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"mirar" poems
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Siguen los años Creo haberte superado Sin embargo Aún me haces daño No lo puedo soportar Y ni siquiera estas aquí para mirar Yo soy el que se ofrece a escribirte Masoquismo, me ganas sin piedad Eres como la respiración Cuando vienes te quedas Una corta asfixia Después te vas Y mi pecho se encoge Por la miseria de ese momento He desperdiciado mucho tiempo Llego siempre al mismo punto Por más grande que sea el mundo Siento que algún día te veré Y mis recuerdos volverán de golpe Me congelaré Y me culparé mil veces Por no haberme comportado de la peor manera Ya que fui demasiado bueno Tanto que di miedo y pena Odio llegar a lo mismo Lo repito sin parar Se vuelve tediosa Esta tristeza sin lugar Debes irte Debo dejar que te vayas Aunque me duela, lo se Pero entre nosotros no se ganó nada La vida me dice que ya pasó Que no puedo aferrarme a la misma imagen Todos cometemos errores Todos nos salimos del margen Vamos a mostrarle la cara a la mañana Para vivir un día normal Hasta que llegue el atardecer Y pueda volver a empezar.
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Apr 16, 2015
Apr 16, 2015 at 9:00 PM UTC
Volver a empezar.
*Yo me pregunto a veces, ¿por qué tengo que mirar al cielo, o Por eso quiero ver las estrellas fugaces, cuando te tengo a mi lado Tengo el universo* I wonder sometimes Why do I have to look at the sky, or why I want to see shooting stars, when I have you by my side I have the universe
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May 6, 2014
May 6, 2014 at 6:56 AM UTC
Spanish Poetry - Mi universo/My universe
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Oct 29, 2012
Oct 29, 2012 at 4:09 PM UTC
La venganza de Siddharta.
Te voy a escribir un poema, dice la voz grave, de padre severo, la que te da miedo, porque eso es lo que hago. Porque así hiero, así deshumanizo, así vuelvo invisible lo delineado, lo certero. Escribiendo transformo la carne y la sangre y los huesos en grafito que se borra, en caracteres que vuelan y se pierden. Así te vuelvo a ti, todo, en nada. Eras un gato. Eras lluvia ominosa. Fuentes sin agua, mar encerrado. Eras belleza donde nadie quería mirar. Nadie se acerca jamás a lo derruido y a lo gris a lo que huele a abandonado, extranjero. Me gustaba llorar en tu desolación. En la tierra húmeda que estaba bajo tus pies. En las manos siempre vacías. Eras extraordinario. Un caballero exiliado, un detective medieval, un magnate honesto. Eras, eras, eras. Déjame convertirte, ahora, en algo más. Ahora que has dejado de ser, que incluso perdiste la piel, el cabello, el brillo. Eres Siddharta, joven de nuevo camino. Eres el Buda. Renunciaste a todo [polvo, ropa usada, brillo] Te volviste nada. Un mesías. El Uno. Poesía. ¿Tú? Tú no eres poesía, tu no eres las copas de los árboles que se mecen [se mecen] junto con el caprichoso baile del viento. ¿Tú? Comes y amas y vives y haces y dejas de hacer porque ya es de día y ya es de noche. ¿Tú? Siddharta Eclipsado por la Luz. Siddharta sin voz. Sólo Om. Om. Om. Eras el soldado sin nombre. Todos ellos, deshechos por la guerra, con lámparas de aceite en la mirada, pasos tenues. Eras. Eso es lo que eres. La exaltación [mía] del pasado, el vivir en los recuerdos, la nostalgia, la niñez difuminada, antes de anochecer, una sonrisa inocente. No es un vacío o un espacio sin polvo entre los libros, la marca de que un cuerpo que estuvo entre las sábanas. Eres el pasado que murió y ya no existe. No eres, dios reencarnado. Te volviste santo, te sentaste y te transformaste en piedra tallada, te cubriste de musgo y de olvido, solamente. Todo lo demás es demasiado humano. Siddharta, inútil cualquier intento. Porque no puedes ganarme. Yo soy la pluma que escribe. Yo te invento, yo te insuflo vida y yo ya no quiero dártela, porque estás intentando escribir y eso no te lo puedo permitir. Eso no lo puede hacer. Yo soy Jesús de Judea, vivo, muerto, con luz propia, crucificado, envuelto en rosas, en todas partes, los puentes, las manchas, los cuellos, las malas palabras, el **** el día y la noche, tinta, papel de arroz, copal y oro. Todo, todos. [ Entre dos montañas y un río, el Buda más grande de la Tierra se sienta. En su oreja izquierda, sin embargo, vive una familia de golondrinas. ] Esta es mi venganza, piedra verde, chiquillo de la nada.
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Cuando no puedo mirar tu cara miro tus pies. Tus pies de hueso arqueado, tus pequeños pies duros. Yo sé que te sostienen, y que tu dulce peso sobre ellos se levanta. Tu cintura y tus pechos, la duplicada púrpura de tus pezones, la caja de tus ojos que recién han volado, tu ancha boca de fruta, tu cabellera roja, pequeña torre mía. Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.
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Tus pies
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Reír llorando
Viendo a Garrik -actor de la Inglaterra- el pueblo al aplaudirlo le decía: «Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz...»                                  Y el cómico reía. Víctimas del spleen, los altos lores, en sus noches más negras y pesadas, iban a ver al rey de los actores y cambiaban su spleen en carcajadas. Una vez, ante un médico famoso, llegóse un hombre de mirar sombrío: «Sufro -le dijo-, un mal tan espantoso como esta palidez del rostro mío.»Nada me causa encanto ni atractivo; no me importan mi nombre ni mi suerte en un eterno spleen muriendo vivo, y es mi única ilusión, la de la muerte».-Viajad y os distraeréis.                                               - ¡Tanto he viajado! -Las lecturas buscad.                                           -¡Tanto he leído! -Que os ame una mujer.                                                 -¡Si soy amado! -¡Un título adquirid!                                       -¡Noble he nacido! -¿Pobre seréis quizá?                                           -Tengo riquezas -¿De lisonjas gustáis?                                           -¡Tantas escucho! -¿Que tenéis de familia?                                               -Mis tristezas -¿Vais a los cementerios?                                                 -Mucho... mucho... -¿De vuestra vida actual, tenéis testigos? -Sí, mas no dejo que me impongan yugos; yo les llamo a los muertos mis amigos; y les llamo a los vivos mis verdugos.-Me deja -agrega el médico- perplejo vuestro mal y no debo acobardaros; Tomad hoy por receta este consejo: sólo viendo a Garrik, podréis curaros. -¿A Garrik?                         -Sí, a Garrik... La más remisa y austera sociedad le busca ansiosa; todo aquél que lo ve, muere de risa: tiene una gracia artística asombrosa.-¿Y a mí, me hará reír?                                               -¡Ah!, sí, os lo juro, él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta? -Así -dijo el enfermo- no me curo; ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.¡Cuántos hay que, cansados de la vida, enfermos de pesar, muertos de tedio, hacen reír como el actor suicida, sin encontrar para su mal remedio!¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora! ¡Nadie en lo alegre de la risa fíe, porque en los seres que el dolor devora, el alma gime cuando el rostro ríe!Si se muere la fe, si huye la calma, si sólo abrojos nuestra planta pisa, lanza a la faz la tempestad del alma, un relámpago triste: la sonrisa.El carnaval del mundo engaña tanto, que las vidas son breves mascaradas; aquí aprendemos a reír con llanto y también a llorar con carcajadas.
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Este domingo triste pienso en ti dulcemente y mi vieja mentira de olvido, ya no miente. La soledad, a veces, es peor castigo... Pero, ¡qué alegre todo, si estuvieras conmigo! Entonces no querría mirar las nubes grises, formando extraños mapas de imposibles países; y el monótono ruido del agua no sería el motivo secreto de mi melancolía. Este domingo triste nace de algo que es mío, que quizás es tu ausencia y quizás es mi hastío, mientras corren las aguas por la calle en declive y el corazón se muere de un ensueño que vive. La tarde pide un poco de sol, como un mendigo, y acaso hubiera sol si estuvieras conmigo; y tendría la tarde, fragantemente muda, el ingenuo impudor de una niña desnuda. Si estuvieras conmigo, amor que no volviste, ¡qué alegre me sería este domingo triste!
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Poema del domingo triste
A veces las cosas no salen como queremos, Los tropiezos se hacen rutina Las lagrimas se convierten en ríos, y los oceanos de alegría se secan. Con el tiempo nos damos cuenta de que no siempre hay un final feliz como en las peliculas, no todos tenemos la vida resuelta, Personas que estaban , ya no estan Lugares que conociamos parecen desconocidos, pero la vida sigue hacia donde? Nadie sabe.. Lo que si se es que aprendemos, a ser mas fuertes, a luchar contra lo que sea, a pelear como un samurai a mirar hacia delante y aunque a veces miremos hacia tras, a voltear la mirada. A buscar libertad aunque sea prohibida y la paz aunque sea escasa. A perdonar a quien no merece y a ver lo bueno en las personas que de verdad se preocupan por ti. A no ser exigente y aceptar el momento y ser feliz con el pedazo de pan diario. A buscar conocimiento en un lugar vacio,a hacer preguntas , a no ocultar las dudas, A questionar nuestro alrededor, a estar firmes en lo queremos y a no saciarnos con la mediocridad. Y lo mas importante a ser quien eres.. Arriesgarte y pararte al frente de tus miedos y seguir caminado hacia el cielo.
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Feb 22, 2013
Feb 22, 2013 at 5:21 PM UTC
Lo Que Entiendo Hasta Ahora
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Dec 15, 2014
Dec 15, 2014 at 2:43 AM UTC
PERORATA DE LOSER
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Una cancion titulada; amor frio tibio... Soplaba el viento, mire al cielo, vi tu rostro sonriendome Se acerca el tiempo, segui el camino y me perdi. Soplaba el viento, me jalo y me derreti en tu bondad Encontre camino el camino alfin Volvi a mirar al cielo Vi tu rostro sonriendome Senti una brisa fria y tibia Al misma vez, En un istante el mundo cambio Era tu calor Era tu amor Eras tu mi señor Fueron tus manos las caricias que senti Y sin persarlo en tus brazos me acoste Sus labios sobre mis mejillas Besandome con un padre a su hija Con amor, sin juzgar, Con una ternura, en al cual mi corazon no lo sostubo y mis ojos sintiron lagrimas bajar solo al sentir tu amor tan grande que su vida por mi en la cruz!!!
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Sep 9, 2013
Sep 9, 2013 at 6:36 PM UTC
Spanish melody
Amigo, llévate lo que tú quieras, penetra tu mirada en los rincones, y si así lo deseas yo te doy mi alma entera con sus blancas avenidas y sus canciones.Amigo -con la tarde haz que se vaya este inútil y viejo deseo de vencer, Bebe en mi cántaro si tienes sed. Amigo -con la tarde haz que se vaya este deseo mío de que todo rosal me pertenezca,                           Amigo, si tienes hambre come de mi pan.Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto que sin mirar verás en mi estancia desnuda: todo esto que se eleva por los muros derechos -como mi corazón- siempre buscando altura. Te sonríes -amigo... ¡Qué importa! Nadie sabe entregar en las manos lo que se esconde adentro, pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves, y todo te lo doy... Menos aquel recuerdo... ...Que en mi heredad vacía aquel amor perdido, es una rosa blanca, que se abre en silencio...
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Amigo
Yo, para todo viaje -siempre sobre la madera de mi vagón de tercera-, voy ligero de equipaje. Si es de noche, porque no acostumbro a dormir yo, y de día, por mirar los arbolitos pasar, yo nunca duermo en el tren, y, sin embargo, voy bien. ¡Este placer de alejarse! Londres, Madrid, Ponferrada, tan lindos... para marcharse. Lo molesto es la llegada. Luego, el tren, al caminar, siempre nos hace soñar; y casi, casi olvidamos el jamelgo que montamos. ¡Oh, el pollino que sabe bien el camino! ¿Dónde estamos? ¿Dónde todos nos bajamos? ¡Frente a mí va una monjita tan bonita! Tiene esa expresión serena que a la pena da una esperanza infinita. Y yo pienso: Tú eres buena; porque diste tus amores a Jesús; porque no quieres ser madre de pecadores. Mas tú eres maternal, bendita entre las mujeres, madrecita virginal. Algo en tu rostro es divino bajo tus cofias de lino. Tus mejillas -esas rosas amarillas- fueron rosadas, y, luego, ardió en tus entrañas fuego; y hoy, esposa de la Cruz, ya eres luz, y sólo luz... ¡Todas las mujeres bellas fueran, como tú, doncellas en un convento a encerrarse!... ¡Y la niña que yo quiero, ay, preferirá casarse con un mocito barbero! El tren camina y camina, y la máquina resuella, y tose con tos ferina. ¡Vamos en una centella!
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El tren
Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; vivir sin tus palabras es mucha soledad; vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, es mucha obscuridad...
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X. vivir sin tus caricias
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Los cobardes
Hombres veo que de hombres sólo tienen, sólo gastan el parecer y el cigarro, el pantalón y la barba. En el corazón son liebres, gallinas en las entrañas, galgos de rápido vientre, que en épocas de paz ladran y en épocas de cañones desaparecen del mapa. Estos hombres, estas liebres, comisarios de la alarma, cuando escuchan a cien leguas el estruendo de las balas, con singular heroísmo a la carrera se lanzan, se les alborota el ano, el pelo se les espanta. Valientemente se esconden, gallardamente se escapan del campo de los peligros estas fugitivas cacas, que me duelen hace tiempo en los cojones del alma. ¿Dónde iréis que no vayáis a la muerte, liebres pálidas, podencos de poca fe y de demasiadas patas? ¿No os avergüenza mirar en tanto lugar de España a tanta mujer serena bajo tantas amenazas? Un tiro por cada diente vuestra existencia reclama, cobardes de piel cobarde y de corazón de caña. Tembláis como poseídos de todo un siglo de escarcha y vais del sol a la sombra llenos de desconfianza. Halláis los sótanos poco defendidos por las casas. Vuestro miedo exige al mundo batallones de murallas, barreras de plomo a orillas de precipicios y zanjas para vuestra pobre vida, mezquina de sangre y ansias. No os basta estar defendidos por lluvias de sangre hidalga, que no cesa de caer, generosamente cálida, un día tras otro día a la gleba castellana. No sentís el llamamiento de las vidas derramadas. Para salvar vuestra piel las madrigueras no os bastan, no os bastan los agujeros, ni los retretes, ni nada. Huís y huís, dando al pueblo, mientras bebéis la distancia, motivos para mataros por las corridas espaldas. Solos se quedan los hombres al calor de las batallas, y vosotros, lejos de ellas, queréis ocultar la infamia, pero el color de cobardes no se os irá de la cara. Ocupad los tristes puestos de la triste telaraña. Sustituid a la escoba, y barred con vuestras nalgas la mierda que vais dejando donde colocáis la planta.
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Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros. Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: pasa el mar, se despide la rosa, pasa la tierra por la sombra y por la luz, y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros. Entonces, qué les pasa? Por qué andan tan furiosos? A quién andan buscando con revólver? Nosotros no sabíamos que todo lo tenían ocupado, las copas, los asientos, las camas, los espejos, el mar, el vino, el cielo. Ahora resulta que no tenemos mesa. No puede ser, pensamos. No pueden convencernos. Estaba oscuro cuando llenamos al barco. Estábamos desnudos. Todos llegábamos del mismo sitio. Todos veníamos de mujer y de hombre. Todos tuvimos hambre y pronto dientes. A todos nos crecieron las manos y los ojos para trabajar y desear lo que existe. Y ahora nos salen con que no podemos, que no hay sitio en el barco, no quieren saludarnos, no quieren jugar con nosotros. Por qué tantas ventajas para ustedes? Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido? Aquí no están contentos, así no andan las cosas. No me gusta en el viaje hallar, en los rincones, la tristeza, los ojos sin amor y la boca con hambre. No hay ropa para este creciente otoño y menos, menos, menos para el próximo invierno. Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta al mundo, a tanta piedra en los caminos? Sin mesa dónde vamos a comer, dónde nos sentaremos si no tenemos silla? Si es una broma triste, decídanse, señores, a terminarla pronto, a hablar en serio ahora. Después el mar es duro. Y llueve sangre.
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El barco
Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros. Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: pasa el mar, se despide la rosa, pasa la tierra por la sombra y por la luz, y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros. Entonces, qué les pasa? Por qué andan tan furiosos? A quién andan buscando con revólver? Nosotros no sabíamos que todo lo tenían ocupado, las copas, los asientos, las camas, los espejos, el mar, el vino, el cielo. Ahora resulta que no tenemos mesa. No puede ser, pensamos. No pueden convencernos. Estaba oscuro cuando llenamos al barco. Estábamos desnudos. Todos llegábamos del mismo sitio. Todos veníamos de mujer y de hombre. Todos tuvimos hambre y pronto dientes. A todos nos crecieron las manos y los ojos para trabajar y desear lo que existe. Y ahora nos salen con que no podemos, que no hay sitio en el barco, no quieren saludarnos, no quieren jugar con nosotros. Por qué tantas ventajas para ustedes? Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido? Aquí no están contentos, así no andan las cosas. No me gusta en el viaje hallar, en los rincones, la tristeza, los ojos sin amor y la boca con hambre. No hay ropa para este creciente otoño y menos, menos, menos para el próximo invierno. Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta al mundo, a tanta piedra en los caminos? Sin mesa dónde vamos a comer, dónde nos sentaremos si no tenemos silla? Si es una broma triste, decídanse, señores, a terminarla pronto, a hablar en serio ahora. Después el mar es duro. Y llueve sangre.
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Tus ojos me recuerdan las noches de verano negras noches sin luna, orilla al mar salado, y el chispear de estrellas del cielo ***** y bajo. Tus ojos me recuerdan las noches de verano. Y tu morena carne, los trigos requemados, y el suspirar de fuego de los maduros campos.Tu hermana es clara y débil como los juncos lánguidos, como los sauces tristes, como los linos glaucos. Tu hermana es un lucero en el azul lejano... Y es alba y aura fría sobre los pobres álamos que en las orillas tiemblan del río humilde y manso. Tu hermana es un lucero en el azul lejano.De tu morena gracia, de tu soñar gitano, de tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso. Me embriagaré una noche de cielo ***** y bajo, para cantar contigo, orilla al mar salado, una canción que deje cenizas en los labios... De tu mirar de sombra quiero llenar mi vaso.Para tu linda hermana arrancaré los ramos de florecillas nuevas a los almendros blancos, en un tranquilo y triste alborear de marzo. Los regaré con agua de los arroyos claros, los ataré con verdes junquillos del remanso... Para tu linda hermana yo haré un ramito blanco.
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Inventario galante
Hoy estoy en otro lugar, pero ayer quise estar aquí, partí hacia un lugar y llegue antes de tiempo, él tiempo de partir me llego antes que decidiera a donde quería ir, no hubo escape, sólo quería agarrar lo que pensé que sería lo más importante para un viaje a ningún lugar, tú. No estabas al alcance de mi mano y mucho menos de mi corazón, decidí que tendría que partir sin ti, Pero sin ti el viaje no tiene sentido, pues eres el motivo de todo viaje que no realicé, no iré y me quedaré aquí que es donde realmente no quiero estar. Ayer leí lo que hoy escribo, hoy tomo mi café con aroma de ayer y hoy desconozco lo que aprendí. Todo pasara sin importar en el tiempo que suceda. Creer, morir, caer y llorar. Dormir, volar y soñar. Ir, llegar y partir. Ser, estar y existir. Crear, romper y armar. Gustar, querer y amar. Reír, mirar y besar. No importa el verbo, aprende a conjugarlos y a aplicarlos en el párrafo que te toca escribir (o editar) en el libro de título: “vida”.
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Sep 29, 2011
Sep 29, 2011 at 12:26 AM UTC
Verbo.
La frescura de lo que recién llega, huele a grama mojada por lluvia de anhelos. Como un “te acuerdas” evoca la duda, realza una emoción y cautiva el corazón. Las miradas provocan orgasmos, si sabes mirar; Los besos enloquecen el alma, y el **** entorpece la decencia. El amor transforma lo banal en perpetuo, la razón en sentimiento. Recuérdame por favor la forma de tu cintura, aunque me queme las manos al sentirla. Embriágame otra vez con tu saliva y tu boca, permíteme una vez más volverte loca. Desnuda mis nervios, desviste los tuyos, y déjalos que juegen al son de nuestros besos. Cuéntame dónde has estado, pero no pronuncies nada. Entrégame tu lujuria, dibújala sobre tu piel. Haz sonar tu voz, sin decir una palabra. Regálame tu vientre, liso y sedoso. Confúndeme, dime que no. Emocióname, dime que si. Baila para mi. Curvas. Baila sobre mi. Cantos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:08 PM UTC
Reencuentro
Ya lo extrañaba; el rose de tus manos sobre mi piel, acariciando cada centímetro de mis brazos, mi cuello y mi cara. Extrañaba esa forma de mirar que solo tú y yo comprendemos que nos dice como nos sentimos entre nosotros. Extrañaba esa forma de seducción que aún sin nunca haber probado tus labios, sabía que era una de las cosas que más deseaba y necesitaba. Aquí estamos de nuevo; la piel desnuda de tus manos contra la piel de mis brazos, pasando suavemente con caricias que mencionan un te quiero. Ahora es real, ahora estamos juntos y la distancia que nos había separado hizo crecer nuestras emociones. Un día perfecto, una tarde de calor y finalmente el toque no accidental de nuestras bocas. Al final, mi risa junto con tu sonrisa se unen para festejar el sentimiento de nuestros labios juntos por primera vez.
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Jul 20, 2013
Jul 20, 2013 at 10:55 AM UTC
Tiempo sin vernos.
Ella amará a otro hombre. Yo voy lejos, andando hacia el olvido. Y puede suceder que alguien me nombre, pero ella fingirá no haber oído. Ella amará a otro hombre: el tiempo pasa y el amor finaliza, y es natural que lo que fue una brasa acabe convirtiéndose en ceniza. Aunque nadie lo quiera, envejecen las vidas y las cosas, y es natural también que en primavera los rosales den rosas. Es natural. Por eso, ella amará a otro hombre, y está bien. No sé si ya olvidó mi último beso, ni me importa con quién. Pero quizás, un día, oyendo una canción, sentirá que esa vieja melodía le cambia el ritmo de su corazón. O será algún vestido que yo le conocí, o el olor del jardín cuando ha llovido, pero algún día ha de pensar en mí. O puede ser un gesto, un modo de mirar, o ciertas calles, o un botón mal puesto, o una hoja seca que voló al azar. Y de alguna manera tendrá que recordarme, sin querer, escuchando unos pasos en la acera como los míos al atardecer. Será en algún momento, no importa cuándo o dónde, aquí o allá, porque el amor, por parecerse al viento, parece que se ha ido y no se va. Y si en ese momento ella suspira y él pregunta por qué, le tendrá que inventar una mentira para que nunca sepa por qué fue. Y él no verá esa huella, eso tan mío en lo que ya perdí; y, aunque la pueda amar más que yo a ella, ella no podrá amarlo más que a mí...!
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Ella amará a otro hombre
Tengo el tiempo de barrera entre despertar y mirar las estrellas y que la casualidad no me ponga unas nubes, personas plagadas de nuevas maneras. Todos guardan un cuento que se actúa de forma diferente en cada situación, de igual forma tenemos esencia y algunos tenemos conciencia que puede ser borrada por bombas de hielo o soles de amor. La velocidad de la luz hace difícil esperar, calculo que hay dos horas que solo pasan a la velocidad del sonido y las paso dormido porque sueño despierto. Llego al atardecer entre siluetas del pasado, las fotos del verano y tu terraza sobresalen en mi escritorio, más no empiezo el cuento del adiós porque parto cada noche a buscar esa estrella que miramos los dos.
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Sep 6, 2015
Sep 6, 2015 at 1:59 PM UTC
La velocidad del sonido
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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Niños
un niño hunde la mano en su fiebre y saca astros que tira al aire / y ninguno ve yo tampoco los veo / yo sólo veo un niño con fiebre que tiene los ojos cerrados y ve animalitos que pasan por el cielo pacen en su temblor yo no veo esos animalitos / yo veo al niño que ve animalitos y me pregunto por qué esto pasa hoy ¿pasaría otra cosa ayer? / ¿se sacaría el niño mucha pena del alma ayer? / yo sólo sé que el niño tiene fiebre tiene el alma cerrada y la hunde en las cenizas que dejará porque ardió pero ¿es así? / ¿hunde su alma en las cenizas de sí / un árbol mira detrás de la ventana al sol hay sol / detrás de la ventana hay un árbol en la calle ahora por la calle pasa un niño con una mano en el bolsillo del pantalón está contento y saca la mano del bolsillo abre la mano y suelta fiebres que ninguno ve yo tampoco las veo / yo sólo veo su palma abierta a la luz y él / ¿qué ve? ¿ve bueyes que tiran del sol? yo no sé nada / no sé qué ve el niño de la mano en el pantalón ni el niño que tiene fiebre y ve los huesos del Atlántico y los huesos de todos los mares revueltos en su corazón yo no veo nada / no sé nada ni sé en qué día nací / conozco la fecha pero no el día en que nací ¿o ese día es este día en que muero por enésima vez? ¿es este día en que todos los que han muerto se vuelven a morir conmigo? / ¿o yo con ellos? ¿en esta luz dulcísima y abierta? / ¿y qué hace el niño con esta luz en su palma? ¿mientras todos trabajan para hacer dinero fuera de esta luz? ¿encerrados afuera de esta luz que es imposible mirar sin una luz adentro? / ¿sin un amor con pena adentro? ahora pasan las cartas que nunca me escribiste hijo / vos / que tanto nacés de esta luz / tus cartas tienen fiebres de las que no sé nada y nunca sabré nada / parecen pajaritos que vuelan con su serenidad astros que tiraste al aire y ninguno ve / yo no los veo ni los ve mi dolor inseguro pensabas en una vida más limpia que ésta una vida que se podía lavar tender al sol de tu bondad / una vida llena de rostros como viajes ¿dónde están esos rostros / esos viajes? la vida está desnuda como un mar sin orillas y no puedo volver la vida atrás llevarla hasta tu cuna ni llevarla adelante / yo soy menos real que la mesa donde como yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana ahora un niño se le paró al lado / saca la mano del bolsillo del pantalón abre su palma a la luz y piensa que la muerte es la muerte y no más que eso
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Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra de modo que si ocurre un desconsuelo un apagón o una noche sin luna es conveniente y hasta imprescindible tener a mano una mujer desnuda una mujer desnuda y en lo oscuro genera un resplandor que da confianza entonces dominguea el almanaque vibran en su rincón las telarañas y los ojos felices y felinos miran y de mirar nunca se cansan una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo una mujer desnuda y en lo oscuro genera una luz propia y nos enciende el cielo raso se convierte en cielo y es una gloria no ser inocente una mujer querida o vislumbrada desbarata por una vez la muerte.
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Una mujer desnuda y en lo oscuro
Tras la ventana, el amor vestido de blanco, mira. Mira a la tarde, que gira sus luces y su color. La begonia sin olor sus verdes hojas estira para mirar lo que mira tras la ventana, el amor: la primavera, surgida del pico de un ruiseñor.
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[tras la ventana, el amor]