tibio, aun cuando subyuga el frio, la sangre fluye, mi pelo ****** mis labios tan dulces, mi manos calientan, mi roce alienta, mi sombra sonríe como niña traviesa, me siento entera, feliz y completa. No podía ser de otra manera, todo los años mal dedicados, todas las lágrimas que me abrazaban, todas esas caricias almacenadas, hoy solo sonrió, pensar que todo aquel daño seria recompensado… con un hombre que ha llenado mi vida rosas y diamantes, amor y una hoguera que nunca termina de apagarse. De nuevo…solo puedo decirte………GRACIAS!!!!
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Oct 10, 2017
Oct 10, 2017 at 3:13 PM UTC
Pensar que sin ti (hoy estaría tan feliz)
Tengo que sostener la risa, tantos años amando la prisa, sintiendo la cruel brisa y tus brazos secos y vacíos. Estoy viviendo otro momento, ha cambiado la cara del viento, ha soplado a otra senda la ansiedad y los tormentos, se ha llevado consigo todos los años de desierto, la incertidumbre de no ser correspondida, la agonía de un beso que se evaporaba ante tu cobardía. Me veo y no me contengo, tan larga la vereda cuando uno está consumido en la pena, …tan corto el camino cuando ha llegado a su destino. Nuestro amor moro en lo incierto, de mis sonrisas hiciste miles de silencios, poblé en la invisibilidad de tu epicentro, olvidando cada día mis propios preceptos. Se esfumo mi tiempo tratando de convencer, ¿a quién? Todavía no lo entiendo. Lo que si llegue a entender, ….es que el ego no tiene sentimientos. Que no vale el amor cuando no hay respeto. Hoy ha cambiado el tiempo, mi rostro tiene otro color, mi piel tiene otro olor, mis ojos tienen un brillo que opaca el mismo sol, mi alma se jubila al saber lo valiente que soy. Hoy mi cuerpo es tibio, aun cuando subyuga el frio, la sangre fluye, mi pelo ****** mis labios tan dulces, mi manos calientan, mi roce alienta, mi sombra sonríe como niña traviesa, me siento entera, feliz y completa. No podía ser de otra manera, todo los años mal dedicados, todas las lágrimas que me abrazaban, todas esas caricias almacenadas, hoy solo sonrió, pensar que todo aquel daño seria recompensado… con un hombre que ha llenado mi vida rosas y diamantes, amor y una hoguera que nunca termina de apagarse. De nuevo…solo puedo decirte………GRACIAS!!!!
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Lo que a solas te he dicho, te lo dirán un día; Lo que me has dicho a solas, a otros se lo dirás; y así como las nuestras, vendrán otras caricias, Sobre la frente tuya mis besos a borrar. Olvidando las horas felices del pasado, Sentirás, junto a otros, la misma languidez, y sin que me recuerdes, bajo otro ardiente labio, Te verán otros ojos de amor desfallecer. Tu boca, que hoyes mía, sobre otra amante boca Se apoyará temblando con un amor igual; Será la misma entonces tu palidez de ahora, Y así, cual hoy los cierras, los ojos cerrarás. Tal vez para otro labio será mi beso entonces... ¿Quién sabe los secretos que guarda el porvenir? Mas siempre tu recuerdo destellará en mis noches, y estará, cerca o lejos, mi alma junto a ti.
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Lo que a solas te he dicho...