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"martirio" poems
Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del martirio, carnívora, voraz, es el dolor dos veces y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces y el bien de ser, dolernos doblemente. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás tanta cerca arremetió lo lejos, jamás el fuego nunca jugó mejor su rol de frío muerto! Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal y la migraña extrajo tanta frente de la frente! Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, el corazón, en su cajón, dolor, la lagartija, en su cajón, dolor. Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece con la res de Rosseau, con nuestras barbas; crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos, con propio barro y propia nube sólida! Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento, el ojo es visto y esta oreja oída, y esta oreja da nueve campanadas a la hora del rayo, y nueve carcajadas a la hora del trigo, y nueve sones hembras a la hora del llanto, y nueve cánticos a la hora del hambre y nueve truenos y nueve látigos, menos un grito. El dolor nos agarra, hermanos hombres, por detrás, de perfil, y nos aloca en los cinemas, nos clava en los gramófonos, nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente a nuestros boletos, a nuestras cartas; y es muy grave sufrir, puede uno orar... Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido, mueren, y otros que no nacen ni mueren (son los más). Y también de resultas del sufrimiento, estoy triste hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, de ver al pan, crucificado, al nabo, ensangrentado, llorando, a la cebolla, al cereal, en general, harina, a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, al vino, un ecce-homo, tan pálida a la nieve, al sol tan ardido¹! ¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tanto cajón, tanto minuto, tanta lagartija y tanta inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer.
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Los nueve monstruos
Y, desgraciadamente, el dolor crece en el mundo a cada rato, crece a treinta minutos por segundo, paso a paso, y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces y la condición del martirio, carnívora, voraz, es el dolor dos veces y la función de la yerba purísima, el dolor dos veces y el bien de ser, dolernos doblemente. Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética! Jamás tanto cariño doloroso, jamás tanta cerca arremetió lo lejos, jamás el fuego nunca jugó mejor su rol de frío muerto! Jamás, señor ministro de salud, fue la salud más mortal y la migraña extrajo tanta frente de la frente! Y el mueble tuvo en su cajón, dolor, el corazón, en su cajón, dolor, la lagartija, en su cajón, dolor. Crece la desdicha, hermanos hombres, más pronto que la máquina, a diez máquinas, y crece con la res de Rosseau, con nuestras barbas; crece el mal por razones que ignoramos y es una inundación con propios líquidos, con propio barro y propia nube sólida! Invierte el sufrimiento posiciones, da función en que el humor acuoso es vertical al pavimento, el ojo es visto y esta oreja oída, y esta oreja da nueve campanadas a la hora del rayo, y nueve carcajadas a la hora del trigo, y nueve sones hembras a la hora del llanto, y nueve cánticos a la hora del hambre y nueve truenos y nueve látigos, menos un grito. El dolor nos agarra, hermanos hombres, por detrás, de perfil, y nos aloca en los cinemas, nos clava en los gramófonos, nos desclava en los lechos, cae perpendicularmente a nuestros boletos, a nuestras cartas; y es muy grave sufrir, puede uno orar... Pues de resultas del dolor, hay algunos que nacen, otros crecen, otros mueren, y otros que nacen y no mueren, otros que sin haber nacido, mueren, y otros que no nacen ni mueren (son los más). Y también de resultas del sufrimiento, estoy triste hasta la cabeza, y más triste hasta el tobillo, de ver al pan, crucificado, al nabo, ensangrentado, llorando, a la cebolla, al cereal, en general, harina, a la sal, hecha polvo, al agua, huyendo, al vino, un ecce-homo, tan pálida a la nieve, al sol tan ardido¹! ¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tanto cajón, tanto minuto, tanta lagartija y tanta inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer? ¡Ah! desgraciadamente, hombre humanos, hay, hermanos, muchísimo que hacer.
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Me he entregado a su devoción, y al encanto de sus manos. He sido el canvas que siempre está en blanco, y a su disposición. Le canto en las noches, y se las enmarco en un beso. Colecciono atardeceres, y sus sonrisas. Mi alma baila la pieza que lleva tu nombre Le cuento las pecas, y le pinto los gestos. Dulce martirio que es el vivir alucinando contigo Amarte va más allá de prevalecer con cordura. Y es que ¿Cómo podría pedirle a la luna que solo iluminara mi camino? ¿Dominar el espíritu libre del mar? ¿Decirle al viento que solo revuelque mi cabello? Solo los cuerdos exigen esas cosas. Yo lo quiero rebelde, de colores, egocéntrico. Así que, quédese. Sumérjase en mí. Aunque lluevan gritos, y el sol se caiga. Que lo que le puedo prometer, Es un pedazo de alma más puro que el agua.
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May 31, 2015
May 31, 2015 at 12:09 AM UTC
Más puro que el agua.
Las fuerzas, Peregrino celebrado, afrentará del tiempo y del olvido el libro que, por tuyo, ha merecido ser del uno y del otro respetado. Con lazos de oro y yedra acompañado, el laurel con tu frente está corrido de ver que tus escritos han podido hacer cortos los premios que te ha dado. La invidia su verdugo y su tormento hace del nombre que cantando cobras, y con tu gloria su martirio crece. Mas yo disculpo tal atrevimiento, si con lo que ella muerde de tus obras la boca, lengua y dientes enriquece.
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A lope de vega
¡Oh! No es, no, mi carne, la que sufre el martirio. Es mi alma, mi alma tan blanca como un lirio A veces, y otras veces, como una brasa, roja, La que sufre la angustia y toda se deshoja. En lágrimas salobres con un gusto de hiel. En lágrimas amargas que dejan en la piel De mi rostro moreno, cual maléfico riesgo, Un rastro calcinante como un surco de fuego. Es mi alma, ¡mi alma!, que sufre la tortura Y se exalta en extraña ansiedad de ternura Lo mismo que su hermana Teresa de Jesús. Es mi alma, ¡mi alma!, que desea una cruz De amor grande y doliente, de pasión y martirio. ¡Mi alma roja y blanca, de rosal y de lirio!
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Pasión
Mi honestidad es ofensiva y mi silencio, aburrido. Estoy aprendiendo a mentir. Lo que callo es sustantivo y si lo digo nace un rio. Estoy aprendiendo a mentir. Si te lo crees es un alivio y aunque la duda sea un martirio Voy a aprender a mentir.
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Apr 2, 2014
Apr 2, 2014 at 11:40 AM UTC
showboat
Sometidas al castigo del pecado ocurrido allá en el el paraíso. Sismos geográficos ocasionados por una sola corriente, un solo flujo, una sola vía. Martirio durante días, mientras el clima cambia, conteniendo esencias peculiares y como artista se destaca.
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Jun 20, 2015
Jun 20, 2015 at 6:15 PM UTC
Matilda
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
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La nieve
Yo soy la movediza perenne; nunca dura en mi una forma; pronto mi ser se transfigura, y ya entre guijas de ónix cantando peregrino, ya en témpanos helados detengo mi camino, ya vuelo por los aires trocándome en vapores, ya soy iris en polvo de todos los colores, o rocío que asciende, o aguacero que llueve... Mas Dios también me ha dado la albura de la nieve, la albura de la nieve enigmática y fría que cae de los cielos como una eucaristía, que por los puntiagudos techos resbala leda y que cuando la pisan cruje como la seda. Cayendo silenciosa, de blanco al mundo arropo. Subí, vapor, a lo alto, desciendo al suelo, copo; subí gris de los lagos que la quietud estanca, y bajo blanca al mundo... ¡Oh qué bello es ser blanca! ¿Por qué soy blanca? En premio al sacrificio mío, porque tirito para que nadie tenga frío, porque mi lino todos los fríos almacena ¡y dios me torna blanca por haber sido buena! ¿Verdad que es llevadera la palma del martirio así? Yo caigo como los pétalos de un lirio de lo alto, y no pudiendo cantar mi canción pura con murmurios de linfa, la canto con blancura. La blancura es el himno más hermoso y más santo; ser blanca es orar; siendo yo, pues, blanca, oro y canto. Ser luminosa es otro de los cantos mejores: ¿No ves que las estrellas salmodian con fulgores? Por eso el rey poeta dijo en himno de amor: "El firmamento narra la gloria del Señor". Se tú como la Nieve que inmaculada llueve Y yo clamé: -¡Alabemos a Dios, hermana Nieve!
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Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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El canto del odio
Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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Éramos aturdidos mozalbetes: blanco listón al codo, ayes agónicos, rimas atolondradas y juguetes. Sin la virtud frenética de Orfeo, fiados en la campánula y el cirio, fuimos a embelesar las alimañas cual neófitos que buscan el martirio. En la misma espesura se extraviaba la primeriza luz de nuestra frente, y ante la misma fiera, reacia y sorda, cesaba nuestro cántico inocente. De aquella planta que regamos juntos eran cofrades la senil vihuela, los pupitres manchados de la escuela, la bíblica muchacha que adoraste, los días uniformes, el contraste de un volumen de Bécquer y Fabiola, la soprano indeleble que aún nos mima con el ahínco de su voz pretérita, y el prístino lucero que te indujo al apurado trance de la rima. ¿Qué hicimos, camarada, del tanteo feliz y de los ripios venturosos, y de aquel entusiasta deletreo? Hoy la armonía adulta va de viaje a reclamar a una centuria prófuga el vellón de su casto aprendizaje. Mi maquinal dolencia es una caja de música falible que en lo gris de un tácito aposento se desgaja. Y el alma, cera ayer, se petrifica como los rosetones coloniales de una iglesia con lama, que complica su fachada borrosa con el humo inveterado de los temporales.
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Introito
UNIDOS Unidos desde la cabeza, Unidos desde el centro, Unidos a pesar de la distancia, A pesar de la rabia, A pesar de las ignominias, A pesar de jardines donde ya no crecen gardenias, A pesar de la bullosa y molestosa lluvia, Unidos a pesar facineroso tiempo. Unidos desde antes de conocernos, Unidos por decreto, Unidos aunque nos arrope el calor de otro cuerpo, Aunque nos arrebaten el silencio, Unidos por aquel nido de amor, Unidos porque así lo decidió Dios. Unidos a pesar de nuestro martirio. Ese suplicio de buscar nuestro amor en los rincones de nuestro espíritu... En pensamientos que reviven esa insaciable hambre por nuestra carne, despejándonos por completo en la menudencia de nuestra cama, dejando la pesadez en largos besos que dejaban calma. Unidos porque no hay un tu sin mí, ni un yo sin ti. Unidos por la misma vena Orta, porque mi vocablo está basado en tu abecedario, porque el diario vivir sin este amor - hace daño, porque se ha esfumado el resplandor de nuestros ojos, porque sin ti, mi celebro lo tengo de lujo, porque esta distancia nos hace siameses, muy a pesar de que las horas se conviertan meses a pesar del frio que siente mi alcoba, siento tu calor peregrinando en mi alma y nuevamente recuerdo que estamos unidos desde la mente, el corazón y la garganta. LeydisProse 10/12/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Oct 12, 2018
Oct 12, 2018 at 2:57 PM UTC
UNIDOS
¡Tu hogar está sin luz! ¿La noche acaso Descorrió en él sus lúgubres crespones Sepultando tu sol en el ocaso? Hoy no son las amargas decepciones Las que tu frente dejan abatida Sobre escombros de bellas ilusiones. ¡Tu hogar está sin luz! llora afligida La que sobre este mundanal desierto, Tesoro de tu amor, vela tu vida. No sueñas el dolor; estás despierto Y una voz de martirio en tu alma grita: ¡Tu hogar está sin luz! ¡tu padre ha muerto! Dentro del pecho sin vigor palpita El corazón que juvenil y ardiente, Ayer la coronó dicha infinita. El ser que amante, tierno y reverente Tiene muerta en los ojos la mirada El labio mudo y sin calor la frente... ¡Oh destino cruel! la Parca airada, Lo arrancó de las penas de este suelo, Para llevarlo a la mansión soñada. Tiemblas de pena, lloras sin consuelo... No te conforma su eternal ventura, Ni puedes con placer mirar el cielo... Es sagrada y es noble tu amargura, Llora sobre su cuerpo, y que tu llanto Riegue en lluvia de amor su sepultura. Él te veló de niño y te amó tanto, Que vas a ser un culto en su memoria, Y un sol eterno en su cariño santo... Este sol en tu vida transitoria Donde todo al abismo se derrumba, Alumbrará tu hogar... verá tu gloria, ¿Quieres que en el pesar tu alma sucumba? ¡Tu hogar está sin luz! ¡y es tu destino Darle esa luz que le robó la tumba! Si el hombre es en la tierra un peregrino, Lucha con el dolor y con la suerte; Tu padre ayer te señaló un camino, Síguelo siempre y honrarás su muerte.
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A mi fraternal amigo gerardo m. silva
¡Tu hogar está sin luz! ¿La noche acaso Descorrió en él sus lúgubres crespones Sepultando tu sol en el ocaso? Hoy no son las amargas decepciones Las que tu frente dejan abatida Sobre escombros de bellas ilusiones. ¡Tu hogar está sin luz! llora afligida La que sobre este mundanal desierto, Tesoro de tu amor, vela tu vida. No sueñas el dolor; estás despierto Y una voz de martirio en tu alma grita: ¡Tu hogar está sin luz! ¡tu padre ha muerto! Dentro del pecho sin vigor palpita El corazón que juvenil y ardiente, Ayer la coronó dicha infinita. El ser que amante, tierno y reverente Tiene muerta en los ojos la mirada El labio mudo y sin calor la frente... ¡Oh destino cruel! la Parca airada, Lo arrancó de las penas de este suelo, Para llevarlo a la mansión soñada. Tiemblas de pena, lloras sin consuelo... No te conforma su eternal ventura, Ni puedes con placer mirar el cielo... Es sagrada y es noble tu amargura, Llora sobre su cuerpo, y que tu llanto Riegue en lluvia de amor su sepultura. Él te veló de niño y te amó tanto, Que vas a ser un culto en su memoria, Y un sol eterno en su cariño santo... Este sol en tu vida transitoria Donde todo al abismo se derrumba, Alumbrará tu hogar... verá tu gloria, ¿Quieres que en el pesar tu alma sucumba? ¡Tu hogar está sin luz! ¡y es tu destino Darle esa luz que le robó la tumba! Si el hombre es en la tierra un peregrino, Lucha con el dolor y con la suerte; Tu padre ayer te señaló un camino, Síguelo siempre y honrarás su muerte.
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En nombre de tu rostro de lirio enfermo, en nombre de tu seno, frágil abrigo donde en noches pobladas de espanto duermo,                 ¡yo te bendigo! En nombre de tus ojos de adormideras, doliente y solitario fanal que sigo; en nombre de lo inmenso de tus ojeras,                 ¡yo te bendigo!                 Yo te dedico el ímpetu orgulloso con que en las cimas de todos los calvarios, me crucifico iluso ¡pretendiendo que te redimas!                 Yo te consagro un cuerpo que martirio sólo atesora y un alma siempre oscura, que por milagro, del cáliz de ese cuerpo no se evapora... Mujer, tu sangre yela mi sangre cálida; mujer, tus besos fingen besos de estrella; mujer, todos me dicen que eres muy pálida,                 pero muy bella... Te hizo el Dios tremendo mi desposada; ven, te aguardo en un lecho nupcial de espinas; no puedes alejarte de mi jornada, porque une nuestras vidas ensangrentada cadena de cilicios y disciplinas.
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A sor quimera
Tranquilo. Pero, por dentro, lo mismo que el remolino de un río, por encima tan tranquilo, ¡qué martirio -qué peligro- de corazón retorcido!
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Nunca, señor, pensé que el verso mío cuando te hablara en él por vez primera la música filial de los veinte años, del huérfano infelice la voz fuera. Nada valió la familiar plegaria; moriste en plena vida, y ¡qué contraste tocóles a los tuyos, muerto amado, en la noche fatal que agonizaste! Noche con paz de luna; también fuiste noche más que ninguna tormentosa; tus horas de martirio florecieron en mi jardín, como sangrienta rosa. Todo lo evoco, Padre: tus quejidos; tus palabras postreras; la voz triste con que te habló tu hermano sacerdote; la mañana de otoño en que moriste; los cirios -compañeros de velada-; la madre y los hermanos, todos juntos; el ataúd que sale de la casa; el sollozante oficio de difuntos; y ¡oh infinita bondad la de los padres! los ojos muertos de tu faz piadosa que me vieron por último con lástima en las orillas de la negra fosa. Supe después lo enormemente triste que es la trsiteza del hogar vacío y lloré con la marcha de la madre para tierras del norte. Mas confío que te he de ver, oh Padre, para siempre con mis pupilas de resucitado. Aquel buen ángel que guardó el sepulcro de Jesucristo, y que miró extasiado la tierra redimida, y a las santas mujeres que buscaban al Amado, las consoló, verá concluir su oficio cuando el último Adán encuentre abiertos los eternos lugares de victoria y no haya quien pregunte por sus muertos.
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A mi padre
Lisis, por duplicado ardiente Sirio Miras con guerra y muerte el alma mía, Y en uno y otro Sol abres el día, Influyendo en la luz dulce martirio. Doctas Sirenas en veneno Tirio Con tus labios pronuncian melodía, Y en incendios de nieve hermosa y fría, Adora primaveras mi delirio. Amo y no espero, porque adoro amando; Ni mancha al Amor puro mi deseo, Que cortés vive y muere idolatrando. Lo que conozco y no lo que poseo Sigo, sin presumir méritos, cuando Prefiero a lo que miro lo que creo.
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Continúa la significación de su amor con la hermosura que le causa, reduciéndole a doctrina platónica
Del tutto ignari della nostra esistenza voi navigate nei cieli aperti dei nostri limiti, e delle nostre squallide ferite voi fate un balsamo per le labbra di Dio. Non vi è da parte nostra conoscenza degli angeli, né gli angeli conosceranno mai il nostro martirio, ma c'è una linea di infelicità come di un uragano che separa noi dalla vostra stirpe. Voi entrate nell'uragano dell'universo come coloro che si gettano nell'inferno e trovano il tremolo sospiro di chi sta per morire e di chi sta per nascere.
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Del tutto ignari
Quién buscaría encarar el éxodo y la diáspora, huérfanos y despatriados, excedentes de un sistema que transa en la miseria y la vende al por mayor. Quién llegaría a envidiar ese explosivo martirio, el bautismo en sangre que sacudió los cimientos y movilizó las almas de nuestros hermanos vecinos. Quién desearía encarar al pelotón y sus fusiles, cuya incandescencia despertaría la herencia en vida de Morazán. Quién pensaría anhelar el manto rojo de Marte, que ha cubierto los rostros y galvanizado los temples de mil revoluciones. Anónimos, eufóricos y encolerizados, acogidos por el estruendo y los gritos sin voz de tus millares, aquellos que se refugian bajo la sombra de tus bosques; que se bañan en tus costas y caudales, que viven y luchan en las calles de tus urbes. Fueron muchos Honduras tus muertos, víctimas del horror y la violencia que se proyecta hacia el espejo de tus cielos. Esa violencia superficial y perniciosa, que no traiciona al cáncer que carcome y se alimenta de la ignorancia o la cómplice ceguera de tu pueblo, que duerme en los brazos de un fracaso de siglos; arrullado en la promesa y el sueño tenue de tus próceres, que murieron a sabiendas del destino terminal de esta nación agonizante.
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Aug 10, 2022
Aug 10, 2022 at 3:00 AM UTC
Flagelo y Verborrea
A los Fuertes admiro, que en las frentes besados                                 Por boca sobrehumana, Soñaron horizontes bellos y dilatados                                 En cumbre soberana; Que el resplandor del genio radiar fulgente vieron                                 En sus noches sombrías; Que supieron de lágrimas, pero también oyeron                                 Todas las armonías; Que en las almas nacidas para el dolor y el llanto                                 Dejaron sacras huellas, Y cayeron vencidos, entre un sueño y un canto,                                 Circundados de estrellas. A los Rebeldes amo, por el dolor mordidos,                                 más que piedad no imploran, y que con fuerte lazo de amor están unidos                                 a todos los que lloran. Amo a aquellos malditos que redimió el Calvario,                                 y en senda de dolores su lábaro llevaron, radiante y solitario,                                 Del pueblo redentores; Y dijeron el himno del porvenir del mundo                                 en glorioso delirio, y marcharon serenos al calabozo inmundo,                                 y firmes al martirio. Pero mi llanto es todo para aquellos vencidos                                 Por la social sevicia, Los Grandes de las Sombras, hambrientos y oprimidos,                                por la ciega Injusticia; Que encorvados pasaron bajo rudas fatigas,                                 Pero que nunca odiaron; que vieron para otros florecer las espigas,                                 y que nunca robaron; Que del dolor esclavos, en su vivir errante,                                 Hiel y llanto apuraron; que sintieron el látigo cruzarles el semblante,                                 pero que no mataron; Que fueron por la vida sin consuelo, y de rudos                                 trabajos siempre en pos, sin sol, sin pan, sin aire, famélicos, desnudos...                                 y creyeron en Dios; Que un jergón en sus noches para dormir tuvieron                                 infecto y miserando, y en el rincón oscuro de un hospital murieron...                                 ¡Y murieron amando!
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Los grandes
A los Fuertes admiro, que en las frentes besados                                 Por boca sobrehumana, Soñaron horizontes bellos y dilatados                                 En cumbre soberana; Que el resplandor del genio radiar fulgente vieron                                 En sus noches sombrías; Que supieron de lágrimas, pero también oyeron                                 Todas las armonías; Que en las almas nacidas para el dolor y el llanto                                 Dejaron sacras huellas, Y cayeron vencidos, entre un sueño y un canto,                                 Circundados de estrellas. A los Rebeldes amo, por el dolor mordidos,                                 más que piedad no imploran, y que con fuerte lazo de amor están unidos                                 a todos los que lloran. Amo a aquellos malditos que redimió el Calvario,                                 y en senda de dolores su lábaro llevaron, radiante y solitario,                                 Del pueblo redentores; Y dijeron el himno del porvenir del mundo                                 en glorioso delirio, y marcharon serenos al calabozo inmundo,                                 y firmes al martirio. Pero mi llanto es todo para aquellos vencidos                                 Por la social sevicia, Los Grandes de las Sombras, hambrientos y oprimidos,                                por la ciega Injusticia; Que encorvados pasaron bajo rudas fatigas,                                 Pero que nunca odiaron; que vieron para otros florecer las espigas,                                 y que nunca robaron; Que del dolor esclavos, en su vivir errante,                                 Hiel y llanto apuraron; que sintieron el látigo cruzarles el semblante,                                 pero que no mataron; Que fueron por la vida sin consuelo, y de rudos                                 trabajos siempre en pos, sin sol, sin pan, sin aire, famélicos, desnudos...                                 y creyeron en Dios; Que un jergón en sus noches para dormir tuvieron                                 infecto y miserando, y en el rincón oscuro de un hospital murieron...                                 ¡Y murieron amando!
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