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"montes" poems
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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En esas doce horas que somos la espalda del mundo en aquel diario eclipse eclipse de pueblos ecllipse de montes y páramos eclipse de humanos eclipse de mar el ***** le tiñe a la Tierra mitad de la cara por más que se ponga luz artificial negrura de sombra sombra de negrura que a nadie le asombra y a todo perdura obscura la España y claro Japón obscura Caracas y claro Cantón y siempre girando hacia el Este aquí está tiznando allá está celeste esa sombra inmensa esa sombra eterna que tuvo comienzo al comienzo del comienzo rotativo eclipse eclipse total pide a los humanos un solemne rito que es horizontal y cada doce horas que llega me alegro porque medio mundo se tiñe de ***** y en ello no cabe distingo racial
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La noche
Os Homens e a natureza! Quando me levanto sem o toque do galo, com o despertador de forma assustadora. Vejo um novo dia de eterna graça e bênção para todos aqueles que por um motivo se entrelaçaram em minha vida. Os comboios, aviões, carros seus ruídos e rapidez nos fazem cavalgar por imensos lugares que outrora eram esquecidos no tempo. A natureza diferente de nós homens acorda com sinfonias de pássaros, grilos e rãs! A ganância consome corações rotineiros e injustiçados de homens sem valor que são falsos profetas de um tempo sem ser tempo, de um mundo maltratado por esses mesmos homens, Que se vestem de fato e gravata e exploram seus semelhantes. Enquanto o homem se esquecer de que todo o seu irmão nasce, vive e morre por uma vontade sublime da criação de um Deus infinito. Por de lado o amor pelo luxo, dinheiro, poder e plena satisfação pessoal. A natureza sim é plena, gratuita, nobre, singela. A harmonia de vales e montes sonolentos motivos de meditação, sustento e um amor infindável com seu criador me bafeja hinos cantados com belas harpas do tempo de David. Um mundo de homens que deixam de ser homens, que o tempo deixa de ser tempo e que a natureza é mal-amada geram uma desconfiança e um sofrimento em todos os seres humanos que labutam por dias melhores na rotina do nosso tempo. Ensinamentos de cada pedra que se pisa, de cada ave livre que esvoaça no céu, dos golfinhos que comunicam sem o homem os entenderem… Victor Marques
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Jul 17, 2012
Jul 17, 2012 at 9:58 AM UTC
Os Homens e a natureza!
Os Homens e a natureza! Quando me levanto sem o toque do galo, com o despertador de forma assustadora. Vejo um novo dia de eterna graça e bênção para todos aqueles que por um motivo se entrelaçaram em minha vida. Os comboios, aviões, carros seus ruídos e rapidez nos fazem cavalgar por imensos lugares que outrora eram esquecidos no tempo. A natureza diferente de nós homens acorda com sinfonias de pássaros, grilos e rãs! A ganância consome corações rotineiros e injustiçados de homens sem valor que são falsos profetas de um tempo sem ser tempo, de um mundo maltratado por esses mesmos homens, Que se vestem de fato e gravata e exploram seus semelhantes. Enquanto o homem se esquecer de que todo o seu irmão nasce, vive e morre por uma vontade sublime da criação de um Deus infinito. Por de lado o amor pelo luxo, dinheiro, poder e plena satisfação pessoal. A natureza sim é plena, gratuita, nobre, singela. A harmonia de vales e montes sonolentos motivos de meditação, sustento e um amor infindável com seu criador me bafeja hinos cantados com belas harpas do tempo de David. Um mundo de homens que deixam de ser homens, que o tempo deixa de ser tempo e que a natureza é mal-amada geram uma desconfiança e um sofrimento em todos os seres humanos que labutam por dias melhores na rotina do nosso tempo. Ensinamentos de cada pedra que se pisa, de cada ave livre que esvoaça no céu, dos golfinhos que comunicam sem o homem os entenderem… Victor Marques
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O Poeta que ama o Douro e suas enxadas…. Poeta perdido e sem vontade de caminhar, Um espelho branco que reflete um olhar. Ele se espanta com a beleza do rio, Verão de incêndios, muito quente e doentio. Palavras bonitas á floresta bem-amada, Fogueiras de gente tresloucada. O Poeta ama a montanha quando escreve, Alma pura como a neve. O Poeta partiu seu punho que ama as alcateias, Cidades, montes, vales e suas aldeias. O Poeta escreve sobre chamas apagadas, Ama o Douro e suas enxadas. Victor Marques
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Sep 3, 2013
Sep 3, 2013 at 12:36 PM UTC
O poeta ama o Douro e suas enxadas
Alto Douro e Trás-os-Montes Alto Douro e Trás – os-montes, Terra minha bem portuguesa, Vinhedos e frescas fontes, Traduzem sua pureza. Friorenta no Inverno, Terra intolerante. Na Primavera morna, No verão escaldante. Horizonte tão belo e tão teu, Ninguém to rouba, Deus to DEU. Pôr-do-sol que se deita com vales sonolentos, Douro, Tua teus encantos. Vindimadores que colhem cachos maduros, Azeitonas que dais azeites puros. Pescadores dos rios Douro e Tua, Uma saudade que é nossa e sua. Victor Marques
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Oct 27, 2010
Oct 27, 2010 at 10:11 AM UTC
Trás-OS-montes e Alto Douro
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Oda al libro (1)
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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António teu nome, Agricultor, vitivicultor. Apaixonado pela terra, Pelo Douro, pelos Montes. Aquele amor que não se encerra, Dorme na colina, na serra. Colheu tristeza na Guerra Colonial, Amou o Douro e Portugal. Semeou a terra que alegrias lhe traria, Amou seus filhos e sua esposa Maria. Plantou videiras que olhavam o céu estrelado, Fez vinho com amor imaculado. As uvas são um amor para toda a vida, Deus nos ama até na despedida. Olhou para o Rio Douro eTua , E na memória de um povo com glória, Com aquela lágrima que eu sinto agora. Me conforto no horizonte duriense, Hoje, amanhã e sempre. Victor Marques
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Oct 18, 2010
Oct 18, 2010 at 6:47 AM UTC
Última Lágrima....para meu Pai
El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cristalinas el día que me quieras. El día que me quieras, los sotos escondidos resonarán arpegios nunca jamás oídos. Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras. Cogidas de la mano cual rubias hermanitas, luciendo golas cándidas, irán las margaritas por montes y praderas, delante de tus pasos, el día que me quieras... Y si deshojas una, te dirá su inocente postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! Al reventar el alba del día que me quieras, tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, florecerán las místicas corolas de los lotos. El día que me quieras será cada celaje ala maravillosa; cada arrebol, miraje de Las Mil y una Noches; cada brisa un cantar, cada árbol una lira, cada monte un altar. El día que me quieras, para nosotros dos cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.
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El día que me quieras
Os campos floridos Campos esverdeados, giestas amareladas! Cumes de montes perdidos, pedras maltratadas. Árvores que exalam perfume, Fogo que arde sem lume. Campos que avisto solitário, Searas de trigo ao toque do vento, Paisagens celestes de momento, Ervas deste santuário. Um céu azul desolado, Paisagens do passado, Coisas sem sentido, Um roxo comprometido Campos que se vão embora, Primavera os namora. Verão quente, Outono doentio, Inverno intolerante e frio. Victor Marques
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Oct 26, 2010
Oct 26, 2010 at 10:01 AM UTC
Os campos floridos
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Oda a la araucaria araucana
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Que tragedia es una vida malgastada, persiguiendo lo que el orgullo pide, a lo largo a veces uno lo percibe, al ver cerca el final, lejos la entrada. Nunca pensé ser yo quien destacaba, Shakespeare en Macbeth cuando el describe, la vida “sombra caminante” y la mide, como “un cuento de un idiota . . . nada.” Cuando se cerraron todos los portales, que apuntaban a otros horizontes? no me di cuenta, trepando por montes, que no eran mas que tinieblas irreales. Que ser honesto puede encontrar paz, cuando la misma solo queda atrás? A Wasted Life [English translation] What a tragedy is a wasted life, Chasing that which pride craves, In time sometimes we come to realize, When our entrance is far, the exit near. I never thought it would apply to me, When Shakespeare's Macbeth describes, Life as a "walking shadow" and rates it, A "tale told by an idiot . . . nothing." When did all open doors close, That led to other horizons? I never noticed it, climbing mountains, That were but insubstantial shadows. What honest being can ever find peace, Knowing it lies only in the past?
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Dec 23, 2018
Dec 23, 2018 at 12:32 PM UTC
Vida Malgastada [Original Spanish version with English translation]
As minhas raízes Tenho necessidade e plena razão, De puxar pelo meu botão, De amar com o coração, De gritar e dizer não! Vivo no cume do monte, A meu lado fresca fonte, Perdido nestes infindáveis horizontes, Sou do Douro, de Trás-os – Montes. Vinhedos e dispersos olivais, Sobreiros e outros matagais. Singela e sempre nobre simpatia, Luz bendita do meio-dia. Victor Marques
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May 1, 2012
May 1, 2012 at 6:53 AM UTC
As minhas raízes
you climb a tree, right to the top the tree took years to reach those nauseating heights energy, commitment, obstinateness to make it and you, the one with the selfish gene, climb up it cutting out all the hard work and I can't blame you, for I have done it too tu montes à un arbre, jusqu'à la cime l'arbre a passé des années à arriver à cette hauteur écoeurante l'énergie, l'engagement, l'obstination pour réussir et toi, celui avec le gène égoïste, tu montes en passant tout le travail dur et je ne te reproche pas de le faire, car je l'ai fait aussi
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Aug 24, 2015
Aug 24, 2015 at 7:15 PM UTC
barking up the wrong tree (faire fausse route)
I hope you know that this is foreign land. I hope you know that when the men and women of home told me, “You are a fool to dream”, I grew to despise their voices. That when they told me travel was ludicrous, black was sin, and I a devil because I was a 12 year old autistic child, I grew to despise their land. It was not my land, I’d say. It was theirs. It was their rotting green, their putrid sand, La Isla Del Encanto. I hope you know that this is foreign land. I hope you know that when I left the Island, I left that house. It was all I knew; the house, el pueblo. The men who saw me with hungry eyes. The moriviví sprouting from the wood. The church whose women scorned me. The grave my father slept in. I hope you know it was a terrible thing, the bone thrown at me, the thing I had to eat because nobody knew to give me meat. Marrow. The only love I’ve ever known. You must know. This is foreign land. This place you call free, this place with flag blood-stained and heavy. This place I cannot seem to breathe in, where I cannot sit without first buying coffee even if my voice cannot come out, where my head is wanted because my mind is a darkened white, my skin is muddied by race, my eyes are black, black like your wood deer and owl– and I hear the voices of the men and women from home who learned from the white man to say— black is sin. My skin was made to be loved by the sun, my nails were grown from the bark of the tree en los montes. I am carved from the stories my teacher told me of los Taínos, and slashed with the lesson that Cristobal Colón was a man to be celebrated. I hope you know your land is foreign. I hope you know your flag is bloodied. I hope you know that when I stand on your soil, my body knows it is not free.
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May 18, 2019
May 18, 2019 at 4:13 PM UTC
Foreign Land
I hope you know that this is foreign land. I hope you know that when the men and women of home told me, “You are a fool to dream”, I grew to despise their voices. That when they told me travel was ludicrous, black was sin, and I a devil because I was a 12 year old autistic child, I grew to despise their land. It was not my land, I’d say. It was theirs. It was their rotting green, their putrid sand, La Isla Del Encanto. I hope you know that this is foreign land. I hope you know that when I left the Island, I left that house. It was all I knew; the house, el pueblo. The men who saw me with hungry eyes. The moriviví sprouting from the wood. The church whose women scorned me. The grave my father slept in. I hope you know it was a terrible thing, the bone thrown at me, the thing I had to eat because nobody knew to give me meat. Marrow. The only love I’ve ever known. You must know. This is foreign land. This place you call free, this place with flag blood-stained and heavy. This place I cannot seem to breathe in, where I cannot sit without first buying coffee even if my voice cannot come out, where my head is wanted because my mind is a darkened white, my skin is muddied by race, my eyes are black, black like your wood deer and owl– and I hear the voices of the men and women from home who learned from the white man to say— black is sin. My skin was made to be loved by the sun, my nails were grown from the bark of the tree en los montes. I am carved from the stories my teacher told me of los Taínos, and slashed with the lesson that Cristobal Colón was a man to be celebrated. I hope you know your land is foreign. I hope you know your flag is bloodied. I hope you know that when I stand on your soil, my body knows it is not free.
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Recorda o que de bom viveste.... Comecei por fazer um pequena viagem ao reino do meu ser...tentei neste grande trajecto descobrir as afinidades e singularidades do meu ser. Nesta viagem ímpar e impiedosamente sincera terá um relevo especial tudo o que me toca e apaixona de uma forma continua e desmesuradamente bela. Como não poderia deixar de ser, esta minha viagem completa um percurso começado há muitos anos. Num pequena aldeia de Carrazeda de Ansiães, Castanheiro do Norte nasci para gáudio de meus progenitores. Durante anos fui um menino feliz jogando pião, bola de trapos, usei socos de pau duro, livros, estudei,escrevi muita poesia e sempre olhei para aquele horizonte tão belo que desde o primeiro dia me apaixonou. Aprendi a gostar dos nossos, vinhedos, olivais,montes de sobreiros, torgas , giestas, zimbros. Fazia caminhadas com meus amigos do **** masculino e íamos todos felizes tomar banho ao rio Tua, passando pelo Gavião e descobrindo sempre e sempre uma beleza intimamente rejuvenescedora . As coisas simplesmente belas estavam ali sem querer contrapartidas, para serem simplesmente observadas por quem as queria sempre ver... Nesta viagem existe sempre a vontade de regressar, de olhar para tudo que aqui temos com mestria, carinho e porque não com amor eterno. As pessoas que se encontram nesta viagem nos ensinam a viajar com cuidado, com sabedoria, com uma leveza de seres excepcionais que procuram nesta vida uma felicidade ligada ao meio envolvente de suas terras, de seus lugares preferidos que perduram nas suas mentes. Um abraço amigo. Victor Marques
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Jan 7, 2016
Jan 7, 2016 at 11:24 AM UTC
RECORDA O QUE TIVESTE DE BOM
Recorda o que de bom viveste.... Comecei por fazer um pequena viagem ao reino do meu ser...tentei neste grande trajecto descobrir as afinidades e singularidades do meu ser. Nesta viagem ímpar e impiedosamente sincera terá um relevo especial tudo o que me toca e apaixona de uma forma continua e desmesuradamente bela. Como não poderia deixar de ser, esta minha viagem completa um percurso começado há muitos anos. Num pequena aldeia de Carrazeda de Ansiães, Castanheiro do Norte nasci para gáudio de meus progenitores. Durante anos fui um menino feliz jogando pião, bola de trapos, usei socos de pau duro, livros, estudei,escrevi muita poesia e sempre olhei para aquele horizonte tão belo que desde o primeiro dia me apaixonou. Aprendi a gostar dos nossos, vinhedos, olivais,montes de sobreiros, torgas , giestas, zimbros. Fazia caminhadas com meus amigos do **** masculino e íamos todos felizes tomar banho ao rio Tua, passando pelo Gavião e descobrindo sempre e sempre uma beleza intimamente rejuvenescedora . As coisas simplesmente belas estavam ali sem querer contrapartidas, para serem simplesmente observadas por quem as queria sempre ver... Nesta viagem existe sempre a vontade de regressar, de olhar para tudo que aqui temos com mestria, carinho e porque não com amor eterno. As pessoas que se encontram nesta viagem nos ensinam a viajar com cuidado, com sabedoria, com uma leveza de seres excepcionais que procuram nesta vida uma felicidade ligada ao meio envolvente de suas terras, de seus lugares preferidos que perduram nas suas mentes. Um abraço amigo. Victor Marques
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Não sei como é viver em paz, Canta o sapo e bom rapaz. As cabras pastam nos montes, Burros e frescas fontes. Tantos problemas sociais, Politiquice e  coisas banais. O ser humano tenta ser justo, Hipócrita a qualquer custo. Sociedade portuguesa tão triste, Nossa identidade existe. Enfermo em águas termais bem quentes, Amor a nossos semelhantes. Outrora nossos navegadores o mar eternizaram, Dragões e tormentas ultrapassaram. Hoje estamos num tempo perdido sem beleza, Falta amor à mãe natureza. Victor Marques
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Jan 6, 2014
Jan 6, 2014 at 3:18 AM UTC
A nossa Identidade na Natureza
En París está doña Alda,   la esposa de don Roldán, trescientas damas con ella   para la acompañar: todas visten un vestido,   todas calzan un calzar, todas comen a una mesa,   todas comían de un pan, si no era doña Alda,   que era la mayoral; las ciento hilaban oro,   las ciento tejen cendal, las ciento tañen instrumentos   para doña Alda holgar. Al son de los instrumentos   doña Alda dormido se ha; ensoñado había un sueño,   un sueño de gran pesar. Recordó despavorida   y con un pavor muy grande; los gritos daba tan grandes   que se oían en la ciudad. Allí hablaron sus doncellas,   bien oiréis lo que dirán: -¿Qué es aquesto, mi señora?   ¿quién es el que os hizo mal? -Un sueño soñé, doncellas,   que me ha dado gran pesar: que me veía en un monte   en un desierto lugar: do so los montes muy altos   un azor vide volar, tras dél viene una aguililla   que lo ahínca muy mal. El azor, con grande cuita,   metióse so mi brial, el aguililla, con gran ira,   de allí lo iba a sacar; con las uñas lo despluma,   con el pico lo deshace. Allí habló su camarera,   bien oiréis lo que dirá: -Aquese sueño, señora,   bien os lo entiendo soltar: el azor es vuestro esposo   que viene de allén la mar, el águila sedes vos,   con la cual ha de casar, y aquel monte es la iglesia,   donde os han de velar. -Si así es, mi camarera,   bien te lo entiendo pagar. Otro día de mañana   cartas de fuera le traen: tintas venían por dentro,   de fuera escritas con sangre, que su Roldán era muerto   en caza de Roncesvalles.
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Romance de doña alda
En París está doña Alda,   la esposa de don Roldán, trescientas damas con ella   para la acompañar: todas visten un vestido,   todas calzan un calzar, todas comen a una mesa,   todas comían de un pan, si no era doña Alda,   que era la mayoral; las ciento hilaban oro,   las ciento tejen cendal, las ciento tañen instrumentos   para doña Alda holgar. Al son de los instrumentos   doña Alda dormido se ha; ensoñado había un sueño,   un sueño de gran pesar. Recordó despavorida   y con un pavor muy grande; los gritos daba tan grandes   que se oían en la ciudad. Allí hablaron sus doncellas,   bien oiréis lo que dirán: -¿Qué es aquesto, mi señora?   ¿quién es el que os hizo mal? -Un sueño soñé, doncellas,   que me ha dado gran pesar: que me veía en un monte   en un desierto lugar: do so los montes muy altos   un azor vide volar, tras dél viene una aguililla   que lo ahínca muy mal. El azor, con grande cuita,   metióse so mi brial, el aguililla, con gran ira,   de allí lo iba a sacar; con las uñas lo despluma,   con el pico lo deshace. Allí habló su camarera,   bien oiréis lo que dirá: -Aquese sueño, señora,   bien os lo entiendo soltar: el azor es vuestro esposo   que viene de allén la mar, el águila sedes vos,   con la cual ha de casar, y aquel monte es la iglesia,   donde os han de velar. -Si así es, mi camarera,   bien te lo entiendo pagar. Otro día de mañana   cartas de fuera le traen: tintas venían por dentro,   de fuera escritas con sangre, que su Roldán era muerto   en caza de Roncesvalles.
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Cazador alto y tan bello Como en la tierra no hay dos, Se fue de caza una tarde Por los montes del Señor. Seguro llevaba el paso, Listo el plomo, el corazón Repicando, la cabeza Erguida y dulce la voz. Bajo el oro de la tarde Tanto el cazador cazó, Que finas lágrimas rojas Se puso a llorar el sol... Cuando volvía cantando Suavemente a media voz Desde un árbol, enroscada, Una serpiente lo vio. Iba a vengar a las aves, Mas, tremendo, el cazador Con hoja de firme acero La cabeza le cortó. Pero aguardándolo estaba A muy pocos pasos yo... Lo até con mi cabellera Y dominé su furor. Ya maniatado le dije: -Pájaros matasteis vos, Y voy a tomar venganza Ahora que mío sois... Mas no lo maté con armas, Busqué una muerte peor: ¡Lo besé tan dulcemente Que le partí el corazón!         Envío Cazador: si vas de caza Por los montes del Señor, Teme que pájaros venguen Hondas heridas de amor.
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Romance de la venganza
Minha Terra Nasci em entre fontes e montes, Nasceu o filho dos vinhedos, Nasci sem saber, Nasci para viver… Meus horizontes dourados, Caminhos pisados, Saudade incontida, Nasço com vida. Lágrimas que chorei, Tristeza que abalou, Nasci nem sei, Terrinha minha Transmontana, Onde a sinceridade nada ganha. Aqui o sol se põe distante, O calor é sufocante, Nasci menino, fiz me gente, Sou feliz, estou radiante. Victor Marques
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Jun 29, 2010
Jun 29, 2010 at 1:01 AM UTC
Minha Terra
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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A colón
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor siniestro de negros reyes fraternizan los Judas con los Caínes. Bebiendo la esparcida savia francesa con nuestra boca indígena semiespañola, día a día cantamos la Marsellesa para acabar danzando la Carmañola. Las ambiciones pérfidas no tienen diques, soñadas libertades yacen deshechas. ¡Eso no hicieron nunca nuestros caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Ellos eran soberbios, leales y francos, ceñidas las cabezas de raras plumas; ¡ojalá hubieran sido los hombres blancos como los Atahualpas y Moctezumas! Cuando en vientres de América cayó semilla de la raza de hierro que fue de España, mezcló su fuerza heroica la gran Castilla con la fuerza del indio de la montaña. ¡Pluguiera a Dios las aguas antes intactas no reflejaran nunca las blancas velas; ni vieran las estrellas estupefactas arribar a la orilla tus carabelas! Libre como las águilas, vieran los montes pasar los aborígenes por los boscajes, persiguiendo los pumas y los bisontes con el dardo certero de sus carcajes. Que más valiera el jefe rudo y bizarro que el soldado que en fango sus glorias finca, que ha hecho gemir al zipa bajo su carro o temblar las heladas momias del Inca. La cruz que nos llevaste padece mengua; y tras encanalladas revoluciones, la canalla escritora mancha la lengua que escribieron Cervantes y Calderones. Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras, y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque han visto engalonadas a las panteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste: ¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!
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La pata gris del Malo pisó estas pardas tierras, hirió estos dulces surcos, movió estos curvos montes, rasguñó las llanuras guardadas por la hilera rural de las derechas alamedas bifrontes. El terraplén yacente removió su cansancio, se abrió como una mano desesperada el cerro, en cabalgatas ebrias galopaban las nubes arrancando de Dios, de la tierra y del cielo. El agua entró en la tierra mientras la tierra huía abiertas las entrañas y anegada la frente: hacia los cuatro vientos, en las tardes malditas, rodaban -ululando como tigres- los trenes. Yo soy una palabra de este paisaje muerto, yo soy el corazón de este cielo vacío: cuando voy por los campos, con el alma en el viento, mis venas continúan el rumor de los ríos. A dónde vas ahora? -Sobre el cielo la greda del crepúsculo, para los dedos de la noche. No alumbrarán estrellas... A mis ojos se enredan aromos rubios en los campos de Loncoche.
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Aromos rubios en los campos de loncoche
Todo el mundo sentado a la mesa, en el trono, en la asamblea, en el vagón del tren, en la capilla, en el océano, en el avión, en la escuela, en el estadio todo el mundo sentado o sentándose, pero no habrá recuerdos de una silla que hayan hecho mis manos. Qué pasó? Por qué, si mi destino me llevó a estar sentado, entre otras cosas, por qué no me dejaron implantar cuatro patas de un árbol extinguido al asiento, al respaldo, a la persona próxima que allí debió aguardar el nacimiento o la muerte de alguna que él amaba? La silla que no pude, que no hice, transformando en estilo la naturalidad de la madera y en aparato claro el rito de los árboles sombríos. La sierra circular como un planeta descendió de la noche hasta la tierra y rodó por los montes de mi patria, pasó sin ver por mi puerta larvaria, se perdió en su sonido, y así fue como anduve en el aroma de la selva sagrada sin agredir con hacha la arboleda, sin tomar en mis manos la decisión y la sabiduría de cortar el ramaje y extraer una silla de la inmovilidad y repetirla hasta que esté sentado todo el mundo.
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A sentarse
Queria confessar, não resisto àqueles olhos os seus, verdes, me encarando, fixos. Corava-me a face, confundia-me o peito. Uma lua refulgente num céu opaco É como tentar descrever os olhos de Capitu. Quando nossas mãos se encostavam assim, de relance, sem querer um segundo no tempo. Arrepios. Preencheria esse vazio dentro de ti e te faria só meu. E nos meus poemas te descreveria com tanto fascínio quanto o guerreiro branco descreve a virgem Iracema. Seu sorriso doce, seu peito – meu leito Canta suas canções no ouvido meu Como fazem os pássaros na manhã, cortando o silêncio que paira nos montes. Deságuo no oceano da tua alma Me afogo no teu afago Procuro suas mãos de encontro com as minhas Sozinhas.
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Jul 1, 2013
Jul 1, 2013 at 3:14 PM UTC
Arrepios
Videira do homem, de Deus, do amor…. Sentindo e compreendendo o amor em cada cepa torta bem ou mal formada, escrevo eu no lagar da vida que guarda segredos, e não esqueço folhas verdes que parecem se transformar num bonito por do sol, que ao fim do dia chega para aconchegar corações. O amor pela terra, por os montes sonolentos, pelos vinhedos durienses, seus muros graníticos e xistosos nos levam a perceber a colheita deste nosso precioso néctar que nos liga ao mundo e a Deus infinito e todo-poderoso. Recordar o ciclo da videira nos leva a perceber que também nos nascemos, damos frutos e tal como o vinho nos transformamos. Não poderia Jesus Cristo ter escolhido outra coisa, a não ser o vinho para nos dizer que um dia nossa alma vivera eternamente. Parece que nos durienses não queremos fazer outra coisa senão tratar a videira, e esperar pelas suas uvas mais doces que o mel. Sim precisamos de sensibilidade, amor para entender todo o processo desta planta maravilhosa que acolhe tempo tórrido de verão e um inverno chuvoso e friorento. Victor Marques
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Sep 19, 2016
Sep 19, 2016 at 4:22 AM UTC
Videira do homem, de Deus, do amor...
Sentado sobre los muertos que se han callado en dos meses, beso zapatos vacíos y empuño rabiosamente la mano del corazón y el alma que lo sostiene. Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre. Acércate a mi clamor, pueblo de mi misma leche, árbol que con tus raíces encarcelado me tienes, que aquí estoy yo para amarte y estoy para defenderte con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles. Si yo salí de la tierra, si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte, y cantar y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere. Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué comer, y el día de hoy amanece justamente aborrascado y sangriento justamente. En su mano los fusiles leones quieren volverse: para acabar con las fieras que lo han sido tantas veces. Aunque le faltan las armas, pueblo de cien mil poderes, no desfallezcan tus huesos, castiga a quien te malhiere mientras que te queden puños, uñas, saliva, y te queden corazón, entrañas, tripas, cosas de varón y dientes. Bravo como el viento bravo, leve como el aire leve, asesina al que asesina, aborrece al que aborrece la paz de tu corazón y el vientre de tus mujeres. No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes. Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes: tus ansias como las mías, tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto, las penas del mismo temple, y de la misma madera tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre, tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada esta vida me parece. Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.
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Sentado sobre los muertos
Sentado sobre los muertos que se han callado en dos meses, beso zapatos vacíos y empuño rabiosamente la mano del corazón y el alma que lo sostiene. Que mi voz suba a los montes y baje a la tierra y truene, eso pide mi garganta desde ahora y desde siempre. Acércate a mi clamor, pueblo de mi misma leche, árbol que con tus raíces encarcelado me tienes, que aquí estoy yo para amarte y estoy para defenderte con la sangre y con la boca como dos fusiles fieles. Si yo salí de la tierra, si yo he nacido de un vientre desdichado y con pobreza, no fue sino para hacerme ruiseñor de las desdichas, eco de la mala suerte, y cantar y repetir a quien escucharme debe cuanto a penas, cuanto a pobres, cuanto a tierra se refiere. Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué comer, y el día de hoy amanece justamente aborrascado y sangriento justamente. En su mano los fusiles leones quieren volverse: para acabar con las fieras que lo han sido tantas veces. Aunque le faltan las armas, pueblo de cien mil poderes, no desfallezcan tus huesos, castiga a quien te malhiere mientras que te queden puños, uñas, saliva, y te queden corazón, entrañas, tripas, cosas de varón y dientes. Bravo como el viento bravo, leve como el aire leve, asesina al que asesina, aborrece al que aborrece la paz de tu corazón y el vientre de tus mujeres. No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes. Canto con la voz de luto, pueblo de mí, por tus héroes: tus ansias como las mías, tus desventuras que tienen del mismo metal el llanto, las penas del mismo temple, y de la misma madera tu pensamiento y mi frente, tu corazón y mi sangre, tu dolor y mis laureles. Antemuro de la nada esta vida me parece. Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre. Varios tragos es la vida y un solo trago es la muerte.
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