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"melodiosa" poems
Tú que me alumbras cada día, tú que acaricias mi piel cantando una melodiosa sinfonía. Puedo sentirte en cada extremidad de mi cuerpo mi pasión por ti se fue creando con el tiempo. Das vida y color a mi mundo Me inspiras y haces que me exprese en menos de un segundo. Maravillas y desastres creas a la vez, guardas historias y misterios de aquello que nunca podremos ver. Eres única en todos los sentidos y al contemplarte aumentas mis latidos. En ti puedo ver cosas que jamás encontraré, eres lo más hermoso que en este universo puede haber. Das fruto y esperanza aún cuando las fuerzas no alcanzan. Si otros no te aprecian, yo sí lo haré, no voy a permitir que contaminen ese gran ser. Me arropas de tus encantos en cada anochecer, esa espectacular imagen y ese maravillso resplandecer Tú sola te complementas, admirable sueles ser, contienes diversas cualidades que solo tú puedes poseer. Eres reflejo de pureza y calidad, eres todo un sueño hecho realidad. Pasados oscuros, has podido vivir, pero en ti siempre está esa magia que te ha permitido resistir. Muchos han tratado de tomar tu lugar, pisotearte e ignorarte y tu importancia anular. En ti están cautivadas las generaciones, relatas cada evento de los humanos y sus terribles acciones.   Eres bella, única y especial y esa alma libre que danza sin cesar. A ti, Madre Tierra, te quiero agradecer, por ser esa inspiración que me ayuda a crecer.
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Mar 19, 2015
Mar 19, 2015 at 6:51 PM UTC
Vida mía
Me distraje con tus ojos Cuando me encataron tus pupilas de caramelo Y seran tus pupilas caramelo No son tan dulces como tus besos Tus besos que me dieron tus labios Que dibujan tu sonrisa hermosa Con un tajo destruyen la sombra Y me contagia de felicidad Se me olvido mi corazon blindar De tus dulces palabras y de tu mirar Tu risa melodiosa no se puede superar Pero lo lograste cuando dijiste que me querias Y que si me fuera, me ibas a extrañar. Y aqui estoy, lejos, triste y desvalido Y aqui estoy ahogado en lagrimas y dolor No siento que me extrañes o me quieras Como extraño el calor de tus abrazos Y sentir los latidos de tu corazon Me engañste con dulzura Bajaste mis defensas sin considerar Que si las tenia era para evitar la tristeza Que has traido asi nada mas ¿Y que hago ahora conmigo mismo? ¿Que hago ahora que te vas? ¿Reemplazar mi corazon molido? Tal vez lo haria si me lo quisieras regresar Porque es testarudo el amor, y estupido el querer Que a quien tanto daño me hizo, estoy dispuesto a morir Como muero cada dia sin ti Mis lagrimas son rojas de brillante carmesi Aferrado a un recuerdo que yo vi morir Esperando que regrese a la vida, y tu por mi Esperando tus sonrisas dulce y tu querer Ya que sin tu amor, ya no se que hacer.
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Nov 11, 2018
Nov 11, 2018 at 8:13 PM UTC
Me distraje
Luciré para Tilia, en la tragedia mis estrofas en ópimos racimos; sangrará cada fruta melodiosa, como un sol funeral, lúgubres vinos, Tilia tendrá la cruz que en la hora final será de luz! Prenderé para Tilia, en la tragedia, la gota de fragor que hay en mis labios; y el labio al encresparse para el beso, se partirá en cien pétalos sagrados. Tilia tendrá el puñal, el puñal floricida y auroral! Ya en la sombra, heroína, intacta y mártir, tendrás bajo tus plantas a la Vida; mientras veles, rezando mis estrofas, mi testa, como una hostia en sangre tinta! Y en un lirio, voraz, mi sangre, como un virus, beberás!
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Ascuas
El placer de la mirada, La voz melodiosa q emana de ellos La mirada sensual Y sonora, latente Y viva El candor de sus ojos Y la verdad que emana de ellos Y el alma sanada Sonrie. Sanadora, PASIONAL Y QUE ALIVIA. y aun asi, en contra De todo, una mirada Que dio LIBERTAD. Pasión y ternura, almas Conectadas a través De sus miradas Y la libertad de saber Eso, completo y perdido, Desnudo y sin barricadas Mas alla de certezas, Zonas seguras y escudos, Conectado, sereno La desnudez de la libertad, Sin mascaras, y el distante Placer de una mirada frente A otra en sintonia con el todo, A traves de los ojos que lo embellesen todo.
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Jul 1, 2017
Jul 1, 2017 at 7:35 PM UTC
La mirada
Magdalena, conozco que te amo en que la más trivial de tus acciones es pasto para mí, como la miga es la felicidad de los gorriones. Tu palabra más fútil es combustible de mi fantasía, y pasa por mi espíritu feudal como un rayo de sol por una umbría. Una mañana (en que la misma prosa del vivir se tornaba melodiosa) te daban un periódico en el tren y rehusaste, diciendo con voz cálida: «¿Para qué me das esto?» Y estas cinco breves palabras de tu boca pálida fueron como un joyel que todo el día en mi capilla estuvo manifiesto: y en la noche, sonaba tu pregunta: «¿Para qué me das esto?» Y la tarde fugaz que en el teatro repasaban tus dedos, Magdalena, la dorada melena de un chiquillo... Y el prócer ademán con que diste limosna a aquel anciano... Y tus dientes que van en sonrisa ondulante, cual resúmenes del sol, encandilando la insegura pupila de los viejos y los párvulos... Tus dientes, en que están la travesura y el relámpago de un pueril espejo que aprisiona del sol una saeta y clava el rayo férvido en los ojos del infante embobado que en su cuna vegeta... También yo, Magdalena, me deslumbro en tu sonrisa férvida; y mis horas van a tu zaga, hambrientas y canoras, como va tras el ama, por la holgura de un patio regional, el cortesano séquito de palomas que codicia la gota de agua azul y el rubio grano.
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Tu palabra más fútil...
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
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¿qué será lo que espero?
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
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Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa, una hazaña del Cid, fresca como una rosa, pura como una perla.  No se oyen en la hazaña resonar en el viento las trompetas de España, ni el azorado moro las tiendas abandona al ver al sol el alma de acero de Tizona.Babieca descansando del huracán guerrero, tranquilo pace, mientras el bravo caballero sale a gozar del aire de la estación florida. Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida abre lirios y sueños en el jardín del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo, por una senda en donde, bajo el sol glorioso, tendiéndole la mano, le detiene un leproso.Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago y la victoria, joven, bello como Santiago, y el horror animado, la viviente carroña que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. -¡Oh, Cid, una limosna! -dice el pobrecito.                                                                         -Hermano, ¡te ofrezco la desnuda limosna de mi mano! -dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende la diestra al miserable, que llora y que comprende.Tal es el sucedido que el Condestable escancia como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregaré este sorbo de licor castellano:Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano, el Cid siguió su rumbo por la primaveral senda.  Un pájaro daba su nota de cristal en un árbol.  El cielo profundo desleía un perfume de gracia en la gloria del día. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro su melodiosa lluvia de tórtolas de oro; el alma de las flores iba por los caminos a unirse a la piadosa voz de los peregrinos y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho, iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campiña, aromada de esencia sutil, salió una niña vestida de inocencia, una niña que fuera una mujer, de franca y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una niña que fuera un hada, o que surgiera encarnación de la divina Primavera.Y fue al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego, por Jimena y por Dios un regalo te entrego, esta rosa naciente y este fresco laurel». Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente, en su guante de hierro hay una flor naciente, y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.
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Cosas del cid
Cuenta Barbey, en versos que valen bien su prosa, una hazaña del Cid, fresca como una rosa, pura como una perla.  No se oyen en la hazaña resonar en el viento las trompetas de España, ni el azorado moro las tiendas abandona al ver al sol el alma de acero de Tizona.Babieca descansando del huracán guerrero, tranquilo pace, mientras el bravo caballero sale a gozar del aire de la estación florida. Ríe la Primavera, y el vuelo de la vida abre lirios y sueños en el jardín del mundo. Rodrigo de Vivar pasa, meditabundo, por una senda en donde, bajo el sol glorioso, tendiéndole la mano, le detiene un leproso.Frente a frente, el soberbio príncipe del estrago y la victoria, joven, bello como Santiago, y el horror animado, la viviente carroña que infecta los suburbios de hedor y de ponzoña.Y al Cid tiende la mano el siniestro mendigo, y su escarcela busca y no encuentra Rodrigo. -¡Oh, Cid, una limosna! -dice el pobrecito.                                                                         -Hermano, ¡te ofrezco la desnuda limosna de mi mano! -dice el Cid; y, quitando su férreo guante, extiende la diestra al miserable, que llora y que comprende.Tal es el sucedido que el Condestable escancia como un vino precioso en su copa de Francia. Yo agregaré este sorbo de licor castellano:Cuando su guantelete hubo vuelto a la mano, el Cid siguió su rumbo por la primaveral senda.  Un pájaro daba su nota de cristal en un árbol.  El cielo profundo desleía un perfume de gracia en la gloria del día. Las ermitas lanzaban en el aire sonoro su melodiosa lluvia de tórtolas de oro; el alma de las flores iba por los caminos a unirse a la piadosa voz de los peregrinos y el gran Rodrigo Díaz de Vivar, satisfecho, iba cual si llevase una estrella en el pecho. Cuando de la campiña, aromada de esencia sutil, salió una niña vestida de inocencia, una niña que fuera una mujer, de franca y angélica pupila, y muy dulce y muy blanca. Una niña que fuera un hada, o que surgiera encarnación de la divina Primavera.Y fue al Cid y le dijo: «Alma de amor y fuego, por Jimena y por Dios un regalo te entrego, esta rosa naciente y este fresco laurel». Y el Cid, sobre su yelmo las frescas hojas siente, en su guante de hierro hay una flor naciente, y en lo íntimo del alma como un dulzor de miel.
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En el hato de vacas cariblancas y mamones terneros bien nutridos, el viento aprovisiona sus mugidos, restañando su látigo en las ancas. Junto a la llama leo libro amado. Duerme mi azor al son de la ventisca, mientras el sueño ya mi ojo pellizca y me guiñan mis perros al costado. Paz. La casa es pequeña y melodiosa. En la música blanca de la rosa, alrededor del vaso de la miel. El toro-viento muge, mas no hiere y de espaldas a mí la senda inquiere, el rizo de las hadas de la miel.
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Liberación
Al través de las brumas y la nieve, En el rostro el dolor, la vista inquieta, El pie cansado vacilante mueve... Allá va, ¿no lo veis? ¡Pobre poeta! Sobre el herido corazón coloca La lira meliodosa, y macilento, Sentado al pie de la desnuda roca, Así prorrumpe en desmayado acento: «Ved las hojas marchitas, ved el ave, Envueltas van en raudo torbellino... ¿A dónde van? ¿A dónde voy? ¡Quién sabe! ¡Yo también soy como ellas peregrino! »Huyendo voy del tráfago mundano Con el rostro en las manos escondido. Mudable y débil corazón humano, ¡Hasta dónde, hasta dónde has descendido! »Ya a Dios los necios hombres escarnecen Y alzan al dios del interés loores. ¡Sus almas sin amor ni fe parecen Nidos sin aves, fuentes sin rumores! »Jamás la ola aunque con furia luche Conmoverá las rocas; ¡e imposible Que el triste grito del alción se escuche De la tormenta entre el fragor terrible! »La Poesía morirá en la lucha, El destino cruel sus horas cuenta; ¡Poetas! vuestros cantos nadie escucha, ¡Sois el alción de la social tormenta! »Yo vi en mis sueños de poeta un día De laurel en mi lira una corona; Hoy triste siento que en la frente mía Un gajo de ciprés se desmorona. »Yo quise alzar el vuelo a las ignotas Fuentes de eterna luz, ¡al infinito! Y hoy en el mundo, con las alas rotas, Cual ave sola en su prisión me agito. »Como una clara estrella vi en mi anhelo Sonreír en mi cielo la esperanza. Hoy cubren negras sombras ese cielo, ¡Hoy la luz a mi alma ya no alcanza! »Huyendo el mundo y su incesante ruido, Vengo a esta soledad sombría y honda. Ella por siempre mi último gemido, ¡Mi último canto y mi vergüenza esconda! »Tu muerte ¡oh Poesía! el siglo canta, Y del campo inmortal de las ideas El himno del trabajo se levanta Y dice al porvenir: ¡Bendito seas! »¡La indiferencia con su ceño grave Me relega al silencio y al olvido! Pobre y triste poeta ¡Soy un ave Que al fin se muere sin hallar un nido!» Dijo, y rompió la lira melodiosa Do entonaba sus cantos y querellas... Y al cielo levantó la faz llorosa, ¡Y en el cielo brotaban las estrellas!
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El último canto
Al través de las brumas y la nieve, En el rostro el dolor, la vista inquieta, El pie cansado vacilante mueve... Allá va, ¿no lo veis? ¡Pobre poeta! Sobre el herido corazón coloca La lira meliodosa, y macilento, Sentado al pie de la desnuda roca, Así prorrumpe en desmayado acento: «Ved las hojas marchitas, ved el ave, Envueltas van en raudo torbellino... ¿A dónde van? ¿A dónde voy? ¡Quién sabe! ¡Yo también soy como ellas peregrino! »Huyendo voy del tráfago mundano Con el rostro en las manos escondido. Mudable y débil corazón humano, ¡Hasta dónde, hasta dónde has descendido! »Ya a Dios los necios hombres escarnecen Y alzan al dios del interés loores. ¡Sus almas sin amor ni fe parecen Nidos sin aves, fuentes sin rumores! »Jamás la ola aunque con furia luche Conmoverá las rocas; ¡e imposible Que el triste grito del alción se escuche De la tormenta entre el fragor terrible! »La Poesía morirá en la lucha, El destino cruel sus horas cuenta; ¡Poetas! vuestros cantos nadie escucha, ¡Sois el alción de la social tormenta! »Yo vi en mis sueños de poeta un día De laurel en mi lira una corona; Hoy triste siento que en la frente mía Un gajo de ciprés se desmorona. »Yo quise alzar el vuelo a las ignotas Fuentes de eterna luz, ¡al infinito! Y hoy en el mundo, con las alas rotas, Cual ave sola en su prisión me agito. »Como una clara estrella vi en mi anhelo Sonreír en mi cielo la esperanza. Hoy cubren negras sombras ese cielo, ¡Hoy la luz a mi alma ya no alcanza! »Huyendo el mundo y su incesante ruido, Vengo a esta soledad sombría y honda. Ella por siempre mi último gemido, ¡Mi último canto y mi vergüenza esconda! »Tu muerte ¡oh Poesía! el siglo canta, Y del campo inmortal de las ideas El himno del trabajo se levanta Y dice al porvenir: ¡Bendito seas! »¡La indiferencia con su ceño grave Me relega al silencio y al olvido! Pobre y triste poeta ¡Soy un ave Que al fin se muere sin hallar un nido!» Dijo, y rompió la lira melodiosa Do entonaba sus cantos y querellas... Y al cielo levantó la faz llorosa, ¡Y en el cielo brotaban las estrellas!
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