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"lluviosas" poems
En éstas tardes de marzo, Cuento para atrás para dormirme. Nada funciona, éste frágil corazón No aguanta más. En estás tardes lluviosas de Marzo, Escucho tu voz en todos lados. Siento tu pulso en mis venas, Siento tu calor en mi piel. ¿Por qué no estás acá? ¿Por qué perdí valor para ti? ¿Adónde te metiste? El frío, la lluvia, todo hace sentido. Todo apunta a que lo nuestro ha terminado. Todo apunta a que no me esperaste. Eres mi lagaña, porque cada vez que me levanto eres lo primero que siento. Eres de esas lagañas que no se quitan tan fácilmente. Esa lagaña que se queda en tu ojo y que duele quitarla. En éstas tardes de marzo, eres en lo único que pienso.
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Mar 13, 2017
Mar 13, 2017 at 4:44 PM UTC
Tardes de marzo
Noches frías y lluviosas, El sonido de la lluvia mi compañía, Mi cabeza ruidosa, Confusiones de agonía
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Nov 11, 2018
Nov 11, 2018 at 7:10 AM UTC
Noches frías y lluviosas
¡Ay de Dios, que tu palabra me tiene embrujada el alma! mi lírica adolescencia y tu existencia gitana se dicen en la ventana cosas de amor y buenaventura en estas noches lluviosas. Juran por Cristo, venerables dueñas, que quien llora en el vientre de la madre conoce del futuro; tú gemiste antes de que nacieras, y por eso tus artes de gitana me iluminan en los discursos de tu voz profética. Me haces la caridad de tu palabra y por oírte hablar quedan las cosas enmudecidas religiosamente, y yo me maravillo del concepto que en tu boca, Fuensanta, se hace música, y me quedo pendiente de tus labios como quien se divierte con cristales. Me embelesa el decoro de tu plática, y ante tu vista escrutadora extiendo la palma de las manos, y predices mi destino en lenguaje milagroso. Y sigues conversando, eres la clave del dolor y del gozo; abarca todas las horas venideras, la mirada de tus ojos sintéticos, bien mío. Y con tu rostro ecuánime subyugas ¡oh tú, la bienpensada que conversas cual si hubieses venido del misterio! ¡Si me quitan el regalo de tus proféticos labios, me muero de desencanto! Dios quiera que se conserve el prodigio de tu palabra hechicera, para decirme en voz baja cosas de amor y buenaventura en estas noches lluviosas. Y nuestro dulce noviazgo será, Fuensanta, una flor con un pétalo de enigma y otro pétalo de amor. ¡Tú me dirás del enigma, yo te diré del amor! ¡Ay de Dios, que tu palabra me tiene embrujada el alma!
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Tu voz profética
Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo arropado en las mantas y las evocaciones de días más luminosos y clementes, por no sé qué resquicio de mi ventana entra un cuchillo de frío, un gris galgo de frío que se afana en mis huesos con furia roedora. No es de ahora, ese frío. Viene desde muy lejos: de otras calles vacías y lluviosas, de remotas estancias en penumbra pobladas sólo por suspiros, de sótanos sombríos en cuyos muros reverbera el miedo. En un lugar distante, trizó una bala el luminoso espejo de aquel sueño, y alguien gritaba aquí, a tu lado. Amanecía.) No. No está desajustada la ventana; la que está desquiciada es mi memoria.
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Estampa de invierno