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"miramos" poems
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. Julio Cortázar.
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Jul 3, 2014
Jul 3, 2014 at 10:48 PM UTC
Rayuela. Capítulo 7. Como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces.
Sin querer, te di un beso amoroso bien suave. Mirándote a tus ojos de luna, que me decían, por favor un beso otra vez. Te acaricié la piel y te dije, vamos despacio esta ves. La locura del momento no esperaba lo que iba suceder. Después de el beso, nos miramos unos a otro con una sonrisa de placer. Fue con una pasión intensa que llegamos asta el amanecer. Tus labios de miel, nunca me olvidare. Te di el beso de tus suenos para que pronto nos veremos otra vez. Por: Michael M. De La Fuente
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Jul 6, 2014
Jul 6, 2014 at 9:18 PM UTC
Mujer de Miel
Quisiera entender porqué durante el silencio escucho ruido de mi cabeza, no logro nunca entender, qué exactamente es lo que estoy pensando, Pero mientras pienso sonrío, con los ojos ausentes, miro dentro una pantalla negra, una nube de colores se aleja, como distrayendo mi conciencia, entreteniéndola a escondidas, de mi percibir. Quisiera decirte que decoras mi mundo escabulléndote entre cada idea irrelevante a ti, sacándote de ahí, te invito a conocer lo nuevo que se le escurre a un día, por estar ahí, entre espacios de nada, transformándolos a todo, y en lo que mi pensar habita, habitas tú, desde el aislamiento por la altura, miramos todo lo que vive, porque estás aquí, aunque no estés ahí.
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Apr 13, 2010
Apr 13, 2010 at 1:14 PM UTC
Descifrando
Eslavo con respecto a la palmera, alemán de perfil al sol, inglés sin fin, francés en cita con los caracoles, italiano ex profeso, escandinavo de aire, español de pura bestia, tal el cielo ensartado en la tierra por los vientos, tal el beso del límite en los hombros. Mas sólo tú demuestras, descendiendo o subiendo del pecho, bolchevique, tus trazos confundibles, tu gesto marital, tu cara de padre, tus piernas de amado, tu cutis por teléfono, tu alma perpendicular a la mía, tus codos de justo y un pasaporte en blanco en tu sonrisa. Obrando por el hombre, en nuestras pausas, matando, tú, a lo largo de tu muerte y a lo ancho de Un abrazo salubérrimo, vi que cuando comías después, tenías gusto, vi que en tus sustantivos creció yerba. Yo quisiera, por eso, tu calor doctrinal, frío y en barras, tu añadida manera de miramos y aquesos tuyos pasos metalúrgicos, aquesos tuyos pasos de otra vida. Y digo, bolchevique, tomando esta flaqueza en su feroz linaje de exhalación terrestre: hijo natural del bien y del mal y viviendo talvez por vanidad, para que digan, me dan tus simultáneas estaturas mucha pena, puesto que tú no ignoras en quién se me hace tarde diariamente, en quién estoy callado y medio tuerto.
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Salutación angélica
mira los objetos dispuestos tan orgánicamente míralos ahí castos y sumisos míralos desde esa luz servicial que nos devela la poderosa mirada propia mira la luz eterna en su carácter de signo y energía mírala anidar en los objetos que miramos mira cómo germina en nuestro conocimiento del mundo
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Oct 29, 2014
Oct 29, 2014 at 10:23 PM UTC
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Tengo el tiempo de barrera entre despertar y mirar las estrellas y que la casualidad no me ponga unas nubes, personas plagadas de nuevas maneras. Todos guardan un cuento que se actúa de forma diferente en cada situación, de igual forma tenemos esencia y algunos tenemos conciencia que puede ser borrada por bombas de hielo o soles de amor. La velocidad de la luz hace difícil esperar, calculo que hay dos horas que solo pasan a la velocidad del sonido y las paso dormido porque sueño despierto. Llego al atardecer entre siluetas del pasado, las fotos del verano y tu terraza sobresalen en mi escritorio, más no empiezo el cuento del adiós porque parto cada noche a buscar esa estrella que miramos los dos.
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Sep 6, 2015
Sep 6, 2015 at 1:59 PM UTC
La velocidad del sonido
Entre la muchedumbre que ríe y se divierte por las iluminadas calles de la ciudad, me llega tu recuerdo con un sabor de muerte, mujer de mis tristeza y mi felicidad. Y así, esta noche alegre tengo los ojos tristes, tristes de la tristeza de ir contigo y sin ti, mujer que existes y no existes, mujer que nunca tuve, pero que ya perdí. Voy andando en la noche, desterrado del mundo, y de pronto, surgiendo de entre la multitud, me sale al paso un perro vagabundo, desorientado y triste como mi juventud. En sus húmedos ojos se duplica mi ensueño, y los dos nos miramos con un mismo dolor: Él, un perro sin dueño; yo, un hombre sin amor.
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Poema de la navidad
I hear him / I see him / I fathom him / From afar / Knowing that love looms over the horizon. / He gives me the wings to soar / Into the dreamscape / There I find stillness, heartsease & the resplendant, radiant moonbeams / The mellifluous musicality / —He spirits me away./ La voce de la luce, / La voce de la luce, / Miramos, / Escuchamos, / A la voce de la luce. / What do you / See / When you look at me? / What do you / See? / I see a cosmos: / I see the moon, the sun, the stars, / A luminary, I see the trajectory / The path of someone doubtless, / Of someone indefatigable. / Wombed skies, the aethers, / Someone, something, / So pristine, crystalline, intemerate, / Unmatched, in formosity. / —It's you. /
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Dec 27, 2023
Dec 27, 2023 at 8:59 PM UTC
La Voce De La Luce (Originally penned on Monday, September 18th, 2023)
Despierto simplemente contigo en mi mente Tus ojos aparecen como un recuerdo permanente Espero algún día volver a verte. Te hago daño, te rompo el corazón Intento curarlo con besos de amor Nos miramos a los ojos y sentimos rencor. Tus ojos cafés Tu pelo largo Tu mirada absorbente Tu piel que me provoca Tus labios que me vuelven loca Te quiero, Pero te quiero como loca.
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Apr 1, 2013
Apr 1, 2013 at 6:25 PM UTC
Probablemente una carta.
Si te alegra, Señor, el ruido ronco de este recibimiento que miramos, advierte que te dan todos los ramos, por darte el viernes más desnudo el tronco. ¿A dónde vas, Cordero, entre las fieras, pues ya conoces su intención villana? Todos, enfermos, te dirán "¡Hosanna!" Y no quieren sanar, sino que mueras. Hoy te reciben con los ramos bellos (aplauso sospechoso, si se advierte), pero otra noche, para darte muerte, te irán con armas a buscar en ellos. Y porque la malicia más se arguya de nación a su propio rey tirana, hoy te ofrecen sus capas, y mañana suertes verás echar sobre la tuya. Si vas en tus discípulos fiado, como de tu inocencia defendido, del postrero de todos vas vendido, y del primero, cerca de negado. Mal en los huertos tu piedad pagamos: tu paz con las olivas se atropella, pues son tu muerte, y fue la causa de ella la primer fruta y los primeros ramos.
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Semana santa, o lamentaciones de don francisco de quevedo villegas a la muerte de nuestro señor jesucristo
Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Prodigiosas palabras jóvenes para herir los oídos viejos. Maravillosas melodías, cantos inéditos. Hemos cantado todos juntos y hemos llorado en el silencio. Aprendimos muy dura ciencia a costa de los propios sueños. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! ¡Hemos salvado tan alegres los sombríos presentimientos! Hemos amado cada tallo, cada frío harapo de invierno, cada gota de madrugada con tan loca avidez, sabiendo que éramos carne de una fábula que alguien vivía en el misterio! Tan hermosas canciones! Ráfagas tan ardientes que nos hirieron. Música de astros interiores que nacían en nuestro reino. Flautas tañidas, en la tarde, por las manos vagas del sueño. ¡Y tantas limpias hermosuras como cayeron! Y girar sin fin en el alba con la oscura palabra dentro, con el cantar a flor de vida ignorando el remoto término. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Y miramos cómo en el aire vuela la música sin dueño, sin que podamos apresaría con nuestros torpes instrumentos.
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Lamentación
Empezamos este camino pensando que iba a ser sencillo, soñando con llegar a la luna, creyendo en la infinidad de nuestros años, aún siendo conscientes de que todo tiene un inicio y un final, pensábamos que el fin quedaría distante, tan lejano como la luna misma. Pero yo siempre miré al cielo sabiendo que todo lo puedo en Cristo que me fortalece, y así fue, partimos en ese viaje. El camino no fue recto, sino un entramado de senderos desviados y bifurcaciones inciertas, donde cada paso cargaba el peso de decisiones y cada tropiezo era una lección que ardía en la piel. El futuro se volvió un abismo de incertidumbre que se hacía cada vez más grande con cada paso que dábamos. En medio de todo, llegamos a un hermoso lago, pero pronto descubrimos que no era agua tranquila, sino un río impredecible, un huracán que giraba sobre sí mismo. Mezclaba pasado y presente, arrastraba sueños rotos y esperanzas nacientes. Entendimos que el camino era la prueba y el tiempo, el juicio. Pero no uno imparcial, sino un reflejo de nuestras propias luchas y silencios. Porque en cada caída, en cada cicatriz, en cada decisión que tomamos, le arrancamos un fragmento al tiempo para hacerlo nuestro. Empezábamos a encontrar ese final ya cercano, como si fueran las últimas páginas de un libro, y recordábamos todo lo que escribimos con tinta sobre el papel de nuestras vidas. Finalmente, llegamos a ese punto inevitable, donde el polvo del camino se asentó y el eco de nuestros pasos se desvaneció. Dios, contento al ver nuestra valentía, sonreía desde el cielo. La luna, llena de alegría, brillaba como nunca. Y ya en el final del camino, nos miramos a los ojos para darnos cuenta de lo que el tiempo hizo con nosotros y de lo que nosotros hicimos con el tiempo.
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Mar 18, 2025
Mar 18, 2025 at 11:33 AM UTC
Viaje de ida
Empezamos este camino pensando que iba a ser sencillo, soñando con llegar a la luna, creyendo en la infinidad de nuestros años, aún siendo conscientes de que todo tiene un inicio y un final, pensábamos que el fin quedaría distante, tan lejano como la luna misma. Pero yo siempre miré al cielo sabiendo que todo lo puedo en Cristo que me fortalece, y así fue, partimos en ese viaje. El camino no fue recto, sino un entramado de senderos desviados y bifurcaciones inciertas, donde cada paso cargaba el peso de decisiones y cada tropiezo era una lección que ardía en la piel. El futuro se volvió un abismo de incertidumbre que se hacía cada vez más grande con cada paso que dábamos. En medio de todo, llegamos a un hermoso lago, pero pronto descubrimos que no era agua tranquila, sino un río impredecible, un huracán que giraba sobre sí mismo. Mezclaba pasado y presente, arrastraba sueños rotos y esperanzas nacientes. Entendimos que el camino era la prueba y el tiempo, el juicio. Pero no uno imparcial, sino un reflejo de nuestras propias luchas y silencios. Porque en cada caída, en cada cicatriz, en cada decisión que tomamos, le arrancamos un fragmento al tiempo para hacerlo nuestro. Empezábamos a encontrar ese final ya cercano, como si fueran las últimas páginas de un libro, y recordábamos todo lo que escribimos con tinta sobre el papel de nuestras vidas. Finalmente, llegamos a ese punto inevitable, donde el polvo del camino se asentó y el eco de nuestros pasos se desvaneció. Dios, contento al ver nuestra valentía, sonreía desde el cielo. La luna, llena de alegría, brillaba como nunca. Y ya en el final del camino, nos miramos a los ojos para darnos cuenta de lo que el tiempo hizo con nosotros y de lo que nosotros hicimos con el tiempo.
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