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"olivar" poems
Can't sleep again. Guilt in my head, spinning, leaping, autumn leaves, bullfrogs and song lyrics. Dice or bingo ***** which one comes up first? Again, again, remember to slow down, and Olivar favorite parts. When they were ours, when we belonged. log, sixty-six percent, percentage of original, original sin, seven sins, se7en, Sin of Cortez, tea, teaz me, Olivar favorite parts. Can't sleep again. The Ones Who Walked Away From Omelas. Salem, O. Greyhound, stick-on roses, cigarette smoke, choke in my lungs, stink on my clothes, desperation in skinny jeans and step-dads tranquilizers, the open window beckons, sleeping beauty, Rapunzel. Tangled web, Charlotte with 8 legs, and a Durok below, hounds howl, bellow, yodel at the moon above, desperate for a life long gone, adventures never known. Indiana Jones, satchel and lasso. Or was it a whip?
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Apr 15, 2012
Apr 15, 2012 at 3:14 AM UTC
Insomnia roulette
El campo de olivos se abre y se cierra como un abanico. Sobre el olivar hay un cielo hundido y una lluvia oscura de luceros fríos. Tiembla junco y penumbra a la orilla del río. Se riza el aire gris. Los olivos, están cargados de gritos. Una bandada de pájaros cautivos, que mueven sus larguísimas colas en lo sombrío.
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Paisaje
La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos. Niño déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Niño déjame, no pises, mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados. Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. ¡Cómo canta la zumaya, ay como canta en el árbol! Por el cielo va la luna con el niño de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. el aire la está velando.
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Romance de la luna
Este hombre del casino provinciano que vio a Carancha recibir un día, tiene mustia la tez, el pelo cano, ojos velados por melancolía; bajo el bigote gris, labios de hastío, y una triste expresión, que no es tristeza, sino algo más y menos: el vacío del mundo en la oquedad de su cabeza.Aún luce de corinto terciopelo chaqueta y pantalón abotinado, y un cordobés color de caramelo, pulido y torneado. Tres veces heredó; tres ha perdido al monte su caudal; dos ha enviudado.Sólo se anima ante el azar prohibido, sobre el verde tapete reclinado, o al evocar la tarde de un torero, la suerte de un tahúr, o si alguien cuenta la hazaña de un gallardo bandolero, o la proeza de un matón, sangrienta.Bosteza de política banales dicterios al gobierno reaccionario, y augura que vendrán los liberales, cual torna la cigüeña al campanario.Un poco labrador, del cielo aguarda y al cielo teme; alguna vez suspira, pensando en su olivar, y al cielo mira con ojo inquieto, si la lluvia tarda.Lo demás, taciturno, hipocondriaco, prisionero en la Arcadia del presente, le aburre; sólo el humo del tabaco simula algunas sombras en su frente.Este hombre no es de ayer ni es de mañana, sino de nunca; de la cepa hispana no es el fruto maduro ni podrido, es una fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido, esa que hoy tiene la cabeza cana.
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Del pasado efímero
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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Recuerdos
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales cargados de perfume, y el campo enverdecido, abiertos los jazmines, maduros los trigales, azules las montañas y el olivar florido; Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles; y al sol de abril los huertos colmados de azucenas, y los enjambres de oro, para libar sus mieles dispersos en los campos, huir de sus colmenas; yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares, barriendo el cierzo helado tu campo empedernido; y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares! ¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío irá a cruzar el alto solar del romancero, ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas, y la roqueda parda más de un zarzal en flor; ya los rebaños blancos, por entre grises peñas, hacia los altos prados conducirá el pastor.   ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas que vais al joven Duero, rebaños de merinos, con rumbo hacia las altas praderas numantinas,  por las cañadas hondas y al sol de los caminos hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo, montañas, serrijones, lomazos, parameras, en donde reina el águila, por donde busca el cuervo su infecto expoliario; menudas sementeras cual sayos cenicientos, casetas y majadas entre desnuda roca, arroyos y hontanares donde a la tarde beben las yuntas fatigadas, dispersos huertecillos, humildes abejares!...   ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano cercado de colinas y crestas militares, alcores y roquedas del yermo castellano, fantasmas de robledos y sombras de encinares!   En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía, por los floridos valles, mi corazón te lleva.
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A la hora del rocío, de la niebla salen sierra blanca y prado verde. ¡El sol en los encinares!   Hasta borrarse en el cielo, suben las alondras. ¿Quién puso plumas al campo? ¿Quién hizo alas de tierra loca?   Al viento, sobre la sierra, tiene el águila dorada las anchas alas abiertas.   Sobre la picota donde nace el río, sobre el lago de turquesa y los barrancos de verdes pinos; sobre veinte aldeas, sobre cien caminos...   Por los senderos del aire, señora águila, ¿dónde vais a todo vuelo tan de mañana?   Ya había un albor de luna en el cielo azul. ¡La luna en los espartales, cerca de Alicún! Redonda sobre el alcor, y rota en las turbias aguas del Guadiana menor.   Entre Ubeda y Baeza -loma de las dos hermanas; Baeza, pobre y señora; Ubeda, reina y gitana -, Y en el encinar ¡luna redonda y beata, siempre conmigo a la par!   Cerca de Ubeda la grande, cuyos cerros nadie verá, me iba siguiendo la luna sobre el olivar, una luna jadeante, siempre conmigo a la par.   Yo pensaba: ¡bandoleros de mi tierra!, al caminar en mi caballo ligero. ¡Alguno conmigo irá!   Que esta luna me conoce y, con el miedo, me da el orgullo de haber sido alguna vez capitán.   En la sierra de Quesada hay un águila gigante, verdosa, negra y dorada, siempre las alas abiertas. Es de piedra y no se cansa.   Pasado Puerto Lorente, entre las nubes galopa el caballo de los montes. Nunca se cansa: es de roca.   En el hondón del barranco se ve al jinete caído, que alza los brazos al cielo. Los brazos son de granito.   Y allí donde nadie sube hay una virgen risueña con un río azul en brazos. Es la Virgen de la Sierra.
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Viejas canciones
A la hora del rocío, de la niebla salen sierra blanca y prado verde. ¡El sol en los encinares!   Hasta borrarse en el cielo, suben las alondras. ¿Quién puso plumas al campo? ¿Quién hizo alas de tierra loca?   Al viento, sobre la sierra, tiene el águila dorada las anchas alas abiertas.   Sobre la picota donde nace el río, sobre el lago de turquesa y los barrancos de verdes pinos; sobre veinte aldeas, sobre cien caminos...   Por los senderos del aire, señora águila, ¿dónde vais a todo vuelo tan de mañana?   Ya había un albor de luna en el cielo azul. ¡La luna en los espartales, cerca de Alicún! Redonda sobre el alcor, y rota en las turbias aguas del Guadiana menor.   Entre Ubeda y Baeza -loma de las dos hermanas; Baeza, pobre y señora; Ubeda, reina y gitana -, Y en el encinar ¡luna redonda y beata, siempre conmigo a la par!   Cerca de Ubeda la grande, cuyos cerros nadie verá, me iba siguiendo la luna sobre el olivar, una luna jadeante, siempre conmigo a la par.   Yo pensaba: ¡bandoleros de mi tierra!, al caminar en mi caballo ligero. ¡Alguno conmigo irá!   Que esta luna me conoce y, con el miedo, me da el orgullo de haber sido alguna vez capitán.   En la sierra de Quesada hay un águila gigante, verdosa, negra y dorada, siempre las alas abiertas. Es de piedra y no se cansa.   Pasado Puerto Lorente, entre las nubes galopa el caballo de los montes. Nunca se cansa: es de roca.   En el hondón del barranco se ve al jinete caído, que alza los brazos al cielo. Los brazos son de granito.   Y allí donde nadie sube hay una virgen risueña con un río azul en brazos. Es la Virgen de la Sierra.
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Tierra seca, tierra quieta de noches inmensas. (Viento en el olivar, viento en la sierra). Tierra vieja del candil y la pena. Tierra de las hondas cisternas. Tierra de la muerte sin ojos y las flechas. (Viento por los caminos. Brisa en las alamedas).
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Tierra seca