"oigan" poems
Paseábase el rey moro - por la ciudad de Granada
desde la puerta de Elvira - hasta la de Vivarrambla.
-¡Ay de mi Alhama!-Cartas le fueron venidas - que Alhama era ganada.
Las cartas echó en el fuego - y al mensajero matara,
-¡Ay de mi Alhama!-Descabalga de una mula, - y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba - subido se había al Alhambra.
-¡Ay de mi Alhama!-Como en el Alhambra estuvo, - al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas, - sus añafiles de plata.
-¡Ay de mi Alhama!-Y que las cajas de guerra - apriesa toquen el arma,
porque lo oigan sus moros, - los de la vega y Granada.
-¡Ay de mi Alhama!-Los moros que el son oyeron - que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos - juntado se ha gran batalla.
-¡Ay de mi Alhama!-Allí fabló un moro viejo, - de esta manera fablara:
-¿Para qué nos llamas, rey, - para qué es esta llamada?
-¡Ay de mi Alhama!--Habéis de saber, amigos, - una nueva desdichada:
que cristianos de braveza - ya nos han ganado Alhama.
-¡Ay de mi Alhama!-Allí fabló un alfaquí - de barba crecida y cana:
-Bien se te emplea, buen rey, - buen rey, bien se te empleara.
-¡Ay de mi Alhama!-Mataste los Bencerrajes, - que eran la flor de Granada,
cogiste los tornadizos - de Córdoba la nombrada.
-¡Ay de mi Alhama!-Por eso mereces, rey, - una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino, - y aquí se pierda Granada.
-¡Ay de mi Alhama!-
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Con esta tinta sucia
que caracteriza mi hablar,
te escribo en la oreja
sabidurías de mi mano.
Mala letra,
mala gana,
buena musa
y poco esfuerzo.
Ocho líneas lleva ahora.
A los insultos (los cultos)
le dicen “verso”.
Dices que ahora sí me matas.
Dizque un segundo entierro.
Sí, segundo;
es que contigo
ya andaba muerto por dentro.
Desperdicié estos pulmones y los otros,
ahora, que yo era incomprensible,
pero te cuento que
escribo para que lean,
no para que les guste;
hablo para que oigan,
no para que me entiendan.
Feb 19, 2016
Feb 19, 2016 at 8:42 PM UTC
El joven trovador partió a la guerra
A lidiar como bravo en las batallas.
Lleva al cinto la espada de su padre,
y el arpa de los himnos a la espalda.
«¡Oh patria!», dice el trovador guerrero,
«Aunque seas por todos traicionada,
Siempre un acero habrá que te defienda,
y siempre habrá para cantarte un arpa».
El trovador cayó. Mas su alma altiva
Vencer no pudo la invasora raza,
y no volvieron a escuchar sus himnos
Porque rompió las cuerdas de su arpa.
y dijo: «Las cadenas opresoras
A ti jamás alcanzarán, ¡oh alma!
Tus cantos son para los hombres libres...
¡Que no los oigan en la tierra esclava!»
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