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"ofrezco" poems
Una noche tuve un sueño... Luna opaca, cielo ***** yo en un triste cementerio con la sombra y el silencio. En sudarios medio envueltos, descarnados esqueletos muy afables y contentos mi vista recibieron. Indagaron los sucesos que pasaban ese tiempo: las maniobras del ejército, los discursos del Congreso, de la Bolsa los manejos, y reían de todo eso. Con sorpresa supe de ellos que gustaban de los versos que en mis dudas y en mis celos a mi amada siempre ofrezco. ¡Que sabían, me dijeron, ya en la historia de los besos!... Y se hacían muchos gestos y ademanes picarescos. Y reían con extremos entre el ruido de sus huesos. En seguida refirieron que se siente mucho hielo, en las noches del invierno, en las fosas de los muertos. Despedime. ¡Muy correctos los saludos que me hicieron! Salí al campo. Miré luego, luna opaca, cielo ***** Muy ufano, dice el médico que la causa de estos sueños se halla toda por mis nervios y en el fondo del cerebro.
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Rima - v
Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
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Canción de la muerte
Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
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¿Qué te digo, que te escribo? ¿Cómo poner en verso este sentimiento que por ti siento? ¿Qué poeta invoco para que me ayude a componerte las más bellas letras? Una poesía que contenga consonantes que te lleguen al alma! ¿Cómo se describe lo indescriptible? ¿Lo que no tiene historia, lo que nunca ha existido? ¿Cómo describo tus besos si nunca en ellos me he perdido? ¿Cómo describo que el toque de tus manos incinera las partes más frías de mí? ¿Cómo hablo de la libertad de tu amor si estoy presa en él? ¿Cómo dirijo la pluma, con que tinta la escribo? ¡Te he conjugado verbos con más letras que el alfabeto chino! Como decirte que los dioses de la antigua Grecia se han unido en Santorini, solo para demandarle al Mar Egeo, que te detengas a escuchar las olas de mi mar que anhelan atarse a tu destino. Que así como ese maremoto provoco la erupción de su caldera, tú por ende, uses mis caderas para que fluya esta erupción ardiente en tu entrega. ¿Qué serenata te ofrezco si donde vivo no habitan ruiseñores? Más tengo una inmensa necesidad de cantarte, de decirte con la melodía de mis besos; que te quiero, que me enterneces, que me apeteces, que este amor por ti cada vez más crece. Que eres el agua que hidrata mi ser. La pasión realizada en hombre. El hombre que florece mi esperanza en el amor. Que tu sonrisa es igual a la sensación del ciego que ve por primera vez-irreal. Que el sonido de tu voz, es entender por qué Dios creo el mundo. Que el brillo de tus ojos, traspaso las venas de mis miedos y por siempre las neutralizo. ¿Dime, que te digo? ¿Dime, como te lo escribo? ¿Dime, como te conquisto? ¿Dime, como te miro? ¿Cuál poeta invoco para que me ayude a escribirte la mejor poesía? ¡Si tú eres la mejor poesía!!!!! LeydisProse 5/22/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Image may contain: one or more people
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Jun 1, 2017
Jun 1, 2017 at 11:30 AM UTC
Que te escribo?
¿Qué te digo, que te escribo? ¿Cómo poner en verso este sentimiento que por ti siento? ¿Qué poeta invoco para que me ayude a componerte las más bellas letras? Una poesía que contenga consonantes que te lleguen al alma! ¿Cómo se describe lo indescriptible? ¿Lo que no tiene historia, lo que nunca ha existido? ¿Cómo describo tus besos si nunca en ellos me he perdido? ¿Cómo describo que el toque de tus manos incinera las partes más frías de mí? ¿Cómo hablo de la libertad de tu amor si estoy presa en él? ¿Cómo dirijo la pluma, con que tinta la escribo? ¡Te he conjugado verbos con más letras que el alfabeto chino! Como decirte que los dioses de la antigua Grecia se han unido en Santorini, solo para demandarle al Mar Egeo, que te detengas a escuchar las olas de mi mar que anhelan atarse a tu destino. Que así como ese maremoto provoco la erupción de su caldera, tú por ende, uses mis caderas para que fluya esta erupción ardiente en tu entrega. ¿Qué serenata te ofrezco si donde vivo no habitan ruiseñores? Más tengo una inmensa necesidad de cantarte, de decirte con la melodía de mis besos; que te quiero, que me enterneces, que me apeteces, que este amor por ti cada vez más crece. Que eres el agua que hidrata mi ser. La pasión realizada en hombre. El hombre que florece mi esperanza en el amor. Que tu sonrisa es igual a la sensación del ciego que ve por primera vez-irreal. Que el sonido de tu voz, es entender por qué Dios creo el mundo. Que el brillo de tus ojos, traspaso las venas de mis miedos y por siempre las neutralizo. ¿Dime, que te digo? ¿Dime, como te lo escribo? ¿Dime, como te conquisto? ¿Dime, como te miro? ¿Cuál poeta invoco para que me ayude a escribirte la mejor poesía? ¡Si tú eres la mejor poesía!!!!! LeydisProse 5/22/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Image may contain: one or more people
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Dios mío, yo te ofrezco mi dolor: ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte! Tú me diste un amor, un solo amor, ¡un gran amor!                                   Me lo robó la muerte ...y no me queda más que mi dolor.             Acéptalo, Señor: ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte!...
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Ofertorio
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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Gaspar, si enfermo está mi bien, decidle que yo tengo de amor el alma enferma, y en esta soledad desierta y yerma, lo que sabéis que paso persuadilde. Y para que el rigor temple, advertilde que el médico también tal vez enferma, y que segura de mi ausencia duerma, que soy leal cuanto presente humilde. Y advertilde también, si el mal porfía, que trueque mi salud y su accidente, que la tengo el alma se la envía. Decilde que del trueco se contente, mas ¿para qué le ofrezco salud mía? Que no tiene salud quien está ausente.
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Al contador gaspar de barrionuevo
Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Dónde vas, niña mía, De sol y nieve?   -Voy a las margaritas Del prado verde.   -El prado está muy lejos Y miedo tiene.   -Al airón y a la sombra Mi amor no teme.   -Teme al sol, niña mía, De sol y nieve.   -Se fue de mis cabellos Ya para siempre.   -Quién eres, blanca niña. ¿De dónde vienes?   -Vengo de los amores Y de las fuentes.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Qué llevas en la boca Que se te enciende?   -La estrella de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en el pecho Tan fino y leve?   -La espada de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en los ojos, ***** y solemne?   -Mi pensamiento triste Que siempre hiere.   -¿Por qué llevas un manto ***** de muerte?   -¡Ay, yo soy la viudita Triste y sin bienes! Del conde del Laurel De los Laureles.   -¿A quién buscas aquí Si a nadie quieres?   -Busco el cuerpo del conde De los Laureles.   -¿Tú buscas el amor, Viudita aleve? Tú buscas un amor Que ojalá encuentres.   -Estrellitas del cielo Son mis quereres, ¿Dónde hallaré a mi amante Que vive y muere?   -Está muerto en el agua, Niña de nieve, Cubierto de nostalgias Y de claveles.   -¡Ay! caballero errante De los cipreses, Una noche de luna Mi alma te ofrece.   -Ah Isis soñadora. Niña sin mieles La que en bocas de niños Su cuento vierte. Mi corazón te ofrezco, Corazón tenue, Herido por los ojos De las mujeres.   -Caballero galante, Con Dios te quedes.   -Voy a buscar al conde De los Laureles...   -Adiós mi doncellita, Rosa durmiente, Tú vas para el amor Y yo a la muerte.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -Mi corazón desangra Como una fuente.
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Balada de un día de julio
Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Dónde vas, niña mía, De sol y nieve?   -Voy a las margaritas Del prado verde.   -El prado está muy lejos Y miedo tiene.   -Al airón y a la sombra Mi amor no teme.   -Teme al sol, niña mía, De sol y nieve.   -Se fue de mis cabellos Ya para siempre.   -Quién eres, blanca niña. ¿De dónde vienes?   -Vengo de los amores Y de las fuentes.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -¿Qué llevas en la boca Que se te enciende?   -La estrella de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en el pecho Tan fino y leve?   -La espada de mi amante Que vive y muere.   -¿Qué llevas en los ojos, ***** y solemne?   -Mi pensamiento triste Que siempre hiere.   -¿Por qué llevas un manto ***** de muerte?   -¡Ay, yo soy la viudita Triste y sin bienes! Del conde del Laurel De los Laureles.   -¿A quién buscas aquí Si a nadie quieres?   -Busco el cuerpo del conde De los Laureles.   -¿Tú buscas el amor, Viudita aleve? Tú buscas un amor Que ojalá encuentres.   -Estrellitas del cielo Son mis quereres, ¿Dónde hallaré a mi amante Que vive y muere?   -Está muerto en el agua, Niña de nieve, Cubierto de nostalgias Y de claveles.   -¡Ay! caballero errante De los cipreses, Una noche de luna Mi alma te ofrece.   -Ah Isis soñadora. Niña sin mieles La que en bocas de niños Su cuento vierte. Mi corazón te ofrezco, Corazón tenue, Herido por los ojos De las mujeres.   -Caballero galante, Con Dios te quedes.   -Voy a buscar al conde De los Laureles...   -Adiós mi doncellita, Rosa durmiente, Tú vas para el amor Y yo a la muerte.   Esquilones de plata Llevan los bueyes.   -Mi corazón desangra Como una fuente.
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Con la simple palabra de hablar todos los días, que es tan noble que nunca llegará a ser ****** voy diciendo estas cosas que casi no son mías, así como las playas casi no son mar. Con la simple palabra con que se cuenta un cuento, que es la vejez eterna de la eterna niñez, la ilusión, como un árbol que se deshoja al viento, muere con la esperanza de nacer otra vez. Con simple palabra te ofrezco lo que ofreces, amor que apenas llegas cuando te has ido ya: Quien perfuma una rosa se equivoca dos veces, pues la rosa se seca y el perfume se va. Con la simple palabra que arde en su propio fuego, siento que en mí es orgullo lo que en otro es desdén: Las estrellas no existen en las noches del ciego, pero, aunque él no lo sepa, lo iluminan también. Y así, como un arroyo que se convierte en río, y que en cada cascada se purifica más, voy cantando este canto tan ajeno y tan mío, con la simple palabra que no muere jamás.
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Con la simple palabra
Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa, una hazaña del Cid, fresca como una rosa, pura como una perla.  No se oyen en la hazaña resonar en el viento las trompetas de España, ni el azorado moro las tiendas abandona al ver al sol el alma de acero de Tizona.Babieca descansando del huracán guerrero, tranquilo pace, mientras el bravo caballero sale a gozar del aire de la estación florida. Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida abre lirios y sueños en el jardín del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo, por una senda en donde, bajo el sol glorioso, tendiéndole la mano, le detiene un leproso.Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago y la victoria, joven, bello como Santiago, y el horror animado, la viviente carroña que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. -¡Oh, Cid, una limosna! -dice el pobrecito.                                                                         -Hermano, ¡te ofrezco la desnuda limosna de mi mano! -dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende la diestra al miserable, que llora y que comprende.Tal es el sucedido que el Condestable escancia como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregaré este sorbo de licor castellano:Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano, el Cid siguió su rumbo por la primaveral senda.  Un pájaro daba su nota de cristal en un árbol.  El cielo profundo desleía un perfume de gracia en la gloria del día. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro su melodiosa lluvia de tórtolas de oro; el alma de las flores iba por los caminos a unirse a la piadosa voz de los peregrinos y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho, iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campiña, aromada de esencia sutil, salió una niña vestida de inocencia, una niña que fuera una mujer, de franca y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una niña que fuera un hada, o que surgiera encarnación de la divina Primavera.Y fue al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego, por Jimena y por Dios un regalo te entrego, esta rosa naciente y este fresco laurel». Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente, en su guante de hierro hay una flor naciente, y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.
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Cosas del cid
Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa, una hazaña del Cid, fresca como una rosa, pura como una perla.  No se oyen en la hazaña resonar en el viento las trompetas de España, ni el azorado moro las tiendas abandona al ver al sol el alma de acero de Tizona.Babieca descansando del huracán guerrero, tranquilo pace, mientras el bravo caballero sale a gozar del aire de la estación florida. Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida abre lirios y sueños en el jardín del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo, por una senda en donde, bajo el sol glorioso, tendiéndole la mano, le detiene un leproso.Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago y la victoria, joven, bello como Santiago, y el horror animado, la viviente carroña que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. -¡Oh, Cid, una limosna! -dice el pobrecito.                                                                         -Hermano, ¡te ofrezco la desnuda limosna de mi mano! -dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende la diestra al miserable, que llora y que comprende.Tal es el sucedido que el Condestable escancia como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregaré este sorbo de licor castellano:Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano, el Cid siguió su rumbo por la primaveral senda.  Un pájaro daba su nota de cristal en un árbol.  El cielo profundo desleía un perfume de gracia en la gloria del día. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro su melodiosa lluvia de tórtolas de oro; el alma de las flores iba por los caminos a unirse a la piadosa voz de los peregrinos y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho, iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campiña, aromada de esencia sutil, salió una niña vestida de inocencia, una niña que fuera una mujer, de franca y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una niña que fuera un hada, o que surgiera encarnación de la divina Primavera.Y fue al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego, por Jimena y por Dios un regalo te entrego, esta rosa naciente y este fresco laurel». Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente, en su guante de hierro hay una flor naciente, y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.
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Un poeta egregio del país de Francia, que con versos áureos alabó el amor, formó un ramo armónico, lleno de elegancia, en su Sinfonía en Blanco Mayor.Yo por ti formara, Blanca deliciosa, el regalo lírico de un blanco bouquet, con la blanca estrella, con la blanca rosa que en los bellos parques del azul se ve.Hoy que tú celebras tus bodas de nieve (tus bodas de virgen con el sueño son), todas sus blancuras Primavera llueve sobre la blancura de tu corazón.Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios, cuello de los cisnes, margarita en flor, galas de la espuma, ceras de los cirios y estrellas celestes tienen tu color.Yo, al enviarte versos, de mi vida arranco la flor que te ofrezco, blanco serafín. ¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco la más roja rosa que hay en tu jardín!
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Bouquet