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"manicomio" poems
Il manicomio è una grande cassa con atmosfere di suono e il delirio diventa specie, l'anonimità misura, il manicomio è il monte Sinai luogo maledetto sopra cui tu ricevi le tavole di una legge agli uomini sconosciuta.
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Il manicomio è una grande cassa
** conosciuto Gerico, ** avuto anch'io la mia Palestina, le mura del manicomio erano le mura di Gerico e una pozza di acqua infettata ci ha battezzati tutti. Lì dentro eravamo ebrei e i Farisei erano in alto e c'era anche il Messia confuso dentro la folla: un pazzo che urlava al Cielo tutto il suo amore in Dio. Noi tutti, branco di asceti eravamo come gli uccelli e ogni tanto una rete oscura ci imprigionava ma andavamo verso la messe, la messe di nostro Signore e Cristo il Salvatore. Fummo lavati e sepolti, odoravamo di incenso. E dopo, quando amavamo ci facevano gli elettrochoc perché, dicevano, un pazzo non può amare nessuno. Ma un giorno da dentro l'avello anch'io mi sono ridestata e anch'io come Gesù ** avuto la mia resurrezione, ma non sono salita ai cieli sono discesa all'inferno da dove riguardo stupita le mura di Gerico antica.
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La terra santa
Manicomio è parola assai più grande delle oscure voragini del sogno, eppur veniva qualche volta al tempo filamento di azzurro o una canzone lontana di usignolo o si schiudeva la tua bocca mordendo nell'azzurro la menzogna feroce della vita. O una mano impietosa di malato saliva piano sulla tua finestra sillabando il tuo nome e finalmente sciolto il numero immondo ritrovavi tutta la serietà della tua vita.
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Manicomio è parola assai più grande
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Memorias del circo
Los circos trashumantes, de lamido perrillo enciclopédico y desacreditados elefantes, me enseñaron la cómica friolera y las magnas tragedias hilarantes. El aeronauta previo, colgado de los dedos de los pies, era un bravo cosmógrafo al revés que, si subía hasta asomarse al Polo Norte, o al Polo Sur, también tenía cuestiones personales con Eolo. Irrumpía el payaso como una estridencia ambigua, y era a un tiempo manicomio, niñez, golpe contuso, pesadilla y licencia. Amábanlo los niños porque salía de una bodega mágica de azúcares. Su faz sólo era trágica por dos lágrimas sendas de carmín. Su polvorosa apariencia toleraba tenerlo por muy limpio o por muy sucio, y un cónico bonete era la gloria inestable y procaz de su occipucio. El payaso tocaba a la amazona y la hallaba de almendra, a juzgar por la mímica fehaciente de toda su persona cuando llevaba el dedo temerario hasta la lengua cínica y glotona. Un día en que el payaso dio a probar su rastro de amazona al ejemplar señor Gobernador de aquel Estado, comprendí lo que es Poder Ejecutivo aturrullado. ¡Oh remoto payaso: en el umbral de mi infancia derecha y de mis virtudes recién nacidas yo no puedo tener una sospecha de amazonas y almendras prohibidas! Estas almendras raudas hechas de terciopelos y de trinos que no nos dejan ni tocar sus caudas... Los adioses baldíos a las augustas Evas redivivas que niegan la migaja, pero inculcan en nuestra sangre briosa una patética mendicidad de almendras fugitivas... Había una menuda cuadrumana de enagüilla de céfiro que, cabalgando por el redondel con azoros de humana, vencía los obstáculos de inquina y los aviesos aros de papel. Y cuando a la erudita cavilación de Darwin se le montaba la enagüilla obscena, la avisada monita se quedaba serena. como ante un espejismo, despreocupada lastimosamente de su desmantelado transformismo. La niña Bell cantaba: «Soy la paloma errante»; y de botellas y de cascabeles surtía un abundante surtidor de sonidos acuáticos, para la sed acuática de papás aburridos, nodriza inverecunda y prole gemebunda. ¡Oh memoria del circo! Tú te vas adelgazando en el frecuente síncope del latón sin compás; en la apesadumbrada somnolencia del gas; en el talento necio del domador aquel que molestaba a los leones hartos, y en el viudo oscilar del trapecio...
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Fui al manicomio no recuerdo por qué, debieron sorprenderme asustándome; de las bacterias que se comen mi piel, antiguos fantasmas que no superé. Llevo varios años sintiendo ansiedad escalofríos y abstinencia social. Me dijo el doctor que todo iba a mejorar y creí ciegamente en el Clonazepam. En el manicomio la comida es lo peor no usan sal ni para el arroz; En el manicomio solo algo es verdad, Benzodiacepinas hasta en el pan. Con su tratamiento nos dopan nos encierran No pueden curarnos sin los pies en la tierra En el manicomio la soledad es lo que toca todo esta mal el sistema se equivoca.
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Jan 3, 2019
Jan 3, 2019 at 9:37 PM UTC
Manicomio
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Oct 17, 2017
Oct 17, 2017 at 4:00 PM UTC
Yo trate (pero no podía)
Yo trate de ser como decían que debí ser. Me comporté como todo una dama. Hice todo lo que se me pedía en la cama. Más de una vez, calle hasta mis perversas ganas. Calle tanto, que mi verdad fue a parar al manicomio, ahí, donde no bregan con demonios. Yo trate de ser como decían que debí ser. Aguante infidelidades por una estabilidad inestable. Hubieron clavos penetrando mi espalda, en vez de rosas en mano. Perdone tanto que la absolución me tomo antipatía. Yo trate de ser como decían que debí ser. A veces fui sofá de ilusiones transitorias, vestidas en finas sedas de perpetuidad. A veces fui pared…inopinable, solo un espacio donde colocar preciosos retratos. A veces fui lienzo en blanco, para quien en mi cuerpo quiso describir su arte. Yo quise ser como decían que debí ser. Una ilustre carrera deje para que el ego de un indeciso no saliera dañado. Se enfermó mi dignidad y con tristeza la medique. Tome el brebaje de la inseguridad. Debilite mi sistema emocional, y mi fe, se encogía de vergüenza en una esquina. Yo quise ser como decían que debí ser. pero existía dentro de mí una rebeldía. Una insolencia a ser parte de una perpetua esclavitud, algo en mí, desistía ser juguete de nadie, a ser menos que el aire, a rebajarme por mantener un amor. Yo quise ser como decían que debí ser. Pero mis pies en fuego ardían, y recogía y me iba, y no sé a cuántos le alce la voz, y a más de uno, los mande a comer tusa, y me volví mi propia musa, a veces la propia medusa, y me refugie en mi calor para abrigar mis grimas, en mi inteligencia para resolver con astucia, en mi pudor para seguir dando un paso en harmonía, en esa insistencia de que había más en la vida, que yo tenía algo que aportaría, alguien al que estar conmigo y soportar no serían la misma cosa, y algunos los deje amándolos como mis amos, a otros el corazón les deje en pedazos, y talvez me merezca todo lo que venga, talvez me merezca el cielo y todas las prosas, talvez mis serpientes nunca muerdan, o talvez me llamaran impúdica, me llamaran Medusa, me llamaran el mismo infierno pero nunca dirán que “fui…. ¡lo que otros quisieron que yo fuese”!! LeydisProse 10/17/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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La luna s'apre nei giardini del manicomio, qualche malato sospira, mano nella tasca nuda. La luna chiede tormento e chiede sangue ai reclusi: ** visto un malato morire dissanguato sotto la luna accesa.
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La luna s'apre nei giardini del manicomio
Porque él comió maní Se levantó en el manicomio
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Nov 15, 2019
Nov 15, 2019 at 1:01 PM UTC
Artimaña