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"nadas" poems
Do vazio é que tens medo. E da pedra que cai e ecoa num mundo cheio de nadas, salas vazias onde uma vez já habitou uma alma quase bem amada. É isso que te aperreia que aperta, te sufoca, tanto espaço pra tanta falta. Sabes da aflição de não ter pra onde correr quando estiver assustada com medo, ansiosa, Então tentes buscar um sentido e entender que isso só se deu porque tentastes apalpar e sentir, e apreciar aquilo que não é real, que não aquece, não preenche E a alma sente E você Vazia.
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Dec 19, 2015
Dec 19, 2015 at 4:04 PM UTC
Meu eco surdo.
Below is the first of two poems inspired by this piece of music, this one from a few years ago, in the midst of my divorce. The second, the better of the two,  is: http://hellopoetry.com/poem/pachelbels-canon/ The music: http://www.youtube.com/watch?v=kllZlF6mB2s&feature;=youtube_gdata_player ~~~~ Bereft of words, one more time, concussed by the hammering of cacophonous silences disabling my thought processes In vanity,   for when denied, Le Poet-Poseur angrily asks: Did not Mary   have her cherries   by command?^ But when the trees bow to me, the collective of leaves mockingly whisper sweet nadas, baby. each leaf wraps my tongue, in a sushi compote of sand,   "hush-a-bye, baby boy poet" June chilled. But not chilling Today, on a  overcast Saturday, forces have mogged^^ me on, transmogrified into a Seventh Day Non-Inventist, the creativity disrupters Sadly, Amazon doesn't sell, original poems for redistribution Pilings of papers, variant demanders re my   labors past and future,   **** work-product of teams of lawyers & harlots Four years on, demanding now, 300 files subpoenaed, need I say, they want me to re-tour my life my cuntry, once more Dummies! these esquires ****** for hire, my greatest invention, my poetry, they'll n'ere posses cause I give it away, domain denied In need of a ****** shot, drink repeatedly from the Kanon by Pachelbel, cannons of human-law surmounted by the one divine This note,   the work product of Pachelbel & Lipstadt, harmony restoration, a shared refuge, a shared refute Welcome friend to a place that cannot be bought, seized, sold Pleasure thyself with each note, scale repeated Though the reign of the heavens   doth suffer violence, and   violent men do take it by force,^^^ peace and pardon, earnest reward of   poets who lived gently, giving gentle, freely away
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Jan 26, 2014
Jan 26, 2014 at 7:32 AM UTC
Variations On The Kanon By Pachelbel (2)
Below is the first of two poems inspired by this piece of music, this one from a few years ago, in the midst of my divorce. The second, the better of the two,  is: http://hellopoetry.com/poem/pachelbels-canon/ The music: http://www.youtube.com/watch?v=kllZlF6mB2s&feature;=youtube_gdata_player ~~~~ Bereft of words, one more time, concussed by the hammering of cacophonous silences disabling my thought processes In vanity,   for when denied, Le Poet-Poseur angrily asks: Did not Mary   have her cherries   by command?^ But when the trees bow to me, the collective of leaves mockingly whisper sweet nadas, baby. each leaf wraps my tongue, in a sushi compote of sand,   "hush-a-bye, baby boy poet" June chilled. But not chilling Today, on a  overcast Saturday, forces have mogged^^ me on, transmogrified into a Seventh Day Non-Inventist, the creativity disrupters Sadly, Amazon doesn't sell, original poems for redistribution Pilings of papers, variant demanders re my   labors past and future,   **** work-product of teams of lawyers & harlots Four years on, demanding now, 300 files subpoenaed, need I say, they want me to re-tour my life my cuntry, once more Dummies! these esquires ****** for hire, my greatest invention, my poetry, they'll n'ere posses cause I give it away, domain denied In need of a ****** shot, drink repeatedly from the Kanon by Pachelbel, cannons of human-law surmounted by the one divine This note,   the work product of Pachelbel & Lipstadt, harmony restoration, a shared refuge, a shared refute Welcome friend to a place that cannot be bought, seized, sold Pleasure thyself with each note, scale repeated Though the reign of the heavens   doth suffer violence, and   violent men do take it by force,^^^ peace and pardon, earnest reward of   poets who lived gently, giving gentle, freely away
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What's with you? Have you lost the taste for my hot chocolate? Un pisquito de miel es mi toque especial, El que le da el colorsito que te encanta, Y el sabor caramelito... plus a secret ingredient. ¿Si te acuerdas como te encantaba? Developed a taste for cafe con leche. Looks more like leche con cafe. Bland, Blanched and Baptized, None of the creaminess you claimed to love About my hot, hot chocolate. Ya no te inspiran las ventanas de mi profundo mar, Mysteriously Deep, Intriguingly Complex, With so much life calmly swimming underneath My tormented surface. Te acuerdas como te mesia dentro de mis olas fria y tibias a la vez, Y tu feliz de embriagarte de ellas Ahora nadas dentros de lagos azul verdozos Aqua seafoam, algae, lagoon A mi me parecen aguas estancadas, Y no la calma que vez tu. Me decias que no te gustaban las piscinas Falsas, Chlorinated, Pero ya no nadas en las ventanas de mi profundo mar. You stare into the horizon and miss the point completely. Como es que te gusta tanto algo que es tan diferente a lo que yo te ofreci? Quizas yo he cambiado mi forma de cocinar, y tu tus gustos al nadar... Quizás.
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Jun 12, 2015
Jun 12, 2015 at 3:33 AM UTC
Quizás
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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