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"morirme" poems
Me desespera ser tan yo no se si es porque tengo el periodo pero ya no me soporto estoy harta de como soy y no lo puedo cambiar por mas que intente y siempre me trae problemas y mi inseguridad y mi inmadurez y mi falta de capacidad y mi forma de dejar que cualquier cosa me haga mierda soy una pendeja estoy hasta la madre de todo y no lo puedo cambiar quisiera poder desaparecer a un lugar tranquilo un bosque y tomar muchas fotos y quedarme dormida pero a la vez quisiera ser mas madura no ser como yo a veces quisiera ser otra persona mas segura mas madura con experiencia como cuando llegamos a playa era super segura mas madura valoraba todo quisiera poder levantarme el animo yo sola, no necesitar de nadie quisiera dejar de tener problemas hormonales quisiera dejar de estar tan pinche loca ser menos desesperada pero para eso tendría que ser otra persona porque yo ya intenté cambiar y no se puede entonces me doy cuenta de que preferiria morirme pero no puedo y mi hermana? y tu? y todos mis seres queridos? y la gente que me quiere ? y mi talento ? entonces siento que nada tiene solución y quiero explotar y quiero llorar y ser otra persona y ser yo y vivir y morir.
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May 19, 2016
May 19, 2016 at 9:17 PM UTC
Quisiera
Me costaba trabajo desatar aquel nudo, aquel viejo vestigio de una vieja ilusión, que no sé todavía cómo pudo enredar sus raíces sobre mi corazón. Era un nudo tan firme, tan imperioso y cruel, que pensé muchas veces que al morirme moriría con él. Me costaba trabajo y el tiempo se me iba vanamente doblándolo hacia abajo vanamente torciéndolo hacia arriba. ¡Ah, castigo final de los amantes, que es el dolor más terco y más agudo: doloroso castigo de las manos sangrantes queriendo deshacer un viejo nudo! Luchar porfiadamente, ciegamente quizás y comprender un día, de repente, que al tratar de aflojarlo se apretó más y más. Pero ahora voy cantando por la vida despreocupadamente una canción, aunque tengo una herida una pequeña herida sobre mi corazón. Y es que quizás fui rudo, como quien ciega un pozo, como quien parte un gajo pero ya me dolía tanto el nudo que lo corté de un tajo.
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El nudo
Este amor que yo alimento De mi propio corazón, No nace de inclinación Sino de conocimiento, Que amor de cosa tan bella, Y gracia que es infinita, Si es elección, me acredita; Si no, acredita mi Estrella. Y ¿qué Deidad me pudiera Inclinar a que te amara, Que ese poder no tornara Para sí, si le tuviera? Corrido, Señora, escribo En el estado presente, De que estando de ti ausente Aún parezca que estoy vivo. Pues ya en mi pena y pasión, Dulce Tirsi, tengo hechas De las plumas de tus flechas Las alas del corazón. Y sin poder consolarme, Ausente y amando firme, Más hago yo en no morirme Que hará el dolor en matarme. Tanto he llegado a quererte, Que siento igual pena en mí Del ver, no viéndote a ti, Que adorándote, no verte, Si bien recelo, Señora, Que a este amor serás infiel, Pues ser hermosa y cruel Te pronostica traidora. Pero traiciones dichosas Serán, Tirsi, para mí, Por ver dos caras en ti, Que han de ser por fuerza hermosas. Y advierte, que en mi pasión Se puede tener por cierto Que es decir Ausente y Muerto Dos veces una razón.
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Pasiones de ausente enamorado.
yo no se lo que me pasa pero algo me esta fallando me siento desesperado abeses no se donde ando tal vez a de ser la muerte que ya me a de ade andar buscando sirva vino cantinero arrimeme otra botella alcabo que si yo no pago la muerte paga por ella porque e firmado un contrato que e de casarme con ella yo se que boy a morirme no se ni donde ni cuando pero la muerte no espera y ya se a de andar cansando para el dia en que yo me muera caiga rendido en sus brasos si algun dia me da el diborsio me boy derecho al infierno quiero preguntarle al diablo si quiere que sea su llerno asi no conoser dos mundos y ser para siempre eterno yo se que boy a morirme no se ni donde ni cuando pero la muerte no espera y ya se a de estar cansando para el dia en que yo me muera caiga rendido en sus brasos
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May 18, 2015
May 18, 2015 at 8:07 PM UTC
Los Dos Grandes De La Sierra - Contrato Con La Muerte
Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Noche final
Ya se han roto las ataduras, sólo la noche me rodea, me va robando la memoria, me acuna para que me duerma. Ahora que ya no la contemplo para robarle su belleza. Ahora que siento en mí el cansancio de nuestras pobres razas viejas. Ahora que lucho y me rebelo contra su mansedumbre eterna y me acuerdo de que algún día fui tan sin tiempo como ella, ¡qué monólogo desbordado, qué soliloquio sin respuesta, qué deseo de renacerme, de entender y de que me entienda, de borrar pasado y futuro, de segar mi memoria entera! Luego, arrojar al ***** pozo lo que de mí evoca y recuerda: cojín de nieblas matinales donde apoyaba la cabeza. Repetimos las mismas cosas, recorremos aquellas sendas por donde todos los humanos dejaron gritos, ecos, huellas. Son las palabras angustiadas que un día oyó al nacer la tierra: «húmedo beso, vida, muerte, nada importa, me voy y quedas, ayer desnudos en el campo y hoy se caen solas las cerezas». Palabras viejas y cansadas que nosotros creímos nuevas, recién nacidas para el canto, para una dicha siempre nuestra. Y la noche me va matando, me acuna para que me duerma. En cada instante mío pone siglos de luna, alta y sangrienta. Nada me importa que yo siembre y que otros cojan la cosecha. Pero morirme sin rebelarme, someterme sin resistencia, ser por los siglos de los siglos sólo luz o sólo tinieblas, irme cegando de hermosura hasta dejar de ser materia, aunque mi premio sea un día mirar por dentro las estrellas... Hoja de chopo, onda de río, sangre mezclada con la tierra. Y que mi forma sea el barro que una mano mortal modela. Niño que juega desnudito, mínima brizna de la hierba, todos los peces de los mares, los animales de la tierra. Saber que vivo, que palpito, que me enloquezco en la carrera, que nado mares y anchos ríos, que escalo cimas, salto cercas, que desde el fondo de las noches hay pesadumbre que me acecha. Sentir en mí todos los soles, todos los gozos y las penas, todos los vientos que me mueven, los dolores que en mí hacen presa… Sentir, por fin, llegar el alba, su melodía limpia y fresca, y barrernos las sombras turbias que oscurecen nuestras cabezas, y beber las lejanas brisas que nos alejan de la tierra maniatados y adormecidos, sin saber a dónde nos llevan...
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Ahora me dejen tranquilo. Ahora se acostumbren sin mí. Yo voy a cerrar los ojos. Y sólo quiero cinco cosas, cinco raíces preferidas. Una es el amor sin fin. Lo segundo es ver el otoño. No puedo ser sin que las hojas vuelen y vuelvan a la tierra. Lo tercero es el grave invierno, la lluvia que amé, la caricia del fuego en el frío silvestre. En cuarto lugar el verano redondo como una sandía. La quinta cosa son tus ojos, Matilde mía, bienamada, no quiero dormir sin tus ojos, no quiero ser sin que me mires: yo cambio la primavera por que tú me sigas mirando. Amigos, eso es cuanto quiero. Es casi nada y casi todo. Ahora si quieren se vayan. He vivido tanto que un día tendrán que olvidarme por fuerza, borrándome de la pizarra: mi corazón fue interminable. Pero porque pido silencio no crean que voy a morirme: me pasa todo lo contrario: sucede que voy a vivirme. Sucede que soy y que sigo. No será, pues, sino que adentro de mi crecerán cereales, primero los granos que rompen la tierra para ver la luz, pero la madre tierra es oscura: y dentro de mí soy oscuro: soy como un pozo en cuyas aguas la noche deja sus estrellas y sigue sola por el campo. Se trata de que tanto he vivido que quiero vivir otro tanto. Nunca me sentí tan sonoro, nunca he tenido tantos besos. Ahora, como siempre, es temprano. Vuela la luz con sus abejas. Déjenme solo con el día. Pido permiso para nacer.
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Pido silencio
Montevideo quince de noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco Montevideo era verde en mi infancia absolutamente vrede y con travías muy señor nuestro por la presente yo tuve un libro del que podía leer veinticinco centímetros por noche y después del libro del que podía leer y yo quería pensar en cómo sería eso de no ser de caer como piedra en un pozo comunicamos a usted que en esta fecha hemos efectuado por su cuenta quién era ah sí mi madre se acercaba y prendía la luz y no te asustes y después la apagaba antes que no durmiera el pago de trescientos doce pesos a la firma Menéndez & Solari y sólo veía sombras como caballos y elefantes y monstruos casi hombres y sin embargo aquello era mejor que pensarme sin la savia del miedo desaparecido como se acostumbra en un todo de acuerdo con sus órdenes de fecha siete del correinte eran tan diferente era verde absolutamnte verde y con tranvís y qué optimismo tener la ventanilla sentirse dueño de la calle que baja lugar con los números de las puertas cerradas y apostar consigo mismo en términos severos rogámosle acusar recibo lo ante posible si terminaba en cuatro o trece o diecisiete era que iba a reír o a perder o a morirme de esta comunicación a fin de que podamos y hacerme tan sólo una trampa por cuadra registrarlo en su cuenta corriente absolutamente verde y con travías y el Prado con caminos de hojas secas y el olor a eucaliptus y a temprano saludamos a usted atentamente y desde allí los años y quién sabe.
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Dactilógrafo
Montevideo quince de noviembre de mil novecientos cincuenta y cinco Montevideo era verde en mi infancia absolutamente vrede y con travías muy señor nuestro por la presente yo tuve un libro del que podía leer veinticinco centímetros por noche y después del libro del que podía leer y yo quería pensar en cómo sería eso de no ser de caer como piedra en un pozo comunicamos a usted que en esta fecha hemos efectuado por su cuenta quién era ah sí mi madre se acercaba y prendía la luz y no te asustes y después la apagaba antes que no durmiera el pago de trescientos doce pesos a la firma Menéndez & Solari y sólo veía sombras como caballos y elefantes y monstruos casi hombres y sin embargo aquello era mejor que pensarme sin la savia del miedo desaparecido como se acostumbra en un todo de acuerdo con sus órdenes de fecha siete del correinte eran tan diferente era verde absolutamnte verde y con tranvís y qué optimismo tener la ventanilla sentirse dueño de la calle que baja lugar con los números de las puertas cerradas y apostar consigo mismo en términos severos rogámosle acusar recibo lo ante posible si terminaba en cuatro o trece o diecisiete era que iba a reír o a perder o a morirme de esta comunicación a fin de que podamos y hacerme tan sólo una trampa por cuadra registrarlo en su cuenta corriente absolutamente verde y con travías y el Prado con caminos de hojas secas y el olor a eucaliptus y a temprano saludamos a usted atentamente y desde allí los años y quién sabe.
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la primera vez que te vi sabía que mi vida iba cambiar cuando toqué el calor de tu piel y vi la luz en tus ojos mi alma empezó a llorar sabía que eras más que podía dominar y con toda la fuerza de mi alma dije adios a mi felicidad y salude al amor una tortura unas veces llena de sol y otras en el mar, ahogada pero no hay nada como la fuerza del mar algo increíble, un sentimiento fuera de este mundo no quisiera morirme de otra
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Jun 28, 2017
Jun 28, 2017 at 12:19 AM UTC
el mar
Hoy peleé conmigo mismo Y perdí. La sobriedad me ganó Y la realidad me golpeó. La calle es un desierto maldito, Lleno de tedio y cotidianidad En el cual reside el viento de un vuelo eterno. Cuando me dé cuenta de que el tiempo Pasó sobre mí Yo ya estaré muerto. Éste edificio está vacío y mis amigos Ya están muertos, yo quiero irme Dónde están ellos. Enséñame a morirme, no olvides mi nombre Éste viaje, éste viaje es muy largo Ya no aguanto.
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Jun 16, 2017
Jun 16, 2017 at 4:10 PM UTC
Golpe realista.
La noche está soñando que es azul. Todo duerme. Un pájaro medita un trino nuevo. Y yo, en la paz nocturna, no me atrevo a moverme, porque temo que el éxtasis se rompa si me muevo. Mi corazón palpita en la distancia y asciende en espirales hacia un astro que ignoro. Un vaho de silencio me envuelve de fragancia, y me dicta las sílabas de una estrofa de oro. Estoy solo en la noche. El tiempo ya no existe. Nada existe en la noche, que no existe tampoco. Yo solo existo. Yo, que por ser loco y triste, puedo soñar despierto para morirme un poco...
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Nocturno v
De viajes y dolores yo regresé, amor mío, a tu voz, a tu mano volando en la guitarra, al fuego que interrumpe con besos el otoño, a la circulación de la noche en el cielo. Para todos los hombres pido pan y reinado, pido tierra para el labrador sin ventura, que nadie espere tregua de mi sangre o mi canto. Pero a tu amor no puedo renunciar sin morirme. Por eso toca el vals de la serena luna, la barcarola en el agua de la guitarra hasta que se doblegue mi cabeza soñando: que todos los desvelos de mi vida tejieron esta enramada en donde tu mano vive y vuela custodiando la noche del viajero dormido.
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Soneto lxxx
El mediodía en la calle, atropellando ángeles, violento, desgarbado; gentes envenenadas lentamente por el trabajo, el aire, los motores; árboles empeñados en recoger su sombra, ríos domesticados, panteones y jardines transmitiendo programas musicales. ¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso? ¿qué palabras en vuelo me levantan? «Lo mejor de la escuela es el recreo», dice Judit, y pienso: ¿cuándo la vida me dará un recreo? ¡Carajo! Estoy cansado. Necesito morirme siquiera una semana.
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Autonecrología vi
De cuando en cuando soy feliz! opiné delante de un sabio que me examinó sin pasión y me demostró mis errores. Tal vez no había salvación para mis dientes averiados, uno por uno se extraviaron los pelos de mi cabellera: mejor era no discutir sobre mi tráquea cavernosa: en cuanto al cauce coronario estaba lleno de advertencias como el hígado tenebroso que no me servía de escudo o este riñón conspirativo. Y con mi próstata melancólica y los caprichos de mi uretra me conducían sin apuro a un analítico final. Mirando frente a frente al sabio sin decidirme a sucumbir le mostré que podía ver, palpar, oír y padecer en otra ocasión favorable. Y que me dejara el placer de ser amado y de querer: me buscaría algún amor por un mes o por una semana o por un penúltimo día. El hombre sabio y desdeñoso me miró con la indiferencia de los camellos por la luna y decidió orgullosamente olvidarse de mi organismo. Desde entonces no estoy seguro de si yo debo obedecer a su decreto de morirme o si debo sentirme bien como mi cuerpo me aconseja. Y en esta duda yo no sé si dedicarme a meditar o alimentarme de claveles.
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Sin embargo me muevo
Sí, ya sé que me han visto como un fantasma extraño que hace crujir la arena en su pisaba firme; pero reaparezco a veces, en las casas de antaño sobre todo en las casas donde aprendí a morirme. Tal vez yo soy entonces como un viento que pasa y tiembla en las cortinas y se pierde a lo lejos, y hay quien oye mis pasos recorriendo la casa, y hay quien ve mi rostro asomarse en los espejos. O es que me voy sin irme no sé de qué manera, no sé cómo, en qué bruma de lo desconocido, y entonces soy un hombre que sube una escalera y la sigue subiendo después que ya se ha ido. Si hay algo más, lo ignoro: la noche está delante, en mis ojos cerrados o en mis ojos abiertos, y, andando en esa sombra, no sabrá el caminante si va junto a los vivos o va juntos a los muertos. Pero siempre es de noche detrás de la mirada, y hasta lo inexplicable se explica de algún modo, pues hay cosas que existen sin que sepamos nada, más allá de la vida, de la muerte y de todo...
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Nocturno del fantasma