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"oliendo" poems
Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Oda al gato
Los animales fueron imperfectos, largos de cola, tristes de cabeza. Poco a poco se fueron componiendo, haciéndose paisaje, adquiriendo lunares, gracia, vuelo. El gato, sólo el gato apareció completo y orgulloso: nació completamente terminado, camina solo y sabe lo que quiere. El hombre quiere ser pescado y pájaro, la serpiente quisiera tener alas, el perro es un *** desorientado, el ingeniero quiere ser poeta, la mosca estudia para golondrina, el poeta trata de imitar la mosca, pero el gato quiere ser sólo gato y todo gato es gato desde bigote a cola, desde presentimiento a rata viva, desde la noche hasta sus ojos de oro. No hay unidad como él, no tienen la luna ni la flor tal contextura: es una sola cosa como el sol o el topacio, y la elástica línea en su contorno firme y sutil es como la línea de la proa de una nave. Sus ojos amarillos dejaron una sola ranura para echar las monedas de la noche. Oh pequeño emperador sin orbe, conquistador sin patria, mínimo tigre de salón, nupcial sultán del cielo de las tejas eróticas, el viento del amor en la intemperie reclamas cuando pasas y posas cuatro pies delicados en el suelo, oliendo, desconfiando de todo lo terrestre, porque todo es inmundo para el inmaculado pie del gato. Oh fiera independiente de la casa, arrogante vestigio de la noche, perezoso, gimnástico y ajeno, profundísimo gato, policía secreta de las habitaciones, insignia de un desaparecido terciopelo, seguramente no hay enigma en tu manera, tal vez no eres misterio, todo el mundo te sabe y perteneces al habitante menos misterioso, tal vez todos lo creen, todos se creen dueños, propietarios, tíos de gatos, compañeros, colegas, discípulos o amigos de su gato. Yo no. Yo no suscribo. Yo no conozco al gato. Todo lo sé, la vida y su archipiélago el mar y la ciudad incalculable, la botánica, el gineceo con sus extravíos, el por y el menos de la matemática, los embudos volcánicos del mundo, la cáscara irreal del cocodrilo, la bondad ignorada del bombero, el atavismo azul del sacerdote, pero no puedo descifrar un gato. Mi razón resbaló en su indiferencia, sus ojos tienen números de oro.
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Me husmeas y me dejas Oliendo a ti, Al sabor de tus besos en mi boca Pero te vas, siempre te vas Siento que te pierdo Porque ya no estas Y si quisieras te podrias quedar Pero te vas, dejando una parte de ti en mi De la cual no me puedo safar Y es tu aliento que invade mi interior Atada me siento a un aroma A cada olor de tu cuerpo Y puedo estar comiendo y Me acuerdo al sabor de lengua Aquel dia que olvide tu fragancia Ese dia olvidare mi infancia.
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Oct 13, 2013
Oct 13, 2013 at 7:13 PM UTC
La fragancia de ti
En los paisajes de Mansiche labra imperiales nostalgias el crepúsculo; y lábrase la raza en mi palabra, como estrella de sangre a flor de músculo. El campanario dobla... No hay quien abra la capilla... Diríase un opúsculo bíblico que muriera en la palabra de asiática emoción de este crepúsculo. Un poyo con tres patas, es retablo en que acaban de alzar labios en coro la eucaristía de una chicha de oro. Más allá de los ranchos surge al viento el humo oliendo a sueño y a establo, como si se exhumara un firmamento. La anciana pensativa, cual relieve de un bloque pre-incaico, hila que hila; en sus dedos de Mama el huso leve la lana gris de su vejez trasquila. Sus ojos de esclerótica de nieve un ciego sol sin luz guarda y mutila...! Su boca está en desdén, y en calma aleve su cansancio imperial tal vez vigila. Hay ficus que meditan, melenudos trovadores incaicos en derrota, la rancia pena de esta cruz idiota, en la hora en rubor que ya se escapa, y que es lago que suelda espejos rudos donde náufrago llora Manco-Cápac. Como viejos curacas van los bueyes camino de Trujillo, meditando... Y al hierro de la tarde, fingen reyes que por muertos dominios van llorando. En el muro de pie, pienso en las leyes que la dicha y la angustia van trocando: ya en las viudas pupilas de los bueyes se pudren sueños qué no tienen cuándo. La aldea, ante su paso, se reviste de un rudo gris, en que un mugir de vaca se aceita en sueño y emoción de huaca. Y en el festín del cielo azul yodado gime en el cáliz de la esquila triste un viejo corequenque desterrado. La Grama mustia, recogida, escueta ahoga no sé qué protesta ignota: parece el alma exhausta de un poeta, arredrada en un gesto de derrota. La Ramada ha tallado su silueta, cadavérica jaula, sola y rota, donde mi enfermo corazón se aquieta en un tedio estatual de terracota. Llega el canto sin sal del mar labrado en su máscara bufa de canalla que babea y da tumbos, ahorcado! La niebla hila una venda al cerro lila que en ensueños miliarios se enmuralla, como un huaco gigante que vigila.
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Nostalgias imperiales
En los paisajes de Mansiche labra imperiales nostalgias el crepúsculo; y lábrase la raza en mi palabra, como estrella de sangre a flor de músculo. El campanario dobla... No hay quien abra la capilla... Diríase un opúsculo bíblico que muriera en la palabra de asiática emoción de este crepúsculo. Un poyo con tres patas, es retablo en que acaban de alzar labios en coro la eucaristía de una chicha de oro. Más allá de los ranchos surge al viento el humo oliendo a sueño y a establo, como si se exhumara un firmamento. La anciana pensativa, cual relieve de un bloque pre-incaico, hila que hila; en sus dedos de Mama el huso leve la lana gris de su vejez trasquila. Sus ojos de esclerótica de nieve un ciego sol sin luz guarda y mutila...! Su boca está en desdén, y en calma aleve su cansancio imperial tal vez vigila. Hay ficus que meditan, melenudos trovadores incaicos en derrota, la rancia pena de esta cruz idiota, en la hora en rubor que ya se escapa, y que es lago que suelda espejos rudos donde náufrago llora Manco-Cápac. Como viejos curacas van los bueyes camino de Trujillo, meditando... Y al hierro de la tarde, fingen reyes que por muertos dominios van llorando. En el muro de pie, pienso en las leyes que la dicha y la angustia van trocando: ya en las viudas pupilas de los bueyes se pudren sueños qué no tienen cuándo. La aldea, ante su paso, se reviste de un rudo gris, en que un mugir de vaca se aceita en sueño y emoción de huaca. Y en el festín del cielo azul yodado gime en el cáliz de la esquila triste un viejo corequenque desterrado. La Grama mustia, recogida, escueta ahoga no sé qué protesta ignota: parece el alma exhausta de un poeta, arredrada en un gesto de derrota. La Ramada ha tallado su silueta, cadavérica jaula, sola y rota, donde mi enfermo corazón se aquieta en un tedio estatual de terracota. Llega el canto sin sal del mar labrado en su máscara bufa de canalla que babea y da tumbos, ahorcado! La niebla hila una venda al cerro lila que en ensueños miliarios se enmuralla, como un huaco gigante que vigila.
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Igual, la flor retorna a limitarnos el instante azul, a dar una hermandad gustosa a nuestro cuerpo, a decirnos, oliendo inmensamente, que lo breve nos basta. Lo breve al sol de oro, al aire de oro, a la tierra de oro, al áureo mar; lo breve contra el cielo de los dioses, lo breve enmedio del oscuro no, lo breve en suficiente dinamismo, conforme entre armonía y entre luz. Y se mece la flor, con el olor más rico de la carne, olor que se entra por el ser y llega al fin de su sinfín, y allí se pierde, haciéndonos jardín. La flor se mece viva fuera, dentro, con peso exacto a su placer. Y el pájaro la ama y la estasía, y la ama, redonda, la mujer, y la ama y la besa enmedio el hombre. ¡Florecer y vivir, instante de central chispa detenida, abierta en una forma tentadora; instante sin pasado, en que los cuatro puntos cardinales son de igual atracción dulce y profunda: instante del amor abierto como la flor! Amor y flor en perfección de forma, en mutuo sí frenético de olvido, en compensación loca, olor, sabor y olor, color, olor y tacto, olor, amor, olor. El viento rojo la convence y se la lleva, rapto delicioso, con un vivo caer que es un morir de dulzor, de ternura, de frescor; caer de flor en su total belleza, volar, pasar, morir de flor y amor en el día mayor de la hermosura, sin dar pena en su irse ardiente al mundo, ablandando la tierra sol y sombra, perdiéndose en los ojos azules de la luz!
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Flor que vuelve
Fulge mi cigarrillo; su luz se limpia en pólvoras de alerta. Y a su guiño amarillo entona un pastorcillo el tamarindo de su sombra muerta. Ahoga en una enérgica negrura, el caserón entero la mustia distinción de su blancura. Pena un frágil aroma de aguacero. Están todas las puertas muy ancianas, y se hastía en su habano carcomido una insomne piedad de mil ojeras. Yo las dejé lozanas; y hoy las telarañas han zurcido hasta en el corazón de sus maderas, coágulos de sombra oliendo a olvido. La del camino, el día que me miró llegar, trémula y triste, mientras que sus dos brazos entreabría, chilló como en un llanto de alegría. Que en toda fibra existe para el ojo que ama, una dormida novia perla, una lágrima escondida. Con no sé qué memoria secretea mi corazón ansioso. -Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea; aún la veo envueltita en su rebozo Y la abuela amargura de un cantar neurasténico de paria ¡oh, derrotada musa legendaria! afila sus melódicos raudales bajo la noche oscura: como si abajo, abajo, en la turbia pupila de cascajo de abierta sepultura, celebrando perpetuos funerales, se quebrasen fantásticos puñales. Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero, reduciéndolo a fúnebres olores, el humor de los viejos alcanfores que velan tahuashando en el sendero con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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Hojas de ébano
Vi, debe haber tres días, En las gradas de San Pedro, Una tenebrosa boda, Porque era toda de Negros. Parecía Matrimonio Concertado en el infierno: ***** esposo y negra esposa Y ***** acompañamiento. Sospecho yo que acostados Parecerán sus dos cuerpos, Junto el uno con el otro, Algodones y tintero. Hundíase de estornudos La calle por do volvieron: Que una boda semejante Hace dar más que un pimiento. Iban los dos de las manos Como pudieran dos cuervos, Otros dicen como grajos, Porque a grajos van oliendo. Con humos van de vengarse (Que siempre van de humos llenos) De los que, por afrentarlos, Hacen los labios traseros. Iba afeitada la novia Todo el tapetado gesto Con hollín y con carbón, Y con tinta de sombreros. Tan pobres son que una blanca No se halla entre todos ellos, Y por tener un cornado Casaron a este moreno. Él se llamaba Tomé, Y ella, Francisca del Puerto, Ella esclava, y él es clavo Que quiere hincársele en medio. Llegaron al ***** patio Donde está el ***** aposento, En donde la negra boda Ha de tener ***** efecto. Era una caballeriza, Y estaban todos inquietos, Que los abrasaban pulgas Por perrengues o por perros. A la mesa se sentaron, Donde también les pusieron Negros manteles y platos, Negra sopa y manjar ***** Echóles la bendición Un ***** veintidoseno, Con un rostro de azabache Y manos de terciopelo. Diéronles el vino tinto, Pan, entre mulato y prieto, Carbonada hubo, por ser Tizones los que comieron. Hubo jetas en la mesa Y en la boca de los dueños, Y hongos, por ser la boda De hongos, según sospecho. Trajeron muchas morcillas, Y hubo algunos que de miedo No las comieron, pensando Se comían a sí mesmos. Cuál por morder del mondongo, Se atarazaba algún dedo, Pues sólo diferenciaban En la uña de lo ***** Mas cuando llegó el tocino Hubo grandes sentimientos, Y pringados con pringadas Un rato se enternecieron. Acabaron de comer Y entró un ministro Guineo, Para darles aguamanos Con un coco y un caldero. Por toalla trujo al hombro Las bayetas de un entierro, Laváronse y quedó el agua Para ensuciar todo un Reino. Negros de ellos se sentaron Sobre unos negros asientos, Y en voces negras cantaron También denegridos versos: «Negra es la ventura De aquel casado Cuya Novia es Negra Y el dote en Blanco».
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Boda de negros
Vi, debe haber tres días, En las gradas de San Pedro, Una tenebrosa boda, Porque era toda de Negros. Parecía Matrimonio Concertado en el infierno: ***** esposo y negra esposa Y ***** acompañamiento. Sospecho yo que acostados Parecerán sus dos cuerpos, Junto el uno con el otro, Algodones y tintero. Hundíase de estornudos La calle por do volvieron: Que una boda semejante Hace dar más que un pimiento. Iban los dos de las manos Como pudieran dos cuervos, Otros dicen como grajos, Porque a grajos van oliendo. Con humos van de vengarse (Que siempre van de humos llenos) De los que, por afrentarlos, Hacen los labios traseros. Iba afeitada la novia Todo el tapetado gesto Con hollín y con carbón, Y con tinta de sombreros. Tan pobres son que una blanca No se halla entre todos ellos, Y por tener un cornado Casaron a este moreno. Él se llamaba Tomé, Y ella, Francisca del Puerto, Ella esclava, y él es clavo Que quiere hincársele en medio. Llegaron al ***** patio Donde está el ***** aposento, En donde la negra boda Ha de tener ***** efecto. Era una caballeriza, Y estaban todos inquietos, Que los abrasaban pulgas Por perrengues o por perros. A la mesa se sentaron, Donde también les pusieron Negros manteles y platos, Negra sopa y manjar ***** Echóles la bendición Un ***** veintidoseno, Con un rostro de azabache Y manos de terciopelo. Diéronles el vino tinto, Pan, entre mulato y prieto, Carbonada hubo, por ser Tizones los que comieron. Hubo jetas en la mesa Y en la boca de los dueños, Y hongos, por ser la boda De hongos, según sospecho. Trajeron muchas morcillas, Y hubo algunos que de miedo No las comieron, pensando Se comían a sí mesmos. Cuál por morder del mondongo, Se atarazaba algún dedo, Pues sólo diferenciaban En la uña de lo ***** Mas cuando llegó el tocino Hubo grandes sentimientos, Y pringados con pringadas Un rato se enternecieron. Acabaron de comer Y entró un ministro Guineo, Para darles aguamanos Con un coco y un caldero. Por toalla trujo al hombro Las bayetas de un entierro, Laváronse y quedó el agua Para ensuciar todo un Reino. Negros de ellos se sentaron Sobre unos negros asientos, Y en voces negras cantaron También denegridos versos: «Negra es la ventura De aquel casado Cuya Novia es Negra Y el dote en Blanco».
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ayer saque tus memorias de paseo de la mano caminamos por viejos senderos oliendo flores buscando amparo en juegos, recuerdos y amores donde la alegria imperaba y tambien moría contamos petalos llenos de pudor y sus colores de dolor acariciando nubes de locura anduvimos riendonos del sabor viejo de la amargura ya viendo el ocaso las ternuras marchitaban tu sombra lloraba y mi mano soltaba se rompía veia como se dividia en par por que la puesta del sol me recibía ahí la dejé entre llantos y sonrisas balbuceando un arrullo sin matiz al rato solo los coquís se oían y con su canto borraban tu sombra de raíz en mi vida
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May 5, 2017
May 5, 2017 at 1:38 PM UTC
senderos
Toda la noche, los pájaros han estado cantándome sus colores. (No los colores de sus alas matutinas con el fresco de los soles. No los colores de sus pechos vespertinos al rescoldo de los soles. No los colores de sus picos cotidianos, que se apagan por la noche, como se corren los colores conocidos de las hojas y las flores). Otros colores, el paraíso primero que perdió del todo el hombre. El paraíso que las flores y los pájaros inmensamente conocen. Flores y pájaros que van y vienen oliendo, volando por todo el orbe. Otros colores, el paraíso sin cambio que el hombre en sueños recorre. Toda la noche, los pájaros han estado cantándome los colores. Otros colores que tienen en otro mundo y que sacan por la noche. Unos colores que yo he visto bien despierto y que están yo sé bien dónde. Yo sé de dónde los pájaros han venido a cantarme por la noche. Yo sé de dónde, pasando vientos y olas, a cantarme mis colores.
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Pasando vientos y olas
Estoy solo en la oscura estación de metro de Fulton Street, Respirando el aire con olor a orina, Exhalando nubes de vapor, Un tren subterráneo se precipita a lo largo del anden, No se detiene, Muerde mis tímpanos, Con la percusión dolorosa, De miles de personas, Gritando en silencio, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El aire avivado por cada vagón de metro, Me empuja, Propulsa el ozono y el olor de frenos quemados, En mis fosas nasales, Junto con el aire, Introducido a través de las rejillas de hierro, A lo largo de kilómetros de las aceras de Brooklyn, Llevando el olor de las llagas supurantes de una prostituta, Y los gritos de un niño hambriento, sin padre en pañales sucios, Y el gemido ronco de un concejal de la ciudad educando a un paje joven, Y el perfume barato de una niña de catorce años de edad fugitiva, Vendiendo su cuerpo por $20 en un callejón, Oliendo de comida china rancia y perros humedos, Y . . . Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, . . . el olor de la sopa de repollo podrida, Y los restos rancios de un perrito caliente enterrado en chucrut, Y lirios putrefactos acostados en una alcantarilla, Todos agrediéndome, obligándome hacia atrás, Hasta que mi espalda presiona contra, Las una vez blancas baldosas sucias, que queman fríamente sus grafitis en mi columna vertebral: Dios está muerto, Asa a un judío, Los blancos chupan, Mata a los negros, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El tren finalmente pasa, Sus ojos rojos retrocediendo en el túnel, Húmedo y oscuro más allá de la plataforma, Los gritos y chillidos lentamente mueren, Sus ecos aspirando detrás de ellos, El olor, De mi, Vomito, Caliente.
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Nov 28, 2019
Nov 28, 2019 at 1:18 AM UTC
El Tren Subterráneo
Estoy solo en la oscura estación de metro de Fulton Street, Respirando el aire con olor a orina, Exhalando nubes de vapor, Un tren subterráneo se precipita a lo largo del anden, No se detiene, Muerde mis tímpanos, Con la percusión dolorosa, De miles de personas, Gritando en silencio, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El aire avivado por cada vagón de metro, Me empuja, Propulsa el ozono y el olor de frenos quemados, En mis fosas nasales, Junto con el aire, Introducido a través de las rejillas de hierro, A lo largo de kilómetros de las aceras de Brooklyn, Llevando el olor de las llagas supurantes de una prostituta, Y los gritos de un niño hambriento, sin padre en pañales sucios, Y el gemido ronco de un concejal de la ciudad educando a un paje joven, Y el perfume barato de una niña de catorce años de edad fugitiva, Vendiendo su cuerpo por $20 en un callejón, Oliendo de comida china rancia y perros humedos, Y . . . Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, . . . el olor de la sopa de repollo podrida, Y los restos rancios de un perrito caliente enterrado en chucrut, Y lirios putrefactos acostados en una alcantarilla, Todos agrediéndome, obligándome hacia atrás, Hasta que mi espalda presiona contra, Las una vez blancas baldosas sucias, que queman fríamente sus grafitis en mi columna vertebral: Dios está muerto, Asa a un judío, Los blancos chupan, Mata a los negros, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, Yo no quiero ver, El tren finalmente pasa, Sus ojos rojos retrocediendo en el túnel, Húmedo y oscuro más allá de la plataforma, Los gritos y chillidos lentamente mueren, Sus ecos aspirando detrás de ellos, El olor, De mi, Vomito, Caliente.
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Me ducho con agua caliente hasta dejarme rojeces y moretones en la piel Suda mi cuerpo mojado Un baile de burbujas se reflejan en la pared manchada Mi sangre bombea tan fuerte que siento que el corazón me estalla. Eres tan suave y traslúcido como un riachuelo yo soy tan fuerte y opaca como una catarata. ¿Pensarán esas personas en mi? de la misma manera que yo en ellas ¿Me querrá en la soledad de su cuarto? de la misma forma que yo lo hago. No me dejas querer a nadie más aún te recuerdo en la oscuridad tu estás en mi mente Yo soy la luna. Y todas las noches me acuesto desolada. El bastión en el acantilado está sitiado esta noche es la última. El fuego se refleja en el mar, lo veo desde las almenaras, y por decirte una vez más la verdad se que esta es la última noche, que te beso, que te beso con honestidad. Hoy he hecho muy buenas acciones para ver si me hablas. Visito únicamente los lugares en los que sé que tu estarás. No soy tan fuerte para vivir sin ti La primera noche que duermo bajo este techo lo hago con el corazón quebrado, agrietado. Tormenta de verano viento caliente al ocaso el relámpago y el trueno rompiendo el cielo Me quedo toda la noche despierta rezando en voz alta para que me quieras antes de que termine el verano, intento olvidarte pero mi cabeza siempre encuentra la forma de volver a ti Me disparo en el pecho suplicando que tu también sientas el dolor pero no. Calor proveniente de tu cuerpo Se clavó en mi piel el anzuelo y arranqué las vendas antes de que curasen las heridas, porque tus abrazos aún me duelen en la espalda Comienza el ataque a las murallas mis pies, ahora descalzos, están llenos de llagas. Deshecho mi cuerpo como hielo, en el suelo Voy a hablarle a tus ojos mirándolos fijamente de ahora en adelante evitaré evadir tu mirada no temo que me dañes. Aún recuerdo el peso fantasmagórico de tu cuerpo en mi espalda rodeando mi torso, oliendo mi pelo. Me senté en el prado a escucharte mientras las hierbas con mis manos arrancaba, me doy cuenta, estaba equivocada esto es peor de lo que pensaba. Venga a mi tu reino porque tu tienes la llave. El poder, te suplico te pido, te imploro y lo siento Hazme feliz con tu presencia.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:38 PM UTC
13. El Bastión (Recuerdos)
Me ducho con agua caliente hasta dejarme rojeces y moretones en la piel Suda mi cuerpo mojado Un baile de burbujas se reflejan en la pared manchada Mi sangre bombea tan fuerte que siento que el corazón me estalla. Eres tan suave y traslúcido como un riachuelo yo soy tan fuerte y opaca como una catarata. ¿Pensarán esas personas en mi? de la misma manera que yo en ellas ¿Me querrá en la soledad de su cuarto? de la misma forma que yo lo hago. No me dejas querer a nadie más aún te recuerdo en la oscuridad tu estás en mi mente Yo soy la luna. Y todas las noches me acuesto desolada. El bastión en el acantilado está sitiado esta noche es la última. El fuego se refleja en el mar, lo veo desde las almenaras, y por decirte una vez más la verdad se que esta es la última noche, que te beso, que te beso con honestidad. Hoy he hecho muy buenas acciones para ver si me hablas. Visito únicamente los lugares en los que sé que tu estarás. No soy tan fuerte para vivir sin ti La primera noche que duermo bajo este techo lo hago con el corazón quebrado, agrietado. Tormenta de verano viento caliente al ocaso el relámpago y el trueno rompiendo el cielo Me quedo toda la noche despierta rezando en voz alta para que me quieras antes de que termine el verano, intento olvidarte pero mi cabeza siempre encuentra la forma de volver a ti Me disparo en el pecho suplicando que tu también sientas el dolor pero no. Calor proveniente de tu cuerpo Se clavó en mi piel el anzuelo y arranqué las vendas antes de que curasen las heridas, porque tus abrazos aún me duelen en la espalda Comienza el ataque a las murallas mis pies, ahora descalzos, están llenos de llagas. Deshecho mi cuerpo como hielo, en el suelo Voy a hablarle a tus ojos mirándolos fijamente de ahora en adelante evitaré evadir tu mirada no temo que me dañes. Aún recuerdo el peso fantasmagórico de tu cuerpo en mi espalda rodeando mi torso, oliendo mi pelo. Me senté en el prado a escucharte mientras las hierbas con mis manos arrancaba, me doy cuenta, estaba equivocada esto es peor de lo que pensaba. Venga a mi tu reino porque tu tienes la llave. El poder, te suplico te pido, te imploro y lo siento Hazme feliz con tu presencia.
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Toda la noche, los pájaros han estado cantándome sus colores. (No los colores de sus alas matutinas con el fresco de los soles. No los colores de sus pechos vespertinos al rescoldo de los soles. No los colores de sus picos cotidianos que se apagan por la noche, como se apagan los colores conocidos de las hojas y las flores). Otros colores, el paraíso primero que perdió del todo el hombre, el paraíso que las flores y los pájaros inmensamente conocen. Flores y pájaros que van y vienen oliendo volando por todo el orbe. Otros colores, el paraíso sin cambio que el hombre en sueños recorre. Toda la noche, los pájaros han estado cantándome los colores. Otros colores que tienen en su otro mundo y que sacan por la noche. Unos colores que he visto bien despierto y que están yo sé bien dónde. Yo sé de dónde los pájaros han venido a cantarme por la noche. Yo sé de dónde pasando vientos y olas, a cantarme mis colores.
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Los pájaros de yo sé dónde