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"naves" poems
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Jun 30, 2013
Jun 30, 2013 at 1:24 PM UTC
Ocean Child
Little one, try not to be so broken. Save a shuddering breath or two, you've already spoken. Little one, emotions, energy is spent, vent, vent now little one, cry on my collarbone. Nerves and naves may fail you but I will never leave you alone. I need red. Give me purple, fuchsia, and maroon. All of the colors that sear your insides; carnivals come too soon. Little one, let it out, just save me some.
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Jul 15, 2012
Jul 15, 2012 at 7:09 PM UTC
Little One, Save Me Some
Conocí a un millonario. Era estanciero, rey de llanuras grises en donde se perdían los caballos. Paseábamos su casa, sus jardines, la piscina con una torre blanca y aguas como para bañar a una ciudad. Se sacó los zapatos, metió los pies con cierta severidad sombría en la piscina verde. No sé por qué una a una fue descartando todas sus mujeres. Ellas bailaban en Europa o atravesaban rápidas la nieve en trineo, en Alaska. S. me contó cómo cuando niño vendía diarios y robaba panes. Ahora sus periódicos asaltaban las calles temblorosas, golpeaban a la gente con noticias y decían con énfasis sólo sus opiniones. Tenía bancos, naves, pecados y tristezas. A veces con papel, pluma, memoria, se hundía en su dinero, contaba, sumando, dividiendo, multiplicando cosas, hasta que se dormía. Me parece que el hombre nunca pudo salir de su riqueza -lo impregnaba, le daba aire, color abstracto-, y él se veía adentro como un molusco ciego rodeado de un muro impenetrable. A veces, en sus ojos, vi un fuego frío, lejos, algo desesperado que moría. Nunca supe si fuimos enemigos. Murió una noche cerca de Tucumán. En la catástrofe ardió su poderoso Rolls como cerca del río el catafalco de una religión oscura. Yo sé que todos los muertos son iguales, pero no sé, no sé, pienso que aquel hombre, a su modo, con la muerte dejó de ser un pobre prisionero.
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Oda a un millonario muerto
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Mar 30, 2013
Mar 30, 2013 at 1:59 PM UTC
Ocean Child
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Oct 23, 2013
Oct 23, 2013 at 2:27 PM UTC
Ocean Child
Guns on the battle lines have pounded now a year between Brussels and Paris. And, William Morris, when I read your old chapter on the great arches and naves and little whimsical corners of the Churches of Northern France--Brr-rr! I'm glad you're a dead man, William Morris, I'm glad you're down in the damp and mouldy, only a memory instead of a living man--I'm glad you're gone. You never lied to us, William Morris, you loved the shape of those stones piled and carved for you to dream over and wonder because workmen got joy of life into them, Workmen in aprons singing while they hammered, and praying, and putting their songs and prayers into the walls and roofs, the bastions and cornerstones and gargoyles--all their children and kisses of women and wheat and roses growing. I say, William Morris, I'm glad you're gone, I'm glad you're a dead man. Guns on the battle lines have pounded a year now between Brussels and Paris.
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Salvage
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Oct 17, 2012
Oct 17, 2012 at 7:38 PM UTC
Ocean Child
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Jun 27, 2014
Jun 27, 2014 at 3:42 PM UTC
Ocean Child
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Ha muchos años que busco el yermo, ha muchos años que vivo triste, ha muchos años que estoy enfermo, ¡y es por el libro que tú escribiste! ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba la luz, las vegas, el mar Oceano; mas tú dijiste que todo acaba, que todo muere, que todo es vano! Antes, llevado de mis antojos, besé los labios que al beso invitan, las rubias trenzas, los grande ojos, ¡sin acordarme que se marchitan! Mas como afirman doctores graves, que tú, maestro, citas y nombras, que el hombre pasa como las naves, como las nubes, como las sombras... huyo de todo terreno lazo, ningún cariño mi mente alegra, y con tu libro bajo del brazo voy recorriendo la noche negra... ¡Oh Kempis, Kempis, asceta yermo, pálido asceta, qué mal me hiciste! ¡Ha muchos años que estoy enfermo, y es por el libro que tú escribiste!
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A kempis
She rides the chanting waves At the seas horizon, In fires of star sheen and moon shine, Sweet Niamh of the golden hair, and aqua eyes, Princess of the green sea turtles, Of the coral sea grottos, Anemone naves and kelpie skins, Trailing the rainbow schools of the whirling fin, The whole twining ocean globe of blue is swooning Under the milky waving skies and unfathoming deeps, Her laughter lighting the unremembered bottom of the seas.
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Nov 20, 2014
Nov 20, 2014 at 11:31 AM UTC
Ocean Child
Soy extranjero de mundos, soy trotamundos, porque vi mundos con los ojos cerrados, vivo galaxias con los ojos abiertos, conocí universos donde no se respira, me llene de colores que no existían, viví huracanes llenos de vida, visite a monstruos más cuerdos que un loco, me arroje a los mares de fantasía, construí naves mientras dormía, rodee a 300 orbes en menos de un día, escribí estrellas para espacios vacíos y ayude a astronautas perdidos. En fin, me aleje a tierras baldías, sueños profundos y me despedí del mundo para conocer galaxias.
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Feb 22, 2017
Feb 22, 2017 at 8:48 PM UTC
Extranjero de mundos.
Estava sentado e olhava para o vento? Sabia que o som tem pensamento. Estou no mundo da imaginação e do encanto, Complexo lunar que quero tanto... As estrelas brilham sem luz, Amor a Deus e a Jesus. Rascunhos e poesia, Luz do sol e do dia. Pessoas distantes com simpatia, Naves espaciais com alegria. Ressurreição da vida ,do amor, Mundo mágico com som e cor. O mundo embriagado, Futuro sem ter passado, Cadeirão da simplicidade, Mundo sem idade... Vic Alex
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Apr 9, 2010
Apr 9, 2010 at 5:24 AM UTC
Vaguear pelo mundo...
Frozen in rains, cloistering, So severe in the dark of day, Is the walled clutch of garden, No one escapes, a gilded reaper, Born of fears, promises beyond, Of joys on the oak nailed pews. Above the lost naves, who stand In worship to a ghost, bones bent, There are cast arches of old sorrows, Veiling the lighted eyes of the cosmos, Shutting out even mercies, heavenly Lights duly smoked of incense. And slated roof, so statuary cold, Of aged rock and moss under spire, That even the doves, as they coo Are grounded, up muted hollows, Chimes that merely echo guilts, By shadows of faithless pride.
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Mar 26, 2016
Mar 26, 2016 at 3:26 AM UTC
Stone Chapel
No el mar, sino esta fuente junto al mar. Y la ciudad, detrás. (Qué importa la ciudad. La ciudad era tiempo: primero, Roma y sus murallas, y sucesivamente, peces de barras rojas en el lomo, rejerías y olivas, el poderío de las naves de la Corona de Aragón. Más tarde, un diálogo de humos). La ciudad era un diálogo de aguas -la fuente, el mar-; la vida, un diálogo de aguas, una chiquillería desnudita y morena. Y un griterío, un amontonamiento en aquel aire cálido. Y olor a hogueras, que no tienen tiempo. Siempre a espaldas del tiempo. Y nada más que ojos oscuros para mirar, mirar, mirar... Esto ocurría en lo que llaman, los que no son de nuestra raza, pasado. De noche me acercaba a las olas. Las olas no ocultaban ruiseñores como el agua del cántaro que yo apoyaba en la cadera. De noche, entre las olas, de cara al tiempo congelado, sonaba el mar a hojas de otoño, pisoteadas por los pájaros. Ceñía mis tobillos de diamantes. Allí era el reino del vaivén, del ritmo, de lo eterno acunado. El mar tampoco, como si fuera de mi raza, se encadenaba al tiempo. Sonaba en mis oídos el ruiseñor del agua de la fuente, oía los rumores del mundo. Mi sangre era el mar mismo. Me contagiaba de su movimiento. Me enseñaban las olas a no morir jamás. Lo sin tiempo es la muerte. Y aquello, el ritmo, el tiempo vivo, pero detenido; algo que no conoce ni principio ni fin, que no parte ni llega. Era el mar y la fuente junto al mar. Y entre los dos estaba yo. Igual que ahora. Nuevamente unidos. Cuántos racimos de años habrá exprimido el mar. Por cuántos sitios -horas y lugares, qué sé yo-, lo que dicen países, he llevado el centelleo de la espuma, el oleaje de la llama... Es posible que yo parezca diferente. También quizás la fuente parezca diferente a los demás. Yo no lo sé. Juntos estamos el mar, la fuente, yo. Vinieron las autoridades, artistas, periodistas, gentes que leen mi nombre en los periódicos. Me dijeron que era mía la fuente (cómo podían darme lo que era mío, mi vida, el mar, las nubes). No pudieron matar mi vida, restituirme al tiempo, cuando hablaban y hablaban del ayer, la gitana de Somorrostro, y otra vez aquello del arte y de la gloria, y más palabras sin sentido que siguen pronunciando mientras me acerco hasta mi fuente, y adorno mis muñecas con sus helados brazaletes, y humedezco mis sienes, mezclo sus aguas con mis lágrimas. Porque ahora pienso que he olvidado el cántaro, y la tarde se queda sin ruiseñor que la ilumine, y tengo miedo de volver sin agua, y no sé dónde está el cántaro y mi madre me va a reñir porque a ver cómo vamos a guisar, a lavar la ropita de los niños... Y yo no sé qué le diré para que pueda comprenderlo.
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La fuente de carmen amaya
No el mar, sino esta fuente junto al mar. Y la ciudad, detrás. (Qué importa la ciudad. La ciudad era tiempo: primero, Roma y sus murallas, y sucesivamente, peces de barras rojas en el lomo, rejerías y olivas, el poderío de las naves de la Corona de Aragón. Más tarde, un diálogo de humos). La ciudad era un diálogo de aguas -la fuente, el mar-; la vida, un diálogo de aguas, una chiquillería desnudita y morena. Y un griterío, un amontonamiento en aquel aire cálido. Y olor a hogueras, que no tienen tiempo. Siempre a espaldas del tiempo. Y nada más que ojos oscuros para mirar, mirar, mirar... Esto ocurría en lo que llaman, los que no son de nuestra raza, pasado. De noche me acercaba a las olas. Las olas no ocultaban ruiseñores como el agua del cántaro que yo apoyaba en la cadera. De noche, entre las olas, de cara al tiempo congelado, sonaba el mar a hojas de otoño, pisoteadas por los pájaros. Ceñía mis tobillos de diamantes. Allí era el reino del vaivén, del ritmo, de lo eterno acunado. El mar tampoco, como si fuera de mi raza, se encadenaba al tiempo. Sonaba en mis oídos el ruiseñor del agua de la fuente, oía los rumores del mundo. Mi sangre era el mar mismo. Me contagiaba de su movimiento. Me enseñaban las olas a no morir jamás. Lo sin tiempo es la muerte. Y aquello, el ritmo, el tiempo vivo, pero detenido; algo que no conoce ni principio ni fin, que no parte ni llega. Era el mar y la fuente junto al mar. Y entre los dos estaba yo. Igual que ahora. Nuevamente unidos. Cuántos racimos de años habrá exprimido el mar. Por cuántos sitios -horas y lugares, qué sé yo-, lo que dicen países, he llevado el centelleo de la espuma, el oleaje de la llama... Es posible que yo parezca diferente. También quizás la fuente parezca diferente a los demás. Yo no lo sé. Juntos estamos el mar, la fuente, yo. Vinieron las autoridades, artistas, periodistas, gentes que leen mi nombre en los periódicos. Me dijeron que era mía la fuente (cómo podían darme lo que era mío, mi vida, el mar, las nubes). No pudieron matar mi vida, restituirme al tiempo, cuando hablaban y hablaban del ayer, la gitana de Somorrostro, y otra vez aquello del arte y de la gloria, y más palabras sin sentido que siguen pronunciando mientras me acerco hasta mi fuente, y adorno mis muñecas con sus helados brazaletes, y humedezco mis sienes, mezclo sus aguas con mis lágrimas. Porque ahora pienso que he olvidado el cántaro, y la tarde se queda sin ruiseñor que la ilumine, y tengo miedo de volver sin agua, y no sé dónde está el cántaro y mi madre me va a reñir porque a ver cómo vamos a guisar, a lavar la ropita de los niños... Y yo no sé qué le diré para que pueda comprenderlo.
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Jul 14, 2015
Jul 14, 2015 at 1:21 PM UTC
Ocean Child
Le Troquet le Méribel à Croix-Daurade (Chronique des années de Blues et de fièvres) C'était un bar de Croix-Daurade, Dans les années soixante-dix, Placé sur la route d'Albi, Près du Lycée Raymond-Naves Qui lui donnait sa clientèle De jeunes gens émerveillés De découvrir leur liberté **** des regards de leurs parents Ce bar était dans l’air du temps, Des banquettes de moleskine Un jukebox passant les tubes De ces «golden seventies» dont les jeunesses s’étaient saisies Pour jeter les bases d’un Monde Qui puisse leur ressembler un peu Les chansons étaient leurs bannières : Parfois «Let It Be» des Beatles, parfois «My Sweet Lord» de Georges Harrison Quelque fois, l'harmonica de Dylan Évoquant Monsieur «Tambourine Man», Et bien d'autres que j’ai oubliées. Nous buvions le plus souvent Des petits noirs sans soif ni fin, Parfois quelques bières pour les garçons Des diabolos menthe pour les filles. Nos conversations infinies, S'enflammaient d'esquisses de flirt, Et nous étions tous fascinés, par leurs regards pareil à des aimants, Leurs les longs cheveux dénoués, et leurs yeux emplis de lumière. Les filles nous semblaient belles et douces Et nous n'osions pas assez le leur dire. Mais leur présence charmante Piquaient notre fièvre de «Tchatcher» Lorsqu'il y eu la grève au lycée, Suite aux blessures infligées au normalien, Richard Deshayes Le café devint un vrai QG, Où nous préparions nos expéditions, Des militants vinrent recruter, Et nous initièrent aux querelles Qui n'avaient rien à envier A celles des Byzantins assiégés. Il y avait le bel Alfredo, Et des étudiants qui faisaient Tourner la tête aux Lycéennes . C’étaient comme l’écrivit Louis Aragon : «Des temps déraisonnables» Mais c’était une époque de fantaisie Ou le demain se conjuguait Au rythme de notre insolence Et d’une soif de vivre sans pareil. Paul Arrighi
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Dec 10, 2016
Dec 10, 2016 at 7:09 AM UTC
Le Troquet le Méribel à Croix-Daurade
Le Troquet le Méribel à Croix-Daurade (Chronique des années de Blues et de fièvres) C'était un bar de Croix-Daurade, Dans les années soixante-dix, Placé sur la route d'Albi, Près du Lycée Raymond-Naves Qui lui donnait sa clientèle De jeunes gens émerveillés De découvrir leur liberté **** des regards de leurs parents Ce bar était dans l’air du temps, Des banquettes de moleskine Un jukebox passant les tubes De ces «golden seventies» dont les jeunesses s’étaient saisies Pour jeter les bases d’un Monde Qui puisse leur ressembler un peu Les chansons étaient leurs bannières : Parfois «Let It Be» des Beatles, parfois «My Sweet Lord» de Georges Harrison Quelque fois, l'harmonica de Dylan Évoquant Monsieur «Tambourine Man», Et bien d'autres que j’ai oubliées. Nous buvions le plus souvent Des petits noirs sans soif ni fin, Parfois quelques bières pour les garçons Des diabolos menthe pour les filles. Nos conversations infinies, S'enflammaient d'esquisses de flirt, Et nous étions tous fascinés, par leurs regards pareil à des aimants, Leurs les longs cheveux dénoués, et leurs yeux emplis de lumière. Les filles nous semblaient belles et douces Et nous n'osions pas assez le leur dire. Mais leur présence charmante Piquaient notre fièvre de «Tchatcher» Lorsqu'il y eu la grève au lycée, Suite aux blessures infligées au normalien, Richard Deshayes Le café devint un vrai QG, Où nous préparions nos expéditions, Des militants vinrent recruter, Et nous initièrent aux querelles Qui n'avaient rien à envier A celles des Byzantins assiégés. Il y avait le bel Alfredo, Et des étudiants qui faisaient Tourner la tête aux Lycéennes . C’étaient comme l’écrivit Louis Aragon : «Des temps déraisonnables» Mais c’était une époque de fantaisie Ou le demain se conjuguait Au rythme de notre insolence Et d’une soif de vivre sans pareil. Paul Arrighi
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Mar 30, 2017
Mar 30, 2017 at 3:02 PM UTC
Stone Chapel
Louvar a Deus Carinhos te oferecemos, Sentimento toca o coração. Maravilha da criação, Jesus nós amamos…. Rei dos criadores, Louvar teu talento infinito, Rouxinóis com suas cores, Deus bendito. O céu com suas estrelas resplandecentes, Naves lunares e seus tripulantes, Deus eterno e ressuscitado, Vivo sempre, Imaculado… Victor Marques
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Aug 20, 2013
Aug 20, 2013 at 11:07 AM UTC
Louvar a Deus
Naves Relictis
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Jun 23, 2016
Jun 23, 2016 at 3:07 PM UTC
A Story of Two Words
The frost-feathered birches are a heavenly white, knuckled and rigid as elderly spines, Holy as naves and as filled with esteem November announces my season of dreams Long nights south to the tree and the lake For happiness sake, and lying with stars The comforting sounds of a million cars Rubber on tar, rubber on tar Flights of romance and my supper outside A tangle of shadows fiercely flailing at my sides, and over tables of oak I am sat near silent others in their scarves and winter coats They accompany me so, although none by invite We are strangers breaking bread beneath a milky way of lights Here where lofty leagues above, the storm begins to croon Where fleecy clouds in motion seem to overtake the moon
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Oct 23, 2020
Oct 23, 2020 at 7:36 AM UTC
Season of Dreams
The evening spotlights Shine on the walls Of David's ancient abbey. Raised by Border people And peasant Picts. Shadows and silhouettes Fill thresholds that once Let light and glory in. Foundation walls protect Winds still whispering In Gothic naves. A thousand years' stories Are sounded in her bells. Night surrounds Jedburgh Abbey. I strained my sight for movement Of Augustinians who thrived In cloisters and walled streets For a story to bring home Of a phantom cloak or hood Disappearing on ramparts Or passing an empty window. Just a sound, or simple wail Would do. Just then, dark legs Swooshed past me, Fitted in knee-high boots. I lost my thoughts Of ghosts and sprites With an astral figure in tights.
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Nov 11, 2014
Nov 11, 2014 at 9:25 AM UTC
Jedburgh Abbey
La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío crucificado por los negros clavos que el pretor ordenó, pero las gentes de las generaciones de la tierra no olvidarán la sangre y la plegaria y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas que marca los sesenta y cuatro rumbos de nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio! Sé de ríos de arena y peces de oro que rige el Preste Juan en las regiones ulteriores al Ganges y a la Aurora y del hai ku que fija en unas pocas sílabas un instante, un eco, un éxtasis; sé de aquel genio de humo encarcelado en la vasija de amarillo cobre y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida; Kim y su lama rojo que prosiguen para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa y el tigre, delicado como el nardo. Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo para que tu memoria no me ahogue.
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El oriente
A trastear, Hélpide dulce, escampas, cómo quedamos de tan quedarnos.       Hoy vienes apenas me he levantado. El establo está divinamente meado y excrementido por la vaca inocente y el inocente asno y el gallo inocente.       Penetra en la maría ecuménica. Oh sangabriel, haz que conciba el alma, el sin luz amor, el sin cielo, lo más piedra, lo más nada,                                           hasta la ilusión monarca.       Quemaremos todas las naves! Quemaremos la última esencia!       Mas si se ha de sufrir de mito a mito, y a hablarme llegas masticando hielo, mastiquemos brasas, ya no hay dónde bajar, ya no hay dónde subir.       Se ha puesto el gallo incierto, hombre.
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Untitled